A hurricane behind the door

Summary

Harry cierra sus ojos con fuerza cuando toca la puerta del otro lado del pasillo, y suspira cuando escucha pasos acercarse. El omega plasma una sonrisa en su rostro con anticipación, y esta se convierte en una mueca cuando una mujer de cabello rubio lo recibe. Ella no huele a chocolate amargo. Ella no es su vecino alfa, "Omega" gritan todos sus rasgos. Ella no es Louis. Entonces, la rubia le sonríe y habla. —¿Buscabas a mi hermano? O. Donde Harry suspira por su vecino y siempre le prepara postres con la excusa de visitarlo, y Louis los come aunque odia las galletas.

Genre
Romance
Author
noe
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Único

Un OS inspirado en “El chico del apartamento 512” de Selena Quintanilla bc es de mis canciones favs de ella. Hay referencias a la canción, encuéntrelas :)



Todo comenzó con la mudanza de independencia de Harry, alrededor de ocho meses atrás, tras su aceptación en la universidad de sus sueños.

Había tenido un verano atareado ayudando a sus padres en la panadería, terminando su última relación por el engaño del alfa con el que salía; además de, la espera casi interminable por una respuesta favorable por parte de la institución de tercer nivel a la que había postulado.

Harry casi dejó caer la bandeja llena de pan recién horneado cuando su madre llegó hacia él con un sobre en sus manos y una sonrisa en su rostro. Entonces, él absolutamente había sido aceptado e iniciaba sus estudios en menos de dos meses.

Fue difícil decir adiós. Toda su vida en Holmes Chapel tuvo a sus padres y hermana a menos de cinco pasos de distancia, y ahora, con las decisiones que había tomado para su futuro, él se encontraría a más de tres horas en auto.

No sonaba esperanzador para un omega que siempre fue extra protegido por todos; pero, Harry sabía que si quería cumplir sus sueños debía hacerlo.

Él se marchó, acompañado de su familia en esa ocasión, de la comodidad de su casa una semana antes del inicio de las clases. Y ese fue el inicio de todo para Harry.



La primera vez que lo vio fue durante la mañana del inicio de sus clases.

Harry había decidido que llegaría con muchos minutos de anticipación a su primera clase, queriendo conocer un poco las instalaciones para no extraviarse en el camino al salón.

Como ahora vivía solo, Harry no se arriesgaría con su aroma; así que, días anteriores a su encuentro con el alfa de sus sueños, él y su madre fueron hasta el médico y pidieron una dosis nueva de supresores de olor. Así él no llamaría la atención de los alfas locos de la ciudad y podría estar mucho más a salvo de cualquier incidente; además de que ahora sus ciclos estarían mejor controlados.

De todas formas, aquella mañana, como Harry terminó bautizando: “El afortunado encuentro”, tomó su mochila, su chaqueta y sus llaves para marcharse hacia el inicio de su brillante futuro como chef, sin saber que, en menos de un minuto de haber puesto un pie fuera de su apartamento, se encontraría con la viva imagen de sus sueños.

Era un alfa —no había duda de aquello por su fuerte aroma a chocolate amargo— y no más alto que él, con el cabello despeinado y echado hacia un lado, con una fina barba cubriendo su mandíbula y una sonrisa amigable en sus labios. Harry permaneció estático por un segundo, sin respiración y con los labios ligeramente separados formando una pequeña “o”; fue cuando sus ojos hicieron contacto con los del desconocido que sintió sus piernas temblar.

El omega nunca había visto unos iris tan intensos como aquellos. El azul en la mirada del sujeto era tan intenso que Harry creyó por un momento estar siendo hipnotizado y atraído hacia el otro lado del pasillo, a la puerta frente a él.

Ninguno dijo nada mientras sus miradas colisionaban, mientras sus almas se reconocían a pesar de la falta de aroma en el aire de cierto omega.

Fue cuando el tono de mensajería de Harry sonó en medio del silencio que el hechizo finalizó y ambos salieron de su trance. Harry sólo tardó un instante, en revisar el texto de sus padres deseándole suerte por su primera día en el grupo familiar, y cuando levantó su mirada el alfa ya no se encontraba donde antes lo hacía.

Él frunció el ceño a la nada, sin comprender qué había ocurrido, pero dejó aquello de lado cuando recordó que no podía perder tiempo; así que, mentalizado en su futuro y dejando de lado la imagen divina de aquel alfa, cerró la puerta de su apartamento y huyó hacia el ascensor al final del pasillo.



La segunda vez que lo vio ese día fue cuando estaba de regreso de sus clases.

Eran cerca de las dos de la tarde y Harry no hacía más que sonreír porque todo su día había marchado increíblemente bien y cómo él había esperado.

Llegó temprano a sus salones, entendió los métodos de evaluación de sus profesores y conoció personas fantásticas y oriundas de otras ciudades que vivían solas como él. Intercambió números con unas cuantas y se siguieron mutuamente en redes sociales para estar en contacto.

Todo había sido fantástico, y parecía que cada vez mejoraba puesto que, al ingresar a la recepción del edificio, se encontró con una persona que necesitaba ayuda para pedir el ascensor, debido a sus manos ocupadas y llenas de compras en bolsas de papel, y que resultaba ser su vecino de piso.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó estúpidamente. ¡Era absolutamente obvio que la necesitaba!

El alfa se sobresaltó un poco cuando escuchó la voz de Harry y lo miró atento, detallando los rizos que caían sobre la frente del omega.

—Eh… Sí, claro.

Harry le dio una sonrisa y aplastó el botón. El ascensor se abrió de inmediato ante ellos.

—¿A qué piso vas? —el omega tanteó el terreno, como si no supiese la respuesta.

Ante la pregunta de Harry, el alfa frunció apenas el ceño y se mordió el labio.

—Al quinto —Harry sonrió ante la respuesta.

—Yo igual.

El alfa no dijo nada más, muy concentrado en no intentar olfatear al omega que tenía a un lado, casi rozando su chaqueta con su hombro.

