Capítulo 1: ¡Tú! ¡Mí Cámara!
Primavera. La mejor época del año en Seúl y porque no decirlo, todo Corea.
Las flores de cerezo están en pleno esplendor, las calles rebosando de ellas, viéndose igual que cuadros perfectos de cuento de hadas. No había ni una sola persona que no aprovechara esa época del año para salir a las calles y tomarse al menos una foto al lado de un cerezo y sus maravillosos colores en rosa pastel y blanco marfil.
La ciudad se llenaba de vida después del duro invierno y era la época perfecta para tomar unas increíbles fotos.
Si le preguntaban a SeungMin, todo el año era perfecto para tomar fotografías, cada estación teniendo un toque único e irremplazable; pero primavera y lo cerezos simplemente era un evento que no deseaba perderse.
Cursando su tercer año de fotografía en el Instituto de Artes de Seúl, SeungMin disfrutaba cada momento libre que tenía para tomar unas fotografías. Le apasionaba en extremo, sobre todo el capturar la vida misma de la ciudad, de la gente en encuadres sencillos pero que destacaban su esencia. Movimiento, una expresión, una mirada, un gesto, el obturador sonando una y otra vez hasta tener esa toma que se destacaba del resto, ese instante quedando paralizado en el tiempo.
Irrepetible. Único.
Eso era lo que amaba de la fotografía. Como dicen, ningún momento es igual a otro, pero con la fotografía podías capturar ese único gesto y perdurarlo infinitamente a través del tiempo. Podías mostrarle al resto del mundo lo que tus ojos vieron y ellos no tuvieron la oportunidad de ver.
Es la forma más pura de comunicar al resto lo que tus ojos observan.
Se podría decir que su pensamiento era poético o hasta idealista, pero SeungMin le gustaba esa sensación de hacer llegar, por medio de sus fotos, instantes únicos, irrepetibles y con el sello distintivo de que fue capturado por sus ojos a través de una cámara. Un evento que podría haber pasado desapercibido para otros, pero no para él.
Es así, que esa tarde de sábado se encontraba en un parque a solo un par de cuadras de su departamento. No era un parque de gran tamaño o con bellas vistas como el parque Yeouido Hangang en la ribera del río Han; pero era mucho menos frecuentado. Estando en plena floración y sobre todo en fin de semana, los grandes parques eran inundados por turistas y era difícil tomar buenas fotos. Personalmente, a SeungMin no le agradaba tomarle fotos a multitudes, que se aglomeraban alrededor de los árboles como abejas en un panal de miel; sino todo lo contrario. A él le gustaba la simplicidad de una o dos personas. Un pequeño grupo de niños, quizás, pero una muchedumbre de adultos, definitivamente no.
Era demasiado bullicio y le impedía concentrarse. Sentía que simplemente no podía lograr una buena foto en medio de ese caos.
Por esas razones es que había optado por ese parque más familiar y tranquilo al interior de Seúl. Tenía cerezos y su belleza era igual de única, además que le servía perfectamente como trasfondo para la sesión de fotos que llevaría a cabo al día siguiente.
Felix, uno de sus amigos más cercanos, pronto cumpliría un año con su novio ChangBin, por lo que le había pedido una sesión de fotografía para plasmar el momento y mantener el recuerdo.
SeungMin había aceptado sin pensárselo.
Por lo mismo, es que había decidido que ese parque era ideal para la sesión, ya que al ser menos concurrido obtendrían mayor privacidad, eso facilitando bastante las cosas. Felix no era precisamente tímido, pero estaba bastante seguro que tendría mayor fluidez con su pareja sino se sentían observados o con presiones de algún tipo. Quería que estuvieran cómodos, sonrientes, despreocupados y disfrutando de los cerezos.
Quería capturarlos en su propio mundo y sintonía.
Con multitudes eso no se lograba. Con ojos prejuicioso o curiosos, tampoco.
Caminando por el parque, SeungMin se decantó por hacer algunas tomas, ver los mejores sitios en donde podía realizar la sesión. Buscó aquellos que dieran mayor privacidad, pero que también se aprovechara al máximo el paisaje de los cerezos en flor.
A medida que fue avanzando, capturó a un anciano sentado sobre un banco mostrándole algo a su nieto. Su dedo apuntaba hacia el cielo y la mirada del niño continuaba ese movimiento ascendente, todo el suceso siendo simplemente perfecto; el tener su cámara en modo ráfaga permitiéndole captar el movimiento por completo hasta llegar al final.
Más allá descubrió una fuente, donde SeungMin experimentó con los ángulos y velocidades hasta tener una interesante imagen de movimiento puro, la velocidad tan baja que el agua se veía borrosa mientras que al fondo unas palomas alzaban el vuelo, estas siendo unas borrosas manchas de gris.
Pasó tanto tiempo experimentando y jugando, totalmente sumergido en su pequeño mundo de fotografía, que el atardecer llegó, los nuevos colores abriéndose paso ante sus ávidos ojos, más fotografías surgiendo entre sus dedos y manos.
Definitivamente, cuando regresara a su hogar tendría una buena sesión frente a su computador, revisando las fotos que había hecho, estudiándolas para ver cómo mejorar, que ángulo fue más favorecedor, la velocidad, el diafragma, la luz…en fin, para él cada toma era un aprendizaje. No es que fuera perfeccionista o se sintiera insatisfecho con su trabajo por cometer algún error. Era simplemente que deseaba mejorar y lograr nuevas tomas, experimentar y obtener nuevos puntos de vista que no había tomado en consideración la primera vez.
Además de todo eso, también elegiría las mejores fotos y las agregaría a su álbum personal. Cada fin de año revisaba esa carpeta amarilla en su computador, una que se iba llenando con las mejores fotos que había obtenido en cada sesión. De ahí elegía cuales imprimiría en papel para colocarlas en un álbum o que merecían ser expuestas en su casa como obras de arte.
¿Retoques? No realmente.
Le gustaban sus fotos tal y como salían, a veces jugaba con las luces o los contrastes, escala de grises y otros, pero en general se decantaba por dejarlas lo más naturales posibles.
- Creo que ya es hora de un merecido café- se dijo, cuando tomó la última foto; la puesta de sol ya reflejándose contra las ventanas de unos edificios más allá, los colores rojizos abriéndose paso entre medio hasta dar sus últimos toques a los calmos cerezos.
