MAREA Y ROCÍO
No quería saber qué hora era, Baekhyun se sentía cansado y su cabeza pesaba contra la almohada. De verdad no quería pero se hizo rápidamente consciente de que la ventana de la habitación se había abierto y de ahí que la brisa húmeda del océano le estuviera pegando la camisola a la espalda. La frescura del techo alto aún no se desvanecía y podría haber vuelto a dormitar, pero entonces la sensación del sudor en sus piernas húmedas le hizo recordar que estaba semi desnudo y si la ventana estaba abierta, solo podía significar que no estaba solo.
El chico alcanzó el extremo cercano de la sabana bajo él y rodó rápidamente hasta envolverse en ella, sólo entonces espabiló lo suficiente para quitarse los tapones de los oídos y mirar frente a él la figura que admiraba el paisaje más allá de la ventana abierta, hacia un cielo que se pintaba violáceo con los primeros rayos del sol a través de la bruma de la costa. Baekhyun se fijó con cierto alivio que el viejo Kang no había dedicado ni una sola mirada hacia él y entonces volvió a recostar la cabeza con un sentido suspiro. Había olvidado que era miércoles, claro que Kang estaría allí.
— Maldición. — se quejó Baekhyun para sí mismo. Su error, debió haber preparado el sofá para dormir en él, o incluso aventurarse a la habitación de las gemelas la noche anterior. De cualquier forma la privacidad era lo único que no existía en aquella casa y en su opinión, eso era lo más perturbador. — ¡Kang!
A pesar del llamado el viejo hombre no se inmuto, siguió con la vista fija en las olas que chocaban contra el pie del acantilado más abajo. Los murmullos que emitía sonaban sibilantes y le ponían a Baekhyun la piel de punta. Simplemente había cosas a las que nunca se acostumbraría.
Puso los tapones de oídos a un lado y tras asegurarse que el hombre no iba a reaccionar ante nada, se puso de pie y alcanzó a vestirse con sus pantalones cortos antes de acercarse al sujeto. Sus ojos blancos estaban fijos en la cresta de las olas, no hubo ni un solo parpadeó, ni un solo respiro. Cuando Baekhyun se posó a su lado el aire gélido lo envolvió y al menos agradeció aquello.
— Kang. — Repitió con un tono más medido. No reaccionó ni lo más mínimo. Baekhyun lo rodeó hasta estar a su espalda, solo ahí noto que los rayos del sol estaban traspasando su figura incorpórea, y prestando atención se dió cuenta que las palabras del viejo hombre ya no eran más que el susurro del viento. Baekhyun hizo una mueca entre alegre y disgustada. — ¡Al fin es tu hora! Diablos pensé que nunca haría que te fueras.
Baekhyun dió una entusiasta palmada, brillos chisporrotearon alrededor y por fin el viejo Kang se giró en su dirección con un parpadeó lento. La luz del sol ya no pudo abrirse paso a través de él y por el contrario formó un halo alrededor de la silueta maltrecha. Baekhyun estaba acostumbrado a ver el cráneo sumido del hombre y el ojo inyectado en sangre haciendo contraste con el blanco que le hacía compañía del lado izquierdo, pero esta vez le causó impresión encontrarse con el rostro de Kang reflejando la juventud y plenitud con la que había muerto hacía tanto tiempo. No había un cráneo roto, no había sangre ni dolor, tan solo un hombre de antaño mirándolo confundido.
— ¿Qué recuerdas? — Le preguntó Baekhyun con una cálida sonrisa.
El hombre levantó una ceja, barrió el pequeño cuerpo de Baekhyun de pies a cabeza y luego volvió a mirar por la ventana. Por una milésima de segundo Baekhyun temió que la escena de siempre fuese a repetirse y que al momento siguiente el fantasma del viejo Kang se lanzara por la ventana hacía las rocas dónde las olas rompían. Como siempre, cada miércoles.
