La Marca del Cuervo

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Summary

Soy algo que no entienden pero deberían de saber. Lo desconocido en un aroma conocido. Soy la destrucción para aquellos que me conocen y la salvación para los que no. Soy la llama de la vida y el hielo de la muerte. Yo soy la marca del cuervo.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

Corría por el bosque, perdida en mis pensamientos, oyendo los aullidos de los lobos, y huyendo para que no me matasen.

Oía los aullidos más cerca, y cuando quise girarme a ver si estaban tan cerca como mis oídos me hacían creer, me tropecé cayendo al suelo.

Un grito de dolor salió involuntariamente de mis labios, al mismo tiempo que me sentaba en la fría tierra, sintiendo el dolor de mi pierna.

El miedo recorrió mi sistema cuando ví a un lobo gris aparecer en mi campo visual y el terror cuando posicionó sus ojos negros sobre mi.

Acercándose a paso lento, debía disfrutar de esto, no tenía miedo, estaba aterrorizada, hasta que intenté moverme y corrió hacia mí, abriendo su boca en cuando estuvo a mi lado...


Desperté gritando y por el sonido del despertador. Esto ya era algo habitual en mi vida, las pesadillas se repetían cada noche, todas distintas.

Al no haber nadie en mi piso, nadie se asustó, nadie vino asustado a mi cuarto o preocupado por lo que me pasaba. Limpie las lágrimas de mis ojos y me fui al baño a ducharme.

Pensaba en aquel sueño, nunca lo había sentido tan cercano, como si de verdad me fuesen a matar a mi, ya que siempre los veía como si yo fuese un espectador, pero eso no quitaba el miedo.

Después de cambiarme, salí de mi piso, dispuesta a comprar un té de camino a la universidad, demasiado despierta como para tomarme un café. Cuando llegué a la pequeña cafetería cercana a mi casa, la camarera me sonrió y yo le sonreí de vuelta.

-Pero bueno, nuestra clienta habitual, ¿lo de siempre, no? - asentí y ella comenzó a prepararlo mientras me dedicaba a observar tonterías en el móvil, hasta que sentí que alguien me observaba.

Me giré y pude observar unos hipnotizantes ojos verdes, que me observaban desde el fondo se la cafetería, hasta que oí que alguien me llamaba, no me había dado cuenta de que me había quedado mirando a aquel chico embobada.

Cogí mi té y salí de allí, extrañada por mi comportamiento, había sentido como si me controlasen o algo.

Llegué a la universidad, donde una alegre Lily, mi mejor amiga, me recibía con los brazos abiertos e impaciente por verme.

-¡Raven! - y así era, ese era mi nombre. Le devolví una mueca, pero haciendo un esfuerzo para que fuese una sonrisa. -Alegra ese mal humor, es el primer día de universidad, ¿No estás entusiasmada? -a Lily le entusiasmaba todo, que cortaban su calle, que alegría, que se rompía una pierna, había sido el destino, era la alegría en persona.

-No quepo en mí de gozo... -había dicho esto con una sonrisa bastante sarcástica mientras ella intentaba, literalmente, levantarme las comisuras de los labios lara provocarme una sonrisa, cosa que no funcionó.

-Bueno, ten mejor humor Raven, no vas a morir por sonreír. -Le dediqué una sonrisa que, aunque fuese falsa, hizo que Lily se fuese con una sonrisa en su cara a su primera clase del día.

Ni yo entendía cómo me podía soportar.

Me fuí a mi clase, sentándome en los últimos lugares, al lado de la ventana, mientras que todos se iban sentando, y el profesor daba presencia en la clase, entrando con un alumno nuevo.

He de admitir que eso provocó curiosidad en mi interior, y presté atención a lo que el profesor decía.

-Bienvenidos a la clase de Anatomía Avanzada, soy el señor Langdon. -luego miró hacia la izquierda y se dió cuenta del nuevo alumno.- Ah, si, preséntate joven. - el chico se aclaró la garganta y comenzó a hablar.

-Mi nombre es Aiden Wilson. -era guapo, no podía decir que no, pero tampoco era nada del otro mundo.

Se movió en mi dirección hasta estar delante mía. Levanté la mirada, encontrándome con unos bonitos ojos azules, mirándome fijamente.

-Quiero este sitio. -me dijo de manera intimidatoria, y algunos estudiantes comenzaron a cuchichear entre ellos, sabían que no era recomendable meterse conmigo. Reí y el chico me miro dudoso, como si esperase otra cosa.

-Y yo quiero un Maserati, no todo se puede tener en esta vida. -le miré mal pero él no se movía, hasta el profesor miraba expectante nuestra “pelea”, si podía clasificarlo así.

-Me da igual lo que quieras, yo quiero este sitio. -me seguía mirando fijamente y yo ya me estaba empezando a aburrir.

-Mira, tenemos algo en común, que me da igual lo que tu pienses, y si ahora me haces el favor de irte por ahí como un buen perro y me dejas en paz, consideraré no patear esa estúpida cara que tienes. -había gente que había abierto la boca, y otra que estaba expectante esperando la respuesta la respuesta, pero cada vez que él intentaba hablar hacia un chss que le impedía hablar.