Con la noche cerniéndose sobre él, alguna que otra persona caminando por el parque, SeungMin comenzó el camino de regreso a su departamento, percatándose recién ahí que el parque no era tan pequeño como había pensado en un principio.
Mientras avanzaba, pensó en pasar por la pastelería que estaba frente su edificio, el acompañar su café con un pedazo de pastel viéndose muy tentador en ese punto.
- Tal vez tengan el de fresas con crema- pensó, la boca haciéndosele agua con solo imaginarlo, su cámara encendiéndose una vez más entre sus dedos para capturar ahora nuevas fotografías, esta vez siendo nocturnas.
Terminando con su última toma, y esta vez sí que era la última, SeungMin apagó su cámara.
Hasta que sus ojos recayeron en un perro, este llamando su atención.
Su pelaje fue lo primero que lo intrigó; una distintiva marca gris en el lomo, seguido por un tono dorado que se intercalaba con blanco, generando un toque único en el resto del pelaje. Tenía el tamaño de un pastor alemán, tal vez un tanto más grande. Si era sincero, él no tenía muchos conocimientos sobre perros y sus razas como para identificarlo, pero estaba bastante seguro que ese tenía algo diferente. Algo que no había visto nunca.
Continuó siguiéndolo con la vista, el caminar del perro siendo liviano hasta que se metió entre medio de unos arbustos.
Sin saber por qué, SeungMin decidió seguirlo.
Sintiéndose como una especie de espía o loco aventurero, pasó por sobre los arbustos, con cierta torpeza debía admitir, mientras seguía al exótico perro.
- Tal vez sea una nueva especie- especuló, totalmente entusiasmado por su aventura- Una mezcla entre dos razas distintas
Deteniéndose al ver que el otro también lo hacía, se colocó en posición. Agachándose para tener un mejor ángulo, pasó a enfocarlo con su cámara, tomando la primera foto.
Miró el resultado. No estaba mal, pero podía mejorar.
En eso el perro se volvió a mover y él por inercia pasó a seguirlo. Quería obtener una buena toma.
Paró unas veces más, tomó unas cuantas fotografías más, pero ninguna conformándolo del todo.
Deteniéndose de nuevo, la cámara ahora en modo ráfaga, para obtener una secuencia en movimiento que quedaría bastante interesante con la falta de luz; pasó a ver algo nuevo.
Agachado y con el ojo puesto tras el visor, vio justo cuando ese perro comenzaba a… rascarse.
- Tal vez tiene pulgas - pensó al ver con que afán intentaba rascarse la parte de atrás del lomo, su hocico yendo en esa dirección una y otra vez.
Por un segundo se desanimó al ver cuanto tendría que esperar para obtener una buena foto, el llevar tantas horas sacando fotografías pasándole factura, junto con el hambre. Estaba comenzando a calcular cuánto tiempo más podría quedarse ahí y dedicarse a ese perro, cuando este dejó de rascarse.
Sin pensárselo, SeungMin presionó el disparador.
- Es mi impresión o sus ojos están cambiando de color- murmuró mientras su dedo volvía a presionar el obturador, una nueva serie de fotos pasando a tomarse en ráfaga, el pelaje que tanto había llamado su atención comenzando a desaparecer; SeungMin empezando a sentir cada vez más una especie de retorcijón en el estómago.
Uno que aumentó al ver que frente a él ya no había un perro.
Sino un humano.
- ¡Imposible! - estalló de su boca anonadado, bajando la cámara de una para verlo con sus propios ojos y comprobar que no era una ilusión óptica del lente.
Y para su horror, no lo era.
Frente a él, había un humano.
Uno de carne y hueso, totalmente real. De piel rosada como la suya y no lleno de pelo. Con brazos torneados, músculos de infarto y una espalda que bajaba sin reparo hasta llegar a…
Boqueó.
- No… puede ser… - farfulló una vez más mientras bajaba la vista a su cámara y repasaba con dedos temblorosos las anteriores fotos, viendo todo el cambio.
Y esta vez, después de recorrer las fotografías y corroborar lo sucedido, cayó de trasero contra el piso.
Mal hecho.
Tan pronto alzó la vista se encontró de lleno con la mirada sorprendida del sujeto perro-humano.
Lo había descubierto.
- Oh, no…- pronunció SeungMin, su mirada viajando a su cámara y luego al desconocido, este haciendo el mismo movimiento que él.
Desde afuera, la escena se veía hilarante y hasta absurda. SeungMin tirado en el piso con la boca abierta como pez mientras movía la cabeza de arriba abajo tratando de procesar todo, su vista yendo y viniendo de la cámara hacia el hombre frente a él; mientras que el desconocido, totalmente desnudo, lo imitaba.
Parecían idiotas, SeungMin se sentía idiota, pero no era capaz de hacer nada más.
Hasta que el otro habló.
- ¡Hey!
Si, gran frase. Ni siquiera era una palabra, pero ese “¡Hey!” fue suficiente para hacerlo reaccionar y al mismo tiempo levantarlo de su trasero.
Debía escapar.
¡Tenía un maldito perro-hombre al frente suyo! ¡Un fenómeno!
¿Quién en su sano juicio se quedaría ahí?
- ¡Espera! ¡No huyas!
- ¡Por supuesto que voy a huir! - pensó SeungMin aterrorizado, su cabeza volteándose por sobre su hombro solo para ver que el otro ya lo perseguía, pero ahora como perro.
Oh. Dios.
Con una mano afirmando la correa de su mochila sobre su hombro y la otra sujetando su cámara fotográfica, SeungMin pasó a correr como si su vida dependiera de ello y lo estuviera persiguiendo un asesino serial a punto de matarlo.
Y así era como se sentía.
Como si estuviera dentro de una película de terror de bajo presupuesto, escapando de un extraño experimento de laboratorio que se había liberado para asesinar personas, sobre todo a quien descubría su secreto. O peor, era un perro hombre mutante y carnívoro que lo iba a devorar con sus colmillos y…
- ¡No quiero morir! - pensó dramáticamente, su cabeza volteando otra vez esperando haber perdido al perro; sin embargo, descubrió que era todo lo contrario.
Para su mala suerte, el perro aún lo seguía y era bastante veloz, o él era demasiado lento.
