Lo que aprendí contigo

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Summary

Anya Walker es una chica que busca ser aceptada tal y como es, aunque el echo de casi hiper-ventilar cada que alguien nuevo le habla no es de ayuda. Ella estará acompañada de sus peculiares hermanos que la meterán en algunos problemas, unos amigos que no podrían ser más diferentes a ella, una amiga le enseñará que las amigas están en quien menos esperas, un chico de un pasado que marca de por vida y sus viejos amigos que son como su familia. Aprenderá que no todo es como lo pintan, las chicas aún son crueles y los chicos juegan contigo. Bienvenidos a el onceavo grado, donde las cosas no hacen otra cosa sino empeorar.

Genre
Drama/Romance
Author
Kim
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

1

«Tranquila, Aria, tranquila».

Repito una y otra vez en mi mente tratando de mantener el control sobre mi misma.

No quiero empezar el onceavo grado teniendo un gran ataque de pánico en la nueva escuela. Ser la chica nueva en una escuela ya es malo, pero ser la chica nueva en un pueblo donde todos se conocen de toda la vida es lo peor.

Por un lado, me alegró que nos mudáramos lejos de la ciudad, la reputación de mis hermanos como los peores niños de once años ya me estaba afectando. No podía entrar a la escuela sin escuchar susurros acerca de sus travesuras o lo geniales que eran por pasar directamente del tercer grado a sexto grado. Por otra parte, estoy lejos de mis tres mejores y únicos amigos, Sarah y los mellizos Tina y Josh.

«Recuerda solo debes sonreír y decir hola, no es tan difícil ¿o sí?» intento una vez más, pero las palabras simplemente no salen.

A mis casi dieciséis años ya debería saber manejar un poco mis nervios, pero aun no soy capaz de cruzar más de dos palabras antes de avergonzarme. En cambio, aquí estoy sentada el primer día al lado de alguien a quien ni siquiera he volteado a ver.

En la visita guiada la ayudante del director intentaba hacer conversación, pero todo lo que pudo conseguir de mí es la confirmación de mis datos con un sí o no. No dejo de pensar en cuando mis padres nos dijeron que empezaríamos de cero y me imaginé siendo una chica nueva, más extrovertida, con muchos amigos.

«Dudo que lo consiga siendo tan hermética» pienso sintiéndome cada vez más frustrada.

Reviso una vez más el horario que me entregaron en control escolar, aunque de tantas veces que lo he visto ya me lo aprendí. En mi primer día perdí la primera clase debido a unos pequeños detalles con mi documentación, por lo que pasé directamente a la clase de Lenguaje del profesor Miller, quien decidió que la primera clase terminaría pronto para que todos se pusieran al día sobre lo que hicieron durante su verano.

«Solo tengo que decir algo, lo que sea», pienso casi molesta conmigo misma por no ser capaz de decir una sola palabra.

Volteo ligeramente la mirada hacia la chica del IPhone y veo sus dedos casi volar por toda la pantalla, de repente se detiene, baja el celular a la mesa y la escucho suspirar. Aparto mi mirada y la fijo en algún punto lejano, lo primero que viene a mi mente es que quizá me atrapó viendo su celular y cree que estaba leyendo sus mensajes o tal vez se dio cuenta de lo extraña que soy y me pedirá que me siente en otro lugar. Mil y un posibilidades vienen a mí y ninguna es muy prometedora.

—Oye, ¿quieres ir a desayunar? —habla de repente la chica del IPhone. Agarra mi horario de mi lado de la mesa y lo revisa rápidamente: —La siguiente clase es educación física y te aseguro que la tienes libre, el entrenador Rush se toma la primera semana para seleccionar a los nuevos jugadores de los equipos y organizar las practicas.

—Eh... yo... —los nervios hacen que se me olvide como hablar.

«Vamos, Aria, puedes hacerlo mejor» me ánimo mentalmente, confiando en que mis próximas palabras serán coherentes y sin tropiezos.

—Tranquila, lo conozco desde que entré a sexto grado y nunca ha cambiado su rutina —bromea al entender mi titubeo como preocupación por faltar a una clase­.