—¿Quieres que te ayude con una de tus bolsas? Se notan pesadas y parece que no lo estás pasando bien.

—Yo- —no pudo responder, porque el omega ya estaba tomando una bolsa llena de frituras—. Eh, ¿gracias?

—No hay de qué —dijo de vuelta.

El tiempo que pasaron juntos en el ascensor fue corto y algo incómodo, pero terminó pronto.

Cuando las puertas se abrieron, el alfa le indicó a Harry que dirija el paso hacia el fondo del pasillo y el omega así lo hizo.

Caminaron hasta sus apartamentos sin decir nada, y detuvieron el paso donde sus puertas se enfrentaban una contra la otra. Harry le extendió la bolsa al alfa cuando este consiguió quitarle el seguro a su puerta, el omega no vio mucho del interior del inmueble porque el cuerpo de su vecino lo cubría casi por completo.

—Bien —el alfa alargó un poco la palabra, luchando de nuevo con el peso de las compras—. Muchas gracias por tu ayuda con el ascensor y… ¿la bolsa?

—No fue problema —Harry delineó las facciones del hombre y concluyó que ahora lucía mejor que en la mañana. Él estiró su mano hacia el alfa y se presentó—. Soy Harry, por cierto.

Cuando no recibió un apretón de manos de regreso supo que la había cagado, el alfa tenía sus extremidades llenas, era imposible que la estrechara. Sin embargo, el alfa dejó sus bolsas en el suelo y extendió su mano.

—Encantado, Harry. Soy Louis.

Su nombre siendo pronunciado por el atractivo sujeto provocó en el lobo del omega un sinnúmero de emociones; su animal interno movía su colita con felicidad y fascinación.

—Soy nuevo —quiso alargar la conversación—. Me mudé hace una semana.

—No lo sabía, no estuve cuando sucedió.

Sin embargo, Louis recordaba su vergonzoso primer encuentro en la mañana. El alfa se había congelado y quedado sin palabras ante la apariencia del omega que prefirió huir hacia la seguridad de su apartamento.

—Oh. Eso explica por qué nunca te había visto hasta ahora.

—Sí, eso tiene sentido.

Porque yo recordaría muy bien el rostro de un omega como tú.

—Bien. Creo que debo entrar —él señaló su puerta cerrada y retrocedió un par de pasos, y quitó el seguro con sus llaves cuando el alfa no dijo nada—. Un gusto conocerte, Louis.

El hombre, con sus bolsas a un costado de sus pies, no respondió y Harry cerró su puerta.

El chico del apartamento 512 permaneció en su sitio hasta que el papel no resistió más y las manzanas rodaron por el pasillo.

—Mierda.



La vida es extraña y tiene maneras aún más peculiares de hacerlo notar.

Primero, Harry sueña con ser chef una noche después de ver un programa de cocina.

Segundo, él aplica a la universidad de sus sueños y es aceptado a la primera.

Tercero, el omega se muda de su ciudad natal para estudiar lo que siempre ha deseado y aprueba el primer, segundo y tercer semestre sin problema alguno.

Entonces, cuando Harry menos lo nota, él es estudiante de cuarto semestre y ha establecido una relación cercana con el alfa por el que ha estado suspirando los últimos dos años. ¿Y cómo no hacerlo? Si Louis es todo lo que él siempre ha deseado en una posible pareja.

El alfa es atento, pero no llegando a ser condescendiente con el omega; siempre escucha a Harry cuando le pide un consejo o le cuenta sobre su vida antes de mudarse a Londres. Louis conoce sus límites —aunque a Harry le gustaría que no— y respeta al omega sobre todas las cosas.

Ellos pasan sus días libres juntos, visitando lugares increíbles en la ciudad o encerrados en la comodidad del apartamento de Harry, viendo películas o continuando sus series. A veces Louis llega de sorpresa donde Harry, con bolsas de comida cuando sabe que el omega está estudiando sus aburridas materias de “Contabilidad y Presupuesto” y “Administración de estrategias de servicios”; y él termina durmiendo en el cómodo mueble del omega hasta que este termina de repasar todo.

Y, aunque, su relación es lo suficientemente cercana, hay dos cosas, dentro de todo lo que tienen, que aún mantiene a Harry en las zozobras.

Primero, Louis nunca habla de su familia.

Y segundo, él no conoce el interior de lo que Louis denomina “su hogar”.

Tal vez su relación no es tan cercana como él cree.



Harry regresa a su apartamento después de una larga jornada, donde no hizo más que correr de un extremo a otro para llegar a tiempo a sus clases. Él se encuentra exhausto y, por lo tanto, su humor no es el mejor.

Por lo que, no es sorpresa alguna que, mientras camina de regreso a su departamento, le conteste a los gritos a un estúpido alfa que le dijo “omega, ven a verme” cuando cruzaba la calle.

¡No me gustan los alfas rabos verdes! —el dedo medio de Harry dirigido a aquel hombre sólo acentuó sus palabras.

Es frustrante para Harry recibir este tipo de comentarios a diario, tener que escuchar los silbidos que dan a su paso —¡ni siquiera su parte animal se siente halagada!— y muchas veces callar por miedo a reprimendas por parte de esos alfas sin educación.

Él ingresa en el ascensor con pesadez, queriendo ya estar en su cama y dormir hasta que la noche llegue y él deba estudiar sus apuntes.

Las puertas se abren y una sonrisa se plasma en su rostro casi de inmediato cuando ve a Louis sentado frente a su puerta, aguardando por él en el pasillo.

—¿Qué haces ahí? Tienes tu propia llave desde hace un año— le recuerda, abriendo la puerta para ambos—. ¿Por qué no entraste?

Louis se quita los zapatos, al igual que Harry, y toma asiento en el sillón que le gusta.

—Porque no estabas aquí —le responde, mientras recuesta su cabeza en el brazo del sillón, eso sólo le indica a Harry que debe acercarse—. Y la llave es sólo para emergencias.

