Resonance

Summary

Baji saldó cuentas con el destino y con la Tōkyō Manji; sin embargo, una de las personas más afectadas por sus decisiones continuaba a su lado, sin pedir nada a cambio, fingiendo no tener cicatrices. No podía ver a Chifuyu sin sentir remordimiento. Cargaba con una responsabilidad similar a la que tenía por Kazutora y, al mismo tiempo, sabía que era sustancialmente diferente. No sólo necesitaba su perdón, lo necesitaba a él. Podía perder cualquier cosa, menos a Chifuyu.

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Complete
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1
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n/a
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18+

Capítulo único

Notas antes de iniciar:

AU!Canon divergence: Luego de la pelea contra Valhalla, Baji fue llevado al hospital para tratar sus heridas. Al ser dado de alta fue a testificar a favor de un reformado Kazutora, pero éste no cambió su versión de los hechos, por lo que termina haciendo servicio comunitario para pagar por sus delitos en lugar de ir a la correccional.

Como las edades canónicas de los personajes de Tokyo Revengers no me gustan, les vamos a aumentar 3 años a todos. Es decir, si Chifuyu tiene 13, aquí tiene 16; si Baji tiene 14, aquí tiene 17; si Draken y Mikey tienen 15, aquí tienen 18 (porque quiero que sus físicos canónicos cuadren con sus edades).


Con el regreso de Baji a la Tōkyō Manji (ToMan) y la subsecuente expulsión de Kisaki Tetta, la pandilla comenzó a retornar a su cauce por sí sola, con excepción de una persona: Baji Keisuke. Él seguía inconforme respecto a una situación particular. Una situación que tenía cabeza, pies y voz. Su nombre: Chifuyu Matsuno.

No estaba molesto con el muchacho ni mucho menos. De hecho, durante su hospitalización, fue él quien le hizo compañía a diario. Le llevaba los deberes de la escuela y reportaba sobre su condición a su madre para que ella no tuviera que sobreexigirse tras volver del trabajo.

Chifuyu era tan leal como cuando lo nombró vicecapitán. No tenía problemas con ello. El verdadero inconveniente yacía en su parche del ojo. Al mirarlo, recordaba la golpiza que le dio para convencer a los de Valhalla que estaba de su lado, no de la ToMan.

Buscó enmendar sus errores. Le contó a Mikey y Draken sus sospechas sobre Kisaki y el por qué actuó en la forma que lo hizo. Chifuyu era el único con quien aún no había expiado sus culpas.

«Golpéame hasta que estés satisfecho» había dicho él, resignado a volver a reposar en una camilla.

«¿Hah? Acabas de salir del hospital. Intenta mantenerte sano más de tres días y lo arreglamos después» respondió Chifuyu, ignorando la petición en su totalidad.

Transcurrió una semana luego de eso.

«Ya pasaron más de tres días —comentó al salir de la escuela—. Chifuyu, eres el único que…»

«Baji —interrumpió—. Está bien. Yo sabía lo que intentabas hacer. Estaba preparado para eso y más».

Chifuyu quedó conforme con la situación, Baji no. Cada vez le frustraba más y conociendo al chico con el que compartía escuela, pandilla y complejo de apartamentos, sabía que, incluso si se lo ordenaba, no recibiría ni una mísera cachetada. En especial por lo ocurrido durante la pelea contra Valhalla, donde no pudo mover ni un sólo músculo para detenerlo.

—Chifuyu —habló al finalizar el yakisoba que habían comprado—. Lo he estado pensando un rato y he tomado una decisión.

—Otra vez con eso —suspiró, sabiendo de antemano lo que le pediría. Pese a todo, su respuesta sería la misma: no lo golpearía.

—Pídeme algo. Lo que quieras. Te lo daré sin importar qué sea o qué tan costoso resulte.

—Nada. No necesito nada.

—Chifuyu —insistió, en tono más severo.

—Bien, entonces, pasa tus exámenes con calificaciones decentes.

—¡Maldita sea, Chifuyu! —Esa fue la gota que derramó el vaso. Tomó al otro por los hombros, poniendo más fuerza de la necesaria—. ¡Se trata de ti! ¡Tú tienes que pedir algo para ti! ¡No para mí!

Al no ser la primera vez que lo veía molesto, Chifuyu no se alteró.

—Como no pidas algo en este mismo instante, me enojaré contigo. ¡De verdad! También dejaré de hablarte y te quitaré el cargo como vicecapitán.

Chifuyu conocía a la perfección los ojos color bronce que se fijaban en los suyos con la misma determinación que un samurái se aferra al mango de su espada para avanzar en el campo de batalla.

Baji lo decía en serio. Lo alejaría de sí hasta que no cediera ante ese extraño, un poco infantil e irracional, capricho.

Tragó saliva. De sus labios escapó una barbaridad.

—Bueno, entonces tengamos sexo.

La expresión de Baji se transformó en una completa oda al asombro. Los párpados se levantaron más de la cuenta y entreabrió la boca a causa del shock.

Anticipado al incómodo momento que se presentaría, Chifuyu soltó una ligera risa que gradualmente se transformó en carcajada.

—Era broma. ¡Debiste ver tu cara!

Baji frunció el entrecejo y se mantuvo quieto, expectante.

—¿Sabes por qué no necesito pedirte nada? —prosiguió, cambiando el tema para que su compañero no hiciera preguntas innecesarias—. Son los momentos como este los que hacen que no necesite de ningún tipo de «recompensa» —puso las comillas con los dedos—. Estar aquí. Platicando. Riendo. Con Peke J. —Miró hacia un costado, donde el gato negro descansaba sobre una sudadera.

El rellano de las escaleras en el que se encontraban ahora se había convertido en su espacio favorito, en su lugar especial junto a Baji. Era él quien daría todo lo que poseía con tal de conservar eso.

—Si en verdad quieres darme algo, que sean momentos como este, durante muchos, muchos años más. No necesito otra cosa.

Baji se llevó una mano al cabello. Lo revolvió un poco en señal de frustración y descontento. Sus planes habían fracasado de nuevo.

—A veces eres un verdadero dolor de cabeza.

—¡Gracias! Es un placer. —Sonrió y lo tomó como un halago para amenizar el ambiente.

Estuvo a escasos instantes de que su imprudencia le costara los años de amistad y confianza que había forjado. Porque sí, le gustaba Baji. Lo deseaba. Lo soñaba. En ocasiones, hasta tenía pensamientos impuros con él.

Llevaba poco más de un año así.

Jamás atravesó la etapa morbosa que otros de sus compañeros sí; conseguir una revista erótica, echar un ojo a la que alguien llevó de contrabando a la escuela, ver las bragas de alguna chica… Lo consideraba una pérdida de tiempo.

En lugar de eso, pasar tiempo con Baji le aceleraba el pulso. Estar de pie a su lado le hacía latir el corazón con desesperación. Los acercamientos recurrentes y el contacto físico le producían un agradable vuelco en el estómago.

Un año nuevo se amaneció con él en el rellano de las escaleras y fue lo mejor que le pasó en la vida. Pese al cansancio subsecuente por la falta de sueño, no dejó de sonreír ese día. Tampoco dejó de repetirlo en sus recuerdos. Ese día… Descubrió que estaba enamorado de Baji.

No era estúpido ni ajeno a sus sentimientos. No lo negó ni lo asaltaron las preguntas que a cualquier otro hombre le habrían surgido al sentir atracción por alguien de su mismo sexo. Él sabía lo que pasaba. Se conocía bien.

Por otro lado, así como Chifuyu era capaz de concebir lo que había en la mente de Baji, este último poseía la agudeza mental suficiente para inferir lo que había en la de Chifuyu.

«Bueno, entonces tengamos sexo».

Aquello se repitió en el interior de Baji en cuanto se fue a la cama.

«Estoy seguro de que lo dijo en verdad» pensó.

Él conocía las bromas de Chifuyu, el tono de voz que empleaba al hacerlas y los gestos tranquilos que le indicaban que no se trataba de algo serio. A veces le seguía la corriente y se divertía en el proceso.

En cambio, esas palabras…

«Tengamos sexo».

Chifuyu las dijo de forma seria, decidida, sin doblegarse. Él sabía a la perfección cuando esos ojos verdes le hablaban directo al alma y esa, por extraña que pareciese, fue parte de aquellas veces.

Por si fuera poco, juró darle lo que pidiera. Sí, se sorprendió en el momento, pero no lo habría rechazado. Era hombre de palabra.

Cerró los ojos para intentar conciliar el sueño. Tras vueltas y vueltas, y hacer bolas las cobijas, siguió inmerso en lo de esa tarde, en la manera que Chifuyu actuaba con él, siendo más accesible y risueño a su lado.