— Antes las almas gemelas llegaban con la marea…— recordó el hombre. Baekhyun torció los labios en una mueca. — Me preguntó qué habrá pasado que ahora uno ya no puede encontrar a su compañero destinado.
Al menos Kang por fin había olvidado su muerte. Baekhyun trató de centrarse en ese pensamiento, barriendo de una las palabras del espectro y pronto sintió el alivio dándole los buenos días. Por fin la habitación sería suya, no más repeticiones del suicidio de Kang por las mañanas.
— Tal vez todas esas almas ya han arribado a tierra, capitán. — Las manos de Baekhyun fueron llenándose de una luz cálida, las chispas parecían un confeti que celebraba una despedida- Tal vez ahora ellos sueñan que nosotros lleguemos con el rocío de las mañanas.
Kang volvió a mirarlo, sus ojos castaños brillaban esta vez. Baekhyun posó una resplandeciente mano sobre el hombro huesudo del fantasma y la luz pareció llenar las venas por las que alguna vez, hace mucho, corrió sangre.
— Tal vez…— dijo Kang. No había más pesadumbre en su voz. No quedaba nada de qué arrepentirse.
— Buen viaje, viejo amigo.
Hubo una ligera muestra de confusión en la expresión del hombre pero con un par de movimientos de su mano libre Baekhyun hizo crecer la luz dentro del fantasma y antes de que se diera cuenta Kang había desaparecido en una pequeña lluvia de estrellas diminutas y rocío dorado.
Baekhyun suspiró largamente mientras cerraba la ventana para que no entrara el bochorno del amanecer. Soltó después un bostezo de camino a la enorme cama y rodó los ojos con cierto fastidio.
— Qué envidia. — Murmuró antes de dejarse caer en la cama, mirando los restos del alma trascendida. — Y qué estupideces, Kang.
La siguiente vez que despertó, Baekhyun aún recordaba su sueño. Recordaba las crestas de las olas y la forma en que rompían como espuma en la costa bajo el faro. Recordaba como un par de ojos surgían entre el agua y hacía a su corazón saltar en su pecho, esperanzado, esperando llamarlo “destino”. Cuando espabiló Baekhyun estaba de mal humor.
— Qué estupideces Kang. —Repitió al dejar la cama y lo siguió pensando todo el camino hasta las escaleras, después de cruzar el pasillos de habitaciones vacías. Baekhyun rodó los ojos y habló con un tono chillón. — “Tal vez ahora ellos nos esperan en el rocío”. ¡¿De dónde diablos saqué tremenda estupidez?!
Baekhyun sacudió el cuerpo, como si con ello pudiera quitarse la vergüenza de sus propias palabras.
— ¡Si alguien llega a tocar el tema otra vez la única despedida que tendrán será de esta casa! — Gritó Baekhyun al aire. De inmediato un coro de murmullos llenó la casa y las paredes parecieron temblar ante el reclamo colectivo. — ¡Sí, sí!, sí querían fuego y pasión debieron largarse a otro santuario. En ningún jodido lugar dice que les debo cumplir sus caprichos. Arreglen sus asuntos. ¡Y de preferencia no los arreglen en mi habitación! Gracias.
La madera de las escaleras se quejó ante cada paso furioso mientras descendía a la planta baja. Tampoco era culpa de ellos, pero Baekhyun tenía todos los motivos para descartar la discusión mientras él liderara aquella casa, y mientras tanto tener una ración de desilusión no era su estándar de “buen día”.
Cuando alcanzó la cocina y se encontró a Jongin comiendo cereal sobre la mesada, con la radio encendida a su costado, casi hecho un ovillo sobre la cerámica y abrazando su tazón contra el pecho, Baekhyun no encontró la paciencia para ser un buen amigo.
— Deberías dejar de venir si tanto te molesta. — Le soltó yendo directo a la alacena de víveres. No quería el desabrido cereal que Jongin llamaba desayuno. Trató de abrir la gaveta pero la bisagra finalmente se había rendido al óxido y la puertecilla estaba atorada. La vena en su frente se sobresaltó. — ¡Claro que sí!, ¡buenos y jodidos días a todos!
