Guardianes: Mía para toda la eternidad. Libro 1

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Summary

Todos tenemos un destino y en el momento menos esperado es cuando aparece. La vida de Laila una mestiza mitad humana, mitad vampira cambia cuando conoces a Nick, un guerrero también conocidos como los guardianes, que la adentra a un mundo donde todo es muy diferente a lo que ella esta acostumbrada. Irá descubriendo que él mundo no es como ella siempre ha creído.

Status
Complete
Chapters
35
Rating
4.8 11 reviews
Age Rating
18+

Mía para toda la eternidad 1

Tiempo de antaño ....


Era una época donde los hombres vivían en paz, donde no había luchas de poder, los ángeles cuidaban de los humanos, pero entre todos ellos destacaba un ángel en particular. Los que se cruzaban con ella quedaban cautivados por su gran belleza, aunque era conocida por su vanidad y arrogancia.

 Al igual que algunos ángeles, ella también poseía un don, el de la creación. Dios le dio ese don para crear vida, pero como en todo lugar existían unas normas, no podía crear nada que Dios no le hubiese autorizado. 

Ella envidiaba a Dios, ya que quería crear a su antojo sin tener que pedir permiso. Sabía que eso era un imposible y tendría que conformarse con seguir sus instrucciones. Deseaba lo que los humanos hacían con él, la fe ciega que sentía, quería ser adorada por los humanos pero eso jamás ocurriría. Aunque todos decían que era su preferida , ella  no se sentía de tal forma, y debía de acatar las normas tal cual eran, al igual  que  los demás.


Cada día, bajaba desde el cielo y utilizaba su poder para crear todo lo que se le ordenaba, flores, animales… pero no se sentía satisfecha. Miraba a los humanos y sentía pena por ellos, sabía que podía crear a humanos perfectos, pero eso significaba romper las reglas y ser expulsada del paraíso, -algo se le ocurriría,- se dijo a si misma.


A lo lejos, localizó a su hermano. Los dos compartían el mismo don. 


-Hola hermana mía ¿qué te trae por mis territorios?, Le preguntó Mikael. 


-Nada en particular, Contestó. 


-Dime que te ocurre Adaia, Volvió a insistir su hermano. 


-La verdad es qué … ¿alguna vez te has parado a observar a los humanos?, son tan frágiles ….y lo poco que duran, decía pensativa.


-La verdad es que nunca lo había pensado, contestó Mikael. 


-Bueno déjalo no es nada importante, contestó Adaia. 


Pero tenía un plan. Ella quería crear seres que no fuesen tan frágiles como los humanos, -¿y por qué en vez de durar treinta años no era mejor que fuesen eternos?,- Se preguntó a si misma. Puso en marcha su plan, tardó una semana aproximadamente en crear su obra, lo primero fue; un hombre y una mujer, eran hermosos, tenían fuerza, inteligencia, rapidez y lo más importante vivirían eternamente. Tal fue su satisfacción que prosiguió hasta que creó casi toda una aldea. Lamentablemente su creación fue descubierta y fue juzgada por ello. Para desgracia suya, no fue enviada a la tierra a ser un ángel caído como ella esperó, ¡no!, fue mucho peor, fue encerrada en un templo de donde jamás saldría. Allí la condenaron a la soledad, viendo como sus obras eran maldecidas para la eternidad. 


Adaia sufría sabiendo que sus creaciones jamás serían felices hasta que no encontrasen a su compañero/a, de esta forma limitaban el nacimiento de futuras generaciones. El destino se encargaría de ello. Era conocedora que el destino podría llegar a ser muy cruel y nunca concederles la oportunidad de ser feliz.

 No basto con negarle la felicidad, si no que para sobrevivir en este mundo su alimentación seria base de sangre.  La culpa la consumía, sabiendo que por la insensatez que había cometido, otros pagarían por sus acciones. 


No tenía muy claro cuánto tiempo llevaba encerrada, la soledad la torturaba, pero no saber nada de sus creaciones la estaba entritecia.

 Buscando una solución a su problema, decidió que esa soledad la iba a aprovechar, era su deber protegerlos, así qué, decidida comenzó de nuevo. Lo primero que hizo fue; a nueve mujeres todas ellas perfectas, pero éstas eran diferentes,  ya que su esfuerzo fue mayor y su propósito sería vigilar a sus creaciones, las cuales pasaron a llamarlos: sus hijos.

 A las nueve mujeres las nombró  “ las damas blancas” pero, cuando Adaia se enteró de lo que estaba ocurriendo con sus “hijos” se entristeció. Lo que más le sorprendió  fue, que varios ángeles siguieron su ejemplo, creando diferentes seres, los cuales no se llevaban bien entre ellos. Todos querían poder

Su corazón lloraba, eso no era lo que había querido desde un principio, y solo deseaba que el deseo por matarse entre ellos acabase. Así que , usando todas sus fuerzas para que sus “hijos” pudiesen sobrevivir en paz,  invocó todos sus poderes y con su último aliento creó a los perfectos guerreros, los guardianes los llamó, listos para usar la espada en el momento necesario, no les temerían a nada ni a nadie y sus fuerzas superarían a todos los demás. Ellos se  serían los responsables de entrenar a las siguientes generaciones de guardianes.


Ellos se encargarían de poner orden y así todos convivirían en armonía y lo mejor por fin vivirían como ella había deseado. 


Para Adaia, eso hizo que perdiera todo su poder y se sumergiera en un eterno sueño. 


Su hermano al enterarse de lo que pasó, bajó al templo donde fue encerrada, al entrar, encontró a nueve mujeres, todas ellas  vestidas con capas blancas, sus capuchas cubrían sus rostros. Le explicaron lo sucedido y entró en cólera -¿por qué?- Se decía una y otra vez ¿por qué había hecho eso su hermana? 


Y así comenzó la era de la inmortalidad 


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