El punto era, estaba que lo alcanzaba.
- No, no, no…- soltó desesperado mientras aumentaba la velocidad todo lo que podía, sus largas piernas dando grandes zancadas fuera del parque para alejarse del animal, SeungMin intentando esquivar a las personas lo mejor posible, a veces llegando a chocar con algunas.
Parecía un lunático, pero no le importaba. También le dolía un costado y sentía que se quedaba sin aire, pero tampoco le interesaba. SeungMin solo quería escapar de ese gran animal, de feroces fauces y complejo carnívoro que había diseñado en su creativa mente, todo para no terminar bajo un brutal ataque lleno de sangre y vísceras…
De acuerdo, debía detener su imaginación, porque no lo estaba ayudando. Lo estaba asustando más, lo que aumentaba sus ganas de correr, pero al mismo tiempo disminuía su capacidad de respirar.
- Por suerte, mi departamento está cerca- pensó, corriendo ese par de cuadras que ahora le parecían eternas.
En vez de ser un par de kilómetros, le parecía una maratón de nunca acabar.
Era definitivo, ese día había cumplido su cuota de ejercicio por un año completo. O lo cumpliría, si es que salía con vida.
Cuando SeungMin vio su edificio de departamento asomarse en la siguiente esquina, quiso llorar. Ni siquiera volteó esta vez a ver si el perro-hombre lo seguía, él solo continuó hasta que llegó frente a su edificio.
Estaba a solo unos pocos pasos de la entrada cuando en eso el perro se adelantó y apareció frente a él impidiéndole el paso. SeungMin casi se cayó encima de él por el imprevisto movimiento, sus cansadas piernas reaccionando apenas.
Por suerte no sucedió, pero de todas formas, SeungMin palideció. Que ahora el gran perro estuviera frente a él y le gruñera no fue mucho mejor.
- Buen perrito…- murmuró casi sin voz, el perro bufando ante sus palabras, como si las repeliera.
Con las piernas de gelatina y apenas respirando, SeungMin vio con pánico que el perro avanzaba hacia él. Por inercia, retrocedió.
El perro dio unos pasos más en respuesta.
Viendo que era inútil seguir retrocediendo, SeungMin hizo lo que toda persona desesperada o con mucho miedo puede hacer en defensa propia ante un perro rabioso; le pegó con su mochila.
Sacándosela de su hombro y de un solo movimiento, le dio con ella al gran perro, este soltando un quejido adolorido antes de mover la cabeza recién golpeada, noqueado. Aprovechando ese instante, SeungMin pasó por su lado como un rayo, el que justo estuvieran saliendo unas personas del edificio siendo de gran ayuda para entrar al recinto sin perder el tiempo.
Como pudo, SeungMin entró al ascensor y ya en su interior, presionó el botón con premura para cerrar las compuertas, su última visión siendo el perro, que lo veía ofuscado detrás de las puertas de vidrio de la entrada.
- Creo que tendré que cambiar el lugar para la sesión de mañana- fue su único pensamiento antes de desplomarse en el piso, sus piernas temblorosas sin dar más abasto y su corazón, tampoco.
Estaba en problemas, lo sabía. No tenía que ser un genio para darse cuenta.
Lo habían fotografiado en su peor momento.
¿Y todo por qué?
Porque necesitó rascarse la espalda. Si, sonaba estúpido, pero realmente no pudo evitarlo.
Lo había atacado una picazón traicionera, de esas espontaneas y sin causa aparente que se vuelven irritantes. Que comienzan justo en ese milimétrico punto en tu espalda que es inalcanzable por mucho que lo intentes y parecen torturarte a propósito, exigiéndote que intentes hacer un movimiento más, para detenerlo.
Él hizo todos lo que pudo, pero al final, tuvo que optar por el más efectivo y eso significó, transformarse.
Cambiar a su forma humana.
El único problema, es que no esperó que alguien lo viera. Mucho menos que lo fotografiara.
Maldijo por lo bajo.
Desde que nació, Hwang HyunJin supo que era diferente al resto de las personas. No solo porque sus padres se lo habían dicho, sino también porque él mismo lo notaba, sobre todo en el área de deportes. Siempre destacaba en ellos, su altura siendo un factor esencial, junto a su agilidad y reflejos, todos esos siendo sus puntos fuertes.
La razón; porque era un cambiaformas.
Antiguamente los llamaban hombres lobos, pero HyunJin prefería utilizar la terminología más actual. Cambiaformas sonaba mucho más amable, o al menos, no se asociaba con un monstruo terrorífico y lunático que desolaba pueblos y comía gente; él sin ser nada de eso.
De hecho, era todo lo contrario. Desde su punto de vista, se podría considerar hasta amistoso.
Si, como Gasparín, el fantasma amigable; pero él era HyunJin, el cambiaformas amigable.
Sin embargo, los humanos normales y corrientes no veían eso. El solo ver algo diferente y desconocido los asustaba, temiendo que podría dañarlos. Lo asociaban con peligro inminente y tal como ese fotógrafo del parque, huían. Y eso sería en el mejor de los casos. En el peor, podían intentar hasta atraparlo para meterlo en un laboratorio y seccionarlo en partes para estudiarlo.
Eso último era lo que más temía HyunJin. Ser encerrado. Ser un experimento o terminar como mono de circo, haciendo acrobacias o exponiéndose frente a otros como una anormalidad que debe ser observada y repelida. No como un humano con habilidades especiales, que es como sus padres se lo habían inculcado.
Contra la creencia popular, ser cambiaformas no era por una mordida, sino algo hereditario. Genético. Se pasaba entre generaciones de hombre a hombre, al ser su padre un cambiaformas, este se lo había traspasado a él. Por lo mismo, es que no habían muchos de su especie. Era difícil para un cambiaformas encontrar una mujer en quien confiar y que aceptara de lleno todo el paquete, hombre y lobo. Muchas veces terminaban ocultando su identidad a su familia, o con parejas esporádicas, pero sin llegar a nada serio.
Por suerte, ese no fue el caso de su padre. Su madre, era una de esas extrañas mujeres que lo aceptaba completamente.
Ella decía que era adorable y hasta parecía fascinada por su habilidad. Al ser hija de un veterinario, había crecido con animales en su casa, por lo que no le molestaba en absoluto el tener a dos lobos rondando por el hogar. Ni siquiera se inquietaba que su esposo fuera un mitad lobo. Tampoco su hijo.
