♡The First Love♡

Summary

"El primer amor nunca se olvida" ☆Kookmin ☆Jungkook//top ☆Jimin//bottom

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

"Quise tomar esa mano, pero me fue imposible, le pertenecías a ella, esa persona que te da felicidad"

La vida es una búsqueda constante. Perseguimos algo —alguien— que le dé sentido al caos, que convierta los días grises en un lienzo de colores. A veces, ese “algo” no tiene nombre ni rostro, hasta que un día...aparece. Y entonces, el mundo se detiene.

Pero ¿qué pasa cuando ese algo se escurre entre los dedos? Cuando se convierte en un casi, en un quizás que nunca llega? La vida pierde su brillo, las horas se hacen eternas, y el corazón —terco e insensato— se aferra a un sueño imposible.

Y así, entre suspiros y promesas rotas, descubrí que el amor no siempre es suficiente.

El primer encuentro

El portón del Instituto Haneul chirrió al abrirse, como si se resistiera a dejarlo entrar. Jimin se detuvo en el umbral, apretando con fuerza la correa de su mochila. El edificio era imponente: ladrillos rojizos, ventanas altas que reflejaban el cielo azul, y un sendero bordeado de cerezos cuyas flores ya empezaban a caer.

—Odio los primeros días—pensó, mientras un grupo de estudiantes pasaba riendo a su lado, sin mirarlo.

Era su último año, pero se sentía como un extraño. Sus antiguos amigos ya se habían graduado, y la idea de empezar de nuevo le pesaba en el pecho como una piedra.

El Aire Cambió

Justo cuando decidió darse la vuelta —“Mejor me voy a trabajar”—, algo lo detuvo.

Un olor.

Fresco, limpio… como manzanas verdes y lluvia.

Y entonces, lo vio.

Un chico alto, de pelo negro azabache y una chaqueta de cuero gastada, caminaba distraído mientras leía una hoja de papel. Iba tan ensimismado que no notó a Jimin hasta que fue demasiado tarde.

El Impacto

—¡Uf!—

Un golpe seco. Hombro contra hombro.

Jimin tambaleó, pero antes de caer, una mano cálida lo sujetó del brazo.

—Lo siento, no estaba mirando—dijo una voz grave, que resonó como un bajo en una habitación silenciosa.

Jimin alzó la vista.

Y el mundo se detuvo.

Ojos oscuros como la noche, pero con destellos dorados bajo el sol. Piel blanca como la porcelana, marcada por un pequeño lunar cerca del labio superior. Y una expresión…¿curiosidad? ¿Sorpresa?

—¿Estás bien?— preguntó el chico, inclinándose un poco, como si Jimin fuera algo frágil.

Jimin abrió la boca, pero las palabras se le atascaron en la garganta. Solo atinó a asentir, sintiendo cómo el calor le subía por el cuello hasta las orejas.

El Nombre

—¡Jungkook!— una voz femenina lo llamó desde el otro extremo del patio.

El chico —Jungkook— parpadeó, como si despertara de un trance. Por un segundo, su mirada se quedó atrapada en la de Jimin, y algo indescifrable pasó entre ellos.

—Perdón—murmuró, soltándolo con lentitud, como si no quisiera hacerlo.

Y luego, se fue.

Pero no sin antes lanzarle una última mirada por encima del hombro, una mirada que le quemó la piel a Jimin incluso cuando ya estaba a metros de distancia.

Jimin se quedó inmóvil, con el corazón latiendo tan fuerte que temió que todos a su alrededor lo escucharan.

—Jungkook…— repitió en un susurro, como si el nombre fuera un hechizo.

El viento otoñal levantó un remolino de pétalos rosados a su alrededor, y por primera vez en meses, Jimin sintió que algo dentro de él renacía.

El Segundo encuentro

El último resquicio de luz anaranjada del atardecer se filtraba entre los estantes de la biblioteca, iluminando la montaña de libros que rodeaban a Jimin. El chico de cabello castaño estaba arrodillado entre novelas de misterio, buscando desesperadamente algo que ocupara su mente de aquella persona. Sus dedos temblorosos rozaron varios lomos hasta detenerse en uno en particular:“El jardín de las mariposas” de Dot Hutchison.

—¿Por qué ponen los buenos siempre tan arriba?— murmuró frustrado, alzándose en puntillas por tercera vez. Su estatura (o la falta de ella) nunca le había parecido tan injusta como en ese momento.

De pronto, una sombra alta se proyectó a su lado. Un brazo extendido alcanzó el libro con facilidad, y ese olor a menta y lluvia que Jimin reconocería en cualquier multitud lo paralizó.