—Sí, claro, vamos —respondo finalmente esperando que ella no note que estoy al borde de un ataque de pánico solo porque decidió hablar conmigo.

«Bueno al menos salió algo» me crítico con cierta frustración.

—Soy Naomi, por cierto —dice la chica IPhone levantándose y tomando su mochila.

—Mi nombre es Aria —respondo emocionada porque sigue hablando conmigo.

«Espera, eso salió sin tartamudeo, eso solo quiere decir que voy por buen camino» me animo mentalmente.

—Me sorprende que te hayas transferido a este lugar, muchas desearíamos salir de aquí a la primera oportunidad que se nos presente —comenta mientras recorremos los pasillos en nuestro camino a la cafetería.

—Bueno, es que noso… —empiezo a decir, pero Naomi me interrumpe.

—Claro está que yo no tendría problemas para adaptarme a otro lugar, pero mi padre es el alcalde y se niega a dejarme ir hasta que reciba mi diploma, pero creo que piensa que entraré en la universidad local. Quisiera decirle que en dos años más tendrá que dejarme ir porque planeo entrar a Harvard, pero cada vez que intento decirle él no escucha —exclama con molestia.

—Tal vez él…

—Es bastante frustrante cuando tratas de decir algo y los demás no te escuchan, ¿no crees? —pregunta y solo asiento porque en estos momentos la entiendo a la perfección.

Durante todo el camino hacia la cafetería sigue quejándose de su padre y el hecho de no poder hacer nada de lo que realmente quisiera hacer. Para mí se vuelve fácil estar con ella debido a que solo tengo que asentir o negar en los momentos adecuados.

Al entrar a la cafetería me asombra el hecho de encontrarla bastante concurrida debido a que aún falta una hora para el descanso y tres más para el almuerzo. Naomi explica que el primer día es para acostumbrarse al regreso a clases e irónicamente nadie tiene clases. Caminamos hacia la barra donde hay fruta picada y algunas bebidas para los alumnos que no pueden esperar a la hora del almuerzo o no desayunaron. Después nos dirige a una mesa donde hay tres chicas sentadas y quedan sorprendidas al verme llegar con Naomi.

—Niñas, esta es mi amiga Ariana. Es nueva así que trátenla bien —dice Naomi ignorando el hecho de que dijo mal mi nombre.

Las chicas solo asienten aceptando sus palabras y me dan un rápido repaso antes de volver a su conversación. Naomi se sienta junto a una chica de ojos azules que se queja sobre la suerte de una chica llamada Olivia por tener que faltar la primera semana. Me siento junto a otras dos chicas, una es rubia de ojos color avellana y la otra es morena de ojos color café y cara de que quisiera estar en cualquier lugar excepto ahí.

Sé que lo correcto sería presentarme y conocer sus nombres, pero pronto parecen olvidarse de mí y hablan sobre los lugares a los que fueron durante el verano y alardean sobre cuantas maletas tuvieron que mandar por paquetería al no poder llevarlas en el avión.

Justo cuando creo que ya no puedo seguir escuchando sobre ropa, maquillaje y zapatos, suena la campana anunciando el descanso, por lo que me empiezo a despedir con la excusa de ir a buscar mis cosas para la siguiente clase. De camino a mi casillero le llamo a mi amiga Sarah que contesta casi al instante.

­­— ¡Hola, Ari! ¿Cómo estás? —Saluda Sarah y me la imagino con una enorme sonrisa—. Aria, no sabes la falta que nos haces, justo le decía a Josh que la clase de estadística no es lo mismo sin nuestro pequeño genio.

—También los extraño, Sarah —contesto resistiendo las ganas de salir corriendo para tomar el primer autobús que me lleve con ellos—. Aquí las cosas son muy extrañas sin ustedes alrededor, pero me imagino que es normal sentirme así. Saluda a los chicos, recuérdales nuestra llamada.

—Como si Tina nos dejara olvidarlo, puso en nuestros celulares mil recordatorios y si pudiera haría lo mismo con el tuyo —bromea, aunque no dudo que Tina realmente lo haya hecho.