Cereal tendría que ser. De todos modos no era como si tuviera muchas más opciones ahí dentro. Baekhyun pateó la pequeña puerta, causando un crujido metálico.
Jongin saltó, aún encogido sobre sí mismo, sin tragar su cereal y mirando casi frenéticamente hacía todos lados. Baekhyun se sintió un poco mal al notar las bolsas repletas de comida junto a la estufa, cerca de su amigo. Le pareció ver un paquete de ramyon pero supuso que había arruinado el momento para tomarlo descaradamente. Respiro profundo en su lugar.
Era miércoles. Jodidos miércoles.
Los murmullos seguían haciendo temblar las paredes.
— Lo siento. — Se disculpó rápidamente Baekhyun, a sabiendas de que no era suficiente. Sus manos volvieron a brillar, esta vez con una luz tenue pero cálida. Una verdadera disculpa. Tocó con ella la pared detrás de la estufa y al segundo siguiente los murmullos pararon. La calma regresó a la casa y Baekhyun intentó esta vez abrir la gaveta de los platos. Cedió sin problemas y en el plato que alcanzó se sirvió las hojuelas pálidas que Jongin había llevado. El bajito se subió a la mesada y se sentó junto al otro chico. — ¿Mejor?
Jongin no lo miró, hizo un cauteloso recorrido de la cocina antes de asentir lentamente.
— Creo que Haun quiso lanzarme un par de cuchillos, los ví tambalearse de la trinchera ¿está aquí?
Baekhyun miró al fantasma recargado contra la puerta trasera, el chico estaba sonriendo de una forma que no ocultaba sus intenciones.
— Sí, creo que es probable. — Después de todo Haun tenía mala fama con las cosas filosas y se sabía que solo necesitaba la mínima provocación. — Despedí al viejo Kang a primera hora, estoy un poco irritable, lo siento.
Jongin asintió lentamente, aún perdido en sus pensamientos. Tardó en reaccionar todo el tiempo que le tomó a Haun hacer una reverencia a Baekhyun y atravesar la pared para desaparecer. Baekhyun agitó una mano en el aire para él.
— Espera ¿qué?— Jongin se veía cómicamente sorprendido. — ¿El eterno enamorado lo logró?
Baekhyun devoró la mitad del cereal antes de responder.
— Creo que más bien se resignó.
— Sí, bueno, por eso saltó desde el segundo piso hacía las rocas, en primer lugar.
Baekhyun rodó los ojos, aunque había cierta gracia en el gesto.
— Lo que quiero decir es que completó su ciclo. — Baekhyun se encogió de hombros. — No es como que puedas escaparte de estas cosas. Si no encontró a su destino en esta vida, en la siguiente será. Solo debía dejar de aferrarse.
— Y dejar de acosarte mientras dormías. — Coincidió Jongin. Ambos se quedaron en silencio. — Creo que lo entiendo. Solo me sorprende el tiempo que le tomó.
— Cada quién supera sus dolores a su ritmo. — Y vaya que Baekhyun sabía de eso.
— Ajá, pero incluso pensaba que ese tipo era más antiguo que la casa. — Jongin se rió por lo bajo. — Apuesto a que está en el papeleo de la herencia, ¿eso hace que ahora valga menos?
No era un buen chiste ni para Baekhyun pero no tuvo tiempo de corregirlo cuando el tazón de su amigo fue arrebatado de sus manos y estalló en la pared de al lado. Baekhyun cerró los ojos y contó hasta cinco mientras Jongin gritaba aterrado.
— Fue Hannah. — Informó de inmediato al mismo tiempo que le daba una mala mirada a la chica en cuestión. La fantasma hizo un ademán de querer golpear a Jongin y la verdad es que Baekhyun lo habría aprobado, pero la chica simplemente siguió su camino hacia el jardín trasero, hacia el faro. — No le gusta que insinúen que hay algún ente más viejo que ella, al parecer.
