Prefacio
Abril, 2002
Tres niños observan curiosos a su alrededor, una cueva de color túrbido, aspecto rocoso se levanta frente a ellos, encontrándose bajo un árbol torcido miran con asombro y un poco de miedo. La entrada esta tupida con pequeñas ramificaciones, no sabían si eran del mismo árbol torcido o tal vez de otros pero se podría decir que se sentía mágico si no fuera por la oscuridad que poseía.
—¿HOLA? —Grita una pelirroja de 4 años de nombre Emma, segundo después podía escucharse el eco del saludo de la niña.
Para ellos aquel descubrimiento era algo nuevo.
Pequeñas gotas de agua chocan contra el pavimento dentro del conducto haciendo un sonido espeluznante para los menores, siendo imposible detener los mas terribles pensamientos mientras observaban aquella hostil caverna, imaginando que más adelante habría un monstruo que tal vez saldría tras ellos a comérselos, aún así, no se movieron del lugar.
—¿Dónde está mi hermano? —pregunta al rato Sebástian de la misma edad de las dos menores mirando a sus costados, tocando el crucifijo que llevaba alrededor de su cuello.
Y es que el niño era fiel ferviente de Dios y todo lo correspondiente a la religión, a pesar de tener menos de 5 años, conservaba en su cuello con gran aprecio un crucifijo de oro, era tan brillante como el resplandor del sol, difícil de no ser percibido, un recuerdo valioso en lo sentimental otorgado por su abuela Rusa que se lo obsequió días después de que el menor de los Ivankov naciera; aunque no podía recordarla como lucía, pues fueron pocos meses los que pasó con ella después de nacer, ya que a causa del trabajo de su madre tuvieron que viajar a Estados Unidos, aún así, el atesoraba dicho obsequio porque sabía del valor, tanto para su abuela como ahora para él, además que a través de dicho objeto, sentía a un Dios vivo que velaba por él, siendo imposible no sentir respeto y admiración.
Sebastian se sentía atraído a ese mundo, por ser aún pequeño y no comprender mucho, un tanto intrigante, pero una pasión por lo divino y la paz creciendo dentro de su pequeño ser.
Los niños cayeron en cuenta que estaban perdidos.
—Tengo miedo. —comenta una tercera voz.
Kelly era el nombre de la castaña quien su semblante sonriente y radiante había cambiado drásticamente, ahora sus facciones reflejando temor y desesperación.
¿Que podrían hacer en una situación como esta?
Los infantes tenían tan solo cuatro años, sus padres eran amigos, por lo que se conocían desde que estaban en el vientre de sus mamás, pero aquel día habían salido a jugar al parque como la mayoría de las tardes cuando no tenían deberes. En esta ocasión estaban bajo el cuidado de Adriel, hermano mayor de Sebástian, pero se habían adentrado al bosque y no sabían cómo volver a casa.
Un pequeño sollozo salió de los labios de Kelly, seguido de Emma y por último de Sebástian.
Una descarga de terror recorrió los pequeños cuerpecitos de los menores, no tenían la noción del tiempo, no sabían la hora exacta, pero de lo que si sabían y estaban seguros es que estaba a punto de oscurecer y habían escuchado historias de miedo contadas por los adultos sobre el lugar, sobre monstruos nocturnos que merodeaban por dicho terreno capturando a todo aquél que se adentraba al bosque.
Comenzaron a sentir frío, no sabían que hacer.
En estos momentos tenían sed, hambre y mucho miedo.
Un aire gélido comenzó a golpear sus débiles cuerpos por falta de hidratación, sin dudar los infantes se acercaron para darse calor y sus miedos disminuyan al igual que el frío, pero como si la naturaleza estuviera en su contra al igual que el tiempo comenzaron a escuchar ramas, al igual que las hojas secas siendo quebradas, observaron con atención el túnel, logrando ver una sombra arrastrarse hacia donde se encontraban, instintivamente se tomaron de las manos y como si su vida dependiera de ello echaron a correr lo mas fuerte que sus pequeñas piernas se lo permitían.
