A segunda vista

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Summary

A Ariana le asusta casi todo, aunque mas lo desconocido. Desde muy pequeña experimento la soledad, tras el abandono de sus padres y de haberse criado prácticamente sola, encuentra en la persona menos indicada eso que parece ser lo mas cercano al amor. Alguien inestable que solo sabe huir de sus problemas pero que para ella es un escape a la realidad. Mientras los años transcurren la presencia de este desconocido se hace familiar y los sentimientos se hacen profundos pero dependientes, creando confusión y volviéndolos tóxicos, solo llenándola mas de temor. Pero una tarde cuando la lluvia ceso, alguien diferente sacude su corazón de una forma inexplicable, aún con los estragos de ese amor dependiente y asfixiante una luz de esperanza parecer querer colarse en su vida. Mostrándole sus colores, diferentes sensaciones, enseñándole que hay otros tipos de amor que ella desconocía y que quizás lo desconocido no es tan malo. ¿Pero que ocurre cuando aun no logras dejar eso que te lastima y solo intentas avanzar sin sanar el pasado? Que tanto puedes lastimar a las personas que te rodean con tus inseguridades y que tanto puede dañarte no saber poner limites en tus decisiones. Quizás mucho, es entonces cuando te cuestiones que decisión es la mejor o la que puede lograr sanar tu corazón. Algunas personas suelen decir que a veces lo mejor es huir a uno que te de paz.

Genre
Romance/Drama
Author
Min-ho
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

A segunda vista

En algún mes del 2023

Abro muy despacio la ventana de madera de la biblioteca de mi casa, tratando de hacer el mínimo ruido posible, como si de un pequeño ratón escurridizo se tratara.

—¡Valentina donde estás! —Doy un brinco en mi sitio al escuchar el grito de mi madre, suspiro molesta y cierro la ventana muy rápido. —Valentina, espero que no estés en el sótano otra vez—Sacudo mi ropa muy rápido y subo las escaleras para el primer piso, abro la pequeña puerta echada de madera y con mi pie deslizo la alfombra tapando la puerta y corro hacia mi madre.

—Hola, mami—Saludo con una sonrisa ladina, mi madre me observa enarcando una ceja sin dejar de observarme de pies a cabeza—No estuve en el sótano por si preguntas—Cubro mis labios al ver qué sola me he delatado, ella palmea muy despacio sobre el mueble de la cocina.

—Valentina, en esa vieja biblioteca no hay nada importante que una niña de trece años pueda necesitar, solo algunos animales que están esperando por salir, tenemos otra biblioteca en el segundo piso, ¿Qué estabas buscando? —Me pregunta mi madre cruzando los brazos.

—Es que necesito información de la época de los dos mil—Respondo recordando la tarea de historia que nos dejó la maestra.

—Para eso está la computadora, puedes revisar tantas páginas y sacar información necesaria —Niego con la cabeza dramáticamente.

—No mami, la maestra fue muy clara con sus palabras y la cito —Toso dramáticamente para intentar darle seriedad al asunto—“Jóvenes ya están en primer grado de secundaria, no deben dejarse influenciar por todo lo que ven en internet, los libros siempre serán la mejor herramienta del conocimiento” —Trato de imitar la voz de mi maestra Gladys y mi madre me observa entrecerrando los ojos.

—Es la verdad, mi papi me dijo, que en el sótano él tenía los libros que usaba en ese tiempo, cuando estaba en la universidad, subrayados y resumidos, me ayudarían mucho—Indico, mi madre relaja su rostro y yo sonrió intentando convencerla.

—De acuerdo, pero ten cuidado, tu papá llegará en tres horas, cuando eso pase, subes para que limpies tu habitación, iré al mercado por algo de verduras y frutas para la despensa, no hagas un desastre ni rebusques cosas innecesarias, ¿Lo prometes? —Asiento, dejo mi mano izquierda detrás de mi espalda y cruzo mis dedos mientras que con la derecha entrelazo nuestros meñiques—Bien no tardaré, ve a hacer esa investigación. —Asiento emocionada, pero mi madre me detiene.