—Sí, de acuerdo. Pero, ¿prefieres aguardar en el pasillo en lugar de tu apartamento?

—Así puedo ver cuando llegas.

—Que dulce —responde de manera irónica—. Eres igual a un acosador.

Harry levanta la cabeza de Louis y se sienta, colocándola ahora sobre sus muslos. Él acaricia el cabello de Louis y nota cómo el alfa cierra sus ojos antes el tacto.

—Me gusta cuando haces eso —susurra, y Harry no puede ignorar la sonrisa del alfa; él detalla sus labios—. ¡Auch! Y no me gusta cuando haces aquello.

Él se queja de las uñas de Harry rascando su cuero cabelludo.

—Llorón.

—Sólo tengo un cuero cabelludo delicado, ¿de acuerdo? No debes ser malo conmigo.

—¿Y eso por qué? ¿Qué te hace merecedor de mis buenos tratos?

Louis abre un ojo y lo mira intensamente.

—Muchas cosas.

—Nombra una.

El alfa mantiene el silencio por un momento, sin quitar la mirada del rostro de Harry, lo que provoca que las mejillas del omega se sonrojen un poco.

—Que tengo ese efecto en tu bonito rostro —él sonríe de lado y las mejillas de Harry arden.

—Me sonrojo fácilmente —responde—. Eso no cuenta.

—Bien. Déjame pensar.

Harry continúa con los mimos sobre el cabello de Louis.

—Nuestra amistad. Eso vale la pena para recibir tus caricias, ¿no?

Es un golpe fortísimo en el corazón de Harry y él detiene sus movimientos sobre el cabello de Louis. El omega del rizado se siente triste y no consigue entender del todo por qué siempre esos comentarios por parte del alfa lo ponen tan mal.

De todas formas, Harry sonríe.

—Sí, claro. Nuestra amistad vale la pena.

Y la conversación termina ahí.



El omega no da ni dos pasos cuando es interceptado por Darren en la salida de la universidad.

El alfa toma su muñeca sin aplicar fuerza, pero su toque lo pone inquieto, sucio.

—Hola, Harry —saluda, y le da una sonrisa que podría hacer que cualquiera caiga sobre sus rodillas y le bese los pies. Pero no Harry.

—Darren —devuelve y se safa del agarre.

Te estaba esperando —el alfa dice

Harry frunce el ceño.

—¿Para qué?

—Quería acompañarte hasta tu casa, para que llegues seguro.

—Puedo ir perfectamente solo, gracias —su tono es tosco, nada de amigabilidad en él.

—Vamos, omega —insiste y alarga su mano de nuevo, Harry da dos pasos hacia atrás—. No te hagas de rogar, sé que quieres. Todos quieren que yo los acompañe a sus casas, pero tú estás aquí negándote, no lo entiendo.

El omega exhala con cansancio.

—En primer lugar, no me digas “omega”, alfa apestoso, deberías darte un baño para que reduzcas esas estúpidas feromonas que no te dejan pensar—Harry toma con fuerza las correas de su mochila—. Y en segundo, ¿no entiendes lo que significa no cuando alguien lo dice?

Darren rueda los ojos y se inclina sobre el espacio personal de Harry, intentando olfatear su aroma.

—Cómo me encantaría poder olerte como se debe. Seguro tienes un olor muy-

No termina de decir su oración, porque la mano de Harry viaja directamente a su mejilla, propinándole una bofetada.

—Te juro que si te acercas de nuevo a mí o tan sólo me miras, no voy a responder por lo que haga.

Harry señala al alfa con enfado, manteniendo una expresión de enojo total en sus facciones. Está harto de este mundo lleno de idiotas que sólo saben pensar con su nudo.

—Así me gustan, omegas con carácter —el alfa se burla mientras acaricia su mejilla.

El rizado no puede creer lo que está escuchando; así que, se marcha, dejando al alfa atrás. Pero, como la suerte de Harry no parece estar de su lado, escucha los pasos del imbécil siguiéndolo.

—¿Qué estás haciendo? —le recrimina.

—Ya te dije, te acompaño a casa.

—Y yo ya te dije que no quiero, y que me dejes tranquilo.

—Nunca dijiste eso.

—¿La bofetada no fue suficiente demostración para ti? ¿Necesitas otra?

Darren le sonríe y se coloca a su lado.

—Te ofrezco mi otra mejilla si es lo que necesitas para dejarme caminar junto a ti.

—¿No te vas a marchar, cierto?

—No. Tu seguridad es primero.

Harry se planta en medio de la acera y cruza la calle casi sin ver los autos con paso veloz.

Si Darren quiere ser insistente y no escucharlo; entonces, él irá hacia una persona que sabe que sí lo hará y a la que tendrá que escuchar.

El omega prácticamente corre con el alfa imbécil detrás, él no es tan idiota como para dirigirlo hacia su edificio; por el contrario, lo llevará hasta el univseridad de Louis.

Cuando está a dos minutos del acceso principal del lugar donde estudia Louis, Harry busca entre sus contactos su número y lo llama.

—Vamos. Contesta, constes-

—Harry.

—Hola, Louis —dice atropelladamente, confundiéndose entre los estudiantes.

—¿Sucede algo? —pregunta el otro lado—. Te escucho agitado, ¿estás corriendo?.

—Sí-í. Un alfa me está siguiendo.

—¿Qué? ¿Un alfa te está siguiendo?

Algunas voces, que Harry puede reconocer como los amigos de Louis, se escuchan de fondo.

—Tengo miedo, Lou.

—¿Dónde estás? Estoy saliendo ahora mismo.

—En tu universidad.

—¿Corriste hasta aquí, omega?

Harry detiene su paso y su corazón se acelera. Es la primera vez que escucha a Louis decirle de ese modo.

Omega.

Se escucha y se siente bien.

—¿Harry?

—Yo… Yo-

Entonces, una mano cae sobre su hombro y lo sobresalta, provocando que grite y que Louis se ponga alerta.

—¡Harry! —dice Darren y Louis al mismo tiempo.

