Now Or Never

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Summary

Amelia, la chica con las mejores notas del instituto, tiene un propósito muy claro en su vida: entrar a Harvard cueste lo que cueste. Sin embargo, nunca creyó que eso la llevaría a formar parte del equipo de porristas, a acercarse más al capitán del equipo de fútbol americano, conocer a un ardiente futbolista universitario y que su corazón se vea dividido entre seguir el sueño de toda su vida o continuar con su nueva vida. Los estatus sociales del instituto se han derrumbado, la graduación se acerca, la solicitud a Harvard tiene que ser enviada y el amor ha sido liberado. Es ahora o nunca. ----------------------------- Nota: NO ES UN TRIÁNGULO AMOROSO.

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41
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18+

Capítulo 1

El último año.

La última oportunidad que tienes para hacer lo que quieras, para descubrir el camino que tomarás y donde las decisiones comienzan a destrozar tus nervios, porque sabes que dependiendo de la primera decisión que tomes ya con el diploma en mano, se verá reflejado en tu vida.

Ya no tendríamos oportunidad de culpar las malas decisiones con un “sólo soy un adolescente cometiendo errores”. No, en ese momento ya empiezan a vernos como lo que somos: la nueva generación de adultos.

Ahora es el gran momento para hacer lo que siempre quisiste, porque en unos meses, la vida que conocíamos llegará a su fin.

Es ahora o nunca.


—¿Qué quiere decir con que no soy completamente apta para Harvard?

Al mirar directamente hacia los ojos grandes de color café claro de la señorita Patrice, no pude evitar compararla con un gato. Esos gatos con un pelaje esponjoso que te miran con aburrimiento, pensando con sus pequeñas cabezas felinas cómo sus dueños son inferiores que ellos. Incluso cuándo movió su nariz me la imaginé con bigotes y sacando la lengua para lamer su pata. Eran los únicos pensamientos que podía tener en estos momentos para no caer en un muy lamentable ataque de pánico y una posible depresión ante la cruel realidad que me estaba haciendo ver.

—Bueno, tienes unas calificaciones muy buenas, excelentes —hablaba con calma, pasando hoja por hoja para revisar mi expediente junto a las nuevas anotaciones que le había entregado sobre mis proyectos extracurriculares—. Pero tienes que verlo de esta forma, Amelia: Por cada escuela que tenemos en el país, hay cinco chicos con tus mismas calificaciones que aspiran entrar a Harvard. ¿Cuál es el total y porqué mereces ser la elegida? ¿Qué ofreces de más entre una misma cantidad de promedios?

Me sentaba mucho decir que seguramente de esos cinco chicos, yo sabía hablar más idiomas que ellos, pero dada la tasa de inmigración en el país, era muy posible que una parte de ese porcentaje solicitante para entrar a Harvard fuesen chinos, coreanos, Latinos, etc. Lo cual significaba que ya hablaban dos idiomas y si hicieron un extra... Eso no me hacía tan especial.

Y pensar que no era tan especial como pensaba, estaba destrozando el trabajo de autoestima que mi psicóloga lleva haciendo desde que empecé la pubertad.

—Tengo notas impresionantes, hablo inglés, español, francés, italiano y estoy en clases avanzadas de ruso —respondí con un tono bajo de voz, pues con cada segundo que pasaba, mi confianza iba decayendo. Así como mis esperanzas—. También he estado en clases de ballet desde los cinco años y me hubiera inscrito en clases de canto, pero aún tengo algo de conciencia y no quiero dejar a una clase entera sordos debido a mi canto desentonado, sólo por unos puntos extra en mi archivo.

—La clase de música te lo agradece —sonreía con diversión y algo que parecía ser aprecio—. Pero nunca te has presentado a un recital de baile a pesar de llevar muchos años en eso. ¿Qué ha pasado?