Su baúl de los recuerdos almacenaba cientos de memorias en las que el chico iba detrás suyo diciendo «Baji, Baji, Baji», con un amplio gesto de emoción trazado en sus facciones; jamás había presenciado que fuera tras Mikey, Takemichi, o algún otro, bajo las mismas condiciones.

El incidente durante la pelea contra Valhalla llegó de golpe. Chifuyu corrió hacia él sin pensarlo dos veces cuando se hundió la navaja en el abdomen, incluso si momentos atrás lo había golpeado.

Apretó los dientes de forma inconsciente al pasar aquellas escenas en su cerebro como si se tratara de una cinemática.

Chifuyu lo tomó en brazos. Nunca lo había visto tan triste, desesperado y con miedo. Nunca lo había visto llorar.

Estando sobre su regazo, experimentó una calidez inenarrable, así como en el hospital, con todas las atenciones que le profesaba, entre muchas otras cosas.

Justo por eso no se podía rendir con él. Debía compensarlo de alguna forma.

«¿Y por qué sexo?». Frunció el entrecejo.

¿No se suponía que eso lo hacían las parejas? ¿La gente que se deseaba? Ellos no…

«Espera un momento». ¿Existía la posibilidad de que Chifuyu…? ¿De que él…?

«¿Acaso le gusto?». De ser así, ¿por qué no se lo dijo antes?

¿No se suponía que entre ellos había algo especial? ¿Que se hablaban sin mentiras? ¿Que confiaban el uno en el otro?

Ganas no le faltaban para salir por la ventana e invadir propiedad ajena para reclamar, pero ¿con qué derecho? Él le había ocultado todo lo relativo a Kisaki para volver la actuación más creíble.

Sin embargo, ¿por qué se sentía tan traicionado al desconocer esa verdad? Una verdad que él asumió.

Sin mencionar que, al intentar convencerse de lo contrario, de que Chifuyu no lo veía con esos ojos, un sentimiento violento de vacío y angustia le rodeaba el cuello con las manos y comenzaba a ejercer presión.

«¿Es esto alguna clase de karma, Chifuyu?».

Se quedó dormido al dar las dos de la madrugada.


—Oye, Draken —dijo Baji—. ¿Tienes un minuto?

Entre las personas de confianza de su edad, él era quien podía tener la información que necesitaba. Al tratarse de un tema que no esperaba dar a conocer al resto de los miembros de la pandilla, lo mejor era tratarlo en privado. ¿Se le podía llamar así a un parque concurrido? Pues sí. La gente pasaba muy por delante de la banca en la que descansaban y ningún amigo o enemigo rondaba la zona.

—Tengo un favor que pedirte. —Entrelazó las manos y recargó los antebrazos en las rodillas, arqueando la espalda.

—¿De qué se trata? —Draken se mantuvo a la espera de lo peor. Era raro ver tan serio a Baji. ¿Acaso tenía una nueva sospecha?

—Toda tu vida te criaste con prostitutas, ¿cierto?

—No te voy a presentar a ninguna. —Se adelantó a los hechos.

—¡Escúchame hasta el final primero!

Draken guardó silencio, más relajado. Ese Baji explosivo ya se parecía más al que mantenía archivado en recuerdos.

—¿Sabes cómo tener sexo con otro hombre?

Eso dejó frío a Draken durante un par de segundos.

«Con que por eso tenía esa cara». Al mirarlo de reojo, notó que no lucía preocupado o acomplejado. Era más como si estuviera de frente un complejo rompecabezas, a segundos de mandarlo a volar por el dolor de cabeza que le producía.

—¿Hah? —Un monosílabo de incredulidad abandonó su boca.

No desconocía esa información. Lo que no comprendía era por qué Baji quería saberlo.


—Ah, ya veo. Con que es para compensar a alguien a quien le gustas…

Luego de un resumen explicando la situación sin dar nombres, todo comenzó a cobrar sentido para Draken. A juzgar por las reacciones opuestas y el cómo describió al sujeto implicado, dedujo que se trataba de Chifuyu.

Como su amigo y segundo al mando de la ToMan, no podía estar más en desacuerdo con lo que planeaba.

—Aun así, Baji, lo mejor sería que no lo hagas.

El nombrado frunció el entrecejo. Había tomado una decisión y no se echaría para atrás tan fácil.

—Piensa en el daño que puedes hacerle —continuó—. Si estás tan seguro de que le gustas, no deberías acostarte con él para compensar lo que hiciste. —Se sentía un poco extraño al dar esa clase de consejos, era poco convencional—. Terminarías dañándolo más de lo que crees, en especial si no correspondes sus sentimientos.

—¿Uh? ¿En qué momento dije que no le correspondía?

Los ojos de Draken se abrieron de par en par. Se llevó una mano a la cabeza y la agitó de un lado a otro, despacio. Demasiadas revelaciones seguidas.

—¿Cuándo te diste cuenta de ello?

—Ayer por la noche.

—¡No es tan…! —Fácil.

«No. Estamos hablando de Baji». Al tratarse de él, cualquier cosa era posible. No tenía sentido dar muchas vueltas al asunto. Además de impredecible, era terco.

—Está bien. —Un suspiro de resignación se hizo presente en la conversación—. Mañana te daré unas cosas. ¡Y no es necesario que me cuentes en qué acaba todo! —Si algo salía mal en la intimidad de esos dos, él no quería tener nada que ver—. Sólo asegúrate de no arruinarlo.

—¡Eres el mejor!

A la espalda de Draken llegó una palmada de compañerismo, quizá más fuerte de lo que debía.

Pese a todo lo dicho, Draken los vigilaría de cerca, sólo en caso de que lo peor ocurriera.


A la tarde siguiente, Draken entregó a Baji una bolsa negra que contenía películas de porno gay en VHS —con la amenaza de que sabía dónde vivía e iría a buscarlo si no se las regresaba, porque fueron un préstamo de una de las chicas del burdel—, lubricante y condones que agarró del negocio.

Le explicó algunos aspectos de higiene básica y le comentó que usara las películas para mentalizarse. Si no le gustaba lo que veía, podría ser un indicativo de que eso no era para él y que debía desistir.

Baji se mostró firme. Le dio las gracias por el apoyo y pidió que guardara en secreto lo de ese día y el anterior.

No pudo pasar el rato con Chifuyu. Se encerró en su habitación a ver las cintas en lo que su mamá volvía del trabajo. Asimismo, jugueteó con uno de los preservativos, intentando recordar la clase de educación sexual en la que se quedó dormido. ¡Algo debía haberse quedado en su cerebro por ósmosis!

Sería buena idea pasar por la biblioteca y echar una ojeada rápida a los libros sobre esos temas.

«Hasta para coger tengo que estudiar». Lo hacía para no dar pena ni parecer un completo amateur.

Si deseaba reparar el daño hecho, debía ofrecer un rato placentero. De igual forma, tomaría la oportunidad para cerciorarse sobre si en verdad le gustaba el chico, porque se lo dijo a Draken por impulso para obtener lo que necesitaba, aunque muy en el fondo dudaba.

No es como si no sintiera nada por Chifuyu. Estar moribundo sobre su regazo le hizo replantearse lo afortunado que era por tenerlo a su lado de manera tan incondicional. No obstante, ¿sería correcto catalogar todo lo que sentía por él como amor?

Era un afecto descomunal y desbordante. Uno de magnitud nunca antes experimentada. Era capaz de imaginar a Chifuyu entre sus brazos, besándose con él, tocándolo; mantener relaciones sexuales era algo que jamás cruzó por su cabeza hasta aquel momento y eso era lo que lo confundía.


Asimiló la información durante cuarenta y ocho horas. Al llegar a su resolución, se topó con la mala fortuna de tener poco efectivo, por lo que se ahorró el almuerzo durante dos semanas hasta tener el dinero que le permitiera alquilar una habitación. En ese tiempo también le retiraron los puntos de su herida y el parche del ojo a Chifuyu.

—Ve a cambiarte. —Parecía una orden por la severidad en que fue dicha. Sólo estaba nervioso—. Hay un lugar al que tienes que venir conmigo.

Sin protestar o cuestionar, Chifuyu salió de su apartamento con ropa casual. No sabía a dónde irían. Baji lucía inquieto, taciturno; nada molesto o preocupado. La última vez que presenció algo similar había sido porque no sabía qué regalo comprar a su madre a pocos días del cumpleaños de ésta y terminaron en una tienda de ropa sin saber qué demonios hacer.

Chifuyu no estaba a la vanguardia de la moda femenina como para hacer de guía en un mundo desconocido. Por suerte, encontraron a Mitsuya, quien los auxilió en su apuro. Arrastró a los chicos a una tienda de telas e hizo a Baji comprar insumos algo costosos; con ello creó dos blusas y una falda, que la mamá de Baji usaba gustosa en ocasiones especiales.

