Parte 0: Cuando te vi por primera vez
Recuerdo aquella tarde de verano en la que nos conocimos por primera vez. Yo había viajado desde la capital y me encontraba cumpliendo con las últimas prácticas profesionales que me ayudarían en mi historial como médico. Entre todas las provincias que se presentaron, seleccioné Daegu, tu ciudad natal, como centro final para mi expediente.
Y permíteme decir que tome una buena decisión, aunque el resultado final de mi propia intrepidez no fue de mi agrado en absoluto.
Tuve la fortuna de que tu abuela fuera la propietaria del hotel en el que me hospedaba. Aunque no tenía la más remota idea de tu existencia, me sentía intrigado por saber más de ti debido a los elogios ella soltaba cada vez que te recordaba. Pues la admiración que destilaba por ti, lo maravilloso y agradable que decía eras, fueron mi razón para poder conocerte algún día.
Reconozco que paso mucho tiempo para conocerte aun cuando sabía por fotografías como lucias. Sabía por palabras de tu abuela que eras el ser más hermoso que allá nacido en esta tierra. No obstante, nada se podía comparar con el momento en el que te conocí por primera vez en persona.
Valió totalmente la pena esperar.
Porque mis recuerdos son claros aún.
La imagen de ti abriendo y cerrando la pintoresca puerta de cristal del hotel.
Recuerdo verte caminado a pasos saltarines hacia nosotros mostrando una sonrisa llena de color.
El recuerdo de ti acercándote con esa radiante aura que irradias abrazando fuertemente a tu abuela.
El recuerdo de ese abrazo recompensa, un abrazo que con creces compensaba todos los momentos en los que no estuvieron juntos.
El recuerdo de ella conmovida y a punto de llorar frente a ti.
El recuerdo de ella agradeciendo por tenerte una vez más en sus brazos.
El recuerdo de ella sosteniéndote con la misma intensidad y efusividad como lo hiciste tú.
El recuerdo de verme paralizado frente a ti después de tantas reseñas llenas de injusticias que tu abuela me daba.
El recuerdo de mi propio anhelo por abrazarte.
Todo es claro.
Y me atrevo a decir que quede absolutamente cautivado al verte. Puedo asegurar que me enamoré con tan solo el melodioso sonido de tu risa. Puedo decir que parecías un niño cuando reías y yo un tonto cuando el sonido de tu voz comenzó a apoderarse de mis pensamientos.
Cuando me saludaste por cortesía sentí tocar el cielo. Porque mierda, qué voz.
Y me cuestioné, ridículamente: ¿Esto es lo que suena en el paraíso? ¿Era normal sentir un extraño escalofrío recorrer por mi espalda solo por el tenue susurro que siempre acompañaba a tu voz?
¿Pretendías hacerme delirar? Porque cuando me viste, supuse por la expresión sincera de tu mirada que te divertía mi silencio. Percibí en ellos el reconocimiento de mi reciente gusto por ti. De verdad estabas sonriendo divertido solo por mis torpes y sinceras acciones.
Al recordar esos momentos no puedo evitar suspirar y sonreír como si estuviera intoxicado por la droga más alucinógena y desgraciada que exista.
Al rememorar esos momentos no puedo evitar llorar. Simplemente, las lágrimas caen una a una. Pesan en mis ojos, se desbordan osadas creando su camino en mis mejillas y terminan en mis manos derrotadas sobre mi regazo. Nunca he experimentado esta desesperación o melancolía cuando tenía a alguien a quien amar. En la vida sentí este dolor en el pecho al recordar amores pasado. ¿Por qué todo es diferente contigo?
No lo comprendo.
Este intrincado laberinto de emociones me supera. Es una auténtica mierda, realmente lo es. Nadie me advirtió que sería tan doloroso perder a la persona que más he amado jamás.
Es tan parecido o peor que la cajetilla de tres cigarrillos que te acompañaba cada esporádico viernes en la noche. Podía ver como te terminabas cada uno. Podía ver como el fuego y los sorbos que tomabas consumían poco a poco los bastoncitos marrones. Pude ver los restos consumidos del cigarro en el cenicero. Podía ver como el último lo aplastabas antes de consumirlo por completo y exhalabas con alivio el humo hacia el cielo. Cerrabas los ojos, relajabas los hombros y tus manos las soltabas en tu regazo.
Es tan similar o peor al recuerdo que tengo de ti terminando la pequeña lata de alcohol que tomabas cada esporádico sábado en la tarde. Dabas tantos sorbos como te permitiera el contenido y luego lo arrojabas sin cuidado alguno al tacho repleto de latas vacías que mantenías a un lado.
Era igual o peor a mí sentir.
Porque todo gira en torno a ti. Acerca de mis recuerdos sobre ti. Acerca de los recuerdos sobre nosotros en la colina esperando que el sol caiga y que la luna ascendiera hacia lo más alto del cielo.
Todo se trata de mi corazón rompiéndose a pedazos por tu partida a un lugar desconocido y tu retorno aún incierto.
Que bonito los últimos dos párrafos. Me salió piola.
En mi cabeza sonaba mejor, ayudaaa.
Lo escribí mientras escuchaba Lovers Rock de TV Girl. Sonaba realmente bien con la canción, que no tiene nada que ver con la historia, bueno, solo un poquito, pero pequeñito. 🌹
—Anaeu