Alevosía

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Summary

Cuando su esposo la abandonó por irse con otra mujer que si pudiera darle hijos, Zhamira sintió que su mundo se había acabado y que no volvería a encontrar la felicidad, sin saber que Bastián Hadid, el mejor amigo de su esposo, siempre ha estado enamorado de ella y aprovechará la oportunidad que se le presentó para finalmente hacerla su mujer.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Zhamira Johnson

Meses antes...

—No te vayas, no me dejes —le supliqué con lágrimas en los ojos y arrodillándome a sus pies.

—Zhamira, no hagamos esto más dramatico, por favor—dijo con voz dura tratando de levantarme del suelo, pero yo estaba renuente a hacerlo, lo único que quería era despertar de esa horrible pesadilla en la que me encontraba.

No quería seguir dándome cuenta que mi esposo, el que consideraba el amor de mi vida, me estaba dejando por alguien más.

Dolía saber que no era suficiente para él, dolía porque le entregué mi vida entera y aún así le importó muy poco romper mi corazón como lo estaba haciendo.

Luego de forcejear un poco, finalemente logró zafar sus piernas del agarre de mis brazos y se terminó de alejar para tomar su maleta ya hecha encima de la cama.

—¿Qué me faltó como mujer, Jack? —me atreví a preguntarle finalmente con la voz rota y las lágrimas corriendo por mis mejillas sin cesar.

No tenía las fuerzas suficientes como para levantarme del suelo, pero al ver como me ignoraba y pretendía irse sin darme una respuesta, al menos una sola razón de su partida, me levanté rápidamente y lo tomé por un brazo impidiendo que pudiera irse.

—¿¡Qué carajos me faltó como mujer como para que quieras irte con otra y abandonarme?! —le grité completamente desesperada por escuchar lo que tenía para decirme, pero en cambio lo que recibí fue en beso en la frente de su parte.

Con asco me limpié la zona dónde me besó y le impedí el paso a la puerta de la habitación, la tristeza se había esfumado finalmente, en su lugar había llegado la rabia y el resentimiento.

—Dejame salir o no respondo, Zhamira —advirtió con los dientes apretados y solté una carcajada al oírlo.

—¿Qué me harás? ¿Me vas a golpear hasta que finalmente pierda la conciencia para así poder irte? —le pregunté acercándome más a él y, en silencio, disfrutando por última vez el olor de su perfume, ese que le había regalado en nuestro aniversario número tres.

No dijo nada y me hizo a un lado con su mano libre, pero al ver como sostenía la maleta con sus cosas con tanta determinación, finalmente la rabia terminó de hacer estragos en mí.

Se la quité de las manos, la lancé lejos de nuestro alcance, lo encaré y comencé a golpear su rostro y pecho tan fuerte como mis manos me lo permitieron.

—¡¿Qué te dió esa mujer que yo no, Jack?! —le grité golpeando su cuerpo sin cesar y él como pudo esquivó mis puños, pero supongo que llegó un momento donde no aguantó más, pues tomó mis muñecas y las apretó mucho haciéndome daño.

Aunque claro, el daño que me hacía al romper mi corazón de esa forma no se comparaba a ningún otro dolor físico.

—Necesito que te calmes, los vecinos van a pensar que está pasando algo malo y va a llegar la policía —dijo con voz dura y los dientes apretados, pero yo solo quería una respuesta, quería saber por qué.

—¡No me voy a quedar tranquila hasta que me lo digas, maldita sea! ¡¿Qué carajos te dió ella como para que tires tres años de matrimonio a la basura así como si nada?! —grité con todas mis fuerzas y, para mí sorpresa, él me abrazó fuertemente mientras yo lloraba sin cesar.

—Ella me dió lo que tú en tres años de matrimonio no pudiste darme, Zhamira —hizo una breve pausa suspirando y luego continuó —: Ella tiene a mi primogénito en su vientre —susurró en mi oído y sentí como mi mundo se desmoronaba en ese preciso instante.

Mi esposo, mi primer amor, el que consideré mi alma gemela, me estaba dejando por alguien más, alguien que sí le podía dar hijos.