Al recordar la anécdota y reparar en el rostro de Baji, Chifuyu concluyó que toda persona de nula relación con él, lo creería capaz de cualquier atrocidad y se replantearía innumerables ocasiones si tenía, o no, buen corazón.

Él lo conocía suficiente para saber que era el mejor. La primera persona por la que sintió respeto y admiración; el primer gran amor que tenía en la vida.

Como el fiel fanático de historias shōjo y josei que era, a veces se sentía como en un manga donde caía por el chico rudo de aspecto salvaje. Era una ridiculez, pero mantener una pequeña ilusión y soñar despierto no hacía daño a nadie.

Por otro lado, tuvo un mal presentimiento al llegar a un hotel y seguir a Baji puertas adentro.

En cuanto tuvieron un cuarto para ellos solos, vio a Baji retirarse la mochila, abrirla y vaciar su contenido sobre la cama: condones y lubricante en gel.

—Chifuyu…

—No debías tomártelo en serio —cortó las palabras ajenas, una venita de molestia saltando en la sien.

—Si lo dijiste fue por algo.

—¡También dije que era una broma y que no era necesario! ¡¿Olvidaste esa parte?! —Si bien levantó la voz, no estaba molesto. Exaltado y desconcertado sería una mejor definición.

Baji apretó los puños.

—Tú… ¿Estás diciendo que de ahora en adelante planeas tomarme el pelo de esta forma? —Porque pudo detenerlo mucho antes: en la entrada del hotel, en la recepción, en el elevador... Cosa que el otro no hizo. Decidió esperar a la soledad que esas cuatro paredes proporcionaban.

Chifuyu no podía afirmar nada porque sería una mentira. La deshonestidad brillaba en él por su ausencia y Baji, que era su amor imposible, gozaba de una posición privilegiada al ser el único a quien no podía ocultar nada.

Acostumbrado a pensar con la mente fría y serena sin importar la situación, no era capaz de percibir que actuaba sentimentalmente en escasas ocasiones, y la mayoría ocurrían justo con Baji, como en ese momento.

—No —respondió, mirando el pecho opuesto, creyéndose indigno de levantar el rostro.

—¿Entonces?

—Ambos somos hombres.

—Lo sé.

—No es normal esto.

—Lo sé. —Comenzaba a perder su limitado buen juicio.

—No tengo pechos ni…

—Lo sé. Lo sé. ¡Lo sé! ¡Soy consciente de todo eso! Lo he analizado cientos de veces —bramó—. ¡Y si estoy aquí contigo es por algo! —Mientras soltaba aquello, tomó a Chifuyu por los hombros y lo estampó contra la pared que se hallaba a pocos pasos—. ¡¿Por qué no puedes entenderlo, maldita sea?!

A sabiendas de lo rudo e impaciente que solía ser, Chifuyu esperó un golpe. En su lugar, el puño que Baji levantó, impactó contra el muro, por encima de su cabeza.

Baji solía exponer una sonrisa al pelear; cuando destrozó a Chifuyu para probar su lealtad a Valhalla, no lo hizo; la primera (y única) vez que tuvo que castigarlo frente a todo el Primer Escuadrón, tampoco lo hizo.

Al ser más fácil utilizar la violencia que las palabras, Baji solía recurrir a ella sin pensar en las consecuencias; en ese preciso momento ni siquiera figuró entre sus opciones.

La súbita visión de Chifuyu con la cara maltrecha se interpuso como una alucinación tétrica.

Baji no estaba ahí para desfogarse y encontrar desahogo pasional. Estaba ahí por y para Chifuyu. Para redimirse. Para hacerlo sentir bien. Para pagar todo lo que le había hecho. Para rogar un perdón.

Quizá el otro logró entender algo de eso a través de su mirada, porque de un momento a otro desapareció la distancia en alguna clase de abrazo.

¿Sí era un abrazo?

El muchacho posó la frente sobre el hombro de Baji; éste, por su parte, recargó la mejilla contra el cabello rubio. ¡En verdad estaba muy cerca! Podía oler su shampoo; le recordó al bosque y había un toque a bayas.

Dudó si debía hacerlo, pero apretó ese cuerpo contra el suyo, rodeándolo con ambos brazos. Se sentía bien. Muy bien. Podría pasar minutos enteros así.

¿Por qué nunca habían hecho algo como eso?

La respuesta física fue lo que Chifuyu necesitó para decidir ir más allá. Si no hubiera sido correspondido, habría vuelto a casa. No porque deseara ser tocado, sino porque no podría con el remordimiento de «obligar» a la persona que más admiraba a mantener relaciones con él.

—Hagámoslo. —Levantó el rostro.

—¡Bien! ¡Así me gusta! —Algo en su pecho se aceleró más de la cuenta.

La frente de Chifuyu entró en contacto con la ajena. Los ojos le brillaron con la esperanza de obtener un beso que jamás se concretó.

«Por supuesto». Debía lidiar con que Baji sólo quería satisfacerlo por soltar la lengua de forma descuidada. Sabía que entre ellos nunca se daría nada romántico. Baji era alguien normal, no como él, que deseaba fundirse con el alma.

Estaba bien con ser la primera vez de la persona con quien deseaba ser más que sólo amigos. Sería egoísta pedir que también correspondiera sus sentimientos. Era imposible.

—Tienes que desnudarte.

Le escuchó decir (como si no fuera obvio), al tiempo en que dejaba de lado las prendas superiores, previo a atarse el cabello de la misma forma en que hacía cuando peleaba.

—Cierto.

Quiso mirar con más detalle el cuerpo contrario, mas no pudo, estaba avergonzado retirándose su propia ropa. Ambos eran hombres, no había razón para sentirse así; sin embargo, jamás había ido con Baji a las aguas termales y debía fingir no tener interés en lo que comúnmente se cubría con tela.

«¡Demasiado complicado! ¡Y repentino!». Le molestaba que no se diera de manera natural.

Recién se deshacía de los pantalones cuando el otro se acercó por detrás, le tomó la pretina de los calzoncillos y los deslizó hasta los tobillos.

No pudo replicar. En menos tiempo del esperado también le hizo subir las rodillas a la cama y colocar las palmas sobre la misma.

Baji seguía de pie tras él.

—Separa un poco las piernas.

Con esa frase a Chifuyu se le subió el color con una intensidad que haría ver pálidos a los tomates.

Baji le puso una mano sobre la espalda baja, la otra la llevó a su propio pene, masturbándose para lograr una erección. No quería hacerlo esperar.

Logró ponerse duro con poco esfuerzo. Cosa que le hizo resolver las dudas remanentes sobre si en serio le gustaba ese chico. No le dio asco verlo en aquella posición, de hecho, estaba algo ansioso por imitar lo que vio en aquellas cintas pornográficas.

Destapó un preservativo y lo deslizó por todo su falo, orgulloso de los momentos de práctica en su habitación.

Vertió lubricante entre las nalgas de Chifuyu. Con el tacto percibió un temblor, quizá por el contraste de temperaturas.

—Es para que entre más fácil —explicó—. Aguanta la respiración.

Posicionó su pene contra el ano. Metió la punta y continuó empujando hasta la base con dificultad.

Chifuyu sofocó un grito y dejó caer el pecho contra la cama. Quería cerrar las piernas y echarse hacia adelante.

Dolía. Dolía demasiado. ¡¿No se supone que eso debía sentirse bien?!

—Estás muy estrecho. Afloja un poco, ¿quieres?

Le escuchó decir en voz ronca.

«¡¿Cómo se supone que hago eso?!». No lo puso en palabras por temor a que salieran de forma cortada y lamentable.

Hizo algo similar a pujar. No puso fuerza en el abdomen porque no había nada para sacar. Sólo Baji.

—Ah, mucho mejor. —Frotó la mano sobre uno de los glúteos contrarios a modo de felicitación.

Acto seguido, lo tomó con firmeza de la cadera y emprendió un vaivén continuo. Sin brusquedad y sin ningún tipo de pausa.

A Chifuyu le escocieron los ojos al inicio, pero aguantó las lágrimas. En comparación a un golpe en la cara o un rodillazo en el estómago, eso no era nada. Lo que no pudo contener muy bien fueron sus quejas, las cuales emitía aun con la boca cerrada.

Baji interpretó eso como una buena señal. En los videos eran mucho más ruidosos.

—Se siente bien —murmuró, aumentando la velocidad de sus embestidas.

El calor sobre su erección. La presión a la que era sometido. Las contracciones irregulares. Todo lo que recibía de Chifuyu era magnífico, mejor que masturbarse.

Ojalá que con «tener sexo» no se refiriera a algo de una sola ocasión; podría hacerlo varias veces sin problema.

«Yo y mi bocota» se reprochó Chifuyu. Era bueno que al menos Baji lo disfrutara.