¿Qué ha pasado? Fácil: no tenía tiempo para participar cuándo lo más importante para mí eran las notas. Mis compañeros luchaban día a día para mejorar, competían para conseguir un papel principal e incluso una vez Rosemary le cortó las coletas a Tessa porqué necesitaba sacar a su oponente más fuerte, aunque esta fuese su propia hermana.

El campo de batalla en el ballet tenía espejos, tutús y la sinfonía n°5 de Beethoven sonando de fondo.

—Aprecio mi cabello.

Frunció el ceño luciendo completamente confundida por mi respuesta, pero no importaba. Ella no había visto el crimen delante sus ojos y el largo cabello negro cayendo casi sobre mis pies al tiempo que ambas hermanas habían gritado del miedo cuándo Tessa pasó de verse cómo la princesa Jazmine, a verse cómo Lord Farquaad.

—De todas formas... —continuó hablando, abriendo el cajón de su escritorio de dónde sacó varios volantes que me tendió y no me quedó de otra más que agarrarlos aun cuando las palabras “únete al club de vida extraterrestre” me decía que tenía que huir de las propuestas que tenía en su mano— aún tienes unos meses para enviar la solicitud y mejorar tu presentación. Sólo recuerda que además de tu extracurricular, tu carta es muy importante.

Salí de su pequeña oficina con olor a café caliente, proveniente de la pequeña cafetería de maestros de al lado, con muchos panfletos en mi mano y muchas dudas rodando por mi cabeza.

¿Qué tan mal le sentará a mamá si le digo que mejor voy a una universidad fuera de la Liga Ivy?

Recorrí el pasillo lleno de adolescentes sacando y metiendo cosas en sus lockers, otros que reían con sus amigos y luego estaban los deportistas que jugaban con las pelotas como si estuvieran en su campo. Eran muy molestos, porque si te descuidabas podías sufrir el impacto de una pelota y una nariz roja durante todo el día restante.

Llegué a mi locker a duras penas, pues cuando saqué mis libros, ya tenía a mi mejor amiga tirando de mi mano para que me apresurara.

—¡Oye, Haizel! Que aún no termino de sacar mis cosas.

Tenía que caminar de prisa detrás de ella porque no quería que a causa de sus tirones mis pies se enredaran y con mi suerte, caería de cara contra el asqueroso piso. Además de arriesgarme a lastimarme y coger alguna bacteria, corría el riesgo de hacer el ridículo frente a todos y que mi desagradable caída estuviera en todas las redes sociales existentes y futuras.

Con las redes sociales, cualquier caída viral iba a permanecer hasta para que nuestros nietos lo pudieran ver y no quería que dentro de unos 70 años mis nietos llegaran a casa diciendo:

“—Abuela, abuela, ¿Tú eras esa chica que se cayó en el pasillo de la escuela y besó el piso con el trasero levantado?”

¿Lo estoy pensando demasiado? Si. Por algo tengo una psicóloga.

—No iremos a clases. Hoy es un día especial —respondió volteando a verme por encima de su hombro, mostrando una sonrisa amplia.

—¿Están regalando chocolate en la cafetería? ¿Nos salvamos de las clases del señor Oliven?

Intento con muchas más preguntas durante nuestro camino por los pasillos, las escaleras e incluso pasamos por los vestidores de chicas, hasta que me encontré con el lugar que menos visitaba: el campo de fútbol americano.

Y como si el lugar no me causara suficiente terror, estaba repleto de lo que más odiaba: porristas y jugadores.

—¡Elecciones de porristas! ¿Puedes creerlo? —soltó mi mano para dar pequeños saltitos mientras aplaudía de felicidad, mirándome confundida cuándo observa mi rostro inexpresivo—. ¿Por qué no estás celebrando conmigo?

—¿Por qué lo haría? Sólo son chicas en minifaldas dando vueltas y siendo lanzadas al aire mientras los jugadores de fútbol intentan conquistarlas o sólo obtener sexo.

Siguió observándome como si mis palabras no tuvieran nada de malo.

