My Happy ending

All Rights Reserved ©

Summary

«Todo empezó con un mensaje, un maltido mensaje que me cambió la vida. » Leira Marshall es una chica bastante guerrera, la vida nunca le a tratado bien y mucho menos cuando era pequeña, nunca a podido vivir una infancia normal, salir de fiesta o hacer locuras, ni siquiera su madre la apoyaba. Un día recibe un mensaje de un número desconocido invitandole a un lugar, y no solo no lo denuncia o lo ignora sino que decide ver a dónde le lleva, cuando llega se encuentra a varias personas que le hacían bullying cuando era pequeña, y no es suficiente el tener que convivir con ellos con los traumas que ya tiene, sino que empezará a tener una cierta atracción... ¿Podrá confiar de nuevo en alguien? ¿Será capaz de ser feliz sin volver a tener miedo? ¿Se dejará llevar por el buen camino? Un mensaje, una casita, un libro, una noche... >>¿Suena a cliché no? Pues no, ¿o sí? Este libro no es lo que parece existen giros inesperados y el rumbo de la historia puede cambiar en cualquier momento<<

Status
Complete
Chapters
32
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPÍTULO 1: LA INVITACIÓN

Me dirigía de camino a casa como cualquier otro día. Hacía tres meses que me había mudado. Desde bien pequeñita, he ido de una casa a otra por el trabajo de mi madre, o eso decía ella. Siempre parecía que estuviéramos huyendo de algo. Aunque nunca lo supe.


Mi madre era de esas personas frías, reservadas y calculadoras, siempre sabía que decir y sí, digo "era" porque me abandonó. Y no, no está muerta, aunque para mí es como si lo estuviese.


Pero bueno, esa es otra historia en la que ahora mismo no quiero entrar.


A lo que íbamos, hoy se cumplen tres meses desde que empecé a vivir por mi cuenta y tengo muchas ganas de celebrarlo. Me siento muy orgullosa de ello.


Cuando llegué a casa, escuché un ruidito de patitas correteando a toda velocidad hacia mí, era mi gatita, Mey. La adopté en cuanto me mudé aquí, ya sabéis, piso vacío, pocos muebles, etc. Se me caía la casa encima y necesitaba llenarla de vida.


—Buenos días Mey, otra vez te has pasado el día durmiendo, ¿verdad?—Afirmo para mí misma mientras ella comienza a maullar y estirarse para que la coja y le de cariños—Sí, sí... Yo también te he echado de menos, mi pequeña guardiana.


No sabéis la felicidad que trae un pequeño animalito. Juntas nos damos esa compañía que tanto necesitábamos.


Por la tarde fui a comprar bebidas, algo de picar y limpié la casa, o lo que pude limpiar porque ya estaba reluciente.


Llamé a algunas compañeras de trabajo y a mis vecinas y les dije que quería celebrar mi independencia. Me miraron extraño, pero nadie dice que no a pasteles, postres y bebidas.


No soy mucho de beber, lo admito. Pillé algo de cerveza y tequila, pero principalmente había tés, pastas de chocolate, tartas y galletas. Da gracias a que no saqué los helados del congelador.


Y sí, podría haber puesto algo de comida más contundente, porque ya era tarde, pero es que los dulces y los helados son mi cosa favorita y nunca es tarde para disfrutar de semejante delicia.


La noche cayó y yo tenía mis dudas sobre si de verdad iba a venir alguien o no. Les dije que serían libres de venir a la hora que quisieran, pero a partir de las siete de la tarde.


No esperaba que viniera mucha gente, dada a la situación en la que estaba y el poco tiempo que llevaba allí, las únicas en aparecer fueron Amanda y Jessica, compañeras de curro, y mi vecina Lourdes.


Suena el timbre y mi gata se asoma con curiosidad.


—Pasen, pasen. Bienvenidas a mi humilde morada.—Sonreí llena de orgullo.


—¡No sabes las ganas que tenía de verla por dentro!—Exclamó mi vecina Lourdes con emoción.


Yo sabía que lo que quería era chafardearlo todo, porque todo el mundo sabe que los vecinos son así de curiosos, sobre todo ella.


Amanda y Jessica se encontraban detrás y pasaron sonriendo sin decir nada, aunque poco duró porque Amanda salió escopetada cuando vio a Mey.


—¡Aw! ¿Y esta cosita tan linda? ¡¿Cómo se llama?!—Dijo Amanda.


—Es mi pequeñina, Mey. Pequeña, ¡ve a saludar!—La gatita me dedicó una mirada estimulante, ya que era la primera vez que veía gente nueva, ella era una bolita de amor.


—Ahora la tendrás toda la noche pegada a ti—Le digo mientras voy a sacar las bebidas de la nevera.


Hacía mucho tiempo que no me sentía en un ambiente tan relajado y cómodo. Apenas las conocía pero extrañamente había una fluidez en la conversación y la primera en soltarse fue Lourdes, como no. Empezó a hablar de cuando ella era más joven y de cómo conoció a su marido, de lo rápido que se le fue su hijo de casa, entre mil dramas más.


Era un placer escucharla, Mey se quedó toda la noche junto a Amanda, le había cogido cariño. Y ella a Mey.


Contó que cuando era pequeña tenía una gata que se le parecía pero se le escapó de casa y que antes de trabajar con nosotras estuvo en un refugio para animales, se le notaba la pasión y la conexión que tenía con ellos solo con oírla hablar de ello.


Jessica en cambio se notaba que era más de perros, pero la vi zamparse todas las galletas y un par de trozos de pastel.

Era una chica tímida, de vez en cuando se incorporaba en la conversación, daba sus puntos de vista y volvía a callar o comer mejor dicho, me recordaba a mi.


La fiesta terminó, todas nos despedimos le dije a Amanda que podía venir cuando quisiera ya que la pequeña gatita parecía un poco disgustada de despegarse de ella.


Fue cuando me metí en la cama que comprobé mis redes y ví que tenía un mensaje de un número desconocido.


Num. Desconocido

:


Hola, no sabes lo que me ha costado esto y que ilusión me hace, vengo a decirte que tú y otras personas habéis sido invitadas a unas vacaciones en una casita rural, es dentro de dos semanas, te mandaré un link con la dirección un par de días antes. Ven de seguro te sorprenderás. <3


No sé cómo conseguí dormir esa noche, algo en ese mensaje me puso la piel de gallina aunque tengo que admitir que me daba curiosidad. Y sí, dicen que la curiosidad mató al gato pero yo estaba tanto asustada como eufórica.