—“Las novelas de misterio suelen ser... realmente interesantes”—.La voz de Jungkook era más grave de lo que recordaba.}

Jimin giró tan rápido que perdió el equilibrio. Su espalda chocó contra el estante, haciendo temblar varios volúmenes. Allí estaba él: Jeon Jungkook, con su pelo negro despeinado, la chaqueta del uniforme desabrochada, y esos ojos oscuros que ahora lo examinaban con una mezcla de curiosidad y algo más... ¿culpa?

—¿Nos conocemos?— preguntó Jungkook, sosteniendo el libro hacia él. Su pulgar rozó inadvertidamente el dorso de la mano de Jimin.

El contacto duró menos de un segundo, pero fue suficiente para que el corazón de Jimin galopara. Tragó saliva con dificultad. ¿Cómo podía no recordarlo? ¿Acaso ese casi-beso no había quemado también la memoria de Jungkook?

—J-Jungkook— logró balbucear, notando cómo el otro parpadeaba al escuchar su nombre en sus labios. Como si fuera una oración prohibida.

El libro cayó al suelo con un golpe sordo. Jungkook no lo recogió. En cambio, hizo algo que dejó a Jimin sin aliento:le tomó la barbilla con dedos temblorosos, inclinándose hasta que sus alientos se mezclaron.

—Por qué...— la voz de Jungkook sonó ronca—. Por qué hueles a vainilla— susurró, como si eso explicara todo.

Jimin cerró los ojos.Esta vez no huiría. Podía sentir el calor del cuerpo de Jungkook, el roce de sus pestañas al pestañear, ese tic nervioso en su mandíbula...

Un estruendo los separó. Una pila de libros se derrumbó cerca, y la magia se rompió. Jungkook retrocedió como si lo hubieran electrocutado.

—Yo... lo siento— tartamudeó, llevándose una mano al pelo y despeinándolo aún más. Su mirada iba de Jimin a la puerta, como un animal acorralado—. No debería haber... tengo que...

Y entonces huyó. Dejando a Jimin con los labios ardientes y el libro olvidado en el suelo

La obsesión

Tres meses. Noventa y dos días sin volver a verlo. Jimin recorrió cada rincón del instituto como un alma en pena: el gimnasio, la cafetería, el club de arte. Nada. Era como si Jungkook se hubiera evaporado, dejando tras de sí solo un recuerdo difuso y el eco de su nombre en los labios de Jimin.

—¿Enamorado? ¡Por favor! —Hoseok soltó una carcajada mientras arrancaba las hojas secas de su cuaderno—. Minnie, lo que tienes es obsesión.

Jimin apretó los puños. No era obsesión. Era...una certeza. Porque cada noche, antes de dormir, revivía aquel instante en la biblioteca: el roce de sus labios, el calor de sus manos, la manera en que Jungkook lo miró como si fuera importante.

—Si tanto lo crees, ¿por qué no lo buscas? —retó Hoseok.

—Porque... —Porque tengo miedo de descubrir que solo fui un juego para él.

La confesión

El pasillo estaba desierto, iluminado por la luz dorada del atardecer que se filtraba por los ventanales. Jungkook estaba allí, recostado contra los casilleros con un libro entre las manos, pero sus ojos no seguían las líneas del texto. Parecía perdido en sus pensamientos, ajeno al mundo.

Jimin sintió que las piernas le pesaban como si llevara cadenas. Cada paso hacia él resonó como un latido en sus oídos.

—Jungkook— lo llamó, y el nombre le quemó los labios.

El chico alzó la mirada, sorprendido. Sus ojos oscuros, tan profundos como la noche, se encontraron con los de Jimin. Hubo un destello de reconocimiento, algo más… ¿culpa? ¿Deseo?

—Sabes…— comenzó Jungkook, rompiendo el silencio con una voz áspera, como si llevara días sin usarla—.Es curioso. Cada vez que te veo, siento que debo huir.

Jimin parpadeó, confundido.

—¿Huir? ¿De mí?— preguntó, con un nudo en la garganta.

Jungkook apretó el libro entre sus dedos, como si temiera que sus manos temblorosas lo delataran.

—Sí. Porque cuando estás cerca, algo en mí… se descontrola.

El aire se espesó. Jimin podía oír su propio corazón, salvaje, desbocado.

—¿Y eso es malo?— susurró, acercándose un paso más.

Jungkook tragó saliva, su mirada bajó a los labios de Jimin por una fracción de segundo.

—Lo es… cuando tienes novia.

Un silencio mortal cayó entre ellos. Jimin sintió que el suelo se abría bajo sus pies.

—Entonces… ¿por qué casi me besaste en la biblioteca?— la voz de Jimin se quebró, pero no apartó la mirada. Necesitaba saber.

Jungkook cerró los ojos, como si luchara contra sí mismo, y entonces dio la media vuelta dejando atrás todo aquello que pudo ser.

Jimin bajo su mirada, observando como el frio piso se empapaba de sus lagrimas.