Pero como decía, personas como su madre eran raras, escasas; no por nada el chico del parque huyó.
HyunJin frunció el ceño. El fotógrafo del parque… él realmente lo había tomado desprevenido.
Al estar casi a oscuras y en una parte reservada del parque, no pensó que alguien lo vería. Pero, era claro que se había equivocado.
Quiso maldecir una vez más.
Eso le pasaba por confiado. Bueno, no solo por eso. También era porque, aunque hubieran pasado tres años, todavía le era difícil acostumbrarse a su otra mitad lobo y estar atento a todo. Los cambiaformas adquirían sus capacidades a la edad adulta, estas expresándose al cumplir diecinueve años. Marcaban con eso su llegada a la madurez y también eran más capaces de manejar a su lobo, sin molestas revoluciones hormonales de la adolescencia que podían terminar en serios problemas si es que pasaban a su forma de lobo durante ese periodo. Un lobo adolescente no sonaba bien desde ningún aspecto.
Aunque HyunJin se consideraba amigable, los lobos seguían siendo animales fieros y salvajes, por lo que requería un proceso de adaptación y adiestramiento para no dejarse llevar por las emociones. Era necesaria una buena dosis de responsabilidad, fuerza de voluntad y concentración, para lograrlo, cosas que se obtenían con el tiempo.
Por supuesto, el cometer errores era posible y estaba dentro de los riesgos.
Errores bastante temibles, sobre todo ahora si consideraba que el chico de la cámara podía llegar a publicar sus fotos por internet, haciendo viral su condición.
HyunJin ya podía imaginar los titulares de los diarios y páginas sociales, su foto junto con las palabras “Fenómeno” y se “Busca”, en grande. También “Peligroso”.
Si sus padres lo llegaban a saber se decepcionarían. Sus amigos se alejarían y tal vez hasta lo echarían de la universidad. Viviría en las calles, rondando en los basurales como un perro vagabundo cualquiera, para sobrevivir. Hasta terminar su agonía con una muerte trágica, atropellado por un auto.
Un escalofrío lo recorrió, HyunJin negando ante lo último. Debía conseguir esa cámara a como dé lugar.
La pregunta era, ¿cómo?
Desde hace unas horas que ya vigilaba la puerta de salida de ese edificio, esperando que el chico en cuestión saliera, y hasta el momento no había obtenido nada; lo cual era bastante lógico, ya que era de noche.
Tal vez mañana tendría más suerte…
- No – se dijo- Mañana puede ser muy tarde
Manteniendo su forma de lobo, ya que como humano podría armar un gran jaleo al estar desnudo, avanzó por frente de la puerta de vidrio preguntándose como podía entrar al recinto de una vez por todas e ir por esa cámara. Tal vez, si regresaba a su casa y se vestía, podía regresar e intentar ingresar como humano. Podría hacerse pasar por un repartidor de pizza o algo así.
El problema es que el tiempo no estaba a su favor. Entre ir, vestirse y volver, gastaría al menos una hora, sin contar que su engaño de la pizza podía no funcionar.
¿Y si decía que era un amigo y pedía que le abrieran la puerta?
No. Podían exigirle el número especifico del departamento al que iba y el nombre del residente, su gran farsa derrumbándose ahí mismo.
Y aunque no se derrumbara y funcionara milagrosamente, la posibilidad siendo mínima, ¿qué haría al llegar al departamento del fotógrafo? ¿Le hablaría?
¿Qué le diría? ¿Hola, soy el cambiaformas de hace unas horas atrás, no te haré daño, pero quiero que borres mis fotografías?
Absurdo, sin contar que corría el riesgo de ganarse otro golpe. Debía pensar en algo mejor. Algo que no significara hablarle directamente a un humano, que para empezar, había huido de él y hasta lo había atacado con su mochila, el encararlo directamente pareciendo cada vez peor.
Lo ideal, sería hacer todo de forma indirecta. Pasar lo más desapercibido posible, como lobo y humano. Tal vez, si hubiera una entrada trasera, algo que le permitiera ingresar al edificio sin ser visto, sería un buen modo de partir.
Siguiendo su línea de pensamiento, HyunJin comenzó a caminar alrededor del edificio en busca de esa maravillosa entrada secreta que le facilitaría las cosas. No era probable que la encontrara, pero tampoco imposible y por lo demás no perdía nada en revisar. Internándose por un costado, se adentró por un callejón con cierta cautela. No le gustaba meterse en lugares tan estrechos, sobre todo cercano a la medianoche, pero si era lo necesario para resolver aquel lío, lo haría.
Era eso, o tener que vivir el resto de su vida en un callejón como ese.
Tragó con dificultad. Definitivamente no quería eso.
- Y todo por salir a dar una vuelta- lloriqueó internamente ante la suerte que tenía. Solo porque su lobo se ponía inquieto cuando pasaba mucho tiempo encerrado y debía sacarlo a tomar aire fresco al menos una vez a la semana, es que terminó metido en todo ese embrollo y en un callejón maloliente.
En eso, llegó a la parte trasera del edificio y lo vio.
Su salvación. Su entrada milagrosa.
¡La escalera de incendios!
HyunJin casi lloró de felicidad, la escalera casi teniendo un resplandor dorado ante sus ojos.
Mirando hacia todos lados cerciorándose de que nadie lo viera, una sola vez bastándole para aprender su lección de revisar antes de hacer cualquier cosa, pasó a tomar su forma humana. Agradeciendo su estatura y largos brazos, junto con sus años de baloncesto en el instituto, HyunJin tomó impulso y de un solo salto tomó el borde de la escalera para bajarla. Con eso listo, subió unos cuantos peldaños hasta llegar al primer nivel, donde se transformó nuevamente en lobo.
Si alguien llegaba a verlo de lejos, solo vería a un “perro” pasear por una escalera de incendios, lo cual era extraño, pero no tanto como un hombre desnudo. Definitivamente lo segundo llamaría mucho la atención y viviendo en la conservadora Seúl, no solo le sacarían fotos, sino también llamarían a la policía. Y la cárcel, era otro lugar que definitivamente no quería estar. Tampoco en el noticiero como exhibicionista.