Por alguien que sin tanto esfuerzo, incontables pruebas de embarazo negativas, medicamentos de fertilidad y muchas oraciones a Dios, había logrado darle lo que siempre anhelamos como matrimonio; un primogénito.

Sin poder evitarlo, me desvanecí en sus brazos y él me soltó una vez estuve sentada en el suelo. Me quedé mirándolo a los ojos y lloré nuevamente en silencio.

—¿Tan poco me amabas como para hacerme esto? —le pregunté con la voz rota y el corazón hecho pedazos.

¡Dolía como el infierno!

—Perdoname, pero el amor por tí se me acabó y no sé cuándo, Zhamira —respondió con voz neutra y allí comprendí que lo que decía era cierto.

Todo tuvo sentido de un segundo a otro.

Su actitud había cambiado hace algunos meses, ya no era el mismo, llegaba más tarde de lo normal a casa, apenas me veía a los ojos y hacia todo lo posible por no dormir conmigo en la misma cama.

Todo con la excusa de que prefería desvelarse viendo películas en el living de la casa.

Dejé caer mis hombros y lo miré por última vez antes de sonreír con tristeza.

—Deseo que ella te pueda dar lo que yo no, que te haga tan feliz como yo no pude hacerlo, que sepa amarte y que ese niño sea tu mayor orgullo —dije sincera y tratando de que mis palabras no sonarán sarcásticas de ningún modo.

Mis deseos eran verdaderos, a pesar del inmenso dolor que sentía en mi corazón, sabía que no tenía caso pedirle que se quedara.

Él no dijo nada más, solo dejó un suave beso en mi frente antes de tomar la maleta tirada en un lugar de la habitación y salir de la misma sin mirar atrás.

Sin poder resistirme más, me acosté en el frío suelo de la habitación que fue testigo de tantas noches de amor entre ambos y lloré como nunca lo había hecho.

Me había quedado sola, no tenía nadie a mi lado para decirme que todo estaba bien y dolía demasiado.

(...)

Bastián Hadid

Meses antes...

Le di una última calada a mi cigarrillo y lo lancé al cenicero apagando lo poco que quedaba del mismo.

Solté el aire de mis pulmones y cerré los ojos durante unos instantes disfrutando de la sensación que el mismo había dejado en mi.

Pero toda la tranquilidad que sentía en ese momento se fue al carajo cuando el sonido de mi teléfono me hizo abrir los ojos de par en par y mirar al frente con odio.

Lo tomé con rapidez y, al mirar la pantalla del mismo, fruncí el ceño al instante.

¿Qué hacía ese imbécil llamándome a esa hora?

—¿Te quedaste sin la pastilla azul y necesitas que vaya por tí a la farmacia, hijo de puta? —respondí la llamada con burla esperando recibir una respuesta igual, pero sin duda me sorprendí al escuchar la voz agitada de mi mejor amigo al otro lado de la línea.

—Necesito de tu ayuda en estos momentos, Bastián —dijo con preocupación.

—¿Qué ocurrió como para que me llames casi de madrugada, idiota? —pregunté con curiosidad y frunciendo el ceño.

Eso era raro en él, nosotros nos veíamos en el club o en la empresa, pero desde hacía tiempo que no teníamos llamadas a tan altas horas de la noche.

Eso ocurría cuando íbamos en la universidad y éramos unos inmaduros del carajo, ahora éramos empresarios importantes y no teníamos tiempo de andar jugando.

Por lo que sabía que algo andaba mal.

—Zhamira quedó en casa sola, no está bien y temo por su vida —al escuchar el mombre de su esposa, me levanté de la cama inmediatamente.

—No entiendo, ¿Qué pasó con ella? —pregunté preocupado, pero sin dar a demostrarlo demasiado.

Zhamira era mi eterno amor prohibido, la única mujer que amaría hasta el resto de mis días.

La había conocido junto a él en la universidad y desde ese día había quedado flechado por su belleza, pero cuando noté como mi mejor amigo comenzaba a coquetearle, decidí alejarme por lealtad a él.