La chica se detuvo en la puerta con una mirada de reproche hacia Baekhyun, quién le guiñó en burla.
— Lo siento, lo siento, lo siento. No quería insultarla, señorita Hannah, no va a volver a pasar lo prometo…
— Jongin, ya se fué. — Baekhyun terminó su cereal antes de ir a por la escoba y limpiar la escena que su tatara tía había montado. — Y de todos modos tienes razón. Kang era el que más tiempo llevaba aquí, era su casa antes de pertenecer a los Byun, de todos modos. A Hannah solo le molesta tu pobre sentido del humor.
“Y que se metan con su hogar”, pero no había necesidad de tantas explicaciones.
Jongin se llevó una mano al corazón y se recostó en la pared tras él con los ojos cerrados. Le tomó un par de respiraciones el calmarse. Baekhyun volvió a pensar que tal vez sería mejor para él dejar de visitarlo, pero aquello no era algo que fuera a admitir en voz alta estando en pleno uso de sus sentidos.
— Aaaah, alguno de estos días al que tendrás que despedir será a mí. — Jongin lo miró con una pequeña sonrisa, aún afectado.
No era tan común que los espectros lo atacaran y de todos modos él tenía suficiente con los espejismos y los ruidos esporádicos comunes de la villa de los Byun. Baekhyun apretó los dientes con la simple suposición y deseó que Hannah de verdad lo hubiera golpeado a él y su humor de mierda. El chico fue a reencontrarse con Jongin en la mesada y le extendió una mano abierta. Su amigo la tomó en automático.
— Es una bendición que me alimentes Jongin, pero si sigues haciendo este tipo de chistes no te dejaré entrar aquí de nuevo.
Ahí donde sus manos se unían un nuevo brillo nació, las pequeñas pulsaciones lumínicas penetraron bajo la piel morena del más joven y corrieron veloces hasta su pecho. Baekhyun lo sintió tranquilo y ligero de inmediato y cuando miró, los ojos de Jongin reflejaban el mismo cariño que Baekhyun sentía.
— Deja de volverlo incómodo. — Jongin le golpeó la cabeza con una palmada y Baekhyun le respondió con una mueca. — Me agradas demasiado como para dejarte a tu suerte y que te conviertas en un fantasma más de la casa, Byun.
Baekhyun lo soltó y lo miró por debajo del castaño cabello desordenado.
— Bueno, lo mismo digo. — Jongin pareció caer en cuenta de que su comentario anterior estaba muy por encima de la tolerancia del más bajo. Baekhyun negó rápidamente, identificando la culpa en la expresión contraria. — Si mueres antes que yo, asegurate de ascender en otro lugar, puedo buscarte algunas buenas referencias si quieres.
— Alguna que sí tenga cinco estrellas, por favor. —Jongin se puso de pie en un salto y comenzó a sacar los paquetes de comida de las bolsas. — No es por ser grosero, pero al parecer tienes un pésimo servicio.
Baekhyun se permitió reír.
— ¿Cuántas estrellas crees que me habría puesto el viejo Kang si fuera posible?
Jongin recargó la cadera en la superficie de cerámica y miró al techo pensativo.
— Viendo cómo alteraste a todos… una habría sido demasiado.
Baekhyun rodó los ojos con cierta malicia, como otorgando la razón. No iba a ahondar en el tema.
— Tuvo suerte de que fuera amable. — Declaró Baekhyun cuadrando los hombros y acercándose a mirar las compras. El estómago se le apretó al ver la enorme caja de galletas de fresa que había al frente. — Pero yo tengo más suerte de tenerte a ti.
Jongin le dió un manotazo cuando trató de alcanzar los dulces
— Por supuesto, yo no te miro el culo mientras duermes.
— No puedes. — Baekhyun le lanzó un beso desde lejos, rodeándolo para intentar robar las galletas desde otro ángulo. Estiró la mano rápidamente pero la caja se desvaneció en el aire y solo alcanzó a tocar la bolsa de arroz que había más allá. — ¡Dame una galleta!