—Hablamos más tarde, deséale suerte a Tina en las pruebas de porristas, ser la capitana debe estarla estresando —le recuerdo y pienso en lo feliz que debe estar por ser capitana siendo penúltimo año.

No te preocupes, sobreviviremos —responde y termina la llamada.

En mi casillero empiezo a cambiar de libros, pero pensando en lo que Naomi y sus amigas me contaron sobre la primera semana de regreso a clases decido solo llevar una libreta para anotar en caso de que decidan dar clases. Al cerrar el casillero y dar vuelta para dirigirme a la clase de español, choco contra una chica que corría en dirección contraria.

—Lo siento, tengo prisa —dice la chica pelirroja levantando sus cosas del suelo y sale corriendo.

—Está bien —susurro y levanto mis cosas.

Al ser una escuela relativamente pequeña uno pensaría que es sencillo encontrar los salones, pero no. Luego de dar tres vueltas al primer y segundo piso logro encontrar el salón de español justo antes de que suene la campana. Recorro el salón con la mirada en busca de un asiento y veo a la pelirroja sentada en la fila del centro junto a otra chica que está hablando con ella. Dos mesas detrás de ellas hay un asiento vacío y casi corro hacia ahí al notar miradas sobre mí.

Saco mis cosas de la mochila, pero me detengo cuando abro mi cuaderno y veo anotaciones que no son mías y una letra diferente. Entonces recuerdo el choque con la chica pelirroja. Me tomo un momento para tomar valor y caminar hasta su mesa, pero la profesora Noriega entra antes de que pueda moverme.

Buen día, chicos, espero que hayan tenido un buen inicio de clases. Sé que muchos esperan que los deje libres esta semana, pero no tienen tanta suerte. Señorita Phillips, por favor cambie de asiento, aún recuerdo que usted y la señorita Jackson no deben estar juntas —habla mientras ordena las cosas en su escritorio. Al parecer conoce bien a las chicas porque en ningún momento volteó a verlas.

Veo a la chica junto a la pelirroja levantarse y caminar a una mesa al fondo, pero la profesora se da cuenta y dice otras cosas en español, luego me señala.

—Usted, haga el favor de cambiar asientos con la señorita Phillips —ordena y sigue escribiendo en la pizarra.

Sin estar segura de adonde tengo que ir me quedo en mi sitio, pero la chica llega a la mesa que comparto con un chico que está recostado sobre esta.

—Hola, soy Lizbeth, no sé si entendiste, pero la profesora pidió que cambiemos asientos porque no quiere que me siente con David allá atrás… —empieza a explicar, pero la profesora dice algo más en español y ella solo suspira—: Ella quiere que te sientes con Kelly, allá enfrente y yo me quedare con Evans.

Sin perder el tiempo me levanto y me siento con Kelly, ella solo me da una sonrisa y voltea al frente para prestar atención a la clase. Durante toda la hora pienso en cómo decirle sobre el cambio de cuadernos, pero cada vez que empiezo a hacerlo algo sucede. La profesora nos pregunta algo o pide que pasemos a resolver algún ejercicio rápido en la pizarra.

Observo el reloj y veo que solo tengo cinco minutos antes de que termine la clase, por lo que opto por el viejo confiable.

Hola, Kelly, me llamo Aria. Chocamos frente a los casilleros.

Le paso la nota cuando la profesora nos habla sobre lo que veremos en la próxima clase. Kelly me observa un momento y puedo ver cierta curiosidad al tomar la nota y leerla. Después me mira sorprendida y, si sus mejillas coloradas son algún indicador, un poco molesta quizá por la situación. Empieza a escribir algo rápido y me pasa la nota de regreso.

Hola, lo siento, tenía prisa y no vi por donde iba. Espero que estés bien.

La leo y siento una sonrisa deslizarse por mi cara. Ella cree que estoy molesta, no se ha dado cuenta y yo aquí pensando que estaría molesta por perder su cuaderno. Y de pronto me doy cuenta. Es vergüenza lo que veo en su rostro, no molestia.

No te preocupes por eso, solo quería decirte que por error tomaste mi cuaderno, yo el tuyo y quisiera regresártelo.