No obstante, con eso quedarían a mano. Baji dejaría de insistir en dar algo y él habría conseguido un momento íntimo de recuerdo. Poco grato, pero íntimo.

La sesión de tortura consensuada terminó a los pocos minutos. Ambos estaban agitados. Sólo Baji eyaculó, aunque contó con la cortesía suficiente para ayudar al otro a acomodar sus ropas. Además, lo llevó en su espalda todo el trayecto de regreso a casa.

Chifuyu no quiso decir que no lo disfrutó en absoluto. Menos después de ver a Baji todo feliz, convencido de que había hecho un buen trabajo.

—¿Pasa algo? —preguntó Baji una vez que dejó al chico en la puerta de su casa.

—No es nada. —Negó con la cabeza—. De repente me entró sueño.

—Ahora que lo mencionas… —Levantó el rostro, como si hubiera un globo de pensamiento en el que se proyectasen fragmentos de su imaginación—, también me siento algo cansado.

Se despidieron, acordando esperarse para ir a la escuela a la mañana siguiente, como era usual.

Aunque Baji quedó a gusto con su buena acción y Chifuyu le siguió la corriente, en el fondo, ambos sabían que algo andaba mal. Normalmente no tenían dificultades para comprenderse, pero ese día fue como si hubieran perdido parte de su conexión, su sincronía, su resonancia.


Draken notó cierta cojera en Chifuyu. No sólo eso, también lucía más fatigado a lo usual; se mantenía en reposo en lugares con sombra.

Se pasó una mano por la cara, de arriba abajo, mientras soltaba un suspiro cargado de un fastidio monumental.

«¿Qué demonios hiciste, Baji?». Seguro se había portado como un bruto.

—¿Ocurre algo? —preguntó Mikey.

—No, es sólo… —¿Había necesidad de involucrar a alguien más en la relación de esos dos?—. Es Chifuyu. Se ve cansado. Lo mandaré a casa.

—Oh, ¿también lo notaste? —Al ser el primero en llegar a la reunión de la pandilla, su mirada reparó en todo aquel que cruzaba la entrada del santuario—. Aparte, ¿no crees que es algo inusual no verlos juntos?

—¿Mn?

—A él y a Baji.

—Cierto. —Así como ellos, Chifuyu y Baji eran un equipo que rara vez se separaba.

Draken rogó que no estuvieran en malos términos.

Tras una breve charla, descubrió que todo seguía relativamente bien. La razón de que no llegaran juntos se debía a que Baji salió a comprar algunas cosas que su madre le listó en una nota.

Chifuyu se adelantó en caso de que la reunión empezara con el capitán de la Primera División ausente. Se le cayó la mandíbula cuando Draken fue directo al grano al preguntar sobre su salud y declarar que sabía lo que ocurría entre él y Baji, para ahorrarse los pretextos.

Chifuyu se vio en la obligación de hablar con la verdad. Entonces, pasaron dos cosas. La primera, Draken le soltó un regaño y un golpe en la cabeza por guardar silencio y ser imprudente; la segunda, lo mandó a casa con la amenaza de que le contaría todo a Baji si no se concentraba en reponerse.

Draken había visto muchas cosas a causa de la convivencia continúa con todas aquellas mujeres a quienes consideraba madres y hermanas mayores. Unos asuntos más delicados que otros. Esperaba que lo de Chifuyu no fuera nada grave.

Cuando Baji llegó y buscó a Chifuyu, Draken le comentó que lo había mandado a casa y que esperara al final, luego de que Mikey diera el aviso, porque debían charlar de un tema particular.

Así ocurrió. Baji se llevó otro coscorrón y un sermón en el que obviaron que Chifuyu nunca salió en la conversación original, pero ambos sabían que se trataba de él.

—¡¿A quién se le ocurre?!

—¡¿Hah?! ¡Pero si lo hice justo como en los videos!

—¡Ese es el problema! ¡Son actores, Baji! ¡Actores! No puedes meterlo porque sí. Necesita dilatación. Normalmente se hace con los dedos. ¡Para eso se usa el lubricante, pedazo de…!

Baji iba a replicar. Se detuvo en seco al conectar los cables y susurrar un ligero «auch».

—¿Acaso no lo viste cojear? —Draken se cruzó de brazos.

—Pues sí, pero… Dijo que había sido una rencilla ayer y…

Fue engañado.

A nadie le pareció extraño ver a Chifuyu en su condición. Entre tantas peleas, no era nada fuera de lo común que alguien cojeara.

Baji sí preguntó la razón de regreso a los departamentos —en la mañana no notó nada extraño—. No pidió detalles cuando Chifuyu le soltó la mentira porque no tenía ni un sólo rasguño en la cara. Eso sólo podía significar que ganó la batalla y se llevó un moretón en una pierna, o algo así, como souvenir.

Incluso recuerda lo que pensó en el momento.

«Si no necesita muletas, significa que estará bien pronto».

—Mierda —musitó, conteniendo la rabia.

Conocía bien a Chifuyu como para saber que dijo eso para hacer que no se preocupara. Él no era del tipo victimista al que le gustaba dar problemas. Todo lo contrario. Seguro debió creer que con una justificación como esa, Baji le creería sin dudar —cosa cierta—, y dejaría el asunto de lado.

Montó en la motocicleta y abandonó a Draken a mitad del regaño.

Al no ser demasiado tarde, llamó a la puerta de la casa de su amigo, quien salió a recibirlo.

—¿Pasó algo en la reunión? ¿Es grave? —No se le ocurría otra cosa por lo que podía ser sacado de casa a esas horas, advirtiendo iracundo al capitán.

Baji lo miró.

¡Le había mentido! Ahora ya eran dos cosas poco gratas que le había aguantado: una golpiza terrible y una pésima cogida.

No era con él, era consigo mismo con quien se hallaba furioso. Sin importar cuánto lo intentara y el modo en que lo hiciera, parecía que sólo lastimaba a Chifuyu.

«¡Bien! Si eso es lo que quieres...». Lo haría confesar.

—En realidad, estaba pensando en lo de ayer en el hotel. He tenido cierta necesidad, sabes. Y quiero repetir. —Al ser una verdad a medias, fue bastante convincente.

—Bueno, podríamos… Pero debo estudiar para los exámenes. —Se rascó la parte trasera del cuello, dando la primera excusa.

—Tú nunca has necesitado estudiar (además, son el próximo mes).

—También debo ayudar en casa. —Se ahorcó solo con la segunda excusa.

—La semana pasada dijiste que estarías libre.

—Y debo…

—Chifuyu —su voz, más grave a lo habitual, interrumpió la tercera excusa.

Un incómodo mutismo se apoderó del espacio entre ambos.

—Cuando estábamos en Valhalla —dijo Baji—, y no dejaba de golpearte, en lo único que podía pensar era en que me abandonaras. Sin embargo, te aferraste a mí. ¿Te das cuenta de que, justo ahora, esos estúpidos pretextos no tienen nada de sentido? Así que dilo de una vez, ¿qué sucede?

Al toparse con aquellos ojos avellana, Chifuyu supo que era inútil seguir ocultándolo. Empujar su relación a lo que era antes, a base de pequeñas mentiras piadosas, no los llevaría a ningún lugar. Dañaría poco a poco lo que habían logrado construir con base en la confianza y el respeto mutuo.

Volvió al interior a avisar que estaría un rato con su vecino. No quería que escucharan en casa. Luego, salió y señaló el parque del otro lado de la calle.

—Vamos allí.

Baji accedió.

Tomaron asiento en los columpios. Uno al lado del otro. Chifuyu se meció para que el viento fresco le aclarara las ideas, antes de plantar los pies en la tierra.

—La verdad es que no hubo ninguna pelea. Lo del hotel, el otro día, no se sintió nada bien. Fue doloroso. Todavía lo resiento un poco.

En el cerebro de Baji se encontraba una versión miniatura suya que se sintió muy herida al escuchar eso. Frunció los labios y el entrecejo, pero agradeció que fuera tan directo como de costumbre.

—A mi… —hizo una pausa con un suspiro, buscando las palabras adecuadas—, me has gustado por mucho tiempo, Baji. Por eso no dije nada al inicio. Sin embargo, no creo que sea buena idea convertir esto en una relación con beneficios. En especial porque sé que no sientes lo mismo. No lo soportaría...

»Por favor, hagamos como si nada hubiera pasado. No me trates diferente. Me gusta ser el vicecapitán de la ToMan, pasar el rato contigo en la escuela, en las escaleras… —Apretó las cadenas que sostenían el columpio—. Me gusta el equipo que somos. Y así están bien las cosas.

Al girar el rostro, ya esperaba lo peor. Que Baji pusiera cara de asco, de consternación y que decidiera cortar lazos por lo sano.

