Un suave y duro ménage á trois

All Rights Reserved ©

Summary

Ella es una mujer, se llama Mía y tiene un título en informática. Ella trabaja en una empresa, pero no lo hace como Mía, lo hace como Mijaíl, el disfraz que ella y su esposo crearon para que puedan pasar tiempo juntos en una empresa que sólo admite a hombres y que no permite que sus empleados tengan parejas. Meneredith es el dueño de Rey Corporation, él odia las mentiras, es frío y desde hace meses sospecha que algo malo pasa con Mijaíl, su empleado y encargado de cambiar los códigos de seguridad cada semana. La obsesión de Meneredith por este empleado va creciendo al igual que su constante desconfianza y la idea de que Mijaíl trabaja para la competencia, pero un día por accidente se encuentra con Mía y nota un enorme parecido entre ella y Mijaíl. Pronto, Mijaíl tanto como su verdadero yo, Mía, comienzan a sentir que Meneredith sabe algo y por un pequeño error él lo descubre. Mía y su esposo deciden huir, pero el pasado de ella no se lo permite y se ven obligados a regresar a la ciudad donde el único que los puede ayudar es Meneredith, aunque él no hace las cosas gratis y les propone un ménage à trois. Si aceptan o no, eso está por verse.

Status
Ongoing
Chapters
48
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

CAPÍTULO UNO.

El BOOM de mi corazón:

Mi corazón se acelera, no quiere ir lento, estoy llegando tarde, no sé qué va a pasarme.

Alguien está detrás de mí, oigo sus pasos. Esta persona camina rápido, se está acercando.

Mi corazón da un vuelco del miedo que siento y se vuelve a acelerar. La persona está detrás de mí.

—¿Por qué sigues aquí?— las palabras en mi oído, la voz y el nuevo vuelco de mi corazón me lo dicen, es él, Caetano, mi esposo.

Él se aparta de mí, camina a mi lado, mirando hacia adelante. Somos sólo dos compañeros, ni siquiera debió acercarse, pero eso hizo que me sintiera bien, ahora lo estoy.

—Falló un equipo— explico apenas moviendo mis labios, se supone que soy mudo.

—Y te quedaste— siento el enojo en su voz, me estremezco y asiento ligeramente con la cabeza.

Ambos y al mismo tiempo doblamos y cambiamos de corredor, su mano roza la mía y suspiro, sabe que tengo miedo, quiere reconfortarme.

Las paredes de metal y las luces a cada lado en forma de flechas rojas como incendiadas nos enseñan la salida. Ya casi llegamos, ya pronto podré ser yo mismo.

—Te ves bien— murmura, no me ve de costado así que deja que me adelante unos pasos para echarle un vistazo a mi figura y vuelve a mi lado.

—No es cierto, la barba no me favorece, pero el bigote...

no sé...tiene su estilo— le digo, quiero hacerlo reír y lo hago, pero no puedo escuchar el magnífico sonido de su voz. Él debe contenerlo o pensarán que está loco por reír sin motivo alguno.

—Aun así, me gustas— llegamos al control, él pasa su tarjeta, los guardias de seguridad no se molestan en mirarlo, él es jefe después de todo, pero a mí sí me miran, me han tenido bajo vigilancia desde hace una semana y aún no sé por qué.

Avanzo, él ya desapareció, se encondió como cada noche hace y espera a que mi turno de pasar llegue, no nos deben ver juntos.

Me meto entre ambos guardias de seguridad y le enseño a la luz roja mi tarjeta, el sensor la analiza y las barreras se abren para mí como lo hicieron para Caetano.

Me alejo y siento a los guardias seguirme, pero sus pisadas se detienen cuando llego al coche y me subo y abrocho mi cinturón.

Suspiro, ahora me siento seguro, pero el viaje aún no acaba.

Miro hacia adelante, arranco el coche y continúo sin detenerme. Atravieso una calle y tomo otro camino. Uno diferente al de todos los días y voy directo a casa, no doy vueltas y vueltas esta noche en caso de que me sigan, hoy le toca eso a él por lo que llego antes.

La casa está vacía, aprovecho esto, voy hacia el baño y hago mi transformación de Mijaíl a Mía:

Me quito la barba, los bigotes y la peluca. Los escondo en el mueble acomodándolos en sus moldes para luego volver a usarlos al día siguiente y me deshago de las vendas que cubren cada día mi larga melena oscura.

