Ally y Sally

All Rights Reserved ©

Summary

Sally está muy pendiente a su vida en el instituto, su meta siempre ha sido ser la mejor de la clase y por los últimos 4 años lo ha logrado, pero eso fue antes de conocer a Ally. Ally es una chica que le gusta vivir la vida al máximo y tiene la seguridad de que quiere disfrutar cada mínima cosa que haga. Luego de un accidente, Ally y Sally comenzarán a compartir tiempo juntas y descubrir cosas que no sabían sobre la vida y sobre ellas mismas.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

I. Encuentro accidental

Ally Davis

Salgo del trance en el que estaba, llevaba casi 5 minutos mirando el hueco que está detrás del sillón de la sala.

Salgo corriendo a la cocina en cuanto siento el olor a quemado. Nunca desayuno tan temprano y justo hoy que lo hago toda la casa queda con olor a quemado y no solo de los huevos del desayuno, también de cáscara de huevo. Pruebo los huevos. En efecto saben a carbón, y el carbón no tiene sabor porque no les puse sal.

Me cepillo los dientes luego de comer mi obra culinaria, me distraigo haciendo mi bolso para ir al instituto. No tuve tiempo para hacerlo y ahora estoy guardando las cosas importantes: Audífonos, comida, el cargador, un chapstick y otros audífonos porque nunca está de más llevarlos.

Me percato que es un poco tarde. Rectifico mirando el reloj de péndulo que está en la cocina. Realmente llegar tarde a clase me importa muy poco, pero la profesora de deportes ha llamado a mi padre 4 veces y eso termina muy mal para mí, prefiero ahorrarme una pelea más.

«Solo un poquito tarde» Pienso.

Solo faltan 5 minutos para que cierren la entrada y yo vivo a 20, pero el tiempo es relativo dice la química.

Tomo mi patineta y salgo rápido a la calle. El instituto no está muy lejos, pero el destino siempre quiere que llegue tarde.

Después de recibir algunos gritos o más bien insultos por partes de conductores de carros, pitidos de motos que se atravesaron en mi camino y 3 perros tras de mi logro llegar.

Sentía como a mi cuerpo ya le faltaba oxígeno, llegar tarde hoy no era una opción, quedarme esperando en la entrada hasta que se acabe la primera clase o peor aún, quedarme en casa dos horas más con mi padre.

Cuando por fin llego al instituto veo que a la entrada está Lina, mi mejor amiga.

Me limpio el sudor que recorre mi cien y me acerco para saludarla con un beso.

—Hola Ally, ¿llegando tarde otra vez?

—No. — Respondo mientras llevo patineta a mi espalda y la ubico detrás de mi mochila. —Son las 7:58 y la puerta se cierra a las 8 lo que quiere decir que llegue temprano.

—Sí aja. —Me pasa su botella de agua y un poco.

—Yo llegue tarde por cosas que sé salen de mis manos, pero tus llegas tarde seguro por tu flojera de despertarte temprano.

—Primero. Estaba dejando que mi organismo descansara lo suficiente. —Dice ella señalando su cuerpo. —Estoy en crecimiento y Segundo yo no quería venir. Me aburrí de estar en mi casa y me vine a aburrir al instituto.

—¿Si sabes que ya no creces, verdad? Tienes 19 años

Estaban a punto de cerrar la entrada del instituto, así que Lina y yo corrimos antes de que la cerraran. Atrás de nosotros venían más personas que se iban a quedar a fuera de sus clases.

—¡Un momento! —Grité fuerte al guardia de la entrada, no llegue rápido aquí para quedarme fuera.

Quería que ellos no se quedaran a fuera y mi cuerpo no daba para correr más.

Cuando noto que el guardia mueve la puerta para cerrarla pongo mi pie en la parte inferior de la puerta de acero impidiendo que le cierre la entrada a los chicos que viene tarde. Le digo que los espere un poco que mi amigo viene atrás.

—Por favor Kevin, solo 1 minuto. —Le hago ojitos para que me haga caso.

—No hagas eso. —Dice él sonriendo avergonzado. —Esperaré si dejas de hacer esa cara estúpida, da miedo.

Él espera impacientemente que los estudiantes lleguen para cerrar la entrada.

Cuando ya me dispongo a entrar siento como alguien me empuja, una chica rubia, cuando me giro veo que esa casi en el suelo así que la ayudo a levantarse.

—Gracias. —dice con la mirada fija en el suelo.

La única persona que fue amable, incluso con el guardia dándole los buenos días.

—No hay de qué.—Me alejo de la chica y me dirijo hacia los lockers de los vestidores donde usualmente dejo mi patineta. —Me tengo que ir a clase de educación física.—Le digo a Lina y nos separamos en medio del pasillo—Llegaré tarde si no me doy prisa.

—Yo también tengo esa clase, tonta. —Me da un golpe suave en la cabeza. —Creo que es mejor que no nos apuremos, no quiero llegar temprano para hacer ejercicios.

Cruzamos en una esquina cerca del salón y vemos a la profesora fuera del salón hablando con otro profesor e intentamos entrar sin que nos vea.

Si llego otra vez tarde o tengo una falla más lo más seguro es que tendré que hacer muchos más ejercicios y abdominales, como recuperación de la materia, y yo con una vuelta al campo ya estoy cansada, andar en patineta nunca se me hace tan difícil como hacer ejercicio.

—Señorita Davis. —Escucho a la profesora Marta antes de poder entrar a la clase sin que me viera.

—Ese es mi nombre, profesora. —Menciono en voz baja y me detengo ya dentro del salón.

—¿Se puede saber a dónde iba? —Entra con su café detrás de mí y cierra la puerta.