La verdad, Baji sí estaba extrañado y confundido, una ceja enarcada.

—¿De qué rayos hablas?

Chifuyu parpadeó en silencio. No por la pregunta, sino porque el otro lucía más tranquilo de lo que debería, considerando la clase de declaración que acababa de hacer.

—Si a ti te gusto. —Señaló al chico—. Y tú me gustas. —Redirigió el dedo índice hacia sí mismo—. ¿No deberíamos empezar a salir?

—¿Eh? —Todos los músculos de su cuerpo dejaron de recibir impulsos nerviosos.

—¡Bien! Entonces está decidido. Estamos saliendo. Desde ahora. Ya.

—¿E-Esta es alguna clase de broma?

—¡Estoy siendo completamente serio!

Acto seguido, se puso de pie frente a Chifuyu. Le sostuvo el rostro con ambas manos y, sin meditarlo demasiado, juntó sus labios.

Una corriente eléctrica fluyó de la cabeza a los pies. Tal vez fue más intensa de lo esperado, porque Chifuyu volvió a la realidad en un instante, respondiendo con cuidado a los torpes movimientos de Baji.

Ninguno había dado un beso hasta ese momento. Claro que carecía de maestría en todos los sentidos. Al intentar profundizar, hubo un roce de dientes y no sabían por dónde llevar la lengua con exactitud.

Chifuyu cerró los dedos en torno a las muñecas opuestas. No buscaba separarlo. Fue un reflejo.

Baji cortó el contacto para pasar saliva.

—Si no lo hice antes fue porque… Bah. Qué importa.

Reanudó sus acciones, esta vez, succionando la lengua de Chifuyu, quien soltó un quejido ahogado e imprevisto. Un par de segundos más tarde comenzó a salir del shock inicial.

Entonces era correspondido.

¿Era correspondido? ¿Desde cuándo? No. No tenía sentido preguntar.

Desde que hicieron aquello, ¿no actuaba Baji como si fueran demasiado cercanos? Es decir, lo eran, sólo que ahora invadía más su espacio personal de manera natural. En su lugar favorito ya no se sentaban frente a frente a platicar, era más hombro con hombro o con el brazo de Baji rodeándolo.

¿Era por eso? ¿Porque le gustaba a Baji?

Abrió un poco los ojos. Tenía el rostro de Baji cerca. Muy cerca. Podía ver sus pestañas, sentir su respiración acariciándole la piel. Bajó los párpados y volvió a relajarse.

Entonces, hizo algo que siempre tuvo tentación de hacer. Colocó las manos en el cuello ajeno y las subió con lentitud, enredando los dedos en el cabello, por la parte de la nuca.

Comenzó a ponerse de pie para que el otro no se agachara tanto. Por inercia, flexionó la rodilla y la rozó contra el muslo de Baji. Éste le sostuvo la pierna con una mano.

Se separaron. Sonrojados, agitados, con el corazón a mil por hora. Una mirada les bastó para saber que pensaban lo mismo.

Chifuyu se dio impulso y saltó. Baji atrapó la otra pierna para terminar de cargarlo por el frente.

Sonrieron. Por extraño que pareciera, cada quién sentía que su conexión perdida, en ese momento se había restaurado.

Baji levantó el rostro. Fue el turno de Chifuyu para retomar donde lo dejaron. Mordió el labio inferior de su, ahora, novio. Tiró un poco de él.

Baji dejó escapar una risa ronca, divertida. Quiso morder a Chifuyu. Éste se echó hacia atrás.

—Atrevido.

«Es bueno tenerte de regreso». Sí, ese era el chico que conocía.

Chifuyu se sobresaltó, como quien olvida algo en la estufa. Se removió para que lo regresaran al suelo.

—Vamos, bájame. Dejé las ventanas cerradas. —La oscuridad de la noche se alzaba en cada rincón. Apenas podían ver por la iluminación de la calle—. Peke J debe estar afuera esperando que lo deje entrar (va a molestar a los vecinos con los maullidos).

Baji se quedó pensando en que él cuidaba del gato mucho antes de que Chifuyu lo adoptara. ¿Eso lo convertía en su hijo adoptivo?

—Baji. —Tomó las mejillas del nombrado y las estiró a modo de protesta—. Bá-ja-me.

Fue colocado en el piso al poco rato y regresaron al complejo de apartamentos. En el trayecto, Baji tomó la mano opuesta y la metió junto con las suyas al bolsillo delantero de la sudadera.

Si las novelas que veía su madre por las noches lo habían instruido bien, ese tipo de cosas debían ser ideales. A esas alturas sabía que hacer algo por imitación era una pésima idea, en especial si era algo que protagonizaba un actor porno, aunque en verdad le gustaba mantener contacto físico con Chifuyu y no hacía ningún daño el tomarle la mano.

Mientras subían las escaleras, un sollozo irrumpió el ambiente.

Baji, quien iba por delante, se detuvo y giró sobre sus talones, notando a Chifuyu con la cabeza gacha.

—¿Chifuyu? —preguntó, pasmado.

Momentos atrás todo iba viento en popa.

Chifuyu movió la cabeza de un lado a otro en negación. Por inercia, apretó la mano que sostenía, dentro del bolsillo ajeno. Se sorbió los mocos. Apretó los labios en una delgada línea; un vago intento por mantener la compostura.

En el camino de regreso pensó en lo que hubiese ocurrido si Baji perdía la vida. No se habría declarado. No habría llegado a tomarle de la mano como hacía ahora. Habría perdido a su amigo, a su capitán y a la persona de la que estaba perdidamente enamorado.

Por breves instantes pudo verse a sí mismo llorando de forma desconsolada frente a la tumba familiar de los Baji, implorando una guía, una señal de que no estaba solo.

Al llegar al primer descanso de la escalera, Baji soltó al muchacho para rodearlo con ambos brazos. Lo sostuvo tan fuerte como pudo, sin llegar a lastimarlo y eso pareció ser el detonante para que el llanto se intensificara.

Chifuyu subió las manos hacia la parte baja de la espalda ajena, donde se sostuvo de la ropa.

—Baji —alcanzó a pronunciar contra el hueco entre el cuello y el hombro, donde descansaba el rostro.

—¿Qué ocurre?

Quería decirle que era un idiota por pelear herido y apuñalarse a sí mismo; por hacer que se preocupara tanto; que tenía tanto miedo de perderlo y, a la vez, era muy feliz de estar a su lado.

—Es un alivio…, que estés aquí —habló entre sollozos.

Una sonrisa cálida suavizó las facciones de Baji. Depositó un beso sobre los cabellos rubios y recargó ahí mismo la mejilla.

Comprendía lo que debía estar sintiendo su chico. Él también había perdido a alguien preciado años atrás, a Shinichiro. Por lo que, si perdía a Chifuyu… No. No podía. No se lo perdonaría jamás.

En ese instante se juró hacer todo lo posible para mantener a salvo a Chifuyu. El Chifuyu tan devoto a él. El Chifuyu tan fuerte y confiable. Su querido Chifuyu. El mismo a quien había maltratado tanto. Tanto.

—Perdóname —susurró, desde lo más profundo de su pecho, aferrándose aún más al cuerpo que sostenía.

Chifuyu comenzó a calmarse porque la presión no lo dejaba respirar bien. No quería que lo soltara, así que se obligó a disminuir la frecuencia con la que sus pulmones subían y bajaban; esto hizo que las cascadas hechas de lágrimas disminuyeran al cabo de unos minutos.

Baji aflojó el abrazo, sin soltarse del todo. Necesitaba ver el rostro de su…

—¡Ugh! —Se llevó una mano al abdomen y se inclinó hacia adelante tras sentir un golpe en la zona donde se había apuñalado. Por fuera estaba cerrada, aunque eso no quitaba que aún necesitara reposo. Tenía riesgo de abrirse si hacía mucho esfuerzo o ejercicios bruscos.

No alcanzó a protestar. Chifuyu le robó el derecho a la palabra.

—¡Si vuelves a hacer una estupidez así…! —Pese a tener el rostro descompuesto en lágrimas, se notaba su enojo—. No voy a perdonarte —su voz se quebró al final.

Intentó limpiarse la cara con la manga de la sudadera; no obstante, volvió a estallar en llanto.

«Sí. Me lo merezco» pensó Baji.

Por segunda ocasión, no dudó en acercarse a su pareja para brindarle consuelo.

—Pareces un niño pequeño —agregó, con una gran sonrisa. Intercaló sus acciones, entre acariciar el pelo y frotar su espalda.

Si rememoraba todo lo que hizo Chifuyu por él, era verdaderamente afortunado en ser querido y amado por alguien así. De forma tan pura e incondicional. Que le soltara sus cosas de frente y se pusiera de pie a su lado.