El omega se encuentra en pánico y lo único que consigue es que su pecho vibre bajo, únicamente detectable para una persona.

—¿Por qué corres, omega? Pensé que íbamos hacia tu casa.

—N-no. Tú no puedes seguirme. Tú, tú… —susurra con la voz temblorosa.

—Ven, te llevaré a la mía —toma la mano de Harry y empieza a arrastrarlo a través de la multitud que no hace nada.

Seguro todos a su alrededor piensan: “Oh, que lindo alfa acompañando a su omega” “Que buen alfa es al llevarlo a casa”, pero nada puede estar más alejado de la realidad que eso.

—Suéltame —se queja—. Darren, suéltame.

Harry forcejea y el alfa aprieta más su agarre.

—No, te dije que te llevaría a casa. Necesitas descansar y estar conmigo.

—¡Oye, suelta a Harry!

La voz de Louis rompe el viento y llega hasta Harry como un ancla para salvarlo.

Darren detiene sus pasos y mira a Louis de arriba a abajo.

—¿Disculpa?

—Me oíste a la primera, no te hagas el gracioso.

Harry tira de su brazo un poco pero no consigue liberarse del agarre.

—¿Quién se supone que eres tú para decirme qué hacer?

Louis mira a Harry a los ojos, el bosque profundo se ha inundado por las lágrimas del omega; y él sabe su respuesta pero no cree que sea justo que el rizado la escuche en medio de todo este asunto, cuando está llorando y en manos de alguien que le está haciendo daño.

El alfa de Louis sólo quiere aplastar la cabeza de Darren y hacerle saber que Harry no está solo, y que nunca lo estará.

Sin embargo, la elección de sus palabras puede jugarle en contra. Como siempre.

—Su amigo —responde finalmente, lo que provoca que Darren se ría.

—Y yo su alfa. Así que piérdete.

Darren hace que el cuerpo de Harry se mueva y eso es todo para Louis.

El ojiazul toma con fuerza el hombro de Darren, provocando que su cuerpo se gire y estén frente a frente, y le propina un puñetazo en medio de la nariz. El dolor provoca que suelte a Harry y el omega aprovecha aquello para correr hacia los brazos de Louis.

En cuanto los amigos están abrazados, Louis saca al omega de la escena y huyen hacia el parqueaderos de la universidad.

El corazón de Harry no deja de latir con fuerza, martillando sus costillas e impidiéndole tranquilizarse mientras Louis lo abraza en los asientos traseros del auto del mayor. Louis peina el cabello de Harry y le besa la frente cada vez que escucha un nuevo sollozo.

—Ya pasó, Harry. Ahora estás a salvo, todo está bien.

El omega escucha las palabras pero no las entiende. ¿Darren se ha ido? ¿Qué hará mañana cuando deba regresar a la universidad y tenga clases con ese alfa?

—Nada malo te va a pasar mientras yo esté aquí, ¿de acuerdo? —Louis mece sus cuerpos y sin permiso de Harry empieza a liberar feromonas para calmarlo—. Yo me voy a encargar de que no te moleste de nuevo, ¿sí? Te prometo que no se va a acercar de ti de nuevo.

Harry se aferra a la camisa de Louis, asintiendo y respirando directamente la fragancia del alfa desde su fuente de olor. El ojiazul mueve su cabeza hacia un costado para brindarle más espacio y que se llene de su esencia.

Cuando Harry termina de llorar, y todo parece regresar a la normalidad, Louis lo coloca en el asiento del copiloto y conduce hasta su edificio.

Ninguno dice nada sobre cómo el olor de Louis cubre a Harry por completo.



Empieza despacio, con Louis prestándole al omega sus suéteres, chaqueta y camisas llenas de su fragancia mientras se encuentran en el apartamento de Harry.

El rizado, por supuesto, no tiene nada que decir en contra. Él viste la ropa de Louis con orgullo, pavoneándose por las calles de la ciudad oliendo al alfa; y eso tal vez, es lo que lo hace considerar sus opciones ahora.

Digamos que, desde aquel incidente con el idiota de Darren, Louis se ha visto muy—muy— interesado en Harry, más de lo normal. Él lo lleva a la universidad aunque no tenga clases, y también va por él o envía a alguno de sus amigos a salida del omega cuando sus horarios no coinciden.

Louis se preocupa por la seguridad de Harry, siempre lo ha hecho, pero ahora es todo un alfa marcando territorio para que nadie se le acerque.

(No está de más decir que la violencia nunca es buena, que contraproducente, y que Louis sabe todo eso, pero en ocasiones es buena usarla, ¿bien? Y si no lo creen, pregúntenle al ojo morado de Darren propinado por Tomlinson, el alfa aprendió a la mala que no puede forzar a ningún omega y mucho menos a Harry.)

Entonces, sí. Louis ha despertado al alfa protector que lleva dentro de sí sobre Harry, y al omega le gusta. Y lo hace tanto, que lo ha inspirado a hornear galletas por horas y horas como un obsequio para Louis.



Los jueves son los peores días para Louis. ¿La razón principal? Él recibe dos horas seguidas de Derecho Constitucional y otras dos de Derecho Laboral; además de que, sale verdaderamente tarde y no puede pasar tiempo suficiente con Harry.

En definitiva, sus jueves apestan.

Él ha salido de tomar una breve ducha cuando alguien llama a la puerta de su apartamento con entusiasmo, y no hay nadie más en su mente que pueda ser que Harry.

Louis prepara su mejor sonrisa antes de abrir la puerta, y se lleva una increíble decepción al no ver a nadie en el pasillo. Él frunce el ceño y está a punto de cerrar la puerta cuando el olor de canela llega hasta su nariz.

El alfa mira hacia el piso y encuentra un caja llena de galletas perfectamente cerrada. Él arruga un poco la nariz cuando se da cuenta que es un regalo o una especie de ello. No es un gran fanático de las galletas, las odia, en realidad.

