Día 1
Estaba atardeciendo y como ya era costumbre cuando Josuke tenía algo de tiempo libre y poca tarea, decidió pasarse por la casa de Rohan. Recién habían terminado sus exámenes, por lo que haría poco más de una semana sin verlo.
Pese a llevar un año de novio con el excéntrico mangaka, aún le saltaba el corazón y cierto nerviosismo le invadía el estómago al momento de llamar a la puerta. Justo después, levantó la mirada. Rohan recorrió con un dedo las persianas de su estudio para ver quién interrumpía su proceso creativo y luego se alejó de la ventana.
Siempre hacía lo mismo. Josuke sonrió para sus adentros al verse capaz de predecir algunas de sus acciones. Esperó unos segundos, algo dentro de sí se tornó temeroso mientras veía que nada ocurría. Sin embargo, la brillante sonrisa que le adornaba el rostro se hizo presente apenas escuchó y vio girar el picaporte.
—¡Yo, Rohan! —levantó la mano a modo de saludo a la par en que el nombrado procedía a abrir la puerta para dejarlo pasar, pese a que su subconsciente se cuestionaba sobre si había tomado una buena decisión.
—Escucha, Higashikata —cerró en cuanto el otro estuvo dentro—. Estoy ocupado en estos momentos, así que más te vale no distraerme, ¿entendido?
Josuke elaboró una especie de puchero que se debatía entre la decepción y la molestia. ¿Qué clase de recibimiento era ese?
Quizá en otro momento de sus vidas hubiera replicado al instante; no obstante, desde que se había propuesto a empezar de nuevo con Rohan, le había agarrado la maña a ciertos de sus patrones.
—Te estoy hablando, Josuke —se colocó una mano en la cadera y arrugó el entrecejo cual madre molesta esperando a que su único hijo le explicase cómo se rompió la vajilla.
—Ok —respondió en voz baja, desviando la mirada hacia un punto inespecífico en la pared.
Apenas escuchar eso, Rohan se dispuso a regresar a su estudio, pero fue tirado de la muñeca. Poco le faltó para protestar con un grito y sacar a Josuke a patadas, pero el muchacho decidió robarle un beso como solo él sabía: de forma estúpida y cursi, sosteniendo su rostro entre esas decididas y grandes manos, un tanto frías a causa de la intemperie.
Soltó una especie de gruñido al inicio, mas decidió relajarse. No se habían visto en varios días, era lógico que el chico quisiera tener un poco de intimidad. Se lo había advertido con anterioridad; Rohan no disfrutaba demasiado del contacto físico y ahora que eran una pareja... Bueno, le permitía ciertos detalles. Tarde o temprano tendría que acostumbrarse. Además, Josuke nunca se sobrepasaba, lo que volvía llevadero el asunto.
En ese momento sintió la lengua del muchacho tocar sus labios, como pidiendo permiso y cedió, separando los propios para humedecer el contacto. Asimismo, subió las manos a los hombros ajenos en el acto descansar los brazos en algún lugar.
De un momento a otro Rohan empujó a Josuke de manera brusca cortando el beso.
—¡¿Acabas de comer?! —preguntó indignado y con cierta mueca que demostraba su disgusto.
Josuke enmudeció. Su reencuentro estaba resultando muy bonito. De no ser porque no era la primera vez que veía al otro comportarse de una manera similar o peor, eso lo habría sorprendido.
—¿Ah? No, yo sólo fui con Okuyasu por una malteada y...
—Nada de pretextos, Higashikata —interrumpió—. ¡Qué asco! Ve a lavarte los dientes si quieres besarme.
—Oye, fue un accid...
—¡Ni se te vuelva a ocurrir hacer algo similar! —le cortó las palabras de nuevo—. ¡¿Por quién me tomas?! —no dejó ver más que un leve sonrojo, el entrecejo fruncido y llevó el dorso de la mano a cubrir su boca.
Josuke no quiso agregar nada más por temor a iniciar una pelea. Pequeñas discusiones sin sentido solían ser parte de su relación, aunque justo ahora no estaba con el ánimo de arruinar más el ambiente. Se limitó a pasar una mano por la parte trasera de su cuello; los ojos le brillaron con algo de esperanza al analizar bien lo que el otro había querido decir.
—Eso significa que podemos seguir luego de asearme, ¿verdad?
—¿Qué? —sintió la temperatura bajar de golpe y nada pudo ser peor que ver a Josuke con la sonrisa tan fresca y estúpida (a su parecer) que le caracterizaba.
—¡Enseguida regreso!
—Oye, yo no… —ni siquiera terminó la frase.
El muchacho salió a una velocidad descomunal escaleras arriba. Muy a regañadientes Rohan le había dejado introducir objetos de higiene personal a su casa. Más bien, jamás se lo permitió, en días aleatorios comenzó a notar cada vez más cositas de Josuke por varios rincones de su hogar.
—¡Higashikata! —gritó molesto ante el recuerdo y la rabia que le producía sentir la casa invadida por el… “novio”.
«Maldita sea» se mordió con suavidad el labio inferior ante ese pensamiento. Seguía sin acostumbrarse a llamarlo así.
La verdadera razón por la que no quería tener a Josuke sobre sus labios era por el tiempo que habían pasado sin roce alguno. No era demasiado, pero besar al chico era relativamente satisfactorio y tuvo que utilizar el pretexto de la malteada para alejarlo.
El sabor favorito de Rohan era el matcha, en parte por su color verde, también porque no era dulce. Sabía de sobra que Josuke no pasaba de la fresa y el chocolate, terribles decisiones que en algún punto lo volverían diabético por las cantidades en que las consumía, aunque el hecho de que hubiese pedido algo que no tomaría por gusto… ¿Acaso planeó eso desde el inicio? ¿Ese desgraciado?
Conociendo su descaro y la confianza que había tomado, era posible. Asimismo, aquello había sido la razón de su sonrojo.
—Estúpido Higashikata… —murmuró por lo bajo antes de respirar hondo para calmarse.
Necesitaba mentalizarse para lo que vendría después.
—¡Tu tarea primero o no me tocas! —lo señaló con el dedo y le advirtió con un tono severo en cuanto lo divisó bajar por las escaleras.
Josuke frenó sus pasos en seco, viendo al suelo y después a Rohan, casi como un cachorro regañado.
«La vieja confiable» pensó. Nunca fallaba.
A Josuke le molestaba no ser visto como un igual por temas tan estúpidos como la diferencia de edades o estudios. Desde que empezó a salir con Rohan se había propuesto el quedar a su altura para que lo tomara como su igual, alguien en quien podía confiar y relajarse. Que lo tratara como un niño era… ¡Carajo!
—Bien —soltó con fastidio luego de un rato.
Por suerte lo que debía hacer era poco y en cuanto terminara no dudaría en arrancarle a Rohan tantos suspiros como le fuera posible.