Mientras tanto...
Tres familias estaban al borde del colapso, la desesperación y locura por la desaparición de los pequeños, habían pasado aproximadamente cinco horas y no habían regresado.
Habían dejado a cargo a Adriel, hermano de Sebastian, quien horas atrás había ido a casa de sus padres contándoles que no había encontrado a los infantes en el parque de juegos. Incrédulos pensaron que tal vez estaban jugando en la casa de algún vecino, pero nada, no estaban, así que sin más procedieron a ir a la estación de policía a poner la denuncia, no iban a perder mas tiempo, podrían tal vez encontrarse en una situación de vida o muerte.
La policía activó la Alerta AMBER.
Comenzaron con la búsqueda...
Pasado una semana, ya habían formado grupos de búsqueda entre oficiales y voluntarios para buscar entre los alrededores a los menores. Realmente había mucha gente que hacía el esfuerzo para encontrarlos...
Siete días desde que Emma, Sebástian y Kelly habían desaparecido, sus fotografías de todos los tamaños, a color, blanco y negro estaban por todas partes, ofrecían cuantiosas sumas de dinero como recompensa por información que ayuden a dar con el paradero de los niños.
Las tres familias estaban devastadas, no tenían testigos, ni cámaras, no habían pista ni señales de aquellos pequeños, era como si la tierra misma se los hubiera tragado, la familia pensaba lo peor y comenzaban a discutir echándose la culpa mutuamente, arrepintiéndose por haberlos dejado salir ese día.
La familias eran católicas por lo que las misas y vigilias no eran de esperarse, realizaban entrevistas en programas de radio, de televisión y miles de miles de fotografías eran impresas y hacían presencia en cada esquina.
Las mil y un teoría comenzaron a surgir, la policía daba indicios a las familia para que se preparen para lo peor.
Al ser familias importantes, no descartaron la opción de que tal vez uno que otro de sus enemigos estuviera detrás de toda esta tragedia, aún así nadie se rindió, aquellas familias a parte de la policía, pusieron a sus hombres de confianza a trabajar en la búsqueda de sus hijos pero desde un margen distante para no entorpecer la investigación de los efectivos policiales, teniendo cuidado también de no perjudicar en donde quiera que estuvieran a los niños.
Adriel, el hijo mayor de los Ivankov comenzó a sentirse culpable.
El adolescente se había distraído conversando con sus amigos del colegio, cuando terminó con su plática, se percató de que no habían rastros de niños revoltosos jugando a su alrededor, no había nadie en los juegos, el miedo lo embargó, no quería que le pasara nada malo a su pequeño hermano y amigas.
Agradeció de que los García, familia de Kelly y Larousse, familia de Emma se hayan abalanzado contra él y le hayan echado la culpa de la desaparición, aunque si otra hubiera sido la situación u otras personas, lo habrían tratado peor que una basura. Aunque trataban de ser amables en aquella situación tanto su familia como la familia de García y Larousse comenzaron a velar por su salud mental, tratando de culpabilizarlo, ni agobiarlo, porque él también estaba sufriendo y preocupado por los niños.
Aún así, a pesar de tener 12 años participó en cada una de las búsquedas realizadas en el interior del bosque pero sin dar con ni una pista de su hermano y amigas, también ingresó varias veces a la estación de policía dando largas declaraciones, ya que era el principal y único testigo de la desaparición, ya que fue el último en haberlos visto.
Tres semanas después por la madrugada los llantos de un niño se hicieron presentes en la cuadra donde vivían los Ivankov, haciendo despertar a mas de una familia.
Todos quedaron sorprendidos al ver que el pequeño Sebástian, el que llevaba desaparecido casi, aproximadamente un mes, se encontraba a fuera de su casa llorando, pidiendo ayuda, con su ropa hecha girones, sucia, sudado, con una mirada vacía, cansado, a todo eso sumándole la sangre seca que estaba al costado de su rostro.
