Introducción
—Aroma embriagante, cautivante. Ah~ lo requiero siempre, y es que, me renuevo al verle. Es profundo e intenso, un tanto amargo, pero dulce. Si soy sincera en este momento, él simplemente me quita el sueño —musitaba mientras sostenía mi taza.
—Uhm, comprendo señorita poeta, sé que te gusta mucho pero, ¿segura que solo te refieres al café?
—Y si dijera, que no solo hablo de él…—confesé desviando mi mirada directamente hacia sus ojos.
Y aquella mañana, como se había hecho costumbre, compartimos nuevamente una taza de café.