Me arranco rápidamente el traje desabotonando botón por botón y lo arrojo al cesto de la ropa sucia, me quito los calzoncillos y me pongo unas sexys y cómodas braguitas rosas, quito las vendas que aplastan y ocultan mis pechos y me pongo un sostén.

¡Al fin! Festejan mis Lolas y me veo al espejo, estoy sonriendo, esta sí soy yo.

Salgo del baño con sólo mi ropa interior y cuando estoy por llegar a la cocina, mi teléfono celular suena. Lo tomo y sonrío al ver que es Caetano el que me está llamando. Descuelgo la llamada, estoy a punto de decir “Hola bombón” y su voz me calla:

—Hola pizzería ¿Están recibiendo pedidos? — pregunta y miro a mi alrededor, temblando.

—Sí— tartamudeo y lo oigo respirar profundamente.

—Tengo una cena y quisiera ordenar cinco pizzas de pepperoni...

—¡Y una de anchoas!— grita una voz muy conocida desde el otro lado y entiendo lo que pasa.

—¿Algo más? — le pregunto para confirmarle que ya sé que me debo esconder, que por alguna razón viene con algunas personas del trabajo y que luego yo debo llamar a una pizzería para que no haya ninguna sospecha.

—No, eso es todo— me dice y completa su papel pasándome el número de nuestra casa.

—Hasta pronto, señor— respondo y corto sólo para llamar a la verdadera pizzería a hacer el pedido y corro por la casa ocultando todas las pruebas de que aquí vive Mijaíl o Mía.

Al cabo de cinco minutos oigo un auto estacionarse y me tenso al recordar que el auto de “Mijaíl”, está en la puerta, me asomo por la ventana y Caetano está parado viendo mi error seguramente preguntándose cómo se me pasó por alto un error tan grande y al mismo tiempo inventa una excusa.

Oigo voces, estas se acercan y me apresuro a llegar a la habitación para esconderme, pero antes los escucho:

—¿Qué hace el auto de Mijaíl aquí? — reconozco con amargura esa voz.

Es nuestro jefe, él vino.

—Me acuesto con su hermana— responde mi esposo y cierro la puerta y apago la luz de la habitación cuando Caetano abre la puerta.

Me acuesto en la cama y abrazo la almohada, queriéndome tranquilizar.

“Ellos cenarán, hablarán de negocios, tal vez de partidos de fútbol y luego se irán, no hay nada de qué preocuparse”, me digo a mí misma y espero.

Las horas pasan y ellos parecen no querer irse, Caetano está diciendo que se quiere ir a dormir desde hace un rato, pero el jefe y los demás que ya están tan borrachos que no captan la indirecta.

Suspiro y cierro las piernas, tengo muchas ganas de ir al baño, pero si enciendo la luz ellos van a saber que hay alguien más en la casa. Espero por una hora más y me duermo y despierto al sentir movimientos en la cama.

Abro los ojos y el aroma de la loción de mi esposo me acaricia los sentidos, me acurruco a su cuerpo sintiendo su calor y él me rodea la cintura mientras enciende la luz.

En sus manos tiene un plato con pizza la cual me ofrece y sonrío.

—Lo siento, amor. El jefe insistió en salir a tomar unos tragos, les dije que tenía cosas que hacer y se ofrecieron a acompañarme con pizzas y cervezas, no me dejaron decir que no— dice sonando muy molesto y me ve a la espera de una reacción, estoy casi segura de que piensa que yo también estoy molesta, pero en lugar de quejarme sonrío y le doy un casto beso, él sonríe, va al closet por su pijama y yo tengo tanta hambre que me llevo la pizza a la boca y me la acabo rápido.

Las ganas de ir al baño vuelven, bajo de la cama y salgo de la habitación, pero para mi sorpresa no estamos solos.

El jefe está en el sofá ¿Qué hace él aquí?

—Hola, bonita— me tenso por completo, su voz se oye ronca y para nada es la voz de un hombre sobrio, el tipo está ebrio hasta la médula.

Me digo a mí misma que mañana no me va a recordar y continúo mi camino hacia el baño, hago lo mío y cuando salgo mi jefe está dormido y ¿Desnudo?

Holaaaaa!!

Este fue el primer capítulo, la historia irá avanzando a medida que las actualizaciones vayan llegando.

Por lo pronto espero que les haya gustado y me encantaría que me dieran sus opiniones.

Si te gustó este capítulo comenta, vota y comparte, te lo agradecería mucho!❤️

Hasta prontooo!!

Atte: MicaelaEP ❤️