Introducción: del porqué no se desplatoniza al amor platónico
Si viniera una de esas conductoras que parecen tener respuesta para todo a hacerme una entrevista y dijera algo como: Yuyi, en tu opinión ¿por qué no debería desplatonizarse al amor platónico? Yo diría: Porque no y punto. Fin. Boca cerrada. Nada más que añadir.
Aunque, sí, te estaría mintiendo.
Pues lo cierto es que tengo mucho que añadir sobre el tema, es más, planeo que lo que yo diga al respecto te ayude a no desplatonizar lo platónico. Claro, te estoy hablando de ese amor imposible al que le atañes toda la perfección y gracia, ese que guardas en secreto (no tan secreto) y con el que imaginas cosas cursis al ritmo de una balada pop.
Al que por fines técnicos y del corazón decidí llamar plato. Y más adelante entenderás el porqué, si por el bien de tu corazoncito me haces caso en lo que tengo para decir.
Mimi —mi mejor amiga, apúntenlo— decidió ayudarme a hacer este análisis después de las peripecias en las que me vi sumergida al momento de hacer la tontería señalada más arriba: desplatonizar al plato. Porque si, yo cometí esa locura, yo traje al mundo real mi utópica fantasía y… no salió como en mis sueños y a raíz de ello oh sí, aprendí unas cuantas cosas.
Con Mimi nos tomó horas de muchos días y bastantes zapes virtuales, pero la conclusión es definitiva. Los amores platónicos pertenecen a ese lugar entre los unicornios y los matrimonios imaginarios con estrellas de cine o personajes ficticios. Y si llegan a salir de ahí, a veces no sale bien y deberías estar preparada. O preparado.
Es decir, hay una serie de puntos que deberíamos revisar antes de ponernos en marcha sobre dejar de tener ese amor platónico y hacerlo real, porque okay, muchos dicen que hay que arriesgar, pero ¿a qué costo? Es más, si arriesgas o no, deberías hacerlo con conocimiento de causa, si supieras que va a doler, al menos llevarías curitas en el bolsillo ¿me explico?
Pero vale, a lo que iba, revisemos todo con lupa y lee atentamente ¡que no te engañen las frases emocionales de Facebook! Son una estafa. Y cuando tu corazón es lo que peligra, no quieres estafadores a cargo.
Entonces pon atención y permite que esta curiosa metáfora te explique lo que es el amor platónico.
Punto número uno: la expectativa y la idealización de tu plato, acá enamorado platónico.
Es decir, eliges a un prospecto, tipo como cuando vas por las tiendas y ves unos zapatos increíbles en el aparador. Son brillantes, se ven suaves, cómodos, de tu talla, combinables con tus pantalones favoritos y hechos casi exclusivamente para ti. O eso esperas. El enamorado platónico es eso tan bonito que quieres y deseas, pero que en el fondo sabes no es tuyo y no será para ti. Aun así: se convierte en tu ideal, en el objeto de tus deseos, en ese par de zapatos que harían tu vida perfecta.
Pero, punto número dos: de cerca la perspectiva es distinta. El plato no es tan emplatadoramente perfecto... podrían no combinar bien pero ¡Dios mío! Aún quieres intentarlo y probar.
Solo que al acercarte ves que aquello de lo que está hecho es una creación sintética que brilla demasiado y no luce tan cómoda, es más: podría lastimar tu frágil y encantador piecito de cenicienta. Por si fuera poco, el zapatito que creías único es el que atrae las miradas de todos en la tienda y cualquiera podría combinarlo con su ropa favorita; de cerca el zapato te guiña el ojo, a ti o a cualquiera, la vendedora habla maravillas y el zapato se iría con la que pague primero.
Y tu amor platónico podría ser así de desencantadoramente encantador. Podría no ser perfecto para ti, pero es engañosamente ideal.
Aja, punto número tres: la temida realidad.
Cuando lo tienes en tus manos ese zapato no es todo lo que imaginaste, descubres que podría no llevarte a donde deseas ir y que forzándote a calzarlo tendrías que quitar algo de ti; y abandonar el zapato de casi tus sueños te abre a pensar otras cositas como ¿por qué querías esos zapatos? ¿Qué más además del claro atractivo visual había? Y ¿lo valía?
Claro que te ha pasado, eso que a todos nos pasa cuando tu platónico golpea el mundo real: al salir de la zapatería con tantísimos pensamientos empiezas a ver zapatos como ese en todos lados, es justo ese zapato sonriéndole a cualquier caminante, lamiendo el suelo por cualquiera y caminando detrás de lo que sea.
El zapato no era tan único, y tu pie al final del día no tiene calzado nuevo...
Mimi concluyó que el corazón era algo así como el pie y el zapato el platónico en el plato o el enamorado platónico que no deberías desplatonizar ni por un millón de dólares, a menos claro que estés dispuesta a sufrir un poco, desencantarte otro tanto y reconocer que la realidad es que los amores platónicos no siempre se hacen realidad.
Aunque sobre eso tengo mucho más que añadir.
Pero esta pequeña introducción agrego únicamente que, si mi corazón fue el pie y él el zapato, me pisoteó antes de irse, pero he aquí el detalle: pie aún sin zapato patea bien fuerte, en especial a platónicos caídos del plato.









¿Qué mejor para retomar la lectura que una historia de Yeri? 🙊🙊🙊 Ya quiero leerlas
simplemente... todo lo bueno que la vida buena tener!!!