Abre las piernas, Olive
—¿Qué es lo que haces? —susurro. Su dedo recorre mi mandíbula y baja por la curvatura de mi cuello para detenerse en mi clavícula. Su toque es suave, delicado, pero las intenciones con las que lo hace, no tienen nada que ver con esas palabras.
Estaba acorralada entre la encimera de la cocina y su cuerpo. Una de sus manos estaba cerca de mi cadera, sin rozarla, hasta que por fin la posa en ella y un cosquilleo me recorre el cuerpo. Por más que la tela del short para dormir impide que toque directamente mi piel, siento el contraste del frío de su mano con lo caliente de mi cuerpo.
Rohan se acerca aún más, tomándome desprevenida por la cintura y sentándome sobre la superficie fría mientras pega su pelvis contra la mía, haciéndome soltar un gemido. Veo que sus ojos verdes adquieren un tono más oscuro, notando sus pupilas dilatadas.
—No puedo soportarlo más... —dice apoyando la frente en mi pecho. Su respiración choca contra el escote de mi sostén y vuelvo a estremecerme.
—¿De qué hablas? —en un acto reflejo, mis manos viajan a acariciar su cabello y lo siento tensarse ante mi toque.
Antes de hablar deja un beso cerca al valle de mis senos y reprimo otro gemido.
—Verte todos los días y no tenerte en mi cama gimiendo mi nombre... —esas palabras hacen eco en mi cabeza y van directamente a mi vientre, creando un nudo de excitación y nervios.
Estoy a punto de hablar, cuando de pronto, Rohan pega sus labios contra los míos. No es un beso dulce ni tierno, es uno posesivo que destila deseo.
Mis piernas se enroscan alrededor de sus caderas, acercándolo más a mí. Mis manos se aferran a sus hombros mientras las de él van a diferentes lugares. Una rodea mi cuello y la otra está en mi espalda baja. Puedo sentir la ligera presión que ejerce en el punto donde siente mi pulso latente, chocando contra las yemas de sus dedos. Su lengua es hábil, abriéndose paso entre mis labios para enroscarse con la mía. Mi respiración era agitada, mi pecho chocaba contra el suyo y yo me apretaba más a él, queriendo sentirlo.
Estaba tan ensimismada en el beso que, en cuanto su dedo se entromete entre la ropa y toca suavemente mi centro, arqueo la espalda soltando un gemido. Esa es toda la invitación que necesita para que siga en lo suyo.
—Abre las piernas, Olive —su voz ronca y profunda me hace estremecer mientras sus manos se apoyan en mis rodillas, arrodillándose ante mí para estar a su altura. Obedezco, mientras él me bajaba las bragas y las dejaba por ahí, eso no importa ahora.
Mediante besos que deja por la cara interna de mis muslos, se acerca hacia el punto que deseo, exhalando su cálido aliento, haciéndome temblar de anticipación.
—Deja de torturarme, Rohan —digo en un gemido—, por favor... —mis súplicas son interrumpidas por el beso y la pequeña lamida que deja a su rastro, haciéndome gritar.
—Estás muy mojada —sus ojos se dirigen mí, veo el deseo en ellos—, ¿acaso quieres que te folle?
—Ya sabes la respuesta a eso —jadeo, queriendo que termine con mi agonía.
Rohan sonríe maliciosamente y cumple lo que dice, llenando el ambiente con nuestros gemidos y el sonido de nuestros cuerpos chocando contra sí, hasta que yo cumplo con lo que él quería, gimiendo su nombre hasta caer débilmente entre sus brazos y deseando que el momento se hiciera eterno.