Subiendo varios escalones a la vez con su agilidad lobuna, fue revisando las ventanas y olisqueando el aire para dar con el chico camarógrafo. Esperaba que su departamento fuera uno de aquellos que daba hacia la escalera de incendios exterior, sino…tendría que idear un nuevo plan, lo cual aspiraba, no tener que hacer.
Iba en el séptimo piso, cuando por fin lo vio.
Sentado frente a su computador, con la mirada puesta en la pantalla, estaba el chico camarógrafo. Su flequillo caía sobre su frente mientras sus ojos se estrechaban ligeramente tras unos lentes de marco grueso. Se veía concentrado en lo que hacía, sin siquiera percibir que era observado, eso siendo una ventaja para HyunJin. Rápidamente aprovechó de buscar con la vista lo que le interesaba, sus ojos posándose más allá hasta recaer en una mesa baja. En ella, descansaba una mochila y a su lado la bendita cámara.
HyunJin barajó sus posibilidades.
La ventana estaba semiabierta, así que si quería podía entrar ahora, hacer un ataque sorpresa y llevarse la cámara de una. Sin embargo, la desventaja es que podía volverse medio caótico, eso bajando sus posibilidades de éxito.
- Será mejor esperar a que se quede dormido- pensó al tiempo que se agachaba y acurrucaba hasta formar un ovillo.
Se quedaría ahí hasta que el otro se fuera a dormir. Solo ahí, en medio del silencio de la oscuridad, entraría a su departamento como una sombra y se llevaría la tarjeta de memoria. Después de todo, eso era lo que realmente le interesaba. Ya en su casa borraría las fotos incriminatorias y después le regresaría la tarjeta, dejándosela en un sobre por la ventana o algo así.
Sí, sonaba un buen plan.
Acomodándose mejor y sintiendo que el cansancio se apoderaba de sus parpados, decidió dar una pequeña siesta para recuperar fuerzas antes de llevar a cabo su maravilloso y estratégico plan.
Por su parte, y ajeno a todo, SeungMin se encontraba revisando las fotos que había tomado ese día. Después de llegar a su departamento, casi bamboleándose de cansancio, tomó una buena ducha junto con litros de agua para hidratarse. Tenía el pulso acelerado cuando llegó y cierto mareo producto del exceso de adrenalina y ejercicio, pero ahora, después de descansar y comer unos fideos instantáneos, se sentía más recuperado.
Le hubiera gustado también comprar el pedazo de pastel que tenía en mente desde antes que todo eso sucediera, sin embargo, después de todo lo ocurrido no había tenido ganas de salir, la posibilidad de que ese exótico perro lo estuviera esperando en la salida, cohibiéndolo.
SeungMin no quería ser paranoico, pero tampoco quería arriesgarse.
Así que ahí estaba, sin pastel, pero al menos vivo mientas revisaba las fotos, en especial las del perro-hombre.
Medio suspirando, se inclinó a ver la fotografía que había tomado cuando este había adoptado completamente la forma de un humano, la cámara justo captando el instante en que su cara se giró innatamente hacia él, por sobre su hombro, sus rasgos quedando enmarcados.
Su mirada…
- Es guapo- se escuchó murmurar mientras su vista paseaba sin reparo por los cincelados rasgos, el cabello rubio salvajemente despeinado entregándole un toque bastante sexy.
Podría ser un perro-hombre, pero SeungMin no era tan obtuso para negar, y mucho menos no apreciar, que era atractivo. Después de todo la belleza es algo natural, hasta artístico si se consideran los rasgos simétricos, sin importar el género de la persona.
Si era sincero, SeungMin se sentía hasta tentado de imprimir esa fotografía y enmarcarla en su cuarto. La pose poderosa y misteriosa, su hipnotizante mirada, junto con el escultural cuerpo, llamaban a la observación igual que una estatua de la antigua Grecia, simétrica, perfecta y viva.
Incluso esos finos músculos y ese trasero eran arte.
- Me siento un pervertido- soltó de repente al caer en la cuenta lo que estaba viendo y cuánto tiempo llevaba observando la imagen. Artístico y todo, esa fotografía había sido tomada sin el consentimiento del otro, el siquiera pensar en ponerla en su cuarto siendo aún más …raro. Por decir algo.
Frunciendo sus labios, pasó a retroceder unas cuantas tomas y enfocarse ahora en el perro en sí.
Tenía curiosidad. Quería saber qué raza era.
Decantándose primero en usar el método más sencillo, utilizó el buscador de imágenes de Google, para ver si encontraba alguna imagen similar a la suya. No tenía muchas esperanzas en ello, pero de todas formas no perdía nada intentando.
Con gesto neutro y sin expectativas, tomó un sorbo al café que se había preparado con antelación, el sabor amargo despertándolo un tanto, aunque no al nivel que fue descubrir que su imagen había dado resultados.
Lo mejor, le decía exactamente qué tipo de “perro” era.
- ¡Un lobo! - exclamó anonadado, su boca abriéndose dramáticamente mientras comparaba la foto con lo que el buscador le había lanzado.
No había duda. Realmente era uno, la semejanza siendo demasiado notoria para ser un error.
No podía creerlo. Había confundido a un lobo con un perro.
¡Increíble!
SeungMin en ese punto, no sabía si sentirse avergonzado o mortalmente feliz de haber logrado escapar de las feroces fauces de su atacante. Realmente ese animal, de haber querido, podría haberlo matado.
- Entonces, es un hombre…lobo- concluyó, terminando de procesar la información, sus ojos volviendo nuevamente a la secuencia mientras la repasaba con nuevos ojos.
¡Había dado con un hombre lobo! ¡Uno real! ¡De carne y hueso!
SeungMin silbó.
Ese descubrimiento era grande. Se sentía casi como un cazador de mitos, descubriendo por primera vez y con pruebas contundentes que el mitológico hombre lobo era real y no solo una creación del hombre.
No era solo una historia de terror o mito creado por aldeanos de hace siglos atrás.
¡Era casi como decir que Pie Grande o el Monstruo del lago Ness existían!
SeungMin se sintió entusiasmado y sobrepasado a la vez.
¿Qué haría ahora con esa información? ¿Llevársela a alguna universidad? ¿A los noticieros?