Usualmente no soy muy buena diciendo mentiras, pero cuando miento sin planearlo casi siempre me salgo con la mía. Eso si no me pongo nerviosa y roja primero.

—Él-el profesor de Ciencias pasó a darme una información sobre una tarea que tengo que hacer.

—Está en mi clase, señorita Davis. —Dice en el tono de voz que usa cuando está enojada. —En cuanto sea el momento de cambio de clases puede buscar a su profesor.

—Si profesora, lo buscaré más tarde. No la interrumpiré más.

Me siento en la parte al fondo del salón, porque somos las últimas en entrar y todos los otros asientos están ocupados.

—Pónganse su ropa de deporte, quienes no la tienen. —Voltea a vernos específicamente a nosotras cuando todos en el salón están con ropa normal. —Vamos a ir al campo.—Se acerca pasando unas cuerdas de saltar a cada persona.

Me cambio rápido para no llegar tarde al campo, también quito mi sudadera, los zapatos y el short no tengo que ponérmelo, ya que me los puse en casa.

Camino rápido para salir del salón, pero me detengo cuando veo que detrás de mí viene Lina a pasos muy lentos.

—¿Por qué lo haces? —Me detengo a esperar que llegue y chasqueo los dedos para que se apure.

—¿Hacer qué? —Dice ella, no escuchó lo que dije por estar distraída recogiendo su cabello.

—Dije que caminas muy lento. Eres alta y tienes piernas largas, deberías caminar rápido no como una tortuga.

Lina mide como 1.82 y nunca aprovecha sus pies largos para llegar rápido a algún lugar.

—Porque me gusta caminar lento y disfrutar de la vista. —Frena el paso y camina el doble de lento. —Hay que apreciarlo todo, deleitar la vista.

—Estamos pasando por paredes con insultos y penes dibujados, no hay nada que ver. Aun así, camina rápido o la profesora nos mandara a recoger las cosas cuando se termine la clase.

Llegamos al centro del campo, se supone que era verde, pero cambio de color a amarillo.

Escucho que la profesora dice que hagamos los ejercicios de estiramiento en parejas, así que le digo a Lina si se quiere hacer conmigo para trabajar en clase. Sin que termine de aceptar ya había levantado su pierna para estirarla.

—Un momento. —La profesora me detiene con él indicie antes de acercarme más a Lina— Señorita Davis, usted no trabajará con Lina esta vez.

—¿Qué? ¿Por qué? Si siempre trabajamos juntas.

—Porque tiene ir a revisar su tarea con el profesor de ciencias y no quiero que tenga mala nota. —Declara con superioridad, de verdad que no la soporto. —Con su mala nota de mi clase ya es suficiente, tal vez yo la haya propuesto para trabajar en más proyectos con el profesor, bueno ya que está muy interesada en sus clases.

Me quedo en silencio, pelear con ella es una perdida de tiempo y no estoy para estas cosas.

—No me mire así, usted llegó tarde y sabe que además de la tardanza no me gustan las mentiras. Alégrese de que no pedí una nota de detención con el director.

—Gracias por no hacerlo. —Volteo los ojos y me voy del campo.

No puedo hacer nada. Yo pensaba que era buena mentirosa, pero cada vez confirmo que realmente no lo soy y también que le caigo mal a la profesora Marta. Ya me tenía vigilada, ahora será peor, me queda mejor cancelar su materia, igual en forma estoy.

Como castigo tengo que hacer un proyecto con alguien del club de lectura y no sé qué otras de apoyo a la sociedad.

Voy a los vestidores a buscar mis cosas. En cuanto llegue a casa tendré una conversación con mi padre, si regañarme sin parar cuenta. Con lo bien que estábamos sin hablarnos.

Al llegar pateó un balón de fútbol que estaba cerca a la entrada y los lockers, escucho que alguien se queja cuando el balón termina rebotando en el piso.

Me acerco y veo que una chica tropieza para sentarse en una de las banquetas sobándose la nariz.

—Lo siento… te dolió. —Me acerco a ella y me siento a su lado.

—Claro que me dolió imbécil. —Reconozco la voz, es la misma chica de la entrada.

La chica está sangrado por la nariz. Un chorro de sangre recorrer hasta su labio, se limpia con su camiseta, como es blanca termina toda roja

—Perdón. —Digo arrepentida luego de ver cómo le deje la cara roja y ensangrentada por el golpe.

Trato de acercarme a revisar su nariz, pero empuja mi brazo. He visto algunas veces a esta chica y no se ve como una persona mala, sin duda tiene todo el derecho de enojarse.

—Deberíamos ir a la enfermería para asegurarnos de que no te dislocaste el tabique o que no es nada grave. —Le levanto la cara para que no le siga bajando sangre.

—No es nada. Me pasa todo el tiempo.

—Pues no es normal que te sangre la nariz.

—No me refería a eso.

La levanto y nos movemos hacia la enfermería, lleva su cabeza hacia arriba y le pongo tengo una camiseta bajo su mentón por si baja más sangre.

Ya que no puede ver muy bien por donde vamos está prácticamente sobre mi hombro.

—Tú… perdóname no era mi intención —Digo otra vez. —¿Te duele mucho?

Se detiene y paso la camiseta por una gota de sangre que se intentaba deslizar por su mejilla.

—Soy Sally, me duele, pero no es para tanto, tú.

—Perdón, Sally. —Me río antes de decir un chiste en este mal momento.

—¿Te parece graciosa mi sangre? Recuerda que es tu culpa.

—No, no, no. Solo que nuestros nombres son muy parecidos. Me llamo Ally, al menos el tuyo es mejor.