Nunca he tenido esa extraña conexión que tienen todos los demás con ellas. Siempre está desprendiendo migajas por doquier y dejando una sensación que no comprende sobre sus dedos; si Louis pudieses no comer algo el resto de su vida sería esas cosas horrorosas.

Sin embargo, él no va a dejar el regalo en medio del pasillo, alguien se molestó en traerle esto hasta aquí; así que, él se agacha y toma la caja con una mueca, y cierra la puerta.



Las insoportables cajas no dejan de llegar cada tres días.

Louis está a nada de volverse loco a este punto, porque no sabe qué hacer con tantas galletas. Sus alacenas se han llenado por completo y él no ha sido capaz de probar ninguna y agradecerle —pedirle que se detenga de una vez por todas— a la persona que se las envía.

Cuando él llega de sus clases una caja lo está esperando, cuando regresa del supermercado hay una nueva y cuando invita a sus amigos a su apartamento para pasar el rato otra ya está frente a su puerta.

El alfa no sabe si esta es una especie de broma de cámara escondida para determinar cuántas cajas de galletas puede soportar una persona antes de estallar y volverse loco.

Él no quiere averiguarlo, por lo que, le propone a Harry salir el fin de semana fuera de la ciudad. El omega acepta y, por supuesto, pasan los mejores dos días libres de galletas y llenos de diversión en una reserva a unas cuantas horas de Londres.

Louis regresa renovado, después de haber compartido tan buen fin de semana con Harry.

Ay, Harry.

Ese bonito omega va a ser la perdición del alfa un día de estos. Porque, ¿quién diablos en el mundo puede verse tan bien como él en pantalones acampanados y playeras de colores? Nadie, eso es lo de Harry.

Louis realmente disfrutó las caminatas al aire libre, bromear con el omega, tomarle fotografías y dormir junto a él en la misma cama. Ellos son universitarios, ¿de acuerdo? Necesitan ahorrar dinero.

Como sea, esos días a su lado definitivamente fueron los mejores que ha tenido en mucho tiempo; lejos de la ciudad y las galletas de su alacena.



Harry deposita la nueva caja justo frente a la puerta de Louis y sonríe recordando la otra docena que ha dejado. Espera que a Louis realmente le estén gustando, porque hasta ahora no se ha pronunciado hasta el momento.

El omega da unos pasos hacia atrás, listo para regresar a su apartamento, cuando la puerta de su vecino de al lado se abre y no evita saludarlo.

—¡Hola, Harry! ¿Cómo estás?

—Hola, Gian. Todo bien, ¿y tú?

El alfa se encoge de hombros y cierra su puerta, acto seguido, se aproxima hasta Harry.

—He tenido mejores días —el alfa lo mira como si quisiera que le preguntara la razón.

—Oh… Eh, ¿y eso por qué?

—Mi última omega me dejó —se lamenta, y se reclina sobre la pared.

—Lo siento mucho.

—Descuida, ya encontraré a alguien más.

Las puertas del ascensor se abren de pronto y la imagen de Louis aparece.

—Estoy seguro que sí —responde sin mucha sinceridad.

La verdad es que, Gian es otro alfa imbécil que piensa con su nudo. Únicamente busca omegas lindo para pasar el rato, sin compromisos ni ataduras; y aquello no estaría tan mal, si los omegas estuvieran informados de la situación desde el primer momento, lo cual no sucede hasta que lo encuentran anudando a otra persona.

—Oye —Gian llama su atención, provocando que deje de mirar a Louis—. ¿Qué tienes planeado hacer este sábado?

Oh, no. ¡Alerta roja! ¡Alfa imbécil hablando!

—¿Este sábado?

Gian asiente y coloca una mano sobre el brazo de Harry.

—Creo que nada por el momento.

Louis le sonríe cuando lo ve y está a unos pasos de él, Harry imita su acción.

—¡Genial! —Gian se anima—. ¿Paso por ti a las siete? Podemos ir a ver esa nueva película de acción y después comer algo.

El ceño de alfa y omega de fruncen y caen sobre Gian.

¿Harry va a salir con él? Bueno, eso es nuevo, piensa Louis y su alfa se enfada.

—¿Qué?

—Vamos, será divertido.

Harry mira a Louis y este le levanta una ceja y media sonrisa irónica, el omega lee mal y piensa que lo está motivando.

—¿Claro? —dice con duda.

—Paso por ti a las siete, entonces.

Gian deja un suave apretón sobre el brazo del omega y se da media vuelta, encontrándose con el rostro ilegible de Louis.

—¡Hola, Louis! Que gusto encontrarte, hace mucho no te veo.

El alfa no siente igual pero lo saluda, fijando su atención en la caja de galletas en el suelo y recogiéndola.

—Hola, Gian —saluda y percibe el aroma de la miel en ellas.

—Mira, ¿quién lo diría? El pequeño Tomlinson tiene un admirador secreto.

—No es de un admirador secreto —refuta, pensando por primera vez en las posibilidades.

—Yo creo que sí. He visto un par de esas cajas en tu puerta durante las últimas semanas.

Louis no dice nada y Harry tampoco, muy nervioso por verse descubierto en cualquier momento.

—¿Sabes? Creo que vi a Raimeli, la del 240, con una caja así —Gian mira a detalle el objeto en las manos de Louis—. Ustedes salieron o algo así en el pasado, ¿cierto?

Las cejas de Harry se elevan y mira a Louis con atención, el alfa no ha negado la acusación.

—No tuvo importancia —explica y mira a Harry de soslayo—. Las cosas nunca iban a funcionar entre nosotros.

—Es una pena, ella era encantadora.

El ojiazul se encoge de hombros y le extiende la caja a Gian.

—¿Las quieres?

—¿Tú no?

—No —él le entrega la caja y se despide de ambos.

Harry permanece en el pasillo, aún cuando Gian se marcha con sus galletas en mano.



Hay una especie de tensión entre ellos después de eso y Harry no para de preparar postres para Louis.