O tal vez a la policía. Podía ser peligroso. Un hombre lobo suelto por la ciudad podía atacar víctimas inocentes, lo mejor siendo el encerrarlo antes de que agrediera a alguien más. No todos podían tener la suerte de escapar, como él había hecho.
Entre más lo pensaba, más sentido le hacía; sus ojos posándose al final en el reloj digital de su computador. Era tarde.
Si quería hacer una denuncia, tendría que hacerla en la mañana.
Asintiendo y aprobando al mismo tiempo su sensata decisión, pasó apagar todo. Si quería hacer esa denuncia, lo ideal sería levantarse temprano. Así también tendría tiempo para buscar un nuevo lugar para realizar la sesión fotográfica que tenía presupuestada y avisarle a Felix de la nueva locación.
Su plan sonaba bien para él.
Alistando todo, pasó a dejar su cámara con la batería cargada y una nueva memoria, dentro de su mochila con el resto de las cosas, así al día siguiente sería tomar y llevar.
Terminando su rutina de lavarse los dientes y ponerse el pijama, SeungMin pasó acomodarse en su cama, un suspiro de satisfacción escapando de sus labios al poder descansar al fin entre las agradables mantas. Aprovechando que su departamento era en realidad un estudio pequeño, todo encontrándose básicamente en una sola habitación, excepto el baño que estaba aparte, SeungMin dio una última rápida revisión, asegurándose que todo estaba en orden.
Satisfecho y sin encontrar nada fuera de lugar, cerró los ojos. No pasó mucho tiempo antes de que cayera en un profundo sueño.
Habían pasado dos horas y un poco más desde que SeungMin se había quedado dormido, cuando HyunJin se despertó al otro lado, en la escalera para incendios.
Estirándose y bostezando de paso, agitó todo su peludo cuerpo para espabilarse y enfocarse en su alrededor. En eso, notó que la luz estaba apagada en el cuarto del camarógrafo.
HyunJin movió su cola, entusiasmado.
Agradeciendo que la ventana seguía medio abierta y no había sido cerrada, pasó a abrirla aún más con su hocico y patas, hasta que pudo entrar por completo al interior de la estancia.
Cauteloso, HyunJin miró en dirección a la cama que estaba al otro extremo de la habitación, el joven en cuestión pareciendo totalmente dormido, o al menos, el tumulto de mantas se movía acompasadamente, sin alteración.
Eso era bueno.
Aprovechando su buena suerte, HyunJin continuó con ese allanamiento de morada en busca de la cámara, sus pasos llevándolo a donde primero la había visto, en la mesa de centro.
Frunció sus cejas. Ya no estaba ahí.
Usando sus habilidades de lobo, olisqueó la mesa, intentando dar con su nuevo paradero. La cámara debía oler a plástico, se dijo, su hocico guiándolo hasta hurguetear en el lugar más lógico; la mochila sobre la mesa.
Gruñendo a medias, incapaz de abrir el cierre con sus dientes y garras, HyunJin optó por lo más simple, pasar a su forma humana. Dentro de ese recinto ningún vecino lo vería, la oscuridad de la noche siendo un gran punto a favor, así que estaba a salvo.
Ya como humano, no había terminado de abrir el cierre de la mochila, cuando en eso una luz lo cegó de lleno.
- ¡¿Qué haces aquí?!
Volviéndose sorprendido, HyunJin chocó con la mirada acusadora y adormilada del fotógrafo.
Su pelo castaño estaba revuelto, dándole un toque gracioso y hasta tierno, el cual se habría detenido apreciar sino fuera porque este salía de su cama con un… ¿sartén?
¿Quién en su sano juicio tenía como arma de defensa personal un sartén?
Bueno, HyunJin no se iba a quedar a comprobar si servía como tal o no. Ya con el golpe de la tarde había tenido suficiente para querer recibir otro.
Sin pensarlo y por instinto, tomó de prisa con sus manos el bolso. Corrió hacia la ventana al mismo tiempo que se iba transformando en lobo, mientras que escuchaba detrás suyo el alboroto que se armaba, mantas que se desparramaban y el torpe movimiento del camarógrafo al salir de la cama.
- ¡Vuelve aquí! - gritó SeungMin mientras se levantaba del piso.
Si, un clásico, se había enredado en las sabanas al salir apresurado y había terminado de bruces en el suelo, viendo con impotencia como el lobo salía por la ventana con su mochila en el hocico.
¡Su cámara estaba ahí!
Y no solo eso. Sus documentos de identificación, su billetera, ¡todo!
Ese lobo le estaba robando en sus narices y él era un gran inútil para detenerlo.
Pateando finalmente las sabanas con furia, SeungMin se deshizo de la tela en sus pies y salió corriendo en dirección a la ventana, con su sartén en mano para ir en busca del ladrón. Con la respiración errática se asomó a esta, para ver como el lobo bajaba la escalera de incendios a toda velocidad.
Sin pensárselo mucho, lo siguió.
Saliendo por la ventana con la torpeza habitual de quien se acaba de despertar, terminó bajando, más bien, corriendo en busca del can.
Lo iba a matar. SeungMin de verdad quería hacerlo. No se consideraba alguien agresivo, pero en ese instante se sentía capaz de asesinar a ese lobo.
Había estado tan bien minutos atrás, durmiendo plácidamente, descansando por el extenuante día que había tenido, hasta que ese lobo lo sacó de su mundo de ensueño para robarle.
Lo primero que lo alertó fue el ruido constante, que empezó a traerlo a la realidad. Seguido a eso, su cuerpo se tensó y sintió un escalofrío recorrerlo al darse cuenta que ese ruido no era parte de un sueño, sino que realmente había movimiento en su habitación, eso haciéndolo abrir los ojos en medio de la oscuridad.
Ahí cayó en cuenta de lo que sucedía. Alguien había irrumpido en su departamento. Podía ver su silueta y extraña forma perfilándose en medio de la penumbra.
Con el corazón en un puño, movió su mano sigilosamente en busca del sartén que tenía bajo su cama, la única arma defensiva que tenía consigo y que la había elegido después de ver “Tangled” con Felix (no lo juzguen, le pareció muy útil en ese entonces).
Con arma en mano y dándose valor, se atrevió a encender la luz y confrontar a quien intentaba asaltarlo en su departamento, sus ojos abriéndose de par en par cuando descubrió que su asaltante no era nada menos que el joven del parque, el hombre lobo husmeando sus cosas, totalmente desnudo, para variar.