Jongin tenía ahora la caja en su mano derecha y le frunció el ceño con desdén.
— No. Revisé tu despensa y a menos que los duendes se hayan vuelto en tu contra, los dulces es lo único que has comido desde la última vez que estuve aquí. — En un parpadeo, la caja volvió a desaparecer bajo el poder de su amigo, la escuchó caer suavemente en la gaveta superior, la que tenía candado. Baekhyun miró muy mal al chico, y de paso a los duendecillos que corrieron por encima de su cabeza en busca de un escondite. Pequeñas y traidoras criaturas. — Sabes que no me puedo dar el lujo de visitarte a menudo, agradecería que cumplieras tus promesas mientras tanto.
Jongin se dispuso a meter las verduras en el viejo frigorífico. Baekhyun se cruzó de brazos en cuanto le dió la espalda.
— No rompí ninguna promesa. — Se quejó.
— ¿Oh? — El moreno ni siquiera se giró a mirarlo. — Recapitulemos: No puedes salir de esta casa. El invernadero no te da más que problemas desde que te niegas a encender el faro y los duendes no son precisamente los mejores para hacer mandados. Así que, además de lo que te traigo, ¿a qué llamarías “comer saludable”?
Baekhyun se rindió de inmediato. Sí, había roto su promesa pero no era la más importante, de todos modos. Se acercó a ayudarlo a desempacar las pocas frutas.
— Los dulces son lo único que me mantiene alejado de la locura.
Jongin rió. Habían terminado. Tomó los paquetes de ramen que habían quedado atrás y se los mostró a Baekhyun con una ceja alzada.
— Los dulces y yo. — Lo corrigió. — No me obligues a hacer otro trato con los duendes para vigilarte, aún no supero el pasado.
Fue evidente para Baekhyun que los escalofríos lo recorrieron y se sintió infinitamente conmovido al recordar ese pequeño detalle. A pesar de ser un llorón, Jongin era el único vínculo que tenía con el mundo exterior y seguía aventurandose dentro de aquel santuario con tal de no dejarlo solo, como todos habían hecho antes.
— Tendré piedad. — Bromeó Baekhyun pero aceptó que debía intentar ser un mejor amigo.
— Gracias. — Jongin miró alrededor con cautela antes de dirigir su atención a Baekhyun. La pregunta bailaba en su expresión pero igual esperó a que el chico hablara. — ¿Me puedo quedar un poco más o debo prepararme para huir?
Baekhyun sonrió tenuemente y echó un ojo a la cocina, incluso se cercioró de que el pasillo y el patio estuvieran despejados.
— Todo limpio.
Jongin suspiró y volvió a sentarse en la mesada, esta vez subiendo el volumen de la radio y cambiando la estación para deshacerse de la estática y escuchar algún programa real. Aquella era la razón por la que nadie en el pueblo, además de Jongin, se atrevía a entrar en la villa a menos que fuera estrictamente necesario. Los espectros solían ser unas sanguijuelas bastante fastidiosas si detectaban algún buen poder. Tras tantos años visitándolo, Jongin se había vuelto como un caramelo para todas las almas que aún no transcendían. Baekhyun entendía cuán agotador era. Incluso peligroso si él no estaba alrededor para controlarlos.
— Aprovechando el poco tiempo que tenemos… ¿Te enteraste de lo del Purgatorio? — Jongin seguía moviendo las perillas de la radio, buscando sintonizar alguna buena estación. Baekhyun se sonrojó ligeramente ante la mención del santuario. Eran celos, se recordó. — Han estado diciendo que la familia se está volviendo un caos por el heredero menor.
Las orejas de Baekhyun se tornaron rojas mientras carraspeaba, Jongin lo miró con la ceja alzada.
— No he tenido tiempo para saber nada de otros santuarios. Ni siquiera he tenido suficiente tiempo aquí. — Baekhyun replicó, y no era una mentira, las almas habían estado llegando con más frecuencia últimamente. — Aunque supongo que si están teniendo problemas eso explicaría por qué yo estoy teniendo tanto trabajo.