Kelly lee la nota y deja escapar una pequeña risa que por suerte no llega a oídos de la profesora. Toma su mochila, saca mi cuaderno y yo le paso el suyo, gesticula un ‘gracias’ y yo le regreso una sonrisa. Al sonar la campana tomo mis cosas y salgo de clase antes que Kelly, sobre todo para evitar alguna incomoda conversación y quedar como boba cuando no pueda hablar. Solo que al llegar a clase de arte me encuentro con ella en la puerta.

—Ey, pensé que habías desaparecido —bromea cuando entra junto a mí al salón.

—Como Houdini, solo que sin todo el acto, sabes —exclama Lizbeth apareciendo detrás de nosotras con un bloc de dibujo en sus manos.

—Creí que te saltarías las últimas horas —dice Kelly observando con sospecha a su amiga.

—Era el plan, hasta que recordé que tu tío estaba dando esta clase —responde con frustración, como si eso fuera motivo suficiente para detener todos sus planes—. Vayamos a nuestro lugar antes de que llegue y me ponga a limpiar todos los pinceles.

—Excelente idea, señorita Phillips —dice una voz profunda a nuestras espaldas.

Las tres volteamos a ver al hombre corpulento parado detrás de nosotras que frunce el ceño a Lizbeth como si la existencia de la pobre chica le molestara. Una mano me jala del brazo y me lleva lejos mientras escucho como el profesor le llama la atención a Lizbeth y Kelly trata de calmarlo. Confundida volteo a ver quién me arrastra lejos y me sorprendo al ver a una de las amigas de Naomi.

—Deberías alejarte de ellas, no terminará bien si te haces su amiga —dice la chica morena antes de dejarme al lado de un lienzo y caminar lejos de mí.

Cuando finalmente las chicas son liberadas los lienzos a mi lado están ocupados por lo que las chicas se van al otro lado del salón. Mientras hago un intento por seguir las indicaciones del profesor y pintar algunas figuras pienso en lo que la amiga de Naomi dijo y no le encuentro sentido alguno. No se ven como malas chicas o que tengan motivos ocultos para ser mis amigas, ellas no saben de mi familia, así que no hay motivos para sospechar. Pero aun así al terminar la clase me voy sin hablar con ellas y finjo no escuchar a Lizbeth decir mi nombre antes de salir al pasillo lleno de estudiantes yendo a sus clases.

Como la siguiente clase está a unas cuantas aulas de distancia me tomo un momento para entrar al baño, solo que al salir del cubículo me encuentro con Naomi y sus amigas esperando junto a los lavabos.

—Escuché que hiciste nuevas amigas —dice Naomi antes de dejar de arreglar su cabello en el espejo.

Veo a la chica morena que me observa críticamente, como si estuviera esperando que lo negara todo y desmentirme. Las demás observan a Naomi como esperando algún tipo de orden y empiezo a sentir impotencia y ganas de llorar. Pocas veces en mi vida me había sentido de esta manera, siempre tenía a mis amigos para defenderme de cualquiera que se quisiera meter conmigo por ser demasiado callada y nunca hacia nada que me provocara problemas.

—Solo cha-charlé u-un poco co-con ellas —respondo con dificultad esperando que crean que solo estoy nerviosa e ignoren el tartamudeo.

—Alexa dijo que parecía que te agradaban, así que supongo que vio mal —responde antes de voltear a ver a la morena que tiene una sonrisa engreída en su rostro—. Ahora vayamos a clase antes de que la profesora Norma nos ponga un retardo.

Las empiezo a seguir fuera del baño, pero la rubia me detiene antes de llegar a la puerta.

—No puedes volver a hablar con ellas, en especial con Lizbeth —me dice seria, voltea a ver la puerta para asegurarse de que las demás hayan salido y su rostro demuestra cierta reticencia antes de seguir hablando—. Ella fue amiga nuestra en octavo grado, pero se volvió novia del chico con el que Naomi salía en secreto. No eran novios, pero todas sabíamos que a ella le gustaba y a Liz no le importó.

—Entiendo —respondo y ella me observa un momento antes de sonreír.

—Soy Margareth, espero que seamos amigas.

La veo salir del baño y decido que tener nuevas amigas es más difícil de lo que imaginé.