Al parecer el exhibicionismo era lo suyo.
O tal vez usar ropa no era el estilo de los licántropos.
Bueno, tampoco es que importara.
Lo que si importaba es que ese sujeto le estaba robando y él debía detenerlo como dé lugar, sin importar lo muy ridículo que se viera o lo peligroso que fuera.
En su mente no pasó el que se iba a enfrentar a un hombre lobo, una criatura legendaria conocida por ser sanguinaria y letalmente peligrosa. Tampoco que esa tarde él había escapado pensando que lo iba asesinar con sus letales garras.
No.
En su mente solo estaba perseguirlo y recuperar lo que por derecho le pertenecía y le estaba quitando.
Ni siquiera pensó en lo ridículo que se debía estar viendo, sobre todo ahora que corría por la calle desierta, con su pijama de camiseta blanca y pantalones de Mickey Mouse, el pelo despeinado y su mano agitando una sartén vieja como si fuera un arma letal; mientras perseguía a un lobo que llevaba en su hocico una mochila.
Hilarante.
- ¡Maldito lobo, regresa aquí! - espetó, el animal llevándole varios metros de ventaja.
Desesperado tiró su sartén con la esperanza que este le llegara.
No lo hizo.
En cambio, el ruido metálico contra el pavimento fue horroroso y para peor de males, la sartén no fue la única que cayó al piso, ya que justo él se enterró algo en el pie, cayendo también al suelo, por segunda vez en esa noche.
SeungMin maldijo por lo bajo, sus manos sujetando su pie mientras veía al lobo asaltante alejarse más y más con su preciada cámara, él quedando ahí solo y tirado.
Lleno de frustración y rabia.
Sabiéndose derrotado y que ya no había nada más que pudiera hacer, SeungMin se levantó finalmente del pavimento. Recogió su sartén y regresó a su departamento con paso triste y melancólico.
Esa noche no durmió.
¿Cómo podría?
Le habían robado en su propio hogar, eso frustrando a cualquiera y lo peor es que le habían robado su cámara.
¿Cómo podía ser fotógrafo si no tenía cámara?
Solo le quedaba una antigua cámara fotográfica, la primera que utilizó. Era para principiantes y aunque era buena, no se comparaba a la profesional que hoy en día utilizaba y que ese apestoso licántropo le había robado.
SeungMin quiso llorar de impotencia. De hecho, lo hizo.
¿Qué haría?
No lo sabía.
Tal vez, lo primero sería tranquilizarse. Lleno de llanto y moco no iba a resolver nada, ni tampoco lo ayudarían a pensar mejor. Segundo, tenía que llamar a Felix y explicarle que debían mover la sesión. Sabía que su amigo lo comprendería y no se enojaría, pero igual le generaba una desazón terrible no poder cumplirle. Tal vez podía intentar hacer la sesión con su antigua cámara. Después de todo, tomó por varios años excelentes fotos con ella hasta que entró a estudiar fotografía y ahí tuvo que invertir en una cámara mejor.
- De verdad voy a cocinar a ese lobo cuando lo vea - soltó secándose aún algunas lágrimas, aunque también rio ante lo último.
¿Cómo podría verlo de nuevo?
Seguro que ahora, que tenía la cámara en su poder, ya no volvería a visitar el parque. No podía ser tan idiota.
Aunque nunca se sabe…
SeungMin se sorbió un tanto la nariz y miró hacía la traicionera ventana que había sido la puerta de entrada para aquel lobo. Y eso que había revisado todo, una última vez, antes de dormir. Era frustrante hasta decir basta.
Negando, trató de no culparse por el pasado y en cambio ser un poco optimista. Quizás, no todo estaba perdido. Ese lobo podía volver aparecer eventualmente por el vecindario.
El único problema es que no podía estar haciendo guardia eternamente en el parque esperando por su llegada. Además, era seguro que si lo veía, escapaba de nuevo. Podría disfrazarse, pero eso no quitaba que perdería tiempo esperándolo.
- A menos que coloque carteles- se dijo, su mente abriéndose a nuevas posibilidades- Si hago carteles de “se busca” o de “información”, podría saber dónde está- concluyó mientras terminaba de secarse las mejillas y se levantaba de su esquina de autocompasión para caminar hacia su computador.
Encendiéndolo, revisó con rapidez las fotografías que tenía. SeungMin sonrió satisfecho al verificar que tenía suficiente material.
Sintiendo que las esperanzas volvían a su cuerpo, sobre todo al existir la remota posibilidad de recuperar su cámara de alguna forma, pasó a buscar la mejor foto que tenía para diseñar un afiche sencillo con la foto del lobo, en el cual colocó su número de teléfono para recibir cualquier información.
Cuando lo tuvo listo, lo miró con ojo analítico.
- Tal vez sea bueno también colocar una como humano…- murmuró. El único problema es que solo tenía desnudos.
Podía arreglarlo. Lo importante era su cara. Si buscaba algún modelo con similar contextura y pose, podía pegar su rostro y ya. Tenía las capacidades y el conocimiento para hacerlo.
Enfrascándose en la edición, SeungMin pasó el resto de la noche, o mejor dicho, madrugada, editando la fotografía hasta que obtuvo un resultado que lo dejó bastante conforme y que colocó al lado de la foto del lobo. Si alguien le preguntaba, diría que el animal era su perro y ese sujeto se lo había llevado.
Si, una mentirita blanca que resultaba bastante convincente y evitaba hacer dos afiches por separado, lo cual sería un derroche de papel en todo el sentido de la palabra.
-Tal vez sería bueno también ponerlo en mis redes sociales- se dijo.
Mientras la primera impresión de prueba comenzaba a salir por su impresora, SeungMin pasó a buscar su celular para difundir la imagen de ese ladrón. Miró hacia su mesita de noche esperando ver su teléfono ahí. No estaba.
Un sudor frío lo recorrió.
Sin perder tiempo, emprendió su búsqueda. Buscó por todas partes, sin detenerse. Bajo su cama, entre sus cosas, hasta que su vista recayó en la mesa y su boca se abrió estrepitosamente.
- ¡Maldición! - espetó, la impotencia volviendo a llenarlo al recordar que había metido su celular en su mochila, el sujeto llevándoselo con el resto.