Su familia salió al encuentro, la madre con lágrimas en los ojos corriendo a abrazar a su bebé.
El pequeño balbuceando palabras sueltas como: Ayuden... Emma... Kelly... Secuestró... Cabaña... Río... Mujer...
Tras decir aquellas palabras se derrumbó en los brazos de su madre.
Sin perder mas el tiempo los padres del más pequeño de los Ivankov salieron a toda velocidad al hospital, mientras llamaban al detective que estaba a cargo del caso.
Horas después, Sebastian se encontraba estable en una habitación del hospital, conectado a un suero por vía intravenosa mientras descansaba, los resultados de las pruebas realizadas arrojaron que el menor presentaba un cuadro de anemia, desnutrición, hipotermia, una contusión en la cabeza, descartando el abuso sexual, pero no físico, su piel cubierta por golpes, uno de días que iban desapareciendo y otros recientes.
La policía al recopilar los datos necesarios, comenzaron con la búsqueda movilizando unidades y cercando el perímetro para dar con las pequeñas.
Ahora con las nuevas pistas obtenidas del niño, tenían la esperanza de encontrarlas con vida.
Mayo del 03, 2002
Horas después, Emma Larousse, Kelly García fueron encontradas en una cabaña a las afueras de California, se llevaron una gran sorpresa al ver que no eran las únicas niñas en el lugar, también habían mas niños con ellas, quienes iban a ser vendidos en la frontera de Estados Unidos y México.
Estaban ante la organización más grande y una de las principales de la trata de personas de niños que había entre Estados Unidos, México y no descartaban a Canadá.
(Aquella organización fue supuestamente desarticulada, los niños fueron puestos a salvo y protegidos ante el gobierno, varios pequeños fueron al reencuentro de sus familias, mientras otros ingresarían a un centro de adopción debido a que no tenían familiares quienes los sustenten).
La versión de los niños en una de las sesiones que tuvieron con la psicóloga fue que no habían hecho caso a la indicación de Adriel, se habían alejado del lugar, estuvieron jugando cerca de un pequeño túnel, luego quisieron regresar, pero no recordaban como, o cual camino tomar, por lo que tuvieron miedo, no conocían el bosque. Pasado un tiempo se encontraron con una señora, quien les había prometido llevarlos donde sus padres. Los engañó diciendo que llamaría a la policía, pero nunca lo hizo, los llevó a una pequeña casa que decía que lo usaba de cacería, les dió comida, agua, y de un momento a otro sintieron mucho sueño, finalmente habían despertado en otro sitio, el lugar era grande (la cabaña donde los habían encontrado) y no estaban solos, habían muchos más niños.
—Todos tenían miedo, Sebas ela muy fuelte así que sin más se escondió detlas de una puelta y cuando llegan pala dejalnos pan el escapa plometiendo a todos que pedilía ayuda. —Testifica una pequeña Emma, sin saber pronunciar bien la silaba “r”, comiendo un dulce, obsequio de la psicóloga.
—Ustedes también fueron muy fuertes por resistir para cuando la ayuda llegara y los rescatara.
—Llolé mucho, pero no más que Kelly —suelta una risita —pelo si tuve mucho miedo, sebas nos dijo que no estábamos solos, que su Dios lo plotegía al igual que a todos nosotlos.
Aquel último comentario hizo sorprender a la adulta quien le dedicó una sonrisa a la pelirroja de ojos avellana frente a ella.
Pasaron cuatro meses mas para ser exactos, la familia de Emma retornaba a Francia, querían que su única hija viviera lo mas alejada posible del lugar para evitarle miedos, inseguridades y pesadillas.
Con la promesa de mantener la comunicación y reencontrarse cuando sean grandes lograron despedirse los tres mejores amigos para retomar una nueva vida, sin presagiar lo que les esperaría años más tarde.
Pero, a una distancia prudente, cada acción era observada por un hombre que hacía tiempo atrás había prometido en hacerles la vida imposible a aquellas familias, y no dudaba en seguir con su plan malicioso...