« Favorite Crime • Manjiro Sano » 「SAGA #1」

Summary

1.º LIBRO DE LA SAGA "FAVORITE CRIMES" "Tenías que haber sido mía desde el inicio. Desde el momento en el que te mire sabia que algún día estarías a mis pies, aunque tuviera que obligarte. Yo me encargaré de que te saques de la mente a ese hombre que desde el inicio te separo de mi. Aunque tenga que quitarte el cerebro con tal de que dejes de pensar en él." "Te mire, y sin duda te quise, pero desde el inicio sabía que nunca podrías llegar a más. Ame a tu amigo, y por ti me lo arrebataron de las manos. Te culpare eternamente de todo, Manjiro Sano."

Status
Ongoing
Chapters
29
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Prólogo

Jin Bushida

La rutina diaria empezaba a hacerse pesada, incluso cuando llevaba más de diez años con ella siendo mi compañera fiel, y por mucho que intentara alejarme de tal dependencia terminaría por caer al mismo agujero. Ese donde un día anocheció y nunca volvió a salir el sol.

Mis pasos me guiaban a ese lugar donde odiaba entrar, pero al que diariamente terminaba por visitar. Luego del sonido de una pequeña campana, quien alertaba de mi llegada, unos maullidos leves me dieron la bienvenida, siendo más veloces que las palabras de quienes les cuidaban diariamente. Odio los maullidos.

- Bienvenida, Jin. – Se acerco el teñido, con una sonrisa en su rostro, esa que siempre me forzaba a devolverla, aunque no fuera sincera.

- Hola, Kazutora. Fuyu. – El rubio levanto la mano, correspondiendo el veloz saludo, para volver a su labor de quitarle los nudos a la pequeña bola de pelos que se encontraba sobre sus piernas, quien recibía encantada las atenciones que Matsuno le daba.

Pasando a un lado de Kazutora, quien ya se había distraído con un ronroneo, me senté sobre el recibidor del lugar, mirando atentamente a mis acompañantes. Admiraba de manera sincera a ambos. Habían luchado y logrado cumplir un sueño que no les pertenecía, todo con la intención de honrar una memoria, la cual se encontraría complacida con el simple hecho de que sus compañeros lograran salir adelante sin él, pero nadie se había atrevido a contrariar a Chifuyu cuando musito en voz alta que el sería quien cumpliría el sueño que su mejor amigo ya no se podía permitir lograr. Y vaya que lo había hecho.

Sin duda alguna soy la mas cobarde de todos.

Mitsuya lo había logrado, siendo seguido de cerca por Hakkai. Inui y Draken trabajan juntos en lo que el tatuado siempre había deseado, yo le llamaba seguir con el legado del mayor de los Sano, aunque ese no fuera su trabajo. Incluso Pachin se había mantenido fuerte, con una hermosa esposa y su mano derecha siempre a su lado, preparado para que lo que su fiel amigo le pidiera. Sin duda, el joven que había cambiado todas las líneas temporales para salvar al amor de su vida lo había hecho bien.

Y Manjiro Sano, el joven que un día se esfumo de la vida de todos, incluyendo la mía, sin siquiera haberme dado la oportunidad de escuchar una despedida de su parte. Solo pensar en el rubio provocaba que un dolor en mi pecho se hiciera presente.

- ¡Bushida! – Llamo Chifuyu, provocando que mi atención se desviara hacia donde este se encontraba, aun con la mirada en un nuevo gato que se había acomodado sobre sus piernas – Los chicos harán una reunión esta tarde, me pidieron que te invitara.

- No me interesa, Fuyu.

- Hay lo tienes, la misma respuesta de siempre. – Kazutora se notaba molesto pero no sorprendido.

Las salidas con las personas que aun consideraba amigos eran algo que deseaba volver a vivir, sentarme en la misma mesa que ellos y perder mi tiempo escuchando todo tipo de anécdotas, por más estúpidas que sean. Pero siempre un asiento estaría vacío, y no había forma de ignorar tal falta. No encontraba la forma de mirarlos a todos nuevamente, y fingir que su sonrisa y ocurrencias no surcaban mi mente.

En mis recuerdos quedaban las cenizas de lo que era escuchar sus risas, verlo jugar con el plato de comida frente a él hasta que alguno le forzara a comer, verlo pelear con su característica sonrisa decorando su rostro. Lo que algún día fue el presente que no aprecie lo suficiente, se había transformado en un pasado detestable que envidiaba con cada pequeña fibra de mi ser.

Mi mente me forzaba a volver al pasado, a mirar a esos pequeños niños que deseaban jugar a ser pandilleros, arriesgando su vida a una edad donde lo más arriesgado que deberíamos haber hecho era saltarnos una que otra comida o cruzar la calle sin prestar mucha atención. Había una pequeña versión de mí, enamorada y siendo felizmente correspondida, quien acomodaba sus lentes nerviosamente cuando el chico se acercaba a ella, provocando que acomodara su cabello de forma exagerada. Era una niña viviendo la historia de su primer amor.

Odio las historias de amor.



Me separe del trabajador dúo de chicos cuando era momento de cerrar su tienda, terminando por perder el día entero junto a ellos. Chifuyu se había despedido con una sonrisa, mientras que el teñido se había decantado por ignorarme la mayor parte del tiempo.

Kazutora Hanemiya, una persona que desde su juventud fue forzado a vivir cosas que a cualquiera le llevaría por el camino de la locura sin importunidad de desviarse de este, que con el apoyo suficiente fue capaz de controlarse a sí mismo y salir adelante, llevando sus propios errores sobre su espalda aun cuando esta le pide un descanso. Ese hombre por el que daría mi vida sabiendo a la perfección que el teñido haría lo mismo por mí. El antiguo enemigo de la Toman había mirado un reflejo de lo que el algún día fue sobre mí, deseando ayudarme como Matsuno lo había hecho con él. Odiaba mi negación sobre darme la oportunidad de salir junto con las personas que fueron importantes en la vida de todos los involucrados en el juego de niños, y que seguirían siendo importantes durante el resto de nuestra eternidad.

Ambos chicos se alejaban de mi a paso rápido, dirigiéndose a su lugar común de reuniones, dejándome con el sentimiento de soledad que abarcaba mi cuerpo cuando me alejaba de esas personas a las cuales necesitaba más de lo que deseaba admitir.

Su cabello de un color similar, moviéndose junto con sus pasos… No eres tú, y nunca volverás a ser tú.

Sin duda alguna… soy la mas cobarde de todos.