Él inicia con el clásico tiramisú el lunes por la tarde, llevándolo hasta la puerta de Louis en persona para ver cómo este lo comía frente a sus narices. El omega se marcha cada vez —después de preparar cupcakes, pies, tarta Pavlova, coulant de chocolate, tarta de queso, panettone, brownies y galletas— con una sonrisa de satisfacción, creyendo que con eso su amistad continúa igual.

Pero, él no podría estar más alejado de aquello.

Louis se siente amenazado por Gian, no quiere que él salga con Harry, aunque sabe que el omega ha postergado su “cita” con el alfa unas cuantas veces. Siempre presentando una que otra excusa sobre sus estudios o algún viaje inesperado a casa de sus padres porque su perro enfermó. ¡Él ni siquiera tiene un perro!

Y bueno, Harry no se encuentra en un mejor lugar. Él, desgraciadamente, ha visto cómo Raimeli se ha acercado a Louis por cosas insignificantes; y si no fuese porque él es quién le enviaba las galletas a Louis, estaría muerto de celos. Si debe ser honesto, la omega no le agrada en absoluto.



Su amistad no es lo mismo de antes y ahora es mucho más tangible.

Louis ya no lo visita con tanta frecuencia como antes y Harry ha dejado de llevar postres a su puerta; a excepción de las cajas de galletas que han regresado como un mensaje secreto de lo que siente.

La situación se ha desmoronado poco a poco, como una torre de naipes que el viento está decidido a tumbar.

Harry siente la pérdida de Louis, y el alfa también; pero él ahora no puede acercarse porque su vida acaba de dar un giro de ciento ochenta grados frente a sus narices.

Louis evita a Harry tanto como puede, huyendo por el pasillo e ignorando al omega en el ascensor. Al menos, él aún va por Harry a la universidad y lo acompaña a casa, pero después de eso, nada en absoluto.

Y Harry no es tonto, él está seguro de que Louis ha conocido a alguien y que lo está ocultando de él; aunque aún no sabe la razón.

El omega no puede estar más triste por eso y porque su celo lo ataca justamente el día en que ve a Louis llegar con una muchacha rubia, y la hace pasar a su apartamento con una mano en su cintura. Aquel fue el celo más triste que Harry ha experimentado en su vida.



Harry realmente no sabe qué lo provoca, pero él toma el valor suficiente para hornear días después de su celo. (Bueno, en realidad sí lo sabe, pero él quiere continuar culpando a su estado post-celo, que a sus tontos sentimientos por el precioso alfa de ojos azules.)

Él coloca las galletas con aroma a chocolate y canela en una caja roja, con listones y corazones rosas resaltando por doquier. El omega toma un gran bocado de aire en su apartamento y atraviesa el pasillo con paso decidido.

Él sólo tiene una oportunidad para confesar lo que siente, para ser sincero de una vez, y que su cortejo sea rechazado o aceptado. Ahora todo quedará en manos de Louis.

Harry cierra sus ojos con fuerza cuando toca la puerta del otro lado del pasillo, y suspira cuando escucha pasos acercarse. El omega plasma una sonrisa en su rostro con anticipación, y esta se convierte en una mueca cuando una mujer de cabello rubio lo recibe.

Ella no huele a tierra chocolate amargo. Ella no es su vecino alfa, “Omega” gritan todos sus rasgos. Ella no es Louis.

El ceño del rizado se frunce con fastidio y cae en cuenta.

Es la misma mujer que había visto ingresar al apartamento junto a Louis, no se suponía que ella estuviera aquí. ¿Dónde está Louis? ¿Desde cuándo permite que desconocidos pasen el rato allí? ¿Por qué nunca permitió que Harry lo hiciera igual?

Entonces, la rubia le sonríe y habla.

—¿Buscabas a mi hermano?

Harry siente que un balde de agua helada cae sobre todo su cuerpo y lo empapa, enfriándole los pulmones y la lengua.

¿Ella acaba de decir “hermano”? Como, ¿hermano? H-e-r-m-a-n-o.

H.

E.

R.

M.

A.

N.

O.

Un cartel se dispara en el cerebro de Harry y no le permite salir de su estupor.

—¿Hola? —la desconocida mueve su mano frente a sus narices y gira la cabeza ligeramente— ¿Hola? ¿Estás bien?

—Eh, sí —él sacude la cabeza, intentando aclarar sus ideas—. Disculpa, ¿acabas de decir que Louis es tu hermano?

—Oh, sí. Lou es mi hermano —le sonríe y mira su caja de galletas—. ¿Y tú eres?

—Lo siento, soy Harry —el omega extiende su mano y la rubia lo mira atónita.

—¿Tú eres, Harry? —pregunta con asombro—. Como, ¿Harry el vecino omega que vive frente a Lou?

Él asiente, no muy seguro de que sea lo correcto, pero a juzgar por la sonrisa de la hermana de Louis, eso es bueno.

—¡Es un placer conocerte por fin, Harry! ¡Mi hermano habla mucho de ti todo el tiempo! —ella entrecierra los ojos y lo ve con atención—. Louis, es un mentiroso, ¡tus ojos son mucho más preciosos de lo que los describió, al igual que tu cabello!

—¿Gracias? —Harry ve hacia el interior del apartamento y no divisa a Louis por ningún lugar—. Disculpa…

—Oh, perdón. Soy Charlotte, pero puedes decirme Lottie, ya que eres prácticamente de la familia.

—¿De acuerdo? Disculpa, Lottie, ¿se encuentra Louis?

—Sí. Está en su habitación. Ven, sígueme.

Ella lo toma de la mano y lo hace ingresar al apartamento de Louis por primera vez.

Harry siente a su omega inquietarse mientras atraviesan la sala de estar y se dirigen a la habitación de Louis. Una puerta totalmente blanca los recibe.

—Está ahí. Tiene algo de fiebre, pero no te preocupes, ya está en tratamiento —Lottie posa una mano sobre el hombro de Harry y lo alienta—. Sé que lo hará feliz verte.

El omega no está muy seguro de aquello pero abre la puerta y se adentra a la habitación.