—No entres por la ventana, aquí está la llave, primero abre la bóveda de atrás, encontrarás linternas y trapos limpios, enciende el foco que aún debe funcionar y saca los libros que necesites y la vuelves a cerrar, ¿De acuerdo? —Asiento no muy convencida, mi madre deposita un beso en mi frente y observo como esta mujer de cuarenta años, de bella cabellera castaña sale de casa con un vestido muy bonito de color celeste.

Me asomo a la ventana de la cocina y le sonrió al ver como se aleja.

Minutos después bajo hasta el sótano e intento abrir la puerta de la bóveda con las llaves que me dio.

Sonrió cuando la puerta se abre, saco la linterna a tientas y enciendo la luz de la bóveda, esta se ilumina ante mi sorpresa.

Recién logro ver que estoy de pie, al lado de una puerta circular con rejas polvorientas, en el interior el lugar es angosto como de un metro y medio de ancho.

El espacio es más como un mini túnel secreto, abro la boca sorprendida al ver algunos estantes y cajas negras y otras blancas sobre este. Una mochila color celeste con cuadros negros, en las esquinas con bordados de las superpoderosas y llaveros de osos en cada cierre.

—Increíble—Susurro sosteniéndolo en mis manos, pero me espanto al leer que lo que está escrito en el bolsillo pequeño de la parte delantera— “El que se atreva a abrir la mochila de la poderosísima Ariana se le caerá las uñas de los dedos, suelta eso”—Trago saliva, pero aun así lo saco y cierro la bóveda—Mamá da miedo—Decido cerrar los ojos espantada, con ayuda de la linterna busco el interruptor del resto de la biblioteca y lo prendo al hallarlo.

Dejo la mochila sobre el piso al ver lo inmenso que es este lugar.

Camino muy despacio, maravillada, cuatro estantes rosados polvorientos se hacen presente rodeando el lugar, muchos libros en ellos, al igual que cuadernos viejos, me hacen sonreír.

Sigo caminando y algo choca contra mis pies, bajo la mirada y dos pequeñas sillas de madera me detienen, me siento en una de ellas y me meso con cuidado evitando que se rompa, pero esta chilla muy despacio.

Unas almohadas que tal vez eran blancas están en el piso sobre una alfombra rosada con flores. Sacudo las almohadas y con ayuda de unos secadores comienzo a limpiar este lugar. Observo un pequeño reproductor algo antiguo sobre un mostrador pequeño, intento encenderlo, pero al parecer está descargada, busco algún enchufe cercano y hago mi pequeña danza de la victoria al encontrarlo.

Al instante la pequeña radio se enciende y una canción que parecer ser pop, que no conozco, comienza a resonar en este sitio cerrado.

Animada, prosigo a seguir limpiando, ordeno cada libro por colores y dejo los cuadernos usados a un lado, poco a poco el lugar se va haciendo más amplio.

Sostengo con ambas manos cinco libros que encontré sobre mi tarea y a dudas penas los arrastro hasta la salida, pero torpe como suelo ser término tropezando con algo duro y chillo despacio al caer al piso.

—Mamá me gritará—Algunas lágrimas caen al ver que hay algo de sangre en mi pierna por el golpe, observo molesta hacia el piso para encontrar la causa de mi desastre hasta que lo hallo—¡Tu pequeño delincuente! —Grito molesta sosteniendo un cuaderno algo viejo entre mis dedos, lo observó curiosa al ver que está forrado de un color rosado y lleva unas flores dibujadas en el exterior y un título en la parte superior me hace observarlo sorprendida, “Mi diario secreto”

—No, Valentina, mamá, dijo: “no hagas un desastre, ni rebusques cosas innecesarias, ¿Lo prometes?” —Pataleo impotente al recordar esa promesa, pero sonrió cuando a mi mente viene lo siguiente—Pero no lo prometí realmente, quizás solo sean dibujos—Asiento tratando de abrirlo, pero al ver un pequeño candado algo oxidado cruzo los brazos sin dejar de observar el diario.