Ellos jamás supieron de mis sentimientos, por lo que estaba dispuesto a irme con ese secreto hasta la tumba.

Jack era mi amigo y Zhamira a pesar de ser el amor de mi vida, su esposa, por lo que había aprendido a tomar distancia y no dar a demostrar mis sentimientos, al menos no frente a la gente.

Absolutamente nadie sabía de la obsesión que tenía con ella, todos creían que solo la veía como una amiga cuando en realidad lo que quería era hacerla mi mujer.

Pero ella estaba casada con él y aparentemente era muy feliz a su lado, así que mis sentimientos estaban de más y no serían jamás rebelados.

—Voy camino al aeropuerto con Olivia, finalmente dejé a Zhamira y no se lo tomó muy bien que digamos —explicó y mi corazón comenzó a latir frenéticamente.

—¿Quién carajos es Olivia y por qué me hablas de esto justo ahora, Jack?

—No puedo darte muchos detalles, mi vuelo saldrá en unos minutos, te llamé porque sé que le tienes aprecio —hizo una pausa y luego continúo—. Necesito que vayas a verla, quedó devastada y temo que pueda cometer una locura —respiré hondo para no mandarlo al carajo y sin más corté la llamada.

Sin pensar en nada, me levanté de la cama y salí corriendo a vestirme para ir a verla. El imbécil de Jack la había dejado tirada como un trapo cuando yo día y noche anhelaba tenerla en mi cama y hacerla mía de todas las maneras posibles.

¡Ese imbécil me había dejado el jodido camino libre, carajo!

Al estar dentro de mí auto, comencé a manejar rápidamente hasta la casa de Jack y sonreí con emoción al comprender que finalmente la vida me estaba sonriendo.

Había anhelado este momento por mucho tiempo, tanto así que pensé en darme la oportunidad con alguien más y tratar de olvidarla, pero por lo visto nuestro destino era estar juntos.

Sin duda no desaprovecharía esa oportunidad que se me estaba presentando, por fin había llegado la hora de hacerla mi mujer.

Bajé del auto al estar frente a la mansión y corrí hasta la entrada de la misma, tomé la llave que se encontraba en la alfombra de la entrada y abrí la puerta de par en par llamando su nombre como loco.

Pero, como era de esperarse, ella jamás respondió.

Comencé a subir las escaleras de dos en dos hasta que finalmente llegué a la habitación de ambos, esa que evitaba mirar cuando venía para no pensar en cómo él imbécil de mi mejor amigo la hacía suya y gemir de placer como yo tanto lo anhelaba.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por su llanto ahogado. Entré a la habitación sin esperar más y la escena frente a mí me dejó inmóvil por unos segundos.

¡Ese imbécil!

Zhamira se encontraba acostada en el piso en posición fetal, llorando como una niña pequeña y con el rostro completamente rojo por el llanto.

Me acerqué a su lado sin decir nada más, me senté a su lado y la abracé atrayéndola a mi cuerpo, dónde pertenecía.

Ella al reconocerme, se aferró a mis brazos y escondió su rostro en mi pecho.

—Estoy aquí contigo, pequeña —le dije en medio de un susurro y ella sollozó aún más fuerte.

—Me dejó por alguien más, Bastián —dijo en medio del llanto y apreté los dientes furioso por verla en esas condiciones.

—Shhh, todo estará bien, mi vida —le prometí y ella negó antes de alejarse de mí para verme a los ojos.

—No es la primera vez que me dejan sola, ya debería de estar acostumbrada al abandono, Bastián —hizo referencia a la muerte de sus padres cuando solo tenía doce años y entendí cómo se sentía porque yo había pasado por lo mismo.

—Pero aquí estoy yo, jamás te dejaré sola —dejé un beso en su boca y ella me miró sorprendida, pero aún así no dijo nada más.

Jack me había dejado el camino libre con ella y estaba dispuesto a hacerla mi mujer, hoy, mañana y siempre.

Al carajo con la lealtad, él fue quién falló primero.