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23 de abril, 2022. Un día fresco donde las hojas por algún motivo están brotando. ¿Es la época correcta para eso? No lo sé, quizá lo que veo a través del cristal no sea más que la locura de mi mente invitándome a dejar el computador y convivir con el mundo real. Ya ni siquiera sé si mis dedos duelen o si la sangre brota de ellos, a diferencia de años atrás donde escribir era tan divertido que incluso lograba hacerlo sin cansar mis manos.
Mi vista se distrae un segundo y viaja al gran estante a mi lado que contiene miles de historias de un romance enloquecido que por alguna razón logró hacer que todo un público pensara que era la mano derecha de cupido.
Un joven enamorado y sonriente que invitaba a los demás a leerlo y cuidarlo, porque era muy inofensivo para este mundo.
Marco un punto final e imprimo las palabras fuera del monitor. Mi reloj pita e indica que mis 10 minutos de descanso han llegado. El cielo ya está oscuro y las agujas marcan las 3:40 de la madrugada. Me pongo de pie sin siquiera estirarme y cruzo la puerta que me une a la recámara encontrando una cama vacía. Elevo mi rostro y admiro el vivaz cuadro de bodas sobre la pared en la que se respalda la cama. Lleno de juventud, hermosura, inocencia y compañerismo.
Bajo las escaleras hasta el primer piso y busco directamente un vaso de agua. Muevo mis pies velozmente hasta la sala de estar y me detengo. Un frágil y delicado cuerpo adorna la superficie del sillón, con un sueño tranquilo. Me dirijo hacia ella sin hacer ruido, arrodillo mi cuerpo frente a su rostro y admiro su paz al dormir. Veo cómo sus manos sostienen con fuerza un sobre y lo retiro de ellas, para luego abrirlo y comprobar de qué se trata.
La palabra "Negativo" ya no es una sorpresa para ninguno de los dos, sin embargo, su delgadez me deja ver lo difícil que debe estar siendo para ella. Dejo el papel en la mesa y estiro mi mano para acariciar su cabello pero el pitido de mi reloj me hace retroceder inmediatamente para cubrir el ruido y alejarme, dejando aquel tacto perdido en algún lugar de la línea tiempo.
Vuelvo a la oficina y retiro la hoja que he impreso. Al leer el contenido mi ceño se frunce mientras mi espalda se desliza contra la puerta hasta dejarme en el suelo. El papel es arrugado y enviado junto a los demás que yacen en las frías losas. Mis lágrimas caen en silencio.
Como acostumbré a sufrir por tanto tiempo.
—¡¿Crees que esto es una broma?!
Los papeles son lanzados sobre mi rostro hinchado. Todos en la mesa se sorprenden, mi mánager intenta controlar la situación sin sonar brusco.
—Señor Smith...
—¡No me interesa que seas un Best Seller, no te da derecho a ti ni a ninguno de los demás escritores a jugar con nuestra empresa.
—¿Acaso he hecho algo?
Suelto aquella pregunta sin ningún respeto de por medio y sin ninguna emoción. Todos lucen sorprendido por mi falta de empatía.
—¿Hacernos esperar seis meses por un manuscrito que nunca llegó no te parece un juego?
El reproche viene de Gilbert Smith, el director de la editorial.
Con poca emoción y sin ganas de ceder ante los deseos de mi mánager para que guarde silencio, elevo mi tétrica mirada.
—¿No están ustedes ganando dinero bajo mi nombre de igual forma?
La única respuesta que obtuve fue un golpe en mi cara que hizo a todos quedar en silencio.
El director respira con dificultad, insultado. Me señala e inmediatamente habla.
—¿Dinero? ¿Crees que la razón por la que te mantengo aquí es únicamente por dinero? —ríe sin ánimos—. Te ofrecí un contrato porque vi a un chico con talento y vocación, no me interesa si te conviertes en una mina de dinero si ni siquiera puedes volver a escribir una historia con la que tus lectores puedan conectar. ¿Sabes por qué es eso? Porque estás escribiendo por la obligación de hacerlo, porque tienes en mente que ganarás dinero con cualquier cosa que hagas porque ya tienes un nombre hecho pero no, Edam.