Todo está oscuro en el lugar, a excepción de la luz de una pequeña lámpara que descansa en el velador junto a una cama llena de mantas y almohadas. Un cuerpo se encuentra en medio de todo, y él podría reconocer la forma en que Louis se acurruca, pero él jamás pensó verlo en un nido.

Harry da pasos pequeños, muy inseguro de si es correcto estar allí.

—Lottie, vete —escucha la voz de Louis—. No quiero verte y tampoco quiero hablar sobre “mis sentimientos no correspondidos”.

Entonces, es eso. Louis fue rechazado por Raimeli y ahora se encuentra enfermo.

—N-no- no soy Lottie —la voz le tiembla cuando llega hasta la cama.

El cuerpo de Louis se tensa y él gira lentamente su rostro para enfrentar el de Harry.

—¿Harry? —la sorpresa es palpable—. ¿Qué haces aquí? ¿Quién te dejó entrar?

—Tu hermana —él aprieta la caja de galletas—. Lou, ¿qué sucede?

—No es nada —se niega a hablar, a decir la verdad.

—No te creo —confronta—. Tú estás- estás anidando. Algo debió pasar, ¿por qué no confías en mí?

Louis permanece en silencio y se sienta en medio del nido.

—Confío en ti, Harry. Pero me he dado cuenta de que es mejor ocultar ciertas cosas para no lastimarme más.

—¿Lastimarte? ¿Estás herido?

El alfa le da una mirada triste y asiente.

—Sí, justo aquí, Harry —y se toca el lugar en su pecho donde descansa su marchito corazón—. Me duele aquí.

—¿Raimeli te hizo daño? —el alfa frunce el ceño—. ¿Empezaron a salir de nuevo, no? Los vi juntos varias veces.

—Esto no es por ella, omega —la voz del alfa suena triste—. Es por ti.

Harry no comprende. ¿Qué diablos hizo él?

—Si es porque nos hemos distanciado últimamente, lo siento. No pensé que nuestra amistad podría ponerte en este estado, yo-

—Esto no se trata de nuestra amistad, Harry. Se trata de nosotros en otro plano —Louis suspira y pasa una mano sobre su sudada frente—. Mira, yo no puedo decirte qué hacer o qué no hacer, aunque eso me lastime. Si tú has decidido salir con Gian está completamente bien, yo sólo necesito procesarlo. Mi alfa necesita tiempo para sanar, es todo.

—¿De qué mierda hablas, Louis? —dice con molestia. ¿Gian? ¿Su alfa? ¿Qué mierda?

—De que tuviste tu cita con Gian hace unos días, justo cuando yo estaba en celo.

Y, esa es información nueva para Harry, porque ellos nunca hablan de eso.

—¿Estuviste en celo?

—Sí, por eso mi hermana está aquí, para que no cometiera ninguna estupidez —él comenta, concentrado en sus manos—. La llamé cuando iniciaba, justo después de que Gian me dijera que aceptaste por fin su cita y que estarían juntos, mientras yo me retorcía de dolor aquí.

Harry siente un nudo en el estómago y quiere vomitar, porque él en ningún momento aceptó esa cita con ese alfa. Gian va a tener mucho que explicar.

—Yo no salí con él, Lou —las mejillas de Harry se sonrojan por lo que va a decir—. De hecho, también estaba por atravesar mi celo cuando tú iniciaste el tuyo.

El alfa lo mira con ojos suplicantes, deseando que aquello sea verdad.

—¿Puedo entrar en tu nido, alfa? —Louis asiente y se hace a un lado, dejando espacio suficiente para Harry y sus galletas—. Ten, son para ti.

Él extiende la caja y el alfa las mira confundido.

—¿Tú eras quién dejaba las galletas en mi puerta? —el omega asiente—. Bien, eso tiene más sentido, si soy sincero. ¿Cómo no me di cuenta antes?

—No lo sé. Siempre uso la misma receta para todas —él se encoge de hombros—, sólo suelo cambiar las esencias y un par de cosas extra. Pero en general, es fácil saber que son mías al morderlas.

Louis mira hacia otro lugar y algo en la mente de Harry hace “clic”.

—Louis, ¿las comías, cierto? —el alfa suspira abatido.

—Lo siento. Odio la textura de las galletas y todas las migajas que dejan en la ropa y mis dedos —responde avergonzado—. Te juro que las habría comido, cada una de ellas, sabiendo que tú las preparabas para mí.

—¿Odias las galletas? —ahora se siente verdaderamente tonto. El alfa asiente—. Pero siempre las comías cuando te las daba.

—Sí, porque estabas justo frente a mí y quería verte feliz.

El corazón de Harry se calienta y besa la mejilla de Louis.

—Eso es muy dulce, pero deberías decirme cuando algo no te gusta.

—No podía hacerle eso a mi omega, no cuando tiene una sonrisa preciosa y muero por verla todo el tiempo.

Y el sistema del rizado deja de funcionar por completo.

Sus defensa bajan en picada, los muros caen y él no entiende nada en absoluto.

¿Louis lo acaba de llamar “mi omega”? ¿Louis lo acaba de llamar “mi omega”?

¡Louis lo acaba de llamar “mi omega”!

—¿Qué mier-

—Oye, no seas grosero —Louis golpea su hombro contra el suyo y se ríe—. Esa no era la reacción que esperaba, si soy sincero.

—Louis. ¿Qué mierda? ¿De qué estás hablando?

—Eres mi omega, Harry —él le sonríe—. ¿No te has dado cuenta?

—¿Cómo es que yo podría ser tu omega?

—¡Todo lo dice! —él deja la caja de galletas sobre el nido y toma las manos de Harry, de pronto toda la valentía del omega ha desaparecido—. ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? Porque yo nunca pude olvidarla. Nos encontramos cara a cara en el pasillo, con las puertas abiertas, y tú lucías precioso, siempre lo haces; pero, en esa ocasión en específico, me cautivaste. No tuviste que decir nada, ni siquiera tuve que olerte, porque mi alfa te reconoció en el instante en que tus ojos vieron los míos, Harry. ¿No lo sentiste?

