Capítulo 1
Tecleo de forma descontrolada mientras miro a través de mi ventana, la desesperación no era algo que predominaba en mi vida pero últimamente mientras enviaba curriculum y no recibía respuestas aumentaba de forma descomunal, era como un papel desechable que se acumulaba en una esquina, quería poder salir corriendo y esconderme de todas las responsabilidades que conlleva ser un adulto, es más, hubiese querido quedarme para siempre en casa de mis padres pero estos señores decidieron hacerme caso y ayudarme a estudiar en una universidad súper lejos de casa.
Por eso en este momento me encuentro en este departamento comprado con mis ahorros de toda la vida y no en mi habitación cotidiana, quería poder devolver el tiempo y decidirme por una universidad en ese pueblo llamado Montpelier, una ciudad pequeña de Vermont en donde viví hasta mis dieciocho años que decidí, erróneamente, irme a vivir una vida de universitaria soñada y fue así hasta que ya tenía tres años y la soledad me pesaba en la espalda.
También el hecho de que decidí ser un poco más responsable y para ahorrarle un poco los gastos a mi papá, comencé a trabajar medio tiempo y me desvelaba estudiando, ese tiempo fue tan exigente que tuve que dejarlo porque estuve varias veces a punto de desmayarme, gracias al cielo no soy asocial y había hecho varias amistades que hasta ahora me brindan ayuda si lo necesito.
Actualmente estoy viviendo en Washington D.C, la capital de este inmenso país al que nos habíamos mudado cuando yo apenas tenía cinco años, originalmente soy de Venezuela, cuando mi mamá fue una vez de vacaciones se enamoró de mi padre y de allí nacimos y mis hermanos. Era increíble que fuera de vacaciones solamente y cuando regresó nuevamente a su país volvió con una hija de cinco años, con unos gemelos de tres y con otra en la panza.
Sacudí mi cabeza y me centré en ese trabajo final que debía presentar para por fin graduarme después de unos largos cinco años, entre enviar curriculum y esperar a que todas las letras me comieran viva, pasaba los días. Si no fuera por mis tres mejores amigas, no sé qué sería de mí.
Estaba optando por un puesto en una de las empresas más importantes de la ciudad y literalmente mi estabilidad mental dependía de que eso saliera bien, sino, recogería todas mis cosas y me devolvería al pueblo de donde salí y me pudriría definitivamente en mi antigua habitación si no es que mis hermanos la hubieran reclamado como suya, esperaba que no.
Respiré varias veces y dejé de teclear al ver ese punto final, debía revisarlo por completo y esperar que estuviera todo bien, le rogaba a Dios que fuera así porque no tenía más energía para invertirle.
Me levanté y caminé arrastrando los pies hasta llegar a mi sala y lanzarme en mi sofá, de verdad no me quejaba del lugar que había conseguido porque era acogedor y tenía una vista increíble, tenía los espacios bien divididos y podía moverme con tranquilidad.
Cerré mis ojos y llevé mis manos a mi cabello para sentir mis ondas súper enredadas, suspiré agotada y las deje estar, no tenía ganas de luchar con eso en este momento así que lo deje estar y termine por recostarme por completo, sentía los ojos pesados por haber pasado toda la noche, madrugada y mañana pegada a ese computador.
Mi respiración se fue ralentizando hasta que me fui perdiendo en una nube llenas de sueños y oscuridad, me acurruqué abrazando un cojín y allí me quedé completamente dormida.
Escuché una y otra vez un timbre sonar a la distancia pero me sentía sobre una nebulosa que me distorsionaba la realidad hasta que tres golpes hicieron que me levantara abruptamente, me fijé en que el sol estaba ocultándose y me golpee la frente al recordar que hoy vendrían mis amigas. Me levanté dando traspiés y al llegar a la puerta abrí para ver tres rostros diferentes viéndome con el ceño fruncido.
— ¿Estabas dormida? —me preguntó Clara y asentí para dejarlas pasar—Hoy salimos ¿se te olvidó? —yo negué y me pasé la mano por la cara.
—No, terminé el trabajo final y me recosté un momento y la hora pasó volando después—Katia se acercó a mí y me dio un abrazo para después las otras dos hacer lo mismo— ¿Por qué me abrazan? —pregunté extrañada.
—Porque has trabajado muy duro y estamos orgullosas de ti, además—se quedaron en silencio y yo miré a la que podía ser sincera sin tener que rogarle.
—Vimos a Alexis con otra chica hoy—yo abrí los ojos asombrada al escuchar a Laura—no queríamos ocultártelo y agradecemos que no hayas ido estos días a la universidad.
— ¿Fue en la universidad? —Las tres asintieron y yo hice una mueca—bueno, no importa lo que haga él—me encogí de hombros—yo lo terminé así que no debe importarme lo que haga—aunque lo hace porque pareciera que no le doliera lo que pasó.
—Bueno, ve a cambiarte que hoy tenemos una noche increíble solo para nosotras, además lo necesitamos después de cinco años duros—asentí y me fui a cambiar lo más rápido que pude, salir sería un desahogo a todas mis preocupaciones y podría olvidar un rato de ese trabajo final y de la perfección que mi ansiedad me repetía tenía que tener, ya estaba cansada de todo eso.
Me di un baño lo más rápido que pude y cuando fue el momento de buscar que me pondría, me detuve frente a mi gran armario y me quedé inmóvil porque no tenía idea que podría ponerme, lo pensé durante diez minutos hasta que vi unos hermosos pantalones y ya lo demás fue fácil.
Me maquillé sutilmente y me desenredé el cabello negro para dejarlo caer hasta la cadera que es a donde llega, uní dos mechones en el medio y salí hasta la sala para irme con mis amigas y olvidarme por una noche de todas mis preocupaciones, de mis obligaciones y no pensar en nada más.escribir aquí...