Capítulo 1
La “Celebración de Luna Nueva”.
O como YeoSang lo veía, “La Barbarie de Luna Nueva”.
Cada año a finales de agosto, durante Luna Nueva, se llevaba a cabo la dichosa celebración donde todos los jóvenes de la manada con diecinueve años cumplidos, eran sus principales participantes. Por un lado estaban los alfas y betas, hombres que habían sido alejados de sus familias a la tierna edad de ocho años para recibir un arduo entrenamiento en los Barracones hasta regresar once años después como fuertes guerreros y demostrar a la manada, por un día, todas las habilidades que adquirieron.
La demostración siendo nada más ni nada menos que fieras peleas entre ellos. Una tras otra, van descartando a los perdedores, hasta obtener los primeros diez ganadores quienes tienen el honor de elegir a una compañera.
Así es como todas las mujeres, omegas y betas de diecinueve años, esperaban ansiosas a ser escogidas por uno de los ganadores, todas sentadas con coronas de flores en la cabeza, listas para recibir su proposición, su gesto siendo analizador con quien se unirían. Podían rechazar la oferta si el alfa o beta no había llamado su atención, pero generalmente no pasaba.
La mayoría de las veces aceptaban y terminaban esa misma noche siendo reclamadas por quien las escogió, al día siguiente teniendo una bonita hilera de dientes en su cuello que significaba una sola cosa: estaban emparejadas.
Rudimentario y tosco, si le preguntaban a YeoSang.
Siendo uno de los pocos cambiaformas omega, YeoSang tenía la “suerte” de no ir a los Barracones como el resto de los hombres, pero si tener que esperar una proposición al final de la Celebración de Luna Nueva, durante la ceremonia. Una oportunidad que él simplemente había desechado.
De hecho, este año sería la segunda vez que YeoSang faltaba a la celebración, la graduación de los nuevos alfas y betas que se harían hombres frente a todos al mostrar sus destrezas en combate, importándole bien poco.
Desde la primera vez que fue, cuando tenía diecinueve años, decidió que nunca más regresaría. En parte porque no estaba de acuerdo con la Celebración en sí. En parte también, porque con solo unos minutos ahí sentado, no pudo aguantar observar tal brutal demostración de fuerza a manos de lobos que no se dejaban nada y lo daban todo en la arena. Los zarpazos, las mordidas y los gruñidos, simplemente lo hicieron encogerse y la sangre terminó por acabarlo.
Hasta hoy en día tenía grabado en la memoria el olor a hierro, junto las náuseas que lo hicieron finalmente salir de ese estadio atiborrado de gente en busca de aire fresco.
Cuando se vio fuera de la gran construcción, los gruñidos a lo lejos, el viento azotándole el rostro, supo que eso no era para él.
Él simplemente no era como los demás omegas que podían estar ahí estáticos observando esa repugnante barbarie ni tenía estomago para tolerar el olor a sangre, por lo tanto tampoco tendría ojos para ver a los combatientes y decidir después si lo quería como compañero o no.
En otras palabras, para YeoSang no tenía sentido seguir aguantando hasta la ceremonia y por lo mismo decidió no regresar.
Por supuesto, su decisión tuvo consecuencias, la primera siendo la ira de su progenitora.
Cuando su madre lo encontró en casa, no hubo ningún pero, ni un argumento si quiera, para detener los gritos y bullente furia de la mujer ante la vergüenza que había cometido por escabullirse en mitad de tan simbólica celebración.
“¿Quién te va a querer después de esto? ¡Perdiste la oportunidad de ser elegido, ser el orgulloso omega de un