Jongin abrió más los ojos. Él deseaba el chisme completo.
— En la radio no han dicho casi nada. Solo que el tipo ha estado muy ausente y casi no se le ha visto. — Jongin rememoró con una mano rascando su mejilla. No estaba viendo a su amigo, si no a algún punto en el techo. — ¿No es él el que te…?
— No. No es. — Lo cortó Baekhyun en seco, cruzando los brazos. Jongin hizo un esfuerzo por ocultar su sonrisa. Falló.
— ¿Tus fantasmas no saben nada al respecto? — La insistencia sobre el tema le resultaba trivial pero cuando el castaño le puso atención a la expresión de su amigo cayó en cuenta de que en realidad estaba auténticamente preocupado. — ¿No has notado nada extraño?
Entonces eso era. El interés de Jongin por su bienestar lo conmovió al punto de querer abrazarlo. Y lo hizo.
— Que aquellos inútiles hambrientos de fama tengan problemas con sus almas, no quiere decir que seamos iguales. — Jongin le acarició el cabello como si fuera un niño pequeño, casi siempre se sentía así. — Pero respondiendo: no hay nada raro, solo más refugiados de lo habitual.
Jongin se puso de pie, apenas tocó las baldosas del suelo se tambaleó en señal de mareo y solo entonces Baekhyun se dió cuenta de que estaba pálido y que Chosung se asomaba por el pasillo con un brazo estirada hacia el moreno. Baekhyun medio trotó hacia el fantasma y puso una mano llena de luz sobre la del espectro, quien lo miró con los ojos entornados y luego se alejó.
Jongin suspiró.
— Esa es mi señal para irme. — Baekhyun sintió como se formaba el conocido vacío en su pecho. Asintió de mala gana. — Tal vez deberías preguntarles. No sé mucho de estas cosas, pero creo que si hay problemas en uno de los santuarios más importantes del país, podría estar pasando algo malo con las almas…
Ni siquiera había terminado la oración cuando un nuevo coro de reclamos se levantó. Las paredes comenzaron a vibrar de nuevo y Jongin se encogió sobre sí mismo. Baekhyun trató de apaciguar a los espectros de nuevo pero fue ignorado.
El castaño miró un buen rato a Jongin con cierta añoranza hasta que finalmente suspiró y lo señaló con la barbilla.
— Vete. Te veré después y les preguntaré a quiénes están ya en el faro. — Jongin comenzó a retroceder de inmediato, a paso lento pero obedeciendo. — Ellos son más amigables.
Baekhyun resplandeció de pies a cabeza, como un flash efímero, la casa se cubrió por completo de una fina estela de luz, pero las almas, molestas por el comentario de Jongin, siguieron maldiciendo y gruñendo. Al menos ahora de forma consciente y no como una mera reacción.
Cuando Baekhyun miró, Jongin ya se había esfumado.
— Si hay algo que quieran compartir, por favor háganlo. — Baekhyun alzó las manos en signo de tregua y caminó de espaldas hacía la puerta que daba al patio. — No tiene que ser ahora, no tiene que ser aquí. Reflexionenlo.
La cálida brisa del océano lo recibió cuando cruzó la puerta y salió al patio trasero. El aire húmedo le hizo estornudar y perdió el equilibrio por apenas un segundo. Haun estuvo a su lado de inmediato; sintió la gélida mano sostenerlo desde el codo y como las finas uñas del chico se clavaban en su piel. Baekhyun se retiró con un salto y lo miró con los ojos entrecerrados. El cabello corto de Haun enmarcaba los pómulos altos y el semblante duro de su rostro. Era un chico joven, tal vez más joven que el propio Baekhyun, pero hasta la fecha, después de tres meses conviviendo con él, aún no sabía cuál había sido la causa de su muerte y aquello era lo que seguía impidiendo que pudiera darle su despedida. A pesar de su afición por los objetos punzo cortantes el chico era inofensivo y casi siempre bien intencionado. Baekhyun podría decir que era casi de confianza, por lo que se le volvió a acercar hasta mirar de cerca sus oscuros ojos.