—Usted...
—No me interesa si es un juego para ti, porque nosotros no dependemos exclusivamente de tu persona aunque así parezca. —explica—. Podemos hacer de cualquier escritor joven una mina de diamantes así como te están superando muchos sin nuestro apoyo. No des por sentado nada en este mundo donde incluso los fans más leales se retiran una vez que dejan de conseguir aquello por lo que te idolatran.
—Él trabajará fuerte. —trata de negociar mi mánager—. Mire su rostro, ni siquiera ha podido dormir por estar escribiendo, ¿Verdad, Edam?
El director lo ignora y no deja de mirarme mientras me mantengo cabizbajo.
—Piensa en aquello que te motivaba a escribir esas historias de amor que hacían a las personas querer vivir entre tus letras y tráeme un manuscrito. Si ni siquiera eres capaz de volver a tu esencia, entonces es mejor que no vuelvas aquí a menos que traigas una carta de renuncia en tus manos.
Aquellas duras palabras finalizan la oración que lo hace salir de la sala dejando a todos perplejos. Mis ojos se inyectan de sangre pero no lloro.
James, mi mánager, toca mi hombro intentando darme apoyo. Me levanto bruscamente y recojo mis cosas con la intención de salir del lugar.
Llego a la gran puerta de cristal que permite la entrada y salida al gran edificio de la editorial Lederkt mientras me mantengo ignorando los gritos de James.
—¡Edam, espera! —grita, sin éxito—. ¡Müller!
Me detengo bruscamente al escuchar el apellido que ya no pertenece a mi nombre. Mi pecho sube y baja con fuerza y camino hacia él con la intención de pegarle.
—Puedes pegarme todo lo que quieras, Edam. —informa—. Pero si no quieres escucharme como tu mánager, al menos déjame darte un consejo como tu amigo.
—No necesito un cons-
—Edam, la última vez hiciste plagio solo por salir del paso, esto ya no es una simple situación qué pueda controlar. Estabas en la cima, ¿Qué pasó con el chico que se esmeraba en hacer de cada párrafo algo memorable? Amigo, estás hundiendo tu carrera y te estás hundiendo a ti y a mí en el proceso.
Respiro, frustrado.
—Tengo dinero para pagarte aunque n-
—¡No se trata del dinero! —grita, llamando la atención de mucha gente en la calle—. Se trata de ti y en lo que te estás convirtiendo. Solo dime qué te pasa, yo podría ayud-
—No lo sé.
—Edam, por fav-
—¡Realmente no lo sé! —ahora soy yo quien grita, frustrado—. No lo sé, nada de lo que escribo tiene sentido yo... simplemente ya no puedo sentir lo mismo que sentía cuando escribí esos libros.
—¿Has hablado con Alexa? —pregunta—. Hermano, ella podría entenderte, incluso ayudarte.
Niego, con cansancio.
—Cuando le pedí que nos casáramos tan jóvenes, le prometí que si ella me daba su apellido yo le daría todo lo que tengo. —explico—. ¿Cómo crees que se sentiría al saber que a pesar de su esfuerzo me he convertido en un don nadie sin futuro? Mientras pueda encontrar la forma de hacer dinero para darle todo lo que una vez le prometí no me importa pasar todas las noches en vela incluso si lo que hago no es tan bueno o de tanta calidad, siempre y cuando pueda darme un buen ingreso. Quiero hacerme un buen nombre para que nunca sienta vergüenza de mí como yo la sentí de mi padre a pesar de ser un hombre rico. Sin embargo, también quiero hacer el suficiente dinero para estar consciente de que si algún día me jubilo e incluso si muero, ella nunca tenga que ser tratada como menos otra vez solo por no tener lo mismo que esos ricos asquerosos.
Mi amigo me observa con desaprobación y aleja la mano que he posado en su hombro.
—Estoy seguro que has olvidado qué era realmente lo que deseaba Alexa a cambio de darte su apellido.
Mi cuerpo agotado no se inmuta cuando cruza por mi lado con prisa y se aleja, enojado.
Veo las múltiples llamadas perdidas en mi teléfono y no respondo, solo lo guardo en mi ropa y camino al bar más cercano.