¡¿Cómo no lo había notado?!
Ahora ni siquiera podía llamar a Felix, no tenía medio de comunicación ni nada. ¡Hasta tendría que cambiar el afiche!
Ese lobo realmente se había llevado todo lo que tenía.
¡Ahora si que quería asesinarlo!
- ¿Por qué dejé lista mi mochila anoche? - se lamentó, derrumbándose sobre su asiento.
Una taza de café frío y su computador siendo, al parecer, lo único que tenía.
Quiso llorar otra vez, sus esperanzas reduciéndose cada vez más mientras veía la imagen del culpable en la pantalla.
Y pensar que la noche anterior había planeado levantarse temprano para hacer una denuncia a la policía, que ironía…
Parpadeó. ¡La denuncia! ¡Claro!
Ahora que el lobo le había robado, con más razón debía ir donde la policía. ¡Era un criminal en todo el nombre de la palabra!
SeungMin se levantó de su asiento eufórico, decidido a hundir a ese licántropo criminal.
Ya que no tenía celular, tendría que hacer la denuncia presencialmente, por lo que pasó a cambiarse de ropa. No le tomó mucho tiempo para estar totalmente vestido, su cara lavada y sus dientes también. En el transcurso, decidió enviarle un email a Felix para explicarle la situación y que se había quedado sin celular. Esperaba que el mensaje le llegara a tiempo, y su amigo no tuviera un plantón en el parque junto con su novio. Junto con eso, aprovechó de guardar en un pendrive una selección de fotografías donde se veía claramente la transformación del licántropo, eso siendo prueba suficiente para demostrar su punto.
Preocupándose de cerrar su departamento con esmero, incluida cada ventana que encontró y también metiendo su portátil bajo de la cama para mayor seguridad, SeungMin salió.
Agradecía que su departamento tuviera cerradura electrónica, de otra forma, estaría en serio problemas si el lobo se hubiera llevado la llave.
- De verdad lo odio - pensó una vez más, mientras pasaba a tomar el ascensor y se encaminaba hacia la comisaría más cercana, la cual, por suerte, estaba a un par de cuadras.
Como no tenía su billetera, ni tampoco dinero (¡maldito lobo ladrón!), tuvo que caminar todo el trayecto. Su único alivio fue que era temprano y estaban en primavera, y no en pleno verano; de otra forma se habría fundido con el pavimento.
Tratando hacer más llevadera la caminata, SeungMin empezó a idear desde ya como sería su denuncia.
¿Debería empezar diciendo que había encontrado a un hombre lobo en el parque, mostrando las fotografías, o era mejor partir con el robo?
- En ese caso, ¿No serían dos denuncias? - se preguntó ladeando un tanto su cabeza mientras avanzaba por las calles de Seúl.
Siendo cerca de las ocho de la mañana de un domingo, tenía la suerte de que no había mucha gente por las calles, así que podía hablar consigo mismo sin obtener miradas extrañadas de vuelta.
- En el caso que fueran dos denuncias, ¿Cuál es más importante? - continuó, otra serie de preguntas viniendo a su mente, su inexperiencia en esos asuntos jugándole en contra.
¿Sería mejor explicar lo hechos en orden o al revés?, pero si hacía lo último podría llevar a confusión, ¿o no?
A medida que se iba acercando a su destino más dudas asaltaban su mente; si es que debía empezar directamente diciendo que había encontrado un hombre lobo, o era mejor comenzar relatando que había visto algo raro en el parque.
Para cuando finalmente llegó a la comisaria y entró en ella, SeungMin tenía más preguntas que respuestas. Sinceramente se sentía intimidado y un poco preocupado por su historia, sobre todo con la parte de; “un lobo entró a mi habitación durante la noche, se transformó en humano y luego huyó por la ventana con mi mochila, en su forma de lobo, otra vez”.
Si, hasta para él, con apenas dos horas de sueño en el cuerpo, esa historia empezaba a sonar disparatada.
- Disculpa, ¿me dejarías pasar?
SeungMin medio saltó de su piel, medio se disculpó al notar que se había quedado de pie frente la entrada y obstaculizaba el ingreso. Haciéndose a un lado, dejó pasar a un chico más o menos de su edad, que fue directo a la mesada a dejar su denuncia.
- Al menos tengo las fotos- se dijo finalmente SeungMin en un intento de darse valor y volver avanzar hasta donde estaba el chico, quien relataba su historia.
- De acuerdo señor, déjeme ver si comprendí bien su situación – habló la oficial a cargo después de escuchar toda la historia - Ayer usted perdió su celular alrededor de las cinco de la tarde en el parque. Pero se dio cuenta de ello, más o menos, una hora después y cuando fue a buscarlo no lo encontró. ¿Está seguro que no se le cayó en otro sitio?
- Seguro. El último lugar donde usé mi celular fue ahí. – reiteró sin dudar – Normalmente utilizaría una aplicación para rastrearlo, pero esta sin batería…
SeungMin al escuchar eso alzó la mirada del pendrive que observaba entre sus manos.
- ¿Aplicación? - preguntó sin darse cuenta, el chico frente suyo girando ligeramente la cabeza hacia atrás, SeungMin ruborizándose un tanto por haber sido inoportuno.
- Si, una aplicación – contestó el otro sin alterarse, casi rodando los ojos por su ingenua pregunta- Todo el mundo sabe que los celulares se pueden rastrear con una aplicación, hay varias de hecho…
SeungMin parpadeó, una nueva oportunidad apareciendo frente sus ojos. Una que no incluía explicaciones incomodas y confusas frente a la autoridad.
Lo mejor, es que podría obtener justicia por sus propias manos.
Después de todo, ese licántropo se había infiltrado en su hogar y tal vez era hora de devolverle el gesto y hacerle una visita. Si esa aplicación realmente funcionaba, lo más probable es que, no solo hallaría su celular, sino también el resto de sus cosas al llevarlo directamente hacia el culpable.
No estaba seguro si era por la falta de sueño, pero en ese minuto, le pareció mucho mejor ese improvisado y lunático plan, que estar ahí.
Sin pensarlo dos veces agradeció al extraño, quien lo miró como si fuera un bicho raro, a SeungMin importándole bien poco.
Tenía cosas más importantes en mente.
El cazar a un hombre lobo.