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Ophelia

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Summary

Dulce como la miel, pero intensa como el whisky. Así es Ophelia Russo: ambiciosa, exquisita y descarada. Para ella, ser una dama de compañía no era solo cuestión de deseo y admiración. Era la forma más fácil de alimentar su ego y obsesión por el control. En un mundo perverso donde nada es suficiente. Ophelia siempre iba dos pasos adelante, jugando con los hombres de la Élite como piezas en su tablero. Lo que parecía un capricho pronto se convertiria en una obsesión enfermiza. Y cuándo el deseo se mezcla con la manipulación las reglas del juego cambian... y el precio a pagar seria más alto de lo que Ophelia está dispuesta a asumir. —Ophelia —¿Sí, papi?—gimió, como solía hacer cuando él la empujaba contra la pared—. Es hora de que te vayas al infierno, hijo de puta. Top #10 en Suspenso entre 141K [7 de junio de 2022] Primera publicación: 27 de mayo de 2019

Status
1yr ago
Chapters
38
Rating
4.5 (2 reviews)
Age Rating
18+

Prólogo

El aroma a sexo desenfrenado. Luces hipnóticas y extravagantes. Sabor mentolado, sexo arriesgado. Éxtasis y marihuana. Música ruidosa que coordina a sintonía al ritmo rápido de sus corazones despreocupados y excitados ¿Seria el alcohol o la falsa libertad de esta generación?


Ophelia Russo hoy cumplía 21 años, y lo festejaba restregando su trasero entre Sasha y Chantal.


Algunos hombres se había acercado para invitarlas a bailar pero ninguna estaba lo suficientemente ebria para aceptar que un Don Nadie las tocara.


Las tres jóvenes se frotaban entre sí, divertidas por el licor y el cigarro que fumaron antes de ingresar a la discoteca. Ophelia besaba el cuello de Sasha con el propósito de excitar a los señores que estaban en la parte de arriba que no dejaban de mirarlas desde el V.I.P.


—¿Notaron que hay un hombre que nos está mirando? —cuchicheó Chantal a sus traviesas amigas.


Las dos chicas se miraron y comenzaron a reír. Ophelia y Sasha ya sabían que un hombre las morboseaba.


—¿Hasta ahora te das cuenta, Chantal? —La voz seductora de Ophelia hizo estremecer a Sasha, que no paraba de morderse el labio inferior.


Los ojos de Ophelia se desviaron hacia arriba para verificar si todavía eran admiradas por el misterioso señor, pero para su mala suerte, él ya no estaba.


«Maldita sea» pensó.


—Nos estaba mirando desde hace diez minutos —agregó Sasha, dando un sorbo a su cerveza.


—Ya no lo veo.—Ophelia arrugó la nariz decepcionada porque ya no tenía a quien excitar con su show lésbico.


—Creo que se sintió atrapado —Chantal se encogió de hombro mirando hacia donde observaba la cumpleañera.


—Creo que fuiste tú quien lo espantó —reprochó Sasha, metiendo un dedo en su bebida—. Iré por más cerveza. ¿Vienes, Oph? —Miró a la rubia que aún buscaba al tipo de traje oscuro.


—Déjalo, Oph. Seguro está masturbándose en el baño —bromeó Chantal, tomando del brazo a Sasha—. ¡Vamos! —Intentó tomar la mano de Ophelia, pero esta insistió en quedarse.


—Vayan ustedes dos. Yo me quedaré bailando—contestó.


Sin mirarlas de nuevo, se adentró al centro de la pista de baile.


Las dos jovencitas ignoraron a su mejor amiga y se marcharon a la barra a pedir más bebida y a buscar algún viejito que estuviera sin compañía para que pagara sus tragos.


Mientras la música seguía, Ophelia se movía suavemente: primero pasaba las manos por su diminuta cintura y luego a los costados de sus largas piernas. Su cabello dorado se pegaba a su espalda desnuda y pálida; su piel estaba exquisitamente húmeda por el calor de la noche.


Sentía la vibración de la música en su pecho. Cada bajo, cada golpe de batería la atravesaba, pero no solo en su cuerpo. Era más profundo, en sus venas, en su alma, como si cada nota estuviera remeciendo su rabia.


El alcohol la volvía ligera y atrevida. Se sentía sexy y excitada. Por eso no temía ni pensaba. La rubia se acercó a una mujer cuyo nombre ni siquiera sabía, la tomó de la nuca para acercarla a ella y la besó: suave y húmedo, dejando danzar también sus lenguas. Ambas sonrieron sin dejar de mover sus caderas.


Los ojos grises y fríos de Ophelia se cerraron para gozar de las palabras que decía el coro, aunque este solo fueran ruidos extraños y mezclados. A ella le encantaba sentirse dueña de su cuerpo y de la música.


—Cómo adoro esta canción —susurró para sí misma.


De pronto, una mano grande y masculina la rodeó por las caderas y la tiró hacia atrás.


—Y yo adoro ver a zorritas tan guapas como tú... 


Era una voz grave, mezclada con un acento sureño.


Sus ojos se abrieron, y de sus labios carnosos se escapó una gran sonrisa coqueta.


Sintió el aire cálido del aliento ajeno recorrer su piel, esa piel que ya no podía sentir como antes. El alcohol, el calor de los cuerpos, la música… Todo eso la hacía ligera, casi irreal, como si estuviera flotando fuera de sí misma. Pero lo que más la atormentaba era el peso de su impotencia, de todo lo que había permitido, de todo lo que había callado. Esos recuerdos la ahogaban como una bolsa de plástico, impidiendo que respirara con libertad.


—Pensé que no ibas a venir —sonrió para sí, sin voltearse.


—Primero te mato antes de dejarte aquí sola...—El hombre le mordió con delicadeza la oreja.


«Ya basta». Pensó. «Voy a destruir todo esto, voy a hacer que te arrepientes, maldito imbécil.»


—Nos vamos a casa. —Su tono demandaba poder sobre la joven —.Quiero partirte con ese vestido puesto y la tanguita a un lado, mientras me miras.


Ophelia giró lentamente hacia la mano que la tocaba, esa mano familiar que siempre sabía cómo hacerla sentir pequeña, insignificante. Sus labios se curvaron hacia una sonrisa torcida, mientras su mente no dejaba de gritarle lo que ya no podía controlar. La sangre le hervía, su cuerpo quería escapar, pero aún no. Todavía no.


—Vale.—Asintió, mirando por última vez los ojos del mayor. Con una sonrisa fría y siniestra agregó —: pero antes quiero ver como te mueres, maldito cerdo.


Y lo apuñaló.


Rápido.


Sin misericordia.


—¡Ah! ¡Maldita perra...—Se quejó. Sus ojos oscuros se abrieron de par en par. Sin comprender por qué ella lo había traicionado.


—Descansa, papi—Le gimoteo al oído, sacando lentamente el cuchillo de sus entrañas —... que ya es hora de irte al infierno, hijo de puta.

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Good Writing

3

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Compelling Plot

3

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Great Character

2

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Strong Dialog

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author

oh bueno 👀

2 years
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author

interesante

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