Capítulo 1: Un búho y una carta.
Era un día perfecto en el Reino de Airis. El cielo despejado y totalmente celeste, el sol resplandeciendo con orgullo y una suave brisa fresca que acariciaba el rostro de nuestra princesa y protagonista de esta historia, Florencia Monique Soney Primera.
La joven quien como todas las mañanas salía al balcón para ver los pájaros cantar está vez se encontraba haciendo algo diferente, quien cantaba era ella. Su voz algo grave pero melodiosa se escuchaba solamente en la altura de donde estaba o eso pensaba la muchacha porque en el suelo, allá entre los caballos y con un cepillo en su mano estaba Felipe, el adiestrador real, hipnotizado por la voz de Florencia, nunca la había oído y agradecía tanto haberlo podido hacer en ese momento.
Detuvo su labor para deleitarse con su canto, pero claro que su trabajo ameritaba no tener distracciones así que con mucho pesar dio una mirada hacia el balcón donde la joven se encontraba y volvió a lo suyo. Por lo menos tendría en mente esa preciosa melodía.
Las aves que estaban a unos metros en las ramas de esos árboles bien cuidados fueron hacia ella pero a una distancia prudente, levantó su dedo lentamente y el más pequeño se posó en ella, que hermosa mañana.
Desearía poder ser como un ave y volar libre por el reino, descubrir nuevos caminos. Pensó la muchacha aún con su destellante mirada en el pequeño animalito de pie en su dedo.
—¡Princesa! ¡Princesa!— la voz de la joven término por cortarse abruptamente al momento que su criada, Ana, apareció llamando su atención junto a una reverencia. No hace falta decir que ocurrió con las aves, salieron volando asustadas. —El desayuno está listo, su padre la espera con ansias— la pobre mujer se le veía muy agotada.
La princesa sonrió. Fue hacia ella y le dio una caricia en su mejilla, obviamente que la criada cerró los ojos aterrada, esperando algún castigo o algo, pero siempre se le olvidaba que estaba con la hija del Rey. Una muchacha con el corazón de oro, a quien no le importa de que estatus era ella, la trataba como una amiga.
—Tranquila, Ana. No tienes por qué tener prisa, iremos enseguida. Sólo me gustaría disfrutar un poco más de el canto de esas hermosas aves.
—Sí, mi princesa— otra reverencia más.
—Dime Florencia, Ana, no me gusta que tú me digas por mi título— le regaló una sonrisa y su criada también lo hizo.
—Entendido mi princ...quiero decir, Florencia— sus mejillas se encendieron en un tono rosa pálido.
Se quedó en el balcón por unos minutos más, cuando estaba por girarse el inconfundible sonido de un búho llegó a sus oídos, se volvió hacia allí y lo vio posado con los ojos cerrados y en sus garras sostenía una carta enrollada.
Ana, quien estaba a su lado se sorprendió por eso.
—Florencia, es una carta. ¿Tienes a un pretendiente?— se mostró curiosa.
La joven negó. No, no podia ser posible. La tomó de las garras del búho y la guardo detrás suyo.
—Debe ser algo diferente, enviarle cartas de amor a la princesa está prohibido y lo sabes— la tristeza se reflejó en sus ojos y Ana sintió pena por su señora.
—Es verdad— susurra igual de triste que la princesa.
Florencia levantó la cabeza, no podía ponerse triste por una cosa así. —Vamos Ana, mi padre me está esperando y es mejor no hacer que pierda su preciada paciencia— Caminó dentro de la habitación y abrió su joyero, allí guardó la carta y salió con su criada hacia el gran comedor real.