Chifuyu se sentía muy bien. Irónico. Hasta ese momento no supo cuánto necesitaba desahogarse; sacar el dolor, la preocupación y la alegría que llevaba dentro. Todo se mezclaba de forma caótica… Dejarlo salir le proveía de paz. Demasiada paz.

Continuaron en ese lugar hasta que Chifuyu agotó sus líquidos de reserva y no tuvo nada más que llorar.

La sudadera de Baji quedó empapada de hombro, una parte del pecho y otra de la espalda. La playera debajo igual terminó húmeda.

Acompañó a su novio hasta la puerta de su casa. No hubo una sola palabra de despedida, en su lugar le dio un beso casto; varios de ellos.

Su forma de demostrar afecto era mediante hechos y no dudaría en dedicar cada uno de ellos a Chifuyu.


Casi al mes de relación, mientras paseaban por la ciudad, se toparon con Draken y Mikey. No de manera directa. Veían sus espaldas a unos cuantos metros de distancia.

Baji metió un par de dedos en la trabilla trasera del pantalón de Chifuyu y tiró de ésta para reducir la distancia.

—¿Deberíamos decirle a Draken? —Era la única persona más o menos enterada de lo suyo. No lo mantuvieron al tanto porque no les cruzó por la mente.

—Tal vez cuando esté solo… —No desconfiaba de Mikey, pero quería manejarlo con discreción una temporada. Lo que menos deseaba era ser protagonista de un chisme interno de la pandilla.

Con los enfrentamientos constantes, las ocasionales emboscadas, los sabotajes; lo último que querían era que usaran la relación de ambos como un punto débil.

—Por cierto —habló Baji, deteniéndose en el parque donde se declararon—, este fin de semana mi madre irá a unas aguas termales con una amiga. Estaré solo.

—¿Quieres que te haga compañía?

—Quiero… —No estaba seguro sobre la manera correcta de abordar el tema, mas no podían evitarlo para siempre—, acostarme contigo.

Una mirada de desaprobación apareció en el rostro de Chifuyu, mientras que un rubor sutil se hizo presente en el rostro de Baji.

—¡Puedo hacerlo mejor esta vez! De una forma que no duela. Lo juro.

No sabía por qué su cuerpo lo exigía. Después de la primera vez, era como si le reclamara por más. Sin importar cuánto intentase poner la mente en blanco y tranquilizarse, un par de veces a la semana debía darse un alivio momentáneo en el baño. También le funcionaba dar una paliza a alguien; drenaba la energía de sobra.

Chifuyu suspiró. Resignado. Quería tener mayor intimidad y era inevitable tocar ese tema de nuevo. Sin mencionar que era la única forma en la que dos hombres podían mantener relaciones.

—Está bien. —Confiaba en Baji más que en nadie—. Pero más te vale que en serio no duela. Si lo hace, no lo volveremos a hacer —amenazó.

Con fe en sí mismo, Baji sacó el pecho.

—Tranquilo, se sentirá bien. —Puso una mano en la cabeza opuesta y le revolvió el pelo—. Tanto, que pedirás más.

Chifuyu se ruborizó y comenzó a darle calor. Seguro que Baji no conocía la dimensión de las palabras que había pronunciado.


Era sábado. Las tonalidades del ocaso se alzaban por toda la ciudad. Chifuyu sostenía en brazos un cambio de ropa y el cepillo de dientes, frente a la puerta de Baji.

Dio unos golpecitos a la madera. La puerta se abrió al instante.

—Te estaba esperando —dijo Baji, fingiendo que no estaba justo en la entrada desde hacía horas.

«Me preguntaba si esperabas que fuera por ti». Fueron palabras que se ahorró.

—Lo supuse —agregó Chifuyu, intentando ocultar la gracia que le hacía—. Y te lo aplaudo. La paciencia nunca ha sido tu fuerte.

Baji soltó un gruñido por lo bajo.

—¿Quién dice? Soy bastante tolerante. Es sólo que la gente se esfuerza en poner a prueba mis límites. —Se hizo a un lado para dejar al otro entrar.

En lugar de soltar frases clichés de bienvenida como «pónte cómodo» o «siéntete en casa», le dio una nalgada.

Chifuyu ya no se sorprendía tanto como al inicio cuando las recibía. Sólo en público le llamaba la atención con un pellizco en el brazo o la mano. En respuesta, Baji solía decir que le arrancaría la cabeza si hacía eso de nuevo; Chifuyu sacaba la lengua y llevaba un dedo bajo el ojo para retarlo.

A sabiendas de lo que ocurría, Baji comenzó a contenerse, menos cuando se encontraban en sitios que les brindaran privacidad suficiente para dejarse llevar. Casi siempre Chifuyu se dejaba arrastrar. Baji era un tipo bastante intenso.

Chifuyu se adelantó hasta la habitación y acomodó sus cosas en donde su novio guardaba la ropa. Conocía tan bien esa casa como la suya propia.

Miró la cama. Un espacio muy estrecho al estar empotrada en la pared y a la mitad de un estante horizontal superior y otro inferior. Eso no servía para ninguna actividad diferente a dormir.

En esa ocasión, al centro de la recámara se hallaba un futón. Ya se había quedado algunas veces en éste cuando iba de visita y era invitado a pasar la noche.

«¿Lo haremos aquí?» La pregunta se respondía sola, sin quejas al respecto.

Baji llevó una mano hacia aquellos cabellos rubios que tanto le gustaba despeinar últimamente. Iba a sugerir que se diera una ducha, pero con el tacto percibió cierta humedad.

—¿Tomaste un baño?

—Pues sí —respondió, con un tono evidente—. Vamos a hacerlo, ¿no? Debía estar aseado y… ajá.

Algo en Baji se agitó. Deslizó los dedos por el cuello, un hombro, la espalda; hasta llegar a la cintura, rodearla y juntar ambos cuerpos por esa zona.

—¿Decías algo antes sobre la paciencia? —Chifuyu exhibió una sonrisa de intenciones dudosas. Llevó uno de sus dedos hacia un mechón de pelo negro que caía por el lateral del rostro opuesto y jugueteó con él usando un dedo.

—Que hay niños rubios suicidas que gozan de llevarme al límite —respondió, divertido, entrando al ambiente agradable que avivó su chico.

Ocurrió lo evidente. Unieron sus bocas en un beso tranquilo, que poco a poco se fue tornando deseoso.

Durante una buena temporada, Chifuyu envidió todo el contacto que Baji tenía con los miembros fundadores de la pandilla. En especial con Mikey. No lo exteriorizó con celos evidentes porque sabía que ellos eran amigos de la infancia. Nada más.

Se limitó a ansiar el día en que Baji tuviera esa cercanía con él, que le pasara un brazo por los hombros y lo mantuviera cerca en cada momento. Ahora no tenía nada que envidiar.

No había nadie a quien Baji le metiera las manos bajo la playera, para calentar y degustar la piel de su cintura. Sólo a él.

No había nadie con quien Baji juntara sus labios para demostrar toda la devoción y el aprecio que le tenía. Sólo a él.

No había nadie a quien Baji cargara por los muslos para consentirlo y disfrutarlo a su modo. Sólo a él.

El beso se puso tan caliente y húmedo, que comenzó a faltar el oxígeno a causa de respirar sólo el aliento del otro.

Se separaron más de fuerza que de ganas. No rompieron el contacto visual. Baji se puso de rodillas sin bajar a su pareja y se echó hacia adelante, con cuidado, para acostarlo sobre el futón.

Chifuyu se soltó, viendo como el otro se erguía para atarse el pelo con la liga que llevaba en la muñeca.

—Tienes que desnudarte —repitió las palabras que alguna vez le dirigió, en una situación mucho menos romántica y más tensa.

Baji sonrió con picardía.

—Quizá después. —Recorrió hacia arriba el suéter tejido y la playera delgada que su pareja usaba, lo suficiente para que la mayor parte del torso quedara expuesto.

Acercó el rostro a uno de los pezones. Chifuyu se estremeció cuando el aliento de Baji chocó contra uno de ellos.

Un extraño cosquilleo le hizo presión en el vientre cuando la lengua comenzó a trazar húmedos círculos sobre la areola.

La gran ventaja de que ambos fueran hombres era que Baji sabía de cosas que podían funcionar mejor para encender aún más la situación.

La sensibilidad en el pecho no era mucha, así que no tardó en pasar a rodear el pezón con los labios y succionar. Repitió lo mismo con el otro para no dejarlo desatendido.

Luego, le sacó las prendas superiores y comenzó a desabrochar el cinturón y los pantalones. Ya se sentía algo duro bajo toda la tela.

En lugar de deshacerse de la ropa restante, mandó lejos su propia playera y se acostó de lado, tan cerca de Chifuyu como le era posible, casi encima de él.

