Entre los acordes de una vieja guitarra 🎸

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Summary

Es 1988 y comienza un nuevo curso escolar, es el último año de escuela superior, el final de una etapa, el comienzo de un nuevo camino y se vale soñar y tener ilusiones. Alejandro Adrián Morell es un poco rebelde, pero también es un chico simpático, bondadoso y muy inteligente. Sasuke Takahashi es callado, le gusta pasar desapercibido y odia las matemáticas. Sasuke ama la música y cuando toca su violín parece transformarse para bien. Son dos almas tan dispares que pudiera parecer imposible su cercanía. Juntos de la mano, tendrán que enfrentar no sólo los prejuicios de la época sino a sus propias familias.

Status
Ongoing
Chapters
23
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Prólogo

Prólogo

Lookin' in your eyes

I see a paradise

This world that I found is too good to be true

Standing' here beside you

Want so much to give you

This love in my heart that I'm feeling for you


"Nothing gonna stop us now", Starship








Estados Unidos, marzo 2018





Cuando te enfrentas a la partida física de uno de tus progenitores comienzas a cuestionarte tu propia mortalidad, especialmente si acabas de cumplir cuarenta y siete años. Probablemente era hora de mirar la vida de diferente manera, cambiar viejos hábitos.


Suelen invadirte los recuerdos de tiempos lejanos cuando tu padre era joven y lleno de salud, tu apenas habías cumplido diecisiete años y pronto conocerías, dentro de unos meses, al primer y único amor de tu vida.


En aquel tiempo la vida era más sencilla, aunque se viera complicada.


—Sabía que te encontraría aquí, tío. —La suave voz de Tricia fue la confirmación de la presencia de mi sobrina, segundos antes ya había notado su cercanía al sentir su inconfundible perfume —. Papá piensa que fuiste a refugiarte de los devaneos de la tía Brenda Lee a tu cuarto, pero yo te conozco mejor —aquella ultima observación no me resultaba extraña, realmente era cierta, mi hermano mayor y yo no nos conocíamos lo esperado para dos personas que crecieron juntas y estuvieron siempre en contacto.


Por otro lado Tricia y yo éramos muy unidos desde siempre, yo la veía como la hija que nunca tuve.


—Últimamente me agobio con facilidad, probablemente sea la edad —comenté lo último en parte para aligerar lo primero que dije, aunque era algo que me pasaba con bastante frecuencia.


Sin embargo no era menos cierto que mi hermana menor Brenda Lee era algo intensa con algunos temas, en especial con el tema de la casa familiar en Ohio y la necesidad de viajar hasta allá para encargarse de recoger las pertenencias de nuestros padres entre otras y organizar la venta de la propiedad. Brenda Lee alegaba que uno de nosotros debía de volver al lugar donde vivimos la mayor parte de nuestra juventud para encargarnos de la tarea, según ella era impensable delegárselo a cualquier empresa.


Cabe mencionar que Brenda Lee insistía en que el indicado era yo, decía que debía tomar vacaciones, hacia años que no gozaba de unas, y en vez de irme a Europa tendría que marchar directo al "estado del castaño de indias".


Yo no compartía la misma opinión.


******************


La terraza era mi lugar favorito sin importar la época del año, aun cuando el frío y la nieve cubría cada superficie de ella, incluido mobiliario. Solía salir abrigado con mi taza de café bien caliente en una mano. Años atrás a esa costumbre la acompañaba un inseparable cigarrillo, pero aquel último mal hábito tuve que dejarlo atrás por el bien de mi salud cardiovascular.


Tricia dejo frente a mí, sobre la superficie de la mesa, una larga copa medianamente llena con vino tinto, nuestro preferido. Los días bebiendo cerveza también quedaron atrás con la juventud que hoy restaba un año más.


—¡Felices cuarenta y siete años Dr. Morell! —manifestó ella por segunda vez en la tarde antes de tomar asiento frente a mí, nos separaba la angosta mesa redonda con tope de vidrio y junto a la copa que dejó antes Tricia también depositó una caja larga forrada con una tela color rojiza de apariencia suave. —. Estoy segura de que este será tu mejor regalo de cumpleaños, aunque no sé si te animaras a usarlo. —Podía imaginarme a que se refería aun antes de abrir la cajita.


—No es como si hubiese recibido muchos —mencioné —. Si es lo que pienso que es puedes estar segura de que lo llevaré siempre conmigo —añadí mientras, casi aguantando la respiración, me dispuse a abrir el regalo en tanto Tricia esperaba con expresión expectante.


No pude evitar distraerme unos segundos contemplando sus brillantes ojos aceitunados, la sonrisa de felicidad y emoción que distendía su boca y la posición en la que estaba sentada un poco reclinada hacia el frente. Tricia se parecía mucho a su madre, Luanne.


Mi sobrina mayor se movió algo inquieta sobre la silla, yo sonreía mientras abría la caja, levantaba la vista, volvía a bajarla y dejaba salir una exclamación de emoción mezcla de nostalgia y asombro, aunque mi sospecha resultó ser cierta.


—Lo sabia —dije y dejé sobre mi regazo el emocional regalo. En el interior de la caja estaba el viejo reloj de papá, que antes fue de mi abuelo y que ahora me pertenecía. Era un reloj de bolsillo que desde que era un niño llamó siempre mi atención, aunque en los últimos años lo había echado al olvido.


—Valió la pena recuperarlo para ti, tío Alejo —Tricia paso a contarme emocionada algunos detalles sobre la recuperación del reloj de una casa de empeñó donde su hermano Jonathan lo había dejado a cambio de unos dólares. Ya conocía parte de la historia, Brenda Lee se había encargado de contármela.


