El hilo del destino

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Summary

Dante Mussolini, es un joven lleno de resentimiento y amargura a raíz del vil asesinato de su madre, no cree en las segundas oportunidades, prefiere refugiarse en el odio y mantenerse atado a los eventos del pasado. Priscila Caruso, es su polo opuesto, esta chica alegre y optimista nunca se ha dejado vencer por las circunstancias de la vida. A temprana edad experimento el cruel abandono por parte de su madre, aún así, ella cree fielmente en las segundas oportunidades. Un compromiso matrimonial pondra a Priscila en la vida de Dante para ayudarlo a seguir adelante, pero tocar el corazón de este chico amargado, no le será tan sencillo.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
4.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

Dante Mussolini


Mi abuelo tiene por costumbre reunirnos una vez al mes para dejarnos al tanto de sus movimientos en el clan.


Dichas reuniones son solo un pretexto para unificar el desastre de familia que somos. Lo cierto es que no tenemos una buena relación desde que tengo uso de razón, tengo una tía insoportable la cual me cae pesado y el trato con mi abuelo nunca ha sido bueno, hay cosas por las que le guardo rencor.


El único motivo por el cual siempre asisto a cada reunión que organizar mi abuelo es para conocer sus próximos pasos sin embargo este aura de misterio que ahora lo envuelve realmente me tiene enfermo.


—¿Que sucede, padre? —rompe el hielo mi tía Elena con su singular cara de dramatismo


—Guarden la calma, no hay nada de que preocuparse —argumenta el anciano mirando a su hija con cara entrañable


—Habla de una vez, tengo cosas importantes que atender —farfullo fastidiado de tanto misterio


—Deja de ser tan grosero, niño malcriado —riñe en mi dirección la bruja de mi tía


—Dejalo, tendremos visitas y no quiero peleas ahora —interviene el anciano, restandole importancia a mí mala actitud


—Es decir ¿más espera? ¿a quien Demonios esperamos? —increpo perdiendo la paciencia.


—Ya lo sabrás, deben estar por llegar —responde mi abuelo mirando la hora en su reloj con impaciencia


La empleada entra anunciando la llegada del prometido de mi tía y esta se emociona cuando escucha la noticia.


—Papá ¿por qué no me avisaste que venía Marcos? Mira las fachas en la que me encuentro—protesta mi tía quejándose de su vestido de diseñador


—Estas perfecta y eres hermosa, no necesita arreglarte tanto —la adula mi abuelo ante de indicarle a la empleada que haga pasar a los invitados


La empleada le da paso al prometido de mi tia, quien viene acompañado con una chica de más o menos mi edad. Los ojos de la chica me dan un vistazo rápido y me entra la curiosidad por saber quién es


—¡Buenos días! Disculpen la tardanza —saluda Marcos Ricci (alias el diablo) avanzando con su porte de seguridad hacia donde estamos


—¡Amore! Que alegría tenerte en casa —se adelanta mi tía para recibirlo


—Pasen adelante, bienvenidos a mi mansión —mi abuelo saluda con entusiasmo antes de invitarlos a sentarse

Yo me mantengo en mi sitio sin emitir emoción.

La chica que acompaña al Diablo saluda a mi abuelo con cariño, el viejo le pide que se ubique a su lado en el sofá y ella obedece gustosa.

Por otro lado mi tía se ubica en el otro extremo con su prometido, quedando todos en frente.

—Bien, antes de anunciar las noticias quiero que conozcas a Priscila —el ancianos se dirige a mi.

—No me interesa conocer a nadie, habla de una vez para largarme —replico de mala gana, asqueado de todo esto.

—Pues, debería interesarte conocer a tu prometida


—¿Que?


—Lo que has escuchado, Priscila es tu prometida —reafirma el anciano señalando a la chica pecosa a su lado.


—¿De que hablas? ¿Estás demente? Solo tengo 19 años —me levanto espantado

—Se la clase de mentalidad inmadura que tienes, no dejaré que desperdicies tu vida.


—¿Y piensas que casandome aprovecharé mi vida?


—Aprenderás de responsabilidad teniendo una esposa


—Definitivamente no estás en tus cabales.


—Dante! —pronuncia mi nombre con dureza


—No voy a casarme, tu no decides mi futuro —lo señaló negandome rotundamente


—Soy el líder de esta familia, aún estoy en mi sano juicio y ya lo he decidido. Te casaras en una semana —afianza paralizandome en el acto


—¿Una Semana?


—Lo que has escuchado, entre más rápido mejor para tí

—¿Mejor para mí? —ironizo estrujando mi rostro con frustración —. Lo único que quiero es un puesto en la mafia — intento razonar con él —. Si me das un cargo juro que haré lo que me pidas.


—Eso no está en discusión —se rehúsa sin pensarlo un poco


—Soy tu heredero, debes darme lo que me corresponde.


—Eres mi heredero y también mi familiar más preciado, por eso busco lo mejor para ti, darte un cargo en la mafia sería llevarte a la guillotina y no quiero que tengas el mismo destino que tu madre. Entiende eso de una vez —se levanta enfurecido —. Te dejaremos a solas con Priscila para que se conozcan.


—Dije que no me interesa conocerla.


—Tratala bien o juro por la memoria de todos mis antepasados que si le haces algo, te enviaré a un internado fuera del país —señala amenazante retirandose con mi tía y su prometido.


Respiró, respiro hondo para calmarme, detallo a la chica que aún permanece sentada en frente como si nada y me preguntó. ¿Que tiene en la cabeza para aceptar casarse con un desconocido?


—¿Cuanto te ofreció el anciano para que aceptaras este compromiso? —busco desenmascararla


—No me ofreció nada, acepte porque quise —contesta con una voz suave y calmada


—¿Eres una cazafortunas? esa debe ser la explicación.


—Realmente no me interesa tu dinero, mi tutor pensó que tú eras el hombre indicado para mi, yo acepté confiando en el —responde encogiéndose de hombros.


—¿No tienes voluntad propia? Te rindes fácilmente ante todo lo que te dice un tutor. ¡Ah.. rayos! —me restregó nuevamente el rostro con indignación —. En todo caso ¿por qué tienes tutor, que ocurrió con tus padres?


—Mi madre me abandono en un orfanato y figura paterna no tengo —perfecto. Me casare con una huérfana.


Tal vez es lo único que tengamos en común.


—Debes ayudarme. Haz que mi abuelo cambie de parecer, te daré la cantidad que me pidas —propongo con desesperación


—¿Intentas sobornarme? —enarca una de sus cejas


—¡Si! —gruño frustrado.


—Nunca aceptaría un soborno, si quieres que tu abuelo cancele el compromiso, entonces convencelo tú.


—A mi no me hará caso.


—Entonces resignate y deja de patalear como un malcriado —se levanta y es cuando noto que es alta y muy delgada —. Me llamo Priscila, si desea comunicarte conmigo le dejaré mi número a la empleada.


Sale del despacho dejándome con la palabra en la boca


Quien se cree para llamarme malcriado.


Rayos, juro que me las pagará; si quiere casarse conmigo, entonces que se prepare, porque haré de ese matrimonio un infierno hasta que me ruegue por el divorcio


Y si el abuelo piensa que se salio con la suya, le mostraré que está muy equivocado porque ni él, ni nadie me dirá que hacer con mi vida.