— ¿Tú sabes algo acerca de lo que dijo Jongin? — Haun sonrió amplio pero no emitió ningún sonido. Baekhyun bufó en su cara. — Hoy el clima está muy lindo, ¿no crees? Debe haber una vista increíble desde el faro.
La sonrisa en el rostro pálido del fantasma se desvaneció rápidamente. Haun invadió su espacio personal al acercarse a escasos centímetros.
— ¿Me estás ofreciendo un pase rápido? — Preguntó el espectro ansioso. Baekhyun se mordió el interior de la mejilla.
— Si hay algo que deba saber… — Haun comenzó a asentir casi con ferocidad, Baekhyun lo juzgó por un momento. Era verdad que los espíritus en el faro eran sus favoritos, mucho más cercanos a ascender y por lo tanto muchísimo más tranquilos y manejables. Pero a esas alturas, sus memorias debían estar casi en ceros y no iba a servir de mucho hablar con ellos. Haun era una buena opción, justo a medio camino entre el caos y la paz. El castaño suspiró resignado. En parte se lo debía a Jongin — Te puedo ofrecer una vía más rápida, sí.
Haun dió un par de saltitos a su alrededor, luego se puso a su espalda y lo tomó por los hombros, girando y guiandolos al imponente faro frente a ellos. Era como la torre de un antiguo castillo que se alzaba sobre las rocas desnudas, perfilando el acantilado, el fin del pueblo. La hierba crecía por aquí y por allá, manchando de motas verdes la piedra grisácea y delatando el desuso. Baekhyun se sacudió al fantasma de encima y lo encaró.
— Primero cuéntame. — Le demandó.
Haun rodó los ojos con desagrado. Luego señaló el faro más allá, cruzando el patio.
— Quiero ir allá. Ahí Byun, al faro. — Por supuesto, todos querían. Era como la tierra prometida para las almas. Y Haun en especial estaba desesperado por llegar a subir esa torre de piedras y encender la luz en la cima, por ello pasaba la mayor parte de su tiempo en el patio. Por eso, debía ser fácil manipularlo para tener la información que quería. — Sólo déjame entrar ya, por favor. Hablemos adentro.
— Aunque te deje entrar, me necesitas a mí para subir. — Baekhyun fue a tomarle el frío rostro por las mejillas y lo obligó a mirarlo. — Ahora, por lo que entiendo, sabes algo sobre el Purgatorio y su Legado, y si hay alguna relación por la que tú, por ejemplo estés aquí y no allá si lo que quieres es dejar este mundo con tanta urgencia.
Haun se sacudió el agarre de Baekhyun, trató de tomarlo de nuevo pero sus manos pasaron a través del espectro. Tal vez solo debería dejarlo estar, no era realmente su problema.
Baekhyun levantó las manos y comenzó a andar hacia el faro él solo. Sintió la presencia de Haun siguiéndolo y enseguida, con un movimiento horizontal de su mano izquierda, el castaño marcó una barrera de luz entre el faro y el resto del patio. Haun lo miró con los ojos muy abiertos, casi se veía herido.
Baekhyun le sostuvo la mirada durante cuatro segundos antes de ver el cambio. El semblante del fantasma cambió, entonces ya no era el joven sagaz y apuesto que paseaba entre la cocina y el patio. Había una mancha enorme y rojiza en el frente de su camisa de por sí oscura. Poniendo más atención se dió cuenta que sobre su corazón colgaba una navaja y su rostro estaba repleto de pequeños cortes y rasguños. Había tenido una muerte violenta.
— Primero fuí víctima, pero al parecer me convertí en agresor casi al mismo tiempo, al defenderme. — Haun sacó la navaja del pecho, guardó la hoja y se la extendió a Baekhyun desde el otro lado de la barrera. Accediendo, Baekhyun se deshizo de la luz que los separaba.— Esa otra persona fue al Purgatorio, quise seguirlo hasta allá pero… no soy, ni fuí una mala persona… Me dí cuenta que ese lugar no era para mí.