Comenzó a introducir los dedos bajo los calzoncillos contrarios, imponiendo un suave, pero firme masaje sobre su pene.

Chifuyu soltó un jadeo. Tuvo la urgencia de separar más las piernas. En su lugar, tragó saliva. También se colocó de costado, frente a su amado y se dio valor para aflojar los pantalones opuestos.

No hizo lo mismo que Baji. Fue más allá. Bajó la ropa lo suficiente para extraer su erección e imponer un bombeo consistente.

Baji gimió bajo.

—Atrevido.

Chifuyu le besó el mentón y sonrió con malicia.

—Quítatelos —indicó Baji, al tiempo en que se giraba hacia el lado opuesto. Estiró la mano hacia el cajón que contenía el lubricante y los condones para colocarlos más cerca.

Chifuyu no reparó en deshacerse de la ropa restante, incluídos los calcetines. Ver esos objetos le erizó la piel. No tenía recuerdos muy gratos relacionados con ellos.

«Lo prometió». Hizo lo posible para convencerse a sí mismo de que sería diferente.

Baji le tomó una pierna y se la echó encima de la cadera, como cuando el chico le saltaba encima y se sostenía de su torso para besarlo.

Destapó el lubricante. Vertió un chorro sobre una de las nalgas, lo más cerca posible al medio. Dejó la botella cerca y con la misma mano comenzó a esparcir el gel entre los glúteos.

No advirtió al deslizar el primer dedo dentro del esfínter del muchacho. Sólo jadeó al percibir su calor.

Entró y salió con calma, buscando que su pareja comenzara a acostumbrarse a la intromisión. Desde temprano, su entrepierna empezó a protestar para reemplazar a la mano.

Chifuyu seguía sin ser fan de que le entraran cosas por ahí, así que hizo lo posible por relajarse y pensar en otra cosa. Con el pie que tenía encima de su novio le comenzó a deslizar el pantalón y los interiores. Al pasar de la rodilla, el propio Baji acompañó sus acciones para terminar en completa desnudez.

Metió el segundo dedo. Chifuyu emitió un quejido.

—¿Duele?

—Molesta. —Desvió el rostro.

Se removió. Su pene hizo fricción con el de Baji. La cabeza se le desconectó por unos segundos. Empujó la pelvis hacia adelante y bajó una mano para frotar ambos miembros.

Baji retiró los dedos de su interior. Antes de regresarlos, añadió más lubricante entre los glúteos y otro poco en donde Chifuyu parecía divertirse.

—Para que resbale mejor.

A Chifuyu se le subieron los colores al rostro; no por eso dejó de masturbarse en conjunto con su amado. El chapoteo producido a causa del gel sólo hacía que todo se tornara más erótico. Era un sonido peculiar que no podía relacionar con algo distinto a lo que hacían.

Baji abría y cerraba los dedos, simulando una tijera y ya percibía la soltura suficiente como para introducir un tercero, así que lo hizo sin reparos. Sintió presión por parte de la pierna que tenía encima; quería morderla.

Frunció el entrecejo. Necesitaban un cambio de posición.

Luego de minutos de estímulo y al sentir que los dedos entraban y salían sin dificultad, los retiró. Tomó al muchacho por los hombros, lo acostó boca arriba y se acomodó entre sus piernas. Agarró el condón con la mano que contenía restos de lubricante. Pésima idea. No pudo sino abrirlo con los dientes, tras batallar un rato con las manos y desesperarse al instante.

Deslizó el preservativo por su falo. Colocó una mano sobre la rodilla de Chifuyu. La piel era más blanca en comparación a la suya. Continuó analizando el cuerpo opuesto. Entre las ingles no estaba el vello púbico que la primera vez sí.

—Qué sexy. —Se relamió los labios, descubriendo que se había arreglado para él.

Al continuar subiendo la mirada, pasando por el perfecto abdomen sin marcas ni cicatrices, el pecho que subía y bajaba con una leve agitación, se topó con un rostro sonrojado, orlado con una pizca de vergüenza, que le devolvía unos ojos de deseo.

Se sorprendió.

—Lindo —dijo sin pensar.

Chifuyu desconocía si el color de sus mejillas se había vuelto más intenso. ¿Era posible acaso? Sólo era consciente de que el bochorno se intensificó.

—¿Vas a mirarme todo el rato?

Llevó un pie al hombro opuesto para empujarlo a modo de reclamo.

Baji lo detuvo y le plantó una mordida a la altura del tobillo. No lo hizo con demasiada fuerza, sólo la suficiente para arrancarle una protesta.

Sonrió satisfecho y continuó repitiendo la acción mientras bajaba por la pantorrilla.

Las siguientes acciones fueron más bruscas. Le quitó a Chifuyu la almohada sobre la que recargaba la cabeza.

—Esto no lo necesitas aquí.

La colocó detrás de su espalda baja, haciendo que su parte posterior quedara un poco elevada.

Después, tomó su propia erección y colocó la punta contra el ano de Chifuyu, frotando de arriba abajo. Introdujo sólo el glande hasta la coronilla, arrebatando un gemido de sorpresa por parte de su pareja.

Chifuyu reaccionó con base a su experiencia previa. Ni siquiera fue doloroso. Baji extrajo su miembro. Vertió más lubricante. Tal vez exageraba su uso.

Se acercó al oído opuesto.

—Dramático —susurró divertido, algo ronco a causa del placer momentáneo que anhelaba repetir.

Acto seguido, mordió sin fuerza bajo el lóbulo. Continuó por toda la línea de la mandíbula. Al llegar a la barbilla, sacó la lengua y la deslizó en dirección a los labios. Planeaba introducirse directo entre éstos, pero su novio se la atrapó con los dientes, sonriendo con arrogancia.

Le dio una palmada sobre el muslo casi al mismo tiempo en que fue soltado.

Como si pensaran en lo mismo, Chifuyu rodeó el cuello de Baji con ambos brazos; esté último se dejó hacer. No negó el beso que tanto les urgía y no escatimaron al profundizar con pasión fiera.

Baji sostuvo su pene y, una vez más, penetró a su pareja. Empujó hasta la base, presionando contra ese bonito trasero tanto como pudo.

Chifuyu dejó que un gemido se ahogara en la boca opuesta. Bajó las manos hacia la espalda. Presionó la piel sin saber qué más hacer para liberar lo que estaba sintiendo.

Rompió el besó al hacer de lado el rostro. Comenzó a inhalar y exhalar con pesadez, buscando reponer la respiración que contuvo de manera inconsciente al recibir a Baji en su interior.

—Baji…

El nombrado se mantuvo atento.

—Necesito que… Quiero… —Sus pulmones, tan eficientes en el trabajo que hacían de manera rutinaria, parecían haber olvidado la forma correcta de trabajar—. ¡Ah! ¡Sólo muévete! ¡Ya! —demandó.

Baji no sabía si estaba enojado, eufórico o si había obrado mal, pero obedeció.

Iba a retirar su erección por completo, cuando las piernas de Chifuyu se enroscaron en su torso y lo atrajeron hacia adelante. Comprendió que no lo estaba hiriendo, así que dio inicio a una serie de embestidas cortas, que hacían que su chico le hundiera las uñas en la carne cada tanto.

Fue cuando Chifuyu se acostumbró a esa nueva sensación, que apretó más su agarre, con el objetivo de dificultar al otro el movimiento.

Baji dejó escapar una risa gutural.

—Eres un…

Forcejeó, logrando separar las piernas contrarias. Las sostuvo de la parte anterior a la rodilla y las flexionó hacia el pecho de su propietario.

Retiró su pene casi por completo, siendo cuidadoso y lento. Lo introdujo con total ferocidad en un movimiento rápido y preciso. Chifuyu tuvo un espasmo. Otro. Y otro más, cada vez que Baji se hundía con brutalidad en su cuerpo.

No lo lastimaba, a veces sentía que era demasiado, más de lo que podía soportar; a ese paso se rompería tarde o temprano. Lo sabía y no le importaba. No podía pensar en absolutamente nada. Para alguien acostumbrado a razonar con la cabeza fría en situaciones de tensión y estrés, ese era un shock importante. Él no lo sabía, sería horas más tarde cuando comenzaría a notarlo. Ahora, lo importante radicaba en lo bien que le hacía sentir Baji.

Ese era el sexo que alguna vez imaginó.

—¡Demonios! —exclamó Baji, disuelto en éxtasis—. ¡Estás tan…!

La manera en la que las paredes internas de su chico permitían el ingreso y se ceñían a él, era una completa exquisitez. Tal vez comenzaba a dejar de escatimar en la fuerza que empleaba, porque las venas de su cuello y brazos eran demasiado visibles.

A Chifuyu eso le parecía bastante erótico. Tanto, que echó las manos a los hombros de su novio para atraerlo y no logró que respondiera a sus besos de forma correcta, tampoco los rechazaba; era como si no pudiera hacerlo. Se enfocaba en una cosa o la otra.