—No sabes cuanto aprecio esto...—Me puse de pie al mismo tiempo que Tricia, los dos buscando un abrazo.


—Esperó que lo disfrutes, te lo mereces además de que el abuelo así lo quería. Me dijo antes de morir que ese reloj te pertenecía —No dije que probablemente mi hermano Ben discrepaba sobre eso. Con un nudo en la garganta solo atine a balbucear medias palabras inteligibles. Lo cierto era que los deseos de mi padre hablaban de nuestra excelente relación en sus últimos años, aunque cabe mencionar que no siempre fue así.


Pese a que nunca dude de su amor o el de mi madre estoy consciente de que para ellos fue difícil entender y aceptar, después de muchos años, mis preferencias sexuales. Durante mucho tiempo nuestra relación fue tensa, en especial con mi madre. Al pasar los años, puede que con la edad sentí que mi padre poco a poco se acercaba a mí, no así mamá, sus creencias religiosas lo impidieron.


Ahora papá se había ido y mamá era incapaz de reconocer a alguien, la demencia le había arrebatado todos los recuerdos incluso que su hijo menor era gay.



******************


La tarde fue refrescando y vi a Tricia cerrar las solapas de su cárdigan de algodón. Los miembros de la familia que asistieron a mi improvisada cena de natalicio ya se habian marchado ecepto por ella.


—¿Puedo preguntarte algo? —Por lo general mi sobrina y yo no teníamos reparos en hablar sobre nuestras inquietudes, entre nosotros existía confianza y nunca antes percibí en el tono de su voz lo que en ese momento.


Sospeche que la inquietud de mi sobrina era debido a algo que quizás llevaba tiempo preguntándose sin decidirse a exteriorizar porque de alguna manera le costaba, se cohibía.


O puede que no supiera expresarse.


—Puedes preguntarme lo que quieras, querida. —La última palabra la pronuncie con exagerada suavidad y un levísimo y fingido acento francés buscando bromear y aligerar el ambiente.


Vi como Tricia pareció desinflarse en un suspiro al tiempo que embozaba una de sus inocentes sonrisitas.


—Siempre me pregunte porque la idea de volver a Ohio parecía mortificarte tanto, ¿cuándo fue la última vez que estuviste allá?.—De todo lo que pude haber imaginado aquel comentario logro sorprenderme y su siguiente pregunta me descoloco bastante.


Deslice el cuerpo hacia abajo, acomodándome mejor en la silla mientras cruzaba mi pierna izquierda sobre la derecha y llevaba ambas manos entrelazadas sobre mi estómago. A todo eso no dejaba de pensar que contestar a esa, aparentemente, simple pregunta.


—Hace mucho tiempo que no voy hasta allá, creo que la última vez fue años antes de que papá enfermara y Brenda Lee decidiera que estaba mejor en el asilo. No había necesidad de volver a Cleveland, sabes que mamá no deseaba que la visitara, según ella yo era un perturbado, un poseído o algo así...—No vi necesidad de reprimir la burla en mis siguientes palabras. No mentía, así me llamaba mi madre, según ella yo era solo un miserable sodomita que se dejaba manipular por el demonio de la lujuria.


Mi madre jamás logro entenderme y aceptarme sinceramente, solo ahora que la demencia pudo sobre su ser podía ir a visitarla sin temer a sus desprecios.


Por lo común trataba de evitar aquellos amargos recuerdos que continuaban afectándome aun cuando formaban parte del pasado y sin importar a cuantas secciones con mi terapeuta asistiera.


—Perdóname por ser tan curiosa y tan poco cuidadosa, sé que tu relación con la abuela no fue la mejor —


—No tienes que disculparte, mi relación con mamá fue excelente hasta que supo que era homosexual —mencioné, me encogí de hombros y enderece la postura para alcanzar la copa de vino que se mantenía fresco.


Tricia quedo pensativa por varios segundos, yo sabía que me analizaba.


—Sin embargo, siempre he pensado que no son solo los malos recuerdos con la abuela los que te mantienen lejos de Ohio...—Bebí un buen sorbo del vino que quedaba en la copa hasta casi terminarlo. Después de depositar nuevamente la copa sobre la mesa me puse de pie quedando frente a ella.


—A veces me he preguntado cuando la curiosidad en ti podría más que los modales o la prudencia —Tricia frunció el entrecejo y rodo los ojos mientras soltaba una seca carcajada.


—Siempre he sospechado que algo muy intenso sucedió allá, y no me refiero solo a la actitud de la abuela...


Levanté mi mano derecha para sacudirla en el aire, gesto con el que trataba de transmitir que por ahí no iba la cosa.


Lo que había sucedido en Ohio hacían casi treinta años atrás formaba parte de los recuerdos que prefería mantener a raya, recuerdos hermosos, memorias de un amor fallido que aun dolía.


—Y en parte no te equivocas sobrina, los recuerdos que me mantienen lejos de Ohio son intensamente hermosos, son las memorias de los mejores años de mi vida...


Tricia no apartaba sus ojos de mis movimientos o los oídos de mis palabras. Una picara sonrisa se dibujo en sus labios mientras arqueaba su perfilada ceja izquierda a la espera de mis próximas palabras.


Y supe que no había marcha atrás, era tiempo de volver a Ohio, al año mil novecientos ochenta y ocho, al año en que conocí a Sasuke, el hermoso asiático que puso mi vida patas arriba.


El viaje de recuerdos seria largo, intenso y seguramente doloroso.