Baekhyun tocó la forma irregular de la navaja. Realmente no existía, no estaba ahí, pero a la vez lo estaba porque Haun la tenía. Solo un toque y entendió a qué se refería el chico. La corriente que le recorrió el cuerpo se sintió ajena pero intensa, fue como un gancho al estómago y le provocó náuseas. Se sintió como si se estuviera llenando de lodo, ahogándose desde dentro. Se alejó de inmediato.
— Pero ¿cómo…?
Baekhyun habría abogado antes que el Purgatorio podía ser intimidante, pero solo por el nombre porque en realidad no había mucha diferencia entre lo que él hacía ahí y lo que los Park hacían en su propio santuario. Pero entendió que algo estaba muy mal si este chico, tan próximo a alcanzar su iluminación, seguía cargando con el horror de alguien más.
Entonces Jongin tenía razón, el Purgatorio y el Legado de los Park debían estar hechos un caos.
— ¡Debiste decirme antes! — Baekhyun tomó la helada mano de Haun y lo arrastró con él hacia el faro. El fantasma se descolocó por un momento antes de recuperar la sonrisa al verse cerca de la gran torre. — Si pudiera ir a quemarlos yo mismo lo haría, ¿cómo es posible que los “poderosos” representantes de las almas en Corea sean tan incompetentes? Deberían darme las donaciones a mí que estoy haciendo todo su trabajo.
Recluido en la punta más lejana del pequeño pueblo costero, Baekhyun dudaba que la gente de afuera siquiera supiera de su existencia. Nadie más que los espíritus, y por supuesto todos sus vecinos, que más que nada estaban cansados de él y su excéntrica vida. No es como que Baekhyun la hubiera deseado, de todos modos.
Al cruzar la pesada puerta de metal oxidado Baekhyun y Haun se encontraron con la amplia y vacía base de la torre, las baldosas de piedra estaban húmedas por el goteo salino que venía del techo y se podían ver pequeños desniveles donde esas goteras habían erosionado el suelo. Haun estaba atónito y no lo siguió cuando se dirigió a la escalera.
— Haun. — Lo llamó, el espectro lo miró desorientado pero al cabo de un segundo lo tuvo a su lado, interesado. — Tendremos que ver hasta dónde llegas por tu cuenta. Son cuatro tramos de escalera antes de llegar a la linterna, conforme subas debes olvidar todo sobre esta vida. Pero si te resistes y te aferras a algo, aunque sea la mínima cosa, podrías alterar el portal y quedarte varado. O incluso cerrarlo, así que necesito saber que esto es lo que quieres y que estás comprometido.
Haun ladeó la cabeza, sí entendía pero se sentía aturdido, el llamado de la linterna era fuerte, como un tambor grave marcando la marcha, o el latido de su corazón. Ahora tenía sentido que solo Baekhyun, las gemelas y las almas purificadas pudieran entrar ahí. Haun deseaba poder simplemente estar allá arriba, atraído como como una polilla.
— Para eso estás tú aquí, ¿no? — Haun tarareó comenzando a subir los primeros escalones. Baekhyun se apresuró a ir tras él. El fantasma se volvió a retirar la navaja del pecho y la miró un momento. — Quiero deshacerme de esto.
Baekhyun puso su mano brillante sobre la pálida y gélida que sostenía el arma. Haun se sintió cálido en ese momento, el repiqueteo de la linterna pareció apaciguarse.
— Bien, confía en mí. Esto será una despedida muy rápida, tal vez más de lo que querías. — Con la mano libre Baekhyun señaló el curso serpenteante de la escalera, una fina estela se dibujó en el aire como un hilo dorado que emitía un ritmo más lento que el tambor, pero igual de hipnotizante. — Sólo sigue las luces, estoy contigo.