El omega está perplejo, no puede creer lo que Louis está diciendo.

—Yo… —el omega suspira y asiente—. Sí. Fue extraño y me sentí imposiblemente atraído hacia ti. Nunca me había pasado. Mi omega se sintió completo por primera vez y la sensación nunca se fue.

—Sucedió lo mismo conmigo. Mi alfa no dejaba de querer reclamarte como mío; por eso me escondí cuando revisaste algo en tu celular.

Harry recuerda bien eso, se sintió decepcionado por no tener al alfa bonito frente a él.

—Cuando nos vimos por segunda vez, me di cuenta por mí mismo y confirmé con mi parte humana que yo también me sentía atraído por ti. Por eso actúe tan extraño, no sabía qué decir ni cómo comportarme a tu lado.

—Lo recuerdo, estabas en una especie de trance.

—Estaba en trance por tu belleza, y las ganas absolutas de mi alfa por marcarte en el ascensor.

El omega se ríe de eso y deja caer su cabeza sobre el hombro de Louis.

—¿Sabes, Lou? Siempre me gustaste, desde el primer momento —él toma fuerza y mira al alfa a los ojos—. Y hoy vine aquí a decírtelo todo, porque no podía creer que he callado más de dos años mis sentimientos. Te quiero, y lo hago mucho.

—Yo también te quiero, Harry. Y siento lo mismo que tú, mi alfa quiere a tu omega, pero yo también te quiero a ti.

El omega sonríe ante las palabras y obtiene de nuevo la caja de galletas.

—Esto que tengo aquí —él las sacude un poco y la esencia de chocolate amargo y canela se mezcla, como los olores de la pareja en la habitación—, es sólo una pequeña demostración de lo que quiero darte. Louis, estas galletas significan algo más que mi amistad o mis sentimientos por ti; estas galletas significan la aprobación que necesito de ti para iniciar nuestro cortejo, para que podamos ser compañeros y llevemos mutuamente la marca del otro.

Las palabras tienen un peso realmente fuerte, pero Louis sabe cuánto valen.

Con suma lentitud, añadiendo tensión al momento, Louis toma la caja de galletas de las manos de Harry y retira la tapa. El omega ve asombrado cómo el alfa lleva una de las galletas hasta su boca y la muerde.

—Sabe bien —dice con la boca llena y Harry con sonríe.

Sin pensarlo dos veces, el omega se abalanza sobre el alfa y lo besa lentamente.

Sus labios convergen en una danza no ensayada antes, con sus lentas y dientes chocando por la pasión que siente. Louis sostiene de la cintura a Harry y lo acerca imposiblemente más a su cuerpo.

Ellos se besan como si no existiera el tiempo y como si sus cuerpos no sintieran los roces que dejan en la piel del otro.

Louis pierde su camisa primero y Harry lo sigue poco después.

Las pieles desnudas se sienten por primera vez, al igual que alfa y omega en una danza de amor. Louis anuda a Harry en medio de su nido, con migajas grandes y pequeñas de galletas entre su ropa y la del omega. Y nada podría ser mejor.



—¿Sabes? Nunca me dijiste por qué no podía visitarte en tu apartamento y lo que ocurría con tu familia —Harry le dice, mientras su mentón descansa sobre el pecho desnudo de Louis.

El alfa toma una honda respiración y le explica.

—Me prometí a mí mismo que sólo entrarías aquí una vez que te dijera sobre mis sentimientos —él deja caricias sobre la espalda desnuda de Harry—. Supongo que sabes cómo terminó eso. En conclusión, fui un cobarde.

—No lo fuiste —Harry contradice—. Yo también tenía sentimientos por ti y los guardé. No seas duro contigo mismo.

—Sí, pero tú no le prometiste nada a tu omega. Yo lo hice con mi alfa; así que, no podía fallarle.

—Bien, tiene sentido. Aunque, me hubiese encantado pasar nuestras tardes de películas aquí —él sonríe.

—Ahora puedes hacerlo, omega —Louis besa la frente de Harry y este cierra los ojos.

—Sí —el silencio cae por un momento y el omega habla—. ¿Y qué hay sobre tu familia?

—No tengo mucho contacto con ellos —se limita a decir por el momento—. Desde que mamá se casó de nuevo, me alejé de ella y mis hermanos menores. Sólo mantengo el contacto con Lottie porque siempre nos entendimos mejor.

—¿Ella vive con tu madre?

—No, se independizó hace un año, más o menos, después de una discusión con mamá al querer casarla con el hijo de uno de los amigos de su nuevo alfa.

—No pensé que eso sucedía aún.

—Hay muchos casos, aunque no lo creas —él llena la habitación con su olor e inhala el de Harry, apenas ahora confirma que se trataba de canela—. Creo que todo el ambiente en el que me crié fue el detonante para estudiar Derecho. Quiero ayudar a las personas tanto como pueda.

Harry sonríe y le da la razón.

—Sé que vas a ser el mejor, alfa.

—Gracias, omega.

Entonces, Louis sale de Harry cuando el nudo baja por completo, y ellos se limpian mutuamente.

El alfa cuida mucho del omega, dándole de comer en la boca y llenándolo de amor.

—Ya quiero iniciar el cortejo —susurra el omega.

—Yo igual. Me va a encantar llenarte de regalos.

Harry frunce el ceño.

—Aguarda, ¿tú también vas a cortejarme?

—Por supuesto, omega —Louis besa fugazmente sus labios—. Si tú me lo permites.

¿Y Harry cómo podría decir que no?

—¡Lo acepto encantado!

Ellos se besan de nuevo en su nido y sellan el trato.



Harry resulta ser más fértil de lo que esperaba y durante su primer embarazo ya que, cuatro años después de haber terminado la universidad; él y Louis le dan la bienvenida a sus tres cachorritos.

Y podría ser que, cuando los trillizos tienen dos años, una nueva integrante se añade a la familia; pero eso es para otra historia.