Un hilo espeso de saliva quedó pendiendo de sus bocas. Al cortarse, una parte cayó sobre la barbilla de Chifuyu. Baji alcanzó a reaccionar justo a tiempo para lamerla y tragarla. Gracias a eso Chifuyu supo que su hombre seguía ahí.

En aquellos ojos marrones e intensos notó que tenía el juicio nublado, como si sólo la parte más animal e instintiva estuviera presente. Las únicas veces en que había presenciado a la bestia fueron en medio de una pelea. Que estuviera con él en ese momento no sabía si le excitaba o le aterraba. Mucho menos tenía el tiempo necesario para meditarlo. Se sentía bien y eso le bastaba.

Arqueó la espalda cuando su próstata fue golpeada. Los ojos se le pusieron vidriosos. Dentro de sí, un torbellino de emociones y sensaciones arrasaba con todo a su paso.

Esos brillantes ojos esmeralda eran lo que Baji más deseaba ver. No los que lloraban y sufrían por él.

Sus gemidos y jadeos se complementaban con los de Chifuyu, que solían ser más frecuentes y de notas más agudas cada tanto. Se preguntaba si podía hacer que gritara más fuerte, importándole poco si algún vecino los escuchaba.

Chifuyu fue el primero en alcanzar el orgasmo. Rápido, fugaz e intenso. Su semen manchó parte del abdomen opuesto. Gracias a la cercanía, el movimiento y la fuerza de gravedad, comenzó a escurrir de vuelta hacia él.

Entonces, Baji decidió retomar las embestidas cortas y profundas del inicio. No le tomó demasiado alcanzar el clímax, que pareció ser más fuerte que la primera vez que lo hicieron.

No dejó en paz el cuerpo ajeno de inmediato. Se mantuvo ahí, con movimientos más erráticos, lentos; buscaba de manera inconsciente prolongar el placer que había experimentado.

Al parar, miró al rubio terco que tenía por novio y que no dejaba de seguirlo en cada una de sus locuras. Sonrió, satisfecho por tremendo deleite y la tenacidad ajena.

Le puso una mano justo al centro del pecho.

—Estás agitado.

—Tú también —señaló lo evidente.

Baji deslizó el tacto del pecho al abdomen, recogiendo el semen de su pareja.

—Espera aquí. —Se puso en pie con un ligero esfuerzo—. Iré por algo para limpiarte. —Notó la cama justo a un lado y la señaló—. Puedes ponerte cómodo ahí arriba.

Chifuyu tardó en procesar la información.

«¡¿Cómo quieres que me suba ahí en éstas condiciones?!» Ensuciaría las cobijas.

Se sentó de golpe. Un súbito mareo se hizo presente, pero pasó rápido.

Se sentía raro de la cintura para abajo. No era un malestar generalizado como el del hotel. Se trataba de cierta debilidad, aunque no le impedía moverse y caminar.

En el trayecto al cuarto de baño recordó que nunca había ido a unas aguas termales con Baji. Sería bueno aprovechar ese momento para tomar una ducha y permanecer juntos en el ofuro, aunque el de los departamentos no era precisamente grande como para mantenerlos a los dos dentro de manera cómoda.

De todas formas, no perdía nada con intentarlo. Serían ellos y la calidez del agua. Una fantasía pecaminosa bajo la regadera saltó de forma inesperada, acompañada de algunas sensaciones experimentadas momentos atrás.

Abrió los ojos más de la cuenta antes de presionarlos con fuerza.

«No, no, no. ¿Qué estás pensando Chifuyu?»

—Oye, se me ocurría que… —interrumpió sus propias palabras al abrir la puerta y toparse a Baji, frente al lavabo, lamiéndose la palma de la mano.

Si sus recuerdos no eran erróneos, ¿no era esa misma mano con la que había recogido los remanentes de semen?

—¿No te dije que esperaras en la habitación? ¿Qué haces aquí? —su voz salió más molesta de lo que debería. En parte, porque estaba teniendo un momento de introspección importante y porque había sido descubierto.

—Vine a limpiarme —agregó como si nada.

—¡Dije que yo lo haría!

—¡Tardabas demasiado! —imitó la forma de hablar del otro. En ocasiones ayudaba a relajar el ambiente. No en esa. Sólo se avergonzaban sin razón aparente.

Baji cerró la distancia con un paso amplio. Se echó a Chifuyu al hombro cual costal de papas.

—¡O-Oye! ¡¿Qué haces?! —exclamó sin removerse ni patalear; el lugar era estrecho y podría golpearse contra algo, aunque ganas no le faltaron.

—¡Todo por las malas! ¡¿No lo parece?!

Al llegar frente a la cama maldijo no poder volcar al chico contra ésta por culpa del espacio.

Lo bajó los segundos necesarios para que los pies de Chifuyu no olvidaran cómo se sentía el piso. Esta vez, lo cargó estilo nupcial. Ahora sí podía meterlo ahí.

—Suéltame.

—¡No hasta que esté limpio! —Se aferró de manera extraña al otro, las manos alrededor del cuello opuesto y ambas piernas atrapando un brazo.

Tras bastante forcejeo y unas cuantas mordidas, ambos terminaron de pie. Baji tras Chifuyu. Éste último con el pecho y la cara sobre la cama, sostenido de ambas muñecas por su pareja.

Jadeaban igual o más que cuando estaban teniendo sexo y cualquiera que los viera así podría jurar que lo estaban haciendo de nuevo.

Chifuyu dejó de resistirse. ¡¿De dónde sacaba Baji tanta energía?! Él ya no podía más. Trepar a la cama y descansar sonaba demasiado tentador.

—Vamos, empieza a subir.

En lugar de obedecer, Chifuyu aprovechó para contonear la cadera. Su trasero establecía contacto perfecto con el, ahora, flácido miembro de Baji, quien experimentó un escalofrío bastante delicioso.

—¿Qué…? ¿Qué crees que estás haciendo?

Chifuyu giró el rostro. Apenas lo podía ver por el rabillo del ojo.

—No sé. ¿Tú qué crees?

Baji tragó saliva con dificultad. Sentía la garganta seca. Poco a poco aflojó su agarre y emprendió un lujurioso masaje desde los omóplatos del chico hasta su trasero, el cual apretó con descaro antes de abrirlo, de modo que su creciente erección quedara apretada entre las nalgas.

Chifuyu dio media vuelta, empujó a su novio y lo acostó sobre el futón, subiendo a horcajadas sobre éste.

—Baji.

El susodicho no sabía qué rayos estaba pasando, ni por qué Chifuyu era tan coqueto ahora, pero no tenía quejas al respecto.

El muchacho se levantó de golpe

—¡Ya vuelvo! —Echó a correr a la puerta. Nada lo detendría de ir a asearse.

Por desgracia, Baji, que gozaba de reflejos envidiables e inhumanos, alcanzó a frenar al otro al atrapar uno de sus tobillos.

Chifuyu sintió un hórrido escalofrío reptar desde su columna hasta la base de la nuca. Volvió la mirada con dilación. Baji lucía como un demonio recién salido de las profundidades del averno.

—Como no vengas en este mismo instante, no garantizo ser piadoso contigo.

Chifuyu se puso de rodillas lentamente, siendo soltado en el proceso. No era tan idiota como para huir, así que regresó gateando.

—Vamos a continuar donde lo dejaste.

—¿Es alguna clase de engaño, Satanás? —cuestionó Chifuyu, siguiendo el juego de la sonrisa de intenciones dudosas que le era dirigida.

—Tal vez —canturreó. Estaba encendido y tenía al responsable justo al frente.

En cuestión de ardientes caricias, que eran su nueva medida de tiempo, Chifuyu terminó en cuatro, ofreciendo de manera voluntaria el cuerpo para que Baji lo hiciera y deshiciera a su antojo.

Era la misma posición del hotel, pero se sentía tan diferente. Tan candente. Tan fogosa. Tan pasional. Baji se hundía en él con el vigor que tanto le caracterizaba.

Estaba satisfecho y exhausto, en la misma proporción de necesitado y descolocado. Era demasiado contradictorio. La cabeza le daba vueltas y sabía que estaba bien. No dolía ni le hacía sentir mal. Y, lo más importante, estaba con la persona que amaba y le correspondía con más intensidad de la que creyó merecer.

Chifuyu se dejó arrastrar por Baji.

Baji se dejó arrastrar por Chifuyu.

No importaba quién cediera primero a las provocaciones. Ambos se transportaban del cielo al infierno de manera constante. Lo sabían. Lo intuían. Era algo que gozaban y que no haría más que intensificarse a medida que avanzaban juntos por el mismo camino.

Eso apenas era el inicio.