Furioso, cogió el sitio que estaba detrás de mí, y yo sonreí triunfante y la clase siguió a lo suyo.

Sonó el timbre, indicando que la clase había terminado, haciendo que yo cogiese mi mochila y saliese tan rápido como había entrado.

Me fui al baño, a beber un poco de agua, hasta que alguien me acorraló en el baño, entre un cuerpo y la pared.

-Yo no soy un perro, deberías cuidar tus palabras si no quieres acabar muerta. -genial, era el chico pesado de clase, por lo que rodé los ojos y él me miró mal, aunque su mirada flaqueó por un segundo.

-Si quieres que te aplauda, ya puedes esperar sentado. -me moví, haciendo que el se quedase mirando a la pared, cosa que cambió poco después, mirándome de manera furiosa. -No vas a conseguir nada, así que ya puedes irte por donde has venido.

Salí de aquel baño, sonriendo en mi interior, a mi nadie me tomaba el pelo, y era algo que todos tenían presente.

Yo no me dejaba intimidar por nadie.

Pocas horas después, salía con una sonriente y a la vez enfadada Lily, que por increíble que fuese, dejaba de sonreír por momentos.

-Raven. -me miró sin pizca de sonrisa, por lo que de verdad, me asusté y fui casi corriendo hacia ella. -Los hombres son unos imbeciles. -me miró y una lágrima empezaba a formarse en su rostro.

-Venga Lily -le sonreía lo mejor que podía, intentando arreglarle el ánimo - Vamos a tomar algo, venga.

Ella asintió y una sonrisa se le asomaba, me gustaba que no durase mucho tiempo triste, no me apasionaba animar personas tristes.

Acabamos entrando a un bar, cerca de la universidad, en donde solo íbamos a tomar algo, era pronto para beber.

Acabamos sentadas en una esquina, mientras Lily bebía tanto como su cuerpo podía, y yo solo intentaba hacer que se controlara y no armara un escándalo.

Lily era de las borrachas agresivas.

Acabó contándome entre llantos lo que sucedió, Derek, su novio, la engañó enfrente suya. Hasta a mí me daban ganas de matarlo, sinceramente.

Acabó entrando un tipo, que extrañamente, conocía. Rebuscaba en mi mente de dónde lo conocía hasta que recordé que era el tipo de la cafetería de esta mañana.

Su mirada atravesó todo el local con lupa hasta que dio con mis ojos, y se fue acercando a mi, todo aún con su cara seria, y sin su imponente mirada puesta en mi, sin flaquear.

-Hola señoritas. -Lily, borracha, levantó la cabeza y le miró enfadada.

-Ya te puedes ir largando de aquí. -dijo eso con una increíble capacidad para pronunciar las palabras, que en su estado, era un milagro.

-Creo que ha bebido demasiado. -La miró ahora a ella, y por primera vez dejó de mirarme a mi.

-Vamos directos al grano, ¿qué quieres? -me miré mal mientras me terminaba la cerveza y le hacía una seña al mesero para que me pusiese otra. -Has venido aquí por un motivo, y ya puedes ir diciéndolo si no quieres que te echen a patadas de aquí.

Asomó una sonrisa y miré el reloj, dejó la sonrisa y se sentó a mi lado.

-Siendo sincero, te vi en la cafetería esta mañana y me pareciste guapa, y entré a este bar con la oportunidad de poder hablar contigo. -me sonrió y me tendió la mano, que tomé con cierta desconfianza. - Permíteme presentarme, soy Damián.

Podría decirse que después me presenté yo, pero no es mi estilo.

-No me interesas. -llegó el mesero con mi cerveza y me bebí la mitad de un trago. -Si no te importa, preferiría que nos dejases a mi amiga y a mí solas.

-Al menos dame tu número de teléfono. -me sonrió y yo lo que hago es meterle un puñetazo.

-Adiós. -volví a beber mientras el se levantaba y se colocaba su nariz y a mí me miraba medio bar, y vi que Lily se había dormido, es lo que ocurre cuando bebes durante 2 horas.

La desperté y ayudé a que andarse, mientras que hacía que se tumbase en la parte de atrás del auto y me disponía a ir a la puerta del conductor hasta que una mano me agarró de la mandíbula.

-Me gustas. -conocía esa voz, se me hacía familiar, y una luz lo iluminó brevemente, para darme cuenta de que era el pirado de Damián.

Apretó mi mandíbula con más fuerza haciéndome gruñir.

-Ni que fueses un chucho para gruñir. -sonrió pero no aflojó mucho su agarre. -Qué pasa, ¿te mordió la lengua el gato? -rió y aproveché el momento para darle una patada en los huevos.

Retorciéndose en el suelo, le metí una patada en el estómago y le volví a dar un puñetazo, aunque ya le había roto la nariz, la tenía perfecta.

-¿Qué pasa, es que ya no puedes conmigo? -podría decir que se desvaneció en mis narices, mientras un mareo se apoderaba de mi cuerpo, y lo único que me dio tiempo es a entrar en el coche, cuando caí en un profundo sueño.