—Con que con esas vamos a jugar—Me coloco de pie y sostengo el libro, regreso a la bóveda y traigo arrastrando una pequeña caja de materiales vieja, sonrió al ver un desarmador, martillo, algunos clavos y demás herramientas. Trato de forcejear la cerradura y luego de muchos intentos el candado se rompe haciendo que un sobre blanco, pero el borde en sus esquinas llama mi atención, pequeños girasoles dibujados en ellos más la firma del nombre de mi padre me hace colocarlo en el piso y decido abrir la primera página—Solo leeré una y la carta la abriré luego.—Regreso al centro de la biblioteca y me recuesto en las almohadas, mientras ojeo con cuidado el diario, pero lo que hallo en este, capta toda mi atención “Cuando aún éramos pequeños y los inicios de nuestra juventud nos hacían soñar, mientras intentábamos entender lo que era bueno y malo”


Él era como la lluvia, era difícil verlo seguido, pero cuando aparecía removía todo a su paso.

A mí me gusta la lluvia, quizás por eso esperaba siempre el momento que regresara.

Muchas personas suelen decir, que después de la lluvia un arcoíris muy bello se asomará en el cielo, trayendo con él, los más bellos colores, pero siempre le he tenido miedo a lo nuevo, a lo desconocido.

Jamás me atreví a esperar que la lluvia cesara, siempre me ocultaba cuando esta se intensificaba y la observaba desde mi ventana, en esas frías noches escuchar las gotas caer sobre las paredes, ventanas y las copas de los árboles, eran mi momento favorito en los días opacos y grises.

Pero una noche que llovía de forma incesante, tan estruendosa que incluso una tormenta eléctrica amenazaba con asomarse a su paso, salí de casa y me senté en el borde la puerta de mi casa a observar como todo el vecindario se empapaba, esta vez, quería ver que ocurría cuando dejaba de llover.

Las últimas gotas caían muy despacio y en el cielo el sol se aproximó ante mis ojos. Los primeros rayos de aquella tarde se dejaron ver y cerré los ojos asustada. Tenía miedo por lo que ocurriría.

Inhale profundamente y decidí armarme de valor, me recosté sobre el suelo frío y abrí los ojos muy despacio.

Las nubes se habían despejado y con ayuda del sol se había formado el evento más hermoso que había deslumbrado a mis veinte años.

Un arcoíris de siete colores incesantes, iluminó aquella tarde. Resplandeciente y deslumbrante, quizás algo cegador, pero que sacudió mi corazón de una forma distinta.

Me coloqué de pie y estiré mis brazos, quería alcanzarlo.

Deseaba verlo más de cerca.

¿Cómo era posible que algo tan inusual y mágico me creara esa sensación que solo la lluvia y sus tétricos colores lograban transmitirme?

Quizás porque es más fácil creer en algo que ya conoces y aunque quizás te lastime, sabes que después de los estragos que pueda dejar en tu interior, sanaras y cuando vuelva a llover repetirás el ciclo, pero ese día ese arcoíris amenazaba por colarse en mi vida.

Pero... ¿Estaba lista para salir del escondite en el que la lluvia me tenía cada tanto?

Me aterraba el hecho de pensar que siempre llovería y que jamás el arcoíris volvería a aparecer en el cielo o que, por el peor de los casos, los estragos de esas noches agrias apocarían sus colores.

En ese momento no sabía descifrar lo que ese arcoíris me hacía sentir, pero la duda en mí crecía diariamente.

¿Sería posible que lograra amar más a aquel arcoíris que había visto una sola vez a diferencia de la lluvia ocasional que aparecía cada tanto?

Es lo que resuena en mi mente a diario, pero no sé si estoy lista a descubrir si ello puede ser real. Quizás necesite una segunda vista para ver que tanto puede removerse mi vida con su llegada, tal vez, solo esta vez, logre arriesgarme por ello que quiero tener.