0. Intro: ¿Cómo llegamos aquí?
Sus piernas dolían, quemaban, se sentían tan ásperas al dar paso tras paso dentro de aquél oscuro y tenebroso bosque. Su corazón palpitaba con tales fuerzas como para salirse de su pecho dejándola aturdida y acompañada de solo su instinto de supervivencia. Sus brazos estaban todos rasguñados por culpa de las ramas que se cruzaban por su único camino de escape. Su rostro seguramente se encontraba sonrojado junto a sus orejas por la falta de oxígeno al correr una gran distancia en poco tiempo con todas sus fuerzas, su estamina se estaba reduciendo de manera alarmante, pero su vida siendo quitada por ellos sería aún peor por lo que seguía corriendo con la mente en blanco y las alarmas sonando en su cabeza de que podría ser atrapada en cualquier momento. Sus manos sudaban, las perlas traslucidas rodaban desde su sien hasta caer por los bordes de su cara y terminar en la chaqueta gris que, antes de que todo comenzara, era blanca. Sentía su estómago cerrado y rígido como una pesada piedra. El jean negro pegado a su cuerpo como una piel tenía tajos acompañados de la sangre saliendo a borbotones.
No tenía tiempo para pensar siquiera. Lo único que podía escuchar en sus oídos tapados por el miedo era un corre. El terror a ser encontrada corría por sus venas. El cansancio le daba batalla al querer detenerse un momento a descansar, sabiendo que era imposible. Si se detenía, estaba muerta.
Estaba adormecida por el pavor y el pánico. Sin embargo, su mente en blanco se veía amenazada por incontables pensamientos los cuales no era el momento adecuado para darles rienda suelta.
Sus manos temblaron al quitar las ramas que siguieron atreviéndose a cruzarse frente a ella.
Sus pies advirtieron a través de la suela de goma de sus zapatillas urbanas las raíces sobresalientes del fangoso y húmedo suelo.
Ellos están aquí, están cerca. Me atraparán. Repetía una y otra vez como un mantra para darse ánimos a seguir con la escapada.
Metros y metros de flora de aquel bosque quedaron atrás luego de repetirse aquellas palabras una y otra vez tratando de no caer en la locura. La respiración se le dificultaba cada vez peor, sus pulmones quemaban y su garganta seca pedía un paraje por favor. Su lengua se sentía tan seca y rugosa como una lija, los dedos de sus manos comenzaban a picar y a sentirse hinchados, palpitantes y algo adormecidos por la falta de hidratación y por los cortes por las espinas de algunos árboles y plantas salvajes. Seguramente, su cabello castaño claro parecido a un rubio cenizo oscuro estaba lleno de ramitas, hojas y cualquier tipo de porquería que se podría quedar atascado entre los mechones sueltos.
No escuchó más ruido que los sonidos provocados por ella misma y los jadeos cansados salidos de entre sus labios.
Se detuvo. Observó a su alrededor sin poder vislumbrar nada ya que era plena madrugada en el medio de un frondoso y denso bosque. Todo su cuerpo se sentía como un latido constante. No distinguía más allá de las formas oscuras que la luz de la luna le ayudaba a ver. Honestamente, Liv no sabía a donde se dirigía. Solo corrió, corrió y corrió. Escapando.
Tratando de no ser atrapada.
Tomó una bocanada de aire llenando sus esforzados pulmones y se dobló hacia adelante tratando de recuperar un poco de su estamina. No fue atrapada, la suerte estaba de su lado.
O eso quería creer.
Un pitido recorrió sus tímpanos como una bomba de tiempo. Su espalda se inquietó y su corazón saltó turbado contra su pecho, latiendo crecidamente, imparable e inalterablemente separado del espanto y el angustioso horror de ser encontrado. Una bala le había pasado por al lado de su cabeza.
Ya estaban aquí, ya están cerca. Me tienen, maldita sea. No tengo escapatoria.
Liv dedujo que la bala provino de detrás de ella, razonando rápidamente y sin tener realmente un plan, salió a correr con toda su velocidad disponible hacia la izquierda de donde se encontraba detenida, deseando y rogando que no la alcancen.
Fue en vano. Escuchó el rugir del motor de alguna motocicleta acercarse a una velocidad vertiginosa a su lugar, resonando en sus oídos el choque de esta contra las ramas antes dejadas atrás. Unos faroles luminosos frente a ella cegaron por un momento sus orbes miel, haciéndolos doler al sentir una puntada por el cerrar brusco de sus pupilas. Su cuerpo se congeló en el acto.
Estaba incapacitada para huir hacia cualquier dirección.
Estoy atrapada. Será mi fin.
Liv tragó con fuerza la poca saliva de boca y tomó una postura de ataque. Observó a su alrededor en busa de algo útil para luchar, encontrándose con solo ramas y más ramas. Agarró una de ellas con sus temblorosas manos al mismo momento que aquella motocicleta y la camioneta todoterreno la encerraban. Empujó la rama hacia delante suyo, creyendo poder defenderse.
Otra bala sobrepasó por al lado de su cabeza desde detrás suyo, rozando parte de su oreja, sobresaltándola.
Sujetó con más fuerza la rama en sus manos, astillas incrustándose en la nívea piel. Perlas de sudor frío adornaron parte de su nuca.
Un hombre vestido de traje completamente negro detuvo la motocicleta, parando el motor y quitándose el casco. Su largo cabello lacio y brilloso se desenrolló hasta llegar a sus omoplatos. Otros dos hombres más bajaron de la camioneta con gestos divertidos en sus rostros, sosteniendo armas de fuego, específicamente una glock 19 cada uno, de color negro mate tallado con el símbolo de su organización en dorado. Ambos altos como jugadores de básquetbol y tan físicamente entrenados como militares de élite, vestidos con el mismo traje que el motociclista, pero diferenciados por una banda roja bermellón en sus brazos. Tatuajes similares pintaban las partes visibles de sus manos y parte de sus cuellos dándoles un aspecto amenazador.
Liv retrocedió un paso, siendo en vano porque el motociclista la increpó por detrás. Riendo, el tipo le dio un empujón para luego patear la parte trasera de sus rodillas, desestabilizándola de un movimiento. Liv cayó al suelo de rodillas sin siquiera soltar la rama que en teoría la utilizaría como arma. Ahogó un bufido doloroso entre dientes, mordió su labio inferior con fuerza para no soltar palabra alguna sobre el empujón y dirigió su mirada a los dos hombres frente suyo, los cuales no quitaban sus divertidos ojeos de la desmejorada chica.
Liv los miró con tanto odio como le era posible, deseando apretujarlos con sus propias manos hasta que dejen de respirar y el último aliento de vida se les escape por entre sus labios. Deseaba hacerlos sufrir tanto, pero tanto, para que sientan al menos una parte del dolor que sintieron ella y Selene durante los maltratos organizados por la orden de su padre. En otro momento, en otro lugar, en otra situación los papeles se hubiesen intercambiado, siendo ella la cazadora, y ellos los cazados.
No obstante, no siempre la suerte está de su lado.
─ ¿La gatita tiene miedo? ─. El motociclista se agachó para quedar a su altura, con brusquedad tomo su mandíbula con fuerza clavando sus dedos. Este chasqueó su lengua varias veces, negando. ─ ¿No que eras la más capaz de la organización, ¿eh?
Liv hizo una muesca de asco al escuchar su voz, negándose a contestar. Le rodó los ojos socarrona.
─ ¿Acaso te comieron la lengua los ratones que ya no quieres hablar? ─. Siguió provocando el hombre. ─ ¡Cierto! ─. Fingió recordar algo. ─ como no somos tu Selene no nos contestarás. Que pena.
El nombramiento de Selene le revolvió todo su sistema. Nadie tenía el derecho de poder llamarla por su nombre y menos en un tono lleno de sorna y malas intenciones, lo permitiría por sobre su cadáver. Nadie, absolutamente nadie estaba calificado para poder hablar de ella con saña. Nunca alguien tan desagradable y poca cosa como lo era el motociclista. Apretó sus dientes con fuerza al igual que sus puños.
El instinto animal hacia estragos en su cabeza, queriendo destrozar y despedazar a los hombres presentes.
El que se atreviese a destruir la pureza de Selene merecía no menos que la muerte.
Con una mirada mortal juntó bastante saliva en su boca para luego escupir el rostro del motociclista, borrándole la diversión.
─ Miedo y debilidad nunca tuve.
Dictaminó. Fue el turno de Liv para sonreír violentamente ante el disgusto del motociclista.
El hombre la soltó de golpe y empujándola hacia atrás se limpió el rostro con la manga de su traje, mascullando maldiciones de derecha a izquierda. Liv cayó sobre su espalda baja y golpeó contra una raíz sobresaliente. Dolió, pero la cara de asco e intimidación que le dio el motociclista provocó que se olvidase.
Liv rió al ser apuntada doblemente por las glock 19 de frente. No era la primera ni sería la última vez, o al menos eso quería creer.
─ ¿Crees que escaparás esta vez, lindura? ─. Uno de los dos hombres adelante suyo vociferó con hastío. ─ te crees la maldita reina de un imperio, haciendo y deshaciendo a tu antojo sin pensar en las consecuencias, decidiendo como si fueras una diosa que maneja la voluntad de simples seres mortales. Un ser despreciable.
─ Si apreto el gatillo, esto se ha terminado para ti.
Declaró el hombre a la derecha. Miró la camioneta por sobre su hombro e hizo una mueca hacia el motociclista.
Liv relamió sus labios, humectándolos.
─ ¿Realmente lo crees?
Cuestionó con gracia, siendo ignorada por completo.
─ Sácala.
Siendo arrastrada por el motociclista, Selene salió del auto a los tropiezos limpios siendo agarrada por sus cabellos. Sus muñecas estaban maniatadas detrás de su espalda, sus brazos rasguñados y su ropa desgarrada. No había zapatos en sus pies y el maquillaje de su rostro estaba corrido como si hubiese sido refregado con sus puños.
El motociclista se tomó más libertad en agarrar a la chica con fuerza y la maltrató hasta dejarla tirada en el suelo. Las rodillas de Selene fallaron y su cuerpo cayó hacia adelante. Golpeó su rostro contra la tierra y las raíces así rasguñando sus sonrojadas mejillas. Sus maniatadas manos detrás de su espalda no pudieron atajar la caída. El cuero cabelludo comenzó a doler sordamente culpa del tironeo del hombre detrás quien la levantó de repente, arrodillándola y dejando al descubierto su cuello, obligando a Selene a levantar su vista. Vislumbró a Liv siendo el objetivo de aquellos dos hombres con aspecto intimidante.
Su pecho se llenó de terror, encogiendo sus pupilas. Sintió el bajar de su presión arterial y el frío instalándose en cada una de sus extremidades.
─ ¡Liv!
Sintió su garganta raspar y doler al gritar el nombre de manera desaforada. Sus cuerdas vocales dolieron también, pero el miedo era más importante.
La nombrada corrió su mirada del arma frente suyo hacia los preocupados orbes de su Selene.
Maldita sea, ella no tendría que estar en esta situación. Selene era inocente en todo este juego macabro. Su bonito y angelical rostro se encontraba corrompido, las lágrimas corriendo por sus suaves y redondas mejillas despertaron un instinto animal dentro suyo como un interruptor. Aborrece las manos que se han atrevido a siquiera rozar la piel de Selene para maniatarla, tomarla del cabello y quién sabe qué más.
Así como comenzó a vivir por ella en algún punto, también mataría porella sin pestañear.
Así, hasta estaba dispuesta por trasladar el hades de los bajos mundos a la tierra.
Sus pupilas se achicaron. Sus manos picaron por golpes y tal vez si la oportunidad se daba, sangre. Tensó su mandíbula y apretó los dientes.
Liv.
Liv.
¡Liv!
El grito ensordecedor siguió retumbando en su cabeza.
Aunque su nombre significara vida, ella también podía quitarlas.
El dolor de su cuerpo junto al cansancio y el atiborro se adormeció, dando paso al instinto protector y animal del hombre.
Lanzó una carcajada maniática.
─ Hijos de mil putas ¿Quieren matarme? Tan solo inténtelo.
Detrás de su espalda quebró rápidamente la punta de la rama con la que intentó defenderse, dejando una punta filosa. Los hombres no escucharon el crujir por culpa de los sollozos de Selene y las limpias carcajadas de Liv.
─ No serán capaces de acabar conmigo ¡Nadie lo es! Terminarán tan pero tan malditamente muertos.
Selene dejó de sollozar y se inquietó de la nueva faceta de Liv que nunca antes había presenciado. La locura le rezagaba por los poros. Temía que una bala se escapara de aquellas armas apuntando directo a su entrecejo y no haya más Liv en su vida.
─ El infierno será un paraíso comparado con lo que les haré una y otra vez, por atreverse a tocarla a ella. A Selene. Ni siquiera las plegarias darán descanso a sus desdichadas almas. Rogarán por piedad sobre sus rodillas mientras griten mi nombre y ¿saben qué? yo lo disfrutaré sin remordimientos, mirando sus rostros llenos de terror como si fuera una pesadilla.
Liv saboreó palabra por palabra entre sus labios, dictando de una manera calma y persuasiva. Detrás de ella las palmas de sus manos ejercieron más fuerza en la rama, su calculadora mirada observó a los homrbes frente suyo en busca de un punto débil
Selena observó como Liv se levantaba de un salto del suelo y atacó con una rama al hombre frente suyo.
Cerró sus ojos para evitar ver el desastroso final.
Un disparo se escuchó.
Liv. Su corazón se lamentó y mordió su labio inferior con fuerza.
¿Cómo habían llegado a ese punto?