Encuentros de guerra - Shingeki No Kyojin x tú

Summary

"¿Cuán desgraciados somos para solo poder anhelar vernos en batalla? Qué mal nos trata esta vida; burlona y sin misericordia por nuestros sentires. Ha pasado tanto ya, y aún puedo sentirte sobre mi piel." SNK x tú [Jean Kirschtein] Ilustración de: @Sciurus____lis en twitter.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo I

¿Cómo puedo estar perdido si no tengo a dónde ir?

¿Cómo puedo estar perdido?

En el recuerdo revivo.

Y, ¿cómo puedo culparte a ti, cuando es a mí a quien no puedo perdonar?



- Metallica, The Unforgiven III


No hubo misericordia en ese error. Su estómago estaba atravesado, ya no se podía retroceder el tiempo. Ella maldijo en su cabeza, esperando que eso desahogara la rabia que cargaba, pero a lo único que pudo acceder fue a detenerlo de seguir disparando, y golpear su rostro tan fuerte que jamás olvidaría que tiene que pensar dos veces antes de existir.


Él la observaba gritándole al muchacho, le zumbaban los oídos mientras el sonido de las manos de ambos forcejeando el arma se colaba entre los sollozos de su compañero. Intentaba analizar todo rápidamente hasta asimilar el hecho de que tenía que darse vuelta para auxiliar a alguien que ya no respiraba. Observaba su cuerpo inerte, pero juraría que sus ojos aún la percibían viva.

Ella continuaba gritando desesperada, repitiendo una y otra vez que él no se encontraba allí. Era incansable sus ganas de mencionárselo, el muchacho era testarudo y parecía no comprender la magnitud de su error. Al fin y al cabo todos eran eldianos, qué importancia daba si quedaba uno menos. Qué iba a imaginar la relevancia de equivocarse de dirigible.

Ella mantenía la mirada reflejando ira, proveniente de sus rencores más reprimidos.


- ¡ÉL NO ESTÁ AQUÍ! ¡TE EQUIVOCASTE! -lo sostenía con fuerza sintiendo su corazón casi salirse por la boca.


El muchacho la escuchó confundido pero aterrado. No entendía el porqué, pero sí el hecho de que tal vez su error le costaría la vida.

- ¡SASHA! -Connie se daba cuenta que su cuerpo le vencía como para poder hacer algo al respecto. Solo atinó a llorarle mientras la perdía.


No había marcha atrás, solo quedaba evitar que su subordinado intentara asesinar a más tripulantes. Lo jaló del cabello, apretando fuerte sus pequeñas uñas contra su cuero cabelludo, deseosa de continuar con los gritos, pero la situación también era su propio fin. Todo esto la dejaba al descubierto, abriendo la posibilidad de que Jean no vuelva a acercarse a ella nunca más.

El tipo sangraba por la nariz, asustado de haberla cagado con su superior. De ella dependía su puesto y su vida entera. Si quisiera podría decidir cortarle el cuello ahí mismo y nadie se enteraría. Se lo llevaría a la tumba; no lo recordarían, probablemente ni su madre.

Lo levantó del suelo y frenó en seco el puño en la boca de su estómago, lo lanzó fuera del dirigible esperando que al menos sea lo suficientemente inteligente para terminar lo que había empezado, en el lugar que debió estar desde el principio.


Se dio cuenta que estaba jodida. Su cuerpo estaba inmóvil. No tenía las agallas para girarse y cruzarse con su mirada. Estaba como un cachorro después de haber destrozado las pertenencias de su amo: vulnerable y con culpa.

Jean estaba en silencio, volviendo a sí mismo de poco a poco, convenciéndose de que todo, tal vez, solo era un malentendido. Cuanto más lo craneaba, se hacía menos posible la idea de que lo que sucedía tuviera un trasfondo justificable.


- ¿No era más fácil matarlo? -estaba temeroso de siquiera dirigirle la palabra, de saber la verdad de su propia boca.

Ella solo se detuvo a observarlo mientras su pecho se aprisionaba contra ella misma. Dolía estar en esa posición: ambos sabían, pero no se atrevían a demostrarlo.


Su mente encontró evasión rápido, la sangre drenaba al mismo ritmo que sus pensamientos y lo único que pudo hacer fue pedir auxilio por Sasha. Mandó entre gritos que trajeran lo necesario para cubrir la herida y detener la hemorragia. Dicha acción acogía la negación de todos los presentes: ninguno estaba preparado para dejarla ir.


Se la llevaron a rastras, mientras su cuerpo bañaba la nave en sangre.

Mikasa y Armin salieron por la puerta principal dispuestos a averiguar de donde provenía el bullicio. Observaron cómo su cadáver era trasladado para recibir ayuda. Cayeron de rodillas ante ella, y continuaron con el ritual de sollozos alrededor de su cuerpo.


Con el cerrar de la puerta se iban los llantos y las palabras. Jean y ____ quedaron solos. Él no podía mirarla, mientras ella no podía dejar de hacerlo. Su cuerpo estaba tenso y evitaba respirar fuerte porque sentía que si él notaba su mera existencia, sus emociones iban a estallar contra ella.


La mecha entre ellos se iba encendiendo lentamente, tanto que empezaba a ser fastidioso. Intentó pronunciar palabra pero instantáneamente él comenzó a lanzar su puño contra la pared, una y otra vez. Las veces que sean necesarias para calmar sus deseos de estrangularla. Sus dientes se aprisionaban tratando de reprimir las lágrimas. No había motivo para soltarlas, no tenía sentido caer rendido ante las circunstancias, sino levantarse iracundo contra todo.

Por fin sintió que podía respirar hondo sin temor a su reacción. Ella era capaz de reconocer que en algún momento todos sus matices saldrían a la luz, pero también reconocía que no era capaz de saber el día que eso sucedería, y mucho menos por culpa de un tercero.


- Lo-lo... siento, Jean. -apenas se le escuchaba a pesar del ruidoso silencio.


Estaba a punto de dejar escapar una lágrima cuando su voz lo paralizó. Finalmente cruzaban miradas, llenas de emociones abiertas al rojo vivo. Se lamentó más veces de las que podía contar, no haberse percatado anteriormente. Era inevitable cargar con la responsabilidad de la sangre derramada proveniente de ella, su amiga, su hermana, su cómplice.


No iba a hacerle lo mismo. No iba a apuntar el arma contra ella, golpearla hasta morir o si quiera llorarle suplicándole una explicación que ahuyentara todos sus males y revivir sus buenos recuerdos. Debía, al menos, intentar mantener la compostura.


Pero su presencia lo impedía. Se levantó de un salto, ella salió de golpe de su estado de arrepentimiento para retroceder e intentar controlar la situación.


- Jean... - quiso sostenerlo de los brazos mientras su furia se le abalanzaba.


- ¡¿Por qué nos traicionaste?! -La empujó como si de sacarse un peso de encima se tratase.


_____ lanzó un grito ahogado mientras se veía a sí misma caer por los aires y el tiempo se hacía lento. Podía ver el rostro de Jean detallado desde lo bajo, con la mirada sobre los hombros, sintiendo lástima por sus acciones. Estaba siendo el juez de su vida entera mientras cerraba la puerta en un movimiento.


Pensó en dejarse caer para no tener que vivir para contarlo. Visualizó su cuerpo destrozado por el impacto y cómo los hombres que la encontraban recalcaban el hecho de que llevaba paracaídas en perfecto estado, entre risas. Le era inimaginable saber de su muerte así.


Cayó torpemente con su paracaídas, no podía darse el lujo de morir justo ahora que tiene tanto que explicar; esperando, con fortuna, poder concretar su vida. Estaba tan agotada que echarse a descansar donde cayó fue un alivio. Por primera vez en diez años ya respiraba genuinamente, ya no tiene nada que perder.


Por desgracia, su descanso no podía ser eterno como deseaba, tarde o temprano la iban a encontrar, y por suerte fueron unos marleyanos que lograron reconocerla, aunque si la hubieran matado por accidente tampoco se hacía problema.


Por más tiempo que había estado jugando para ambos bandos, el respeto nunca faltaba entre su gente, porque todos reconocían que era un papel que ninguno de ellos se atrevería a desempeñar, o siquiera sobrevivir en él. _____ al fin podía dejar de jugar y estar donde debería. Ahora solo desconocía cuánto tiempo le iba a durar el alivio.