Búmeran
— Es una caprichosa y grosera, no hay arreglo señor Ramírez, hemos hecho de todo para que Emma logre comportarse, sin embargo, cuando parece que llevamos un avance, ella juega con nosotros de nuevo— Estoy sentada en el sofá de piel café que rechina con cualquier movimiento que hagas con tu cuerpo. Ya se ha convertido en mi fiel compañero, después de tantos castigos que me he buscado en tan solo 6 meses que llevo en este colegio. Mi padre ofuscado escucha lo que la señorita Hernández le explica. Los ojos inquisidores de mi papá me miran de reojo. El pobre sabe que mi comportamiento es producto por no dejarme estudiar en Canadá. Desde el momento que le rogué en esa sala de la hacienda, hasta apresarlo de las piernas cuando me dejó aquí internada, para que escarmentara, según él, la conducta mal intencionada hacia su esposa, cuando en realidad es el odio desmedido que le tengo. Mi padre no atendió a mis súplicas y ahora está aquí ateniéndose a mi comportamiento que lo deja en vergüenza como tantas veces me lo ha dicho en las últimas llamadas—
— Señorita Hernández, ¿podría dejarme hablar con mi hija unos minutos por favor?—
— Por supuesto señor Ramírez, estaré revisando las actividades de las demás señoritas— Sale con la espalda recta, caminando con delicadeza, cerrando la puerta, sin antes mirarme por un segundo transmitiéndome lo que en realidad es, la maldita vieja. Mi papá camina hacia la ventana, con paso firme usando esas botas vaqueras inmaculadas. Sus vaqueros radiantes y esa chaqueta que lo cubre del frío en la capital. Chasquea como siempre hace antes de dar un sermón—
—¿Cuántas veces más tendré que venir Emma?—
— Las veces que sean necesarias hasta que me dejes ir a Canadá papá—
— Emma, yo no soy la señorita Hernández para soportar tus caprichos, madura por Dios, que ya tienes 16—
— Papá, esto no es cuestión de madurez, te he pedido que me dejes ir a Canadá, que me permitas estudiar allá, solo te pido una oportunidad papá, solo una—
— Maldito capricho que se te ha metido Emma, no entiendo qué de malo tiene Zacatecas, te juro que por más que le doy vueltas a mi cabeza no entiendo cómo en meses cambiaste tanto, antes no salías de la hacienda, después dejaste de ir y ahora quieres irte más lejos, ¿de qué demonios huyes mi amazona?— Escucho esa palabra y me hierve la sangre—
— No me vuelvas a llamar así, no quiero volver a escuchar ese apodo hacia mi persona— Mi papá me mira asustado con mi reacción— Y respondiendo a tu pregunta, no todos deseamos vivir en un rancho asqueroso, tú ya tienes una nueva familia, no sé qué te impide dejarme estudiar fuera, a Sara, la dejas estudiar en Miami, y a mí no me permites ir a donde yo quiero, eso es egoísmo—
— No se trata de eso Emma, entiende que tú eres mi bebé, creí que en ti continuaría mi herencia, yo estaba seguro de que el amor por las tierras de nuestra familia estaba en ti, en verdad me sorprende que te expreses así del lugar que te vio nacer—
— Papá, no me obligues a querer algo que ahora solo me produce malos recuerdos. Te pido una oportunidad, dámela y te prometo que no recibirás ninguna queja más— Sus ojos decepcionados y a la vez resignados me indican que al parecer lo he conseguido—
— Está bien Emma, no discutiremos más, te daré la oportunidad de irte del país, que estudies allá y todos por fin encontremos paz—
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Ese mismo día me dieron de baja en ese colegio desgraciado, dirigido por la señorita Hernández que de señorita no tiene nada y eso lo podía comprobar el intendente. Viajé a Canadá en esa misma semana, ingresé al colegio Campbell, también tenía dormitorios, ya que mi padre no podía dejarme viviendo sola. Eso sucedió hasta que salí de la high school, después de casi dos años sin causar ningún problema, mi papá decidió comprarme un departamento y poder independizarme. Ingresé a la universidad de economía en Vancouver. Sí, decidí irme lo más lejos posible de México. No quería recibir información y mucho menos de la hacienda el paraíso, ubicada en el municipio de Villanueva, Zacatecas.
Con el paso de los años, en una cafetería conocí a Beth. Yo iba en busca de un café negro para tranquilizar el frío que me hacía titilar el cuerpo. Esa cafetería del centro de Vancouver me gustaba, pues en cierto momento del día, ponían la programación de equitación. Tal vez algún cliente frecuente lo solicitaba. Nunca lo supe. Lo que sí, es que, en un día de tormenta, me agarró la noche y el empleado del café, nos sacó a una chica y a mí, a regañadientes del lugar. La mujer le suplicaba que la dejara concluir su trabajo, ya que en donde vivía tenía problemas con su casera. Me coloqué mi abrigo y la observé con atención. En verdad se veía consternada. Le cuestioné qué es lo que estudiaba, me dijo que abogacía. Lo cual me recordó a mi hermana Sara, es abogada, radica en Miami, aunque es tan buena que la buscan en cualquier lado del mundo. Así que me compadecí de la pobre chica y la invité a mi departamento, para que terminara lo que en ese momento era su tesis. Después de eso no volvimos a separarnos, aunque la diferencia de edad era de 5 años, eso no interfería en nada con nuestra relación, ella me presentaba a sus conocidos, yo a los míos, concluyó su carrera y comenzó a trabajar de oficio. Sin embargo, al ver que era muy buena, la recomendé con mi hermana y ella le dio una oportunidad, ahora maneja los casos del despacho en Miami mientras mi hermana se ocupa de los foráneos. Después de todo, estoy sola de nuevo en mi departamento, esta semana me he titulado. Mi familia piensa que eso sucederá dentro de 6 meses, debido a que no quise que vinieran, mi abuelo está enfermo y mi padre seguro vendría con Diana, su esposa. Cosa que aborrecería. Solo avisé que mi graduación se adelantó. Mi papá no me creyó completamente, pero al final entendió. Pensaba salir por sushi para cenar en un restaurante lindo y al parecer la lluvia torrencial me lo impedirá. Vancouver la mayor parte del tiempo es frío y lluvioso, pero ahora sí que se está pasando, me conformaré con lo que tengo en la alacena y una película en streaming, algo que no sea romántico, ni dramático. Se escucha la puerta, lo cual me intriga ya pasan de las 8 de la noche. Vuelven a tocar, abro y me encuentro a Sara totalmente húmeda—
— ¿Sara? ¿Qué haces aquí?— Me mira congelada— Pasa hermana, no te quedes ahí fría— Corro por unas toallas, y ella se quita el abrigo secándose un poco— ¿Quieres bañarte? Enfermarás—
— No Emma, no hay tiempo, mi papá me ha pedido que venga por ti, mi abuelo... ha muerto— Sus ojos rebozan el llanto al momento que emite esas palabras—
— ¿Qué dices?— Le pregunto consternada, con los ojos anegados—
— Mi abuelo falleció el día de hoy. Y he venido por ti, mi padre sabe que si él te lo pide rechazarás volver a casa— Me levanto de golpe con el corazón bombeando de prisa—
— ¿Qué le ha pasado a mi abuelo?— Le pregunto aterrada de que le haya sucedido lo mismo que a ellas—
— Un paro cardiaco, debido a su enfermedad. No sé mucho, solo que lo están velando en este momento y mañana lo enterrarán después de la misa cuerpo presente que le harán. Apenas estamos a tiempo para llegar Emma y no aceptaré un no por respuesta, mi abuelo te amaba bebé, hazlo por él, y te juro que al otro día regresas conmigo—
— ¿Vienes de Miami?—
— Estaba atendiendo un caso en Montreal, cuando mi padre me avisó—
— ¿Y por qué no lo hizo conmigo?—
— Vamos hermana, si me lo ha pedido a mi, es porque sabe que tú no quieres regresar a Villanueva, pero ya te lo he dicho, a mi abuelo no le puedes hacer eso—
— Sí, por supuesto que iré, dame unos minutos, debo hacer mi maleta— Digo determinada. Sara se limpia las lágrimas y sonríe. Entro a mi recámara y me siento al filo de la cama. Me llevo las manos al rostro, mi abuelo fue una persona fundamental en mi niñez, mis grandes amores y sueños, él los inyectó en mi ser, el amor por los animales, la equitación, la pasión por aprender a trabajar la tierra. Y yo, una maldita desagradecida lo dejé ahí... solo, cuando él era lo único que valía la pena de ese lugar. Ahora lo mínimo que puedo hacer es tragarme el resentimiento, el odio desmedido y por supuesto el miedo, para poder estar en su última morada. Me cambio de prisa y hago una maleta. Me miro en el espejo y levanto el rostro diciéndome claramente, "no debes temer a nada, ya no eres esa chiquilla de 15 años, vulnerable y temerosa, ahora eres una mujer con las suficientes armas para enfrentar a quien sea"—
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Horas después, volamos, no puedo dormir y tampoco he podido derramar ninguna lágrima, no como Sara que, a pesar de ser la dura, no ha parado de sollozar. Ella al igual que yo, creció en el campo, y todo lo que sabemos de él nos lo inculcó mi abuelo. Recuerdo que él nos enseñó a nadar en el arroyo que atraviesa el rancho en Villanueva. Nosotras vivíamos en la capital de lunes a viernes, los fines de semana y vacaciones siempre estábamos en el paraíso, la hacienda de mis abuelos. Mi papá casi todos los días estaba atendiendo los negocios, entre la ciudad y la hacienda, la cual tiene los primeros lugares en producción de cabeza de ganado, ovino, porcino, equino y aves. En cuanto a la siembra, se dedican a la producción de avena, sorgo, chile, nopal, maguey y durazno. Y otras más. Amaba ese lugar tanto, creí que ahí viviría, que me dedicaría a llevar la marca el paraíso a niveles mundiales en exportación de productos. Eso, no pudo ser gracias a lo que pasó, después de eso nunca quise regresar, llevo 6 años fuera, y ahora aquí estoy volviendo a donde pasé la peor de mis pesadillas. No tengo idea de cómo hacerlo, le pido a Dios y a mi abuelo que me den valentía—
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Después de un largo viaje, aterrizamos en el aeropuerto de Zacatecas, ahí mismo nos dirigimos al helipuerto, abordamos el helicóptero que nos llevará a la hacienda. Mis sentidos están desactivados en este momento. No observo a nada, ni a nadie, Sara es la que habla y arregla todo, por lo visto están bien organizados para nuestra llegada, ya que los hombres que nos ayudan desde que bajamos del Jet, claramente son trabajadores de la hacienda. Subo al helicóptero y me pongo los auriculares y mis lentes. Comenzamos a sobrevolar Zacatecas. En menos de media hora entramos a los terrenos de la hacienda, es inevitable mirar, es imposible no sentir mi corazón latir al ver las tierras donde crecí. El helicóptero desciende en un terreno a 1 kilómetro de la casa, una camioneta nos espera, al momento de pisar el suelo zacatecano, después de 6 años mi piel se pone chinita—
— Señorita permítame ayudarle— Me quita mi mochila un muchacho de escasos 15 años, de piel morena por el sol y ojos cafés profundos. Su sonrisa blanca, me transmite confianza—
— Gracias, ¿tu nombre es?— El chico abre sus ojos sorprendido, de que le esté hablando—
— Mi nombre es Tomás, pero usted puede decirme como desee, señorita— Le agradezco y subo a la camioneta, en minutos ya estamos frente a la casa, mi hermana baja de prisa y entra casi corriendo, yo me quedo en las escaleras de la entrada, observando todo con atención. Los empleados bajan las maletas de mi hermana y él mismo chico baja la mía junto con mi mochila, me sonríe y entra a la casa, yo sigo ahí estática, buscando las fuerzas necesarias para entrar. Camino lentamente y al pasar el umbral de la puerta de entrada, el ambiente campirano de la casa me inunda los sentidos, han pasado 6 años y técnicamente todo sigue tal y como lo recuerdo—
— Si no lo estuviera viendo con mis propios ojos no lo creería. ¡Eres tú mi niña preciosa!— Cleo la ama de llaves de la casa, quien me cuidó desde niña, y creció con mi mamá, llora al verme temerosa—
— Hola Cleo— Se acerca casi corriendo y me abraza con fuerza, en 6 años estoy completamente segura de que nadie me había abrazado así—
— Pero mírate mi niña, estás más que bonita, estás hermosa, te ves sana, tu cabello de muñeca ahora lo traes largo— Sujeta mi rostro y me da un beso, volviéndome a abrazar— Lástima que has tenido que regresar por esta perdida, don Valente, mi patrón tan bueno, ya se nos adelantó. Entiendo que no tengas ganas de nada cariño, pero deberías apurarte, apenas estamos a tiempo de salir y llegar a la misa en donde será el santo sepulcro de tu abuelo— La miro confundida—
— ¿No lo enterrarán aquí?—
— No, lo enterrarán en el cementerio de Villanueva—
— Pero mi abuelo no quería eso, o al menos que haya cambiado de opinión—
— Mi niña yo no quiero meterme en problemas, al parecer todo fue decisión de la señora Diana—
— No me lo puedo creer— Tomo mi mochila y comienzo a subir las escaleras, deteniéndome abruptamente— ¿Mi habitación sigue siendo la misma o es que la señora ha decidido cambiarla?— Cleo sonríe—
— Sigue siendo la misma mi niña, don Valente nunca permitió que la ultrajaran— Siento que sus palabras son fuego en la piel. Continúo caminando hasta llegar a mi habitación, la cual está exactamente como la dejé. Me siento al filo de la cama. Y me limpio unas lágrimas que salen. No es momento de fragilidad Emma, es tiempo de fuerza, nadie te puede ver vulnerable, no aquí, no dónde seguramente estará él—
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— Emma, vámonos, ya es hora— Mi hermana, me avisa, las dos bajamos de prisa, me he puesto un vestido por debajo de la rodilla color negro, mi cabello suelto y mis lentes oscuros. El clima está frío, sin embargo, yo me siento abochornada, tanto que no traigo abrigo. Estamos a unas calles de la iglesia del pueblo, y me sorprende la cantidad de personas que están presentes, la camioneta se detiene frente a la iglesia y mi hermana es la primera en bajar, varias de las personas la saludan, reconociéndola. Sara a pesar de trabajar fuera, ha mantenido contacto con la gente de aquí, los ha apoyado mucho en asuntos legales. En cambio, yo, al bajar, todos me miran dudosos y confundidos, comienzan a cuchichear cosas que ignoro, hay demasiada gente y nuestros trabajadores abren paso para que podamos caminar. Entramos a la iglesia y ahí veo a Tomás, el cual me saluda con la mano y esa sonrisa curiosa. Diana, la mujer de papá al ver que hemos llegado se acerca para darnos la bienvenida, como siempre queriendo aparentar ante la gente una buena relación con nosotras. Mi hermana es la única que la saluda, yo solo me volteo ignorándola cuando lo intenta—
— Me alegra que han llegado, estamos por comenzar— Nos abre paso a sentarnos en las bancas de en frente. Minutos después la caravana entra con el cuerpo de mi abuelo, me muerdo los labios para no llorar, mi hermana y Diana derraman lágrimas, de verdad que no puedo con la falsedad de esta mujer. Me mantengo en mi postura infranqueable. Evito lo más que puedo mirar el féretro. Mi papá se acerca, y nos abraza a las dos, me susurra al oído las gracias por venir. Cosa que no debería, estoy aquí porque se lo debo a mi abuelo, no por él. Aunque el dolor que tengo por no regresar y verlo en vida, nunca se me quitará, culpa, le llaman. 40 minutos después salimos en cortejo fúnebre hacía el panteón, por supuesto que no estoy de acuerdo con que lo entierren aquí, deberían hacerlo en la hacienda, junto a mi madre. No entiendo el motivo, sin embargo, ahorita no es momento de consultar. Llegamos al panteón y me abre la puerta Tomás, el cual me sujeta para bajar. Me apoyo en él para caminar por esos caminos empedrados y resbaladizos por la humedad de la lluvia. La banda suena a lo alto, los cohetes de arranque también, mucha gente llora, estoy impresionada por la cantidad de personas que lo ha venido a despedir a su última morada, hasta el presidente municipal está aquí. Mi abuelo es muy querido, siempre contribuyó a la mejora del pueblo y es de los principales proveedores de empleo. Si no supiera que es un acto fúnebre, se podría confundir con una fiesta. Tomás, no se ha separado de mí. Y tal parece que se emociona cada vez que lo observo detrás de mis gafas oscuras. Me ayuda en el momento que debo echar el puño de tierra a mi abuelo. A mi padre lo veo fuerte, extrañamente, ya que a pesar de que no era su padre, siempre fue como un hijo para él. Solo escucho las palabras que dice cuando arroja la tierra; "ahora ya estás con tu hija, con mi Sofía, buen viaje, viejo terco". Evito cualquier mirada que me pueda observar, por lo visto, él no se encuentra aquí, estoy segura de que lo reconocería. Salimos del panteón y abordamos las camionetas, llegamos a la casa, mi padre nos ha pedido juntarnos en la sala, tiene algo que decirnos. Mi hermana habla por teléfono con Beth, la cual me dedica unas palabras de ánimo. Baja de prisa para seguir hablando en una mejor recepción de señal. Bajo y Tomás me ayuda de nuevo. Me quito las gafas y le sonrío. Él me mira anonadado—
— Gracias Tomás, por todo— Rompo el hielo—
— No hay de qué señorita, lo he hecho con gusto, a pesar de que el joven me lo pidió— Lo miro intrigada—
— ¿Qué joven?—
— El joven José María— Me he quedado sin habla— Él me dijo que la gente la miraría mucho, y vaya que sí, que no la perdiera de vista en ningún segundo. Y pues creo que, he hecho un buen trabajo. No voy a permitir que ningún mal educado le falte el respeto, ya que usted está bien chula señorita— Se sonroja a pesar del color de su piel, se apena y se tapa el rostro con su sombrero— Mejor cierro la trompa, si no el joven se va a enojar. Aunque él es el culpable de llenarme la cabeza con su imagen, y ahora al tenerla frente a mí, todas esas descripciones se quedan tontas a lado de usted. Decía que tenía ojos fuego y la verdad yo diría que tiene ojos de un sol en el atardecer. Estoy para servirle señorita, ya hablé de más, con permiso— Se va corriendo bajo la lluvia, dejándome ahí parada en la escalinata, viendo hacia el horizonte, pensando en él.
Nota:
Hola, gracias por entrar a la vida de Emma ¿supongo que te gusta el campo? Acompáñame a dar un paseo literario en la vida de estos personajes, te aseguro te sorprenderá. Se tocan temas que nadie quisiera pasar, pero al final, quizás y el mal se alejará. 🙏🏻🥰
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Besos 😗