Entendía que a algunas chicas les gustaba eso, a mí me gustaba la gimnasia y admitía que las porristas eran de admirar porque venga, todas son altamente hermosas, pero no había nada más que pudiera hacerme verlas como unas diosas. Toda la escuelas las idolatraba, los chicos babeaban por ellas y tenían la suerte de que la escuela les pagaba la mitad de sus gastos escolares.

Pero la palabra porristas estaba en el tercer lugar de mi lista de “personajes femeninos que no quería cerca”, abajo de Jenny Humphrey.

—Oh, vamos. —rodó los ojos al ver mi negación y como mi cuerpo se quedaba en el mismo lugar—. Bailamos desde que aprendimos a ponernos de pie —se puso a mis espaldas para empujarme suavemente, haciendo que diera pasos lentos hacia donde todas estaban reunidas; esperando por las indicaciones de la capitana del equipo de porristas—. Y a diferencia de ellas, nosotras sabemos caer de punta. Ya hacemos las cosas mucho más difíciles, esto será fácil para ambas.

Pero cuando Mozart está sonando de fondo, no tengo dos pies izquierdos. Tampoco tengo que mover mi trasero e intentar coordinar mis pies al mismo tiempo. Es porque la música que las porristas usan, no me genera ninguna emoción y sin emociones, no hay ritmo.

—Además, es nuestro último año juntas antes de que vayamos a universidades diferentes —continuo, usando la carta del tiempo que nos faltaba juntas en mi contra—. Sólo intentémoslo, ¿sí?

Odiaba dejarme convencer tan fácil.

Haizel es mi mejor amiga desde siempre. Hemos crecido juntas, fuimos al kínder juntas, incluso tuvimos nuestra primera cita juntas -la cual terminó fatal y nos quedamos solas comiendo helado-. Prácticamente es mi alma gemela, la única persona con la que puedo ser yo misma y sé que ella seguirá amándome.

Mi mamá y la suya se llevan de maravilla también. Tan bien que juntas formaron un grupo de madres llamado “Solteras y con pantalones”, haciendo referencia a que ellas tenían los pantalones más puestos que sus exmaridos.

Sin más opciones, suspiré con fuerza para comenzar a caminar hacia las gradas, preparándome mentalmente para la próxima hora.

A Haizel se le daba mejor esto de intentar conversar con las chicas de nuestra edad, pero para mí era mucho más complicado. Razón por la que me senté apartada de todas y preferí mirar como el entrenador les gritaba a los jugadores.

—¡Mi hija de tres años corre mejor que ustedes!

Confirmaba eso, ya que yo era su niñera.

Las venas en el cuello del entrenador se marcaban a causa de la fuerza de sus gritos y sentí un poco de pena por los chicos... Sólo un poco. Fuera del campo el entrenador era el hombre más amable y dulce que alguna vez había conocido. Su hija era la niña de sus ojos y cada vez que la recogía luego de salir de su segundo trabajo, podía sonreírle con tanta dulzura y energía a pesar de estar exhausto.

Me hubiera gustado tener un papá como él y desde que empecé a cuidar de la pequeña Aurora a sus seis meses, él había empezado a tratarme cómo a una hija.

Aunque creo que eso va más relacionado al hecho de que él y mamá se tiraban unas miradas especiales.

—¡Muy bien, chicas! Me alegra verlas a todas reunidas aquí.

Pegué un pequeño salto cuándo Ashley, la capitana, gritó y aplaudió para llamar nuestra atención. Su sonrisa amplia con dientes perfectos adornaba su rostro, haciendo que sus pómulos rosados se marcarán más y me pareció haber visto un hoyuelo marcarse en su mejilla. Su cabello rubio estaba atado en una coleta larga con un listo rojo que combinaba con su uniforme de porrista. Escuché algunos silbidos por parte de algunos chicos cuándo la vieron y tuve que contenerme de rodar las ojos.

Hombres...

—Hoy vamos a hacer una prueba rápida ya que tenemos que dejarles el campo libre a los chicos en una hora y media —jugaba con un rizo de su cabello, moviéndose con suavidad junto al viento. Pero creo que sólo movía su trasero al saber que los chicos la estaban mirando—. Las chicas de la derecha formarán un grupo y las de la izquierda formarán otro. Iremos descartando chicas en esta prueba y si no estamos muy convencidas, haremos otra prueba para ver si descartamos más chicas —pasó su vista por cada una de nosotras, deteniéndose por unos segundos de más en Haizel, sonriéndole con egocentrismo—. Primer equipo, empiezan. Buena suerte.

No sé por qué Haizel quiere estar en el equipo cuando ella y Ashley se odian a muerte, pero más bien es que no entiendo por qué quiere estar en el grupo y fin.

Me apoyé contra la reja para estar más cómoda al espectáculo, porque ni habían pasado cinco segundos desde que empezó la música cuando dos chicas ya habían chocado entre ellas al intentar seguir los pasos que una de las porristas hacía.

Conté la secuencia de los pasos, el tiempo entre cada uno de ellos y me enfoqué en el movimiento de brazos. Era menos suave que mis habituales movimientos, pero tampoco eran tan difíciles. Me daba un poco de desconfianza que estuvieran mostrando pasos tan básicos porque tenía dos ideas:

1: Quieren que todas pasen.

2: Quieren alargar nuestra vergüenza.

Porqué ellas eran las primeras en reírse cuando una fallaba o se caía.

El primer equipo terminó con siete chicas pasando a la siguiente prueba y una de ellas fue la primera en tropezar. Creo fielmente que sólo nos están usando de entretenimiento.

Bajé las escaleras de a primeras, sólo porque quería salir de allí lo más pronto posible.

Haizel se posicionó en el centro de la primera fila, mientras que yo preferí la discreción y me puse detrás de ella, dejando que sus centímetros de más me cubrieran. Al percatarse de que la siguiente en participar era Haizel, no faltaron los gritos de los chicos apoyándola.

De nuevo: ¿Por qué quiere estar en este maldito grupo? No es para ganar la atención del equipo de fútbol, eso es obvio. ¡Los tiene todos los fines de semana en su casa porque su hermano es el capitán!

Y hablando del Rey de Roma...

—¡Buena suerte, Hay!

Los suspiros y las risas bobas de las chicas no faltaron cuándo el impresionante Killex gritó animando a su hermana.

Podría decir muchas cosas sobre él, pero no podía distraerme con eso en estos momentos.

Sin embargo, él no me la iba a dejar tan fácil.

—¡Rómpete una pierna, Amy!

Cuando las miradas de todas las chicas se dirigieron a mí, la mayoría de odio y la otra parte de sorpresa, quise romperle la pierna a Kix.

No me tomé la molestia de voltear a verlo, porque eso solo llamaría aún más la atención, porque aunque Kix y yo hemos sido amigos desde niños, en la escuela es como si no nos conociéramos de nada. No es que él tenga alguna regla estúpida de “no hablar con personas inferiores”, es más porque yo le obligué a fingir que no éramos nada más que mejor amiga-hermano de Haizel y desde ese primer día, ha cumplido su palabra.

Hasta ahora, cuando Ashley me está mirando como si acabara de descubrir a su nueva enemiga.

La música que ahora habían elegido era diferente a la que bailaron las chicas del grupo anterior, incluso la porrista encargada de enseñarnos los pasos había cambiado. Ahora nosotras teníamos el “honor” de seguir los pasos de la capitana. Movimientos fluidos de manos, pies moviéndose con rapidez, estiramientos, incluido un salto donde abría sus piernas y brazos, tocando la punta de sus pies con sus manos. Algunas chicas se miraban entre sí, asustadas de no poder realizar los pasos, pero es que esta ya no era una prueba.

Se había convertido en una guerra entre Ashley, Haizel y la nueva enemiga... yo.

Gracias por meterme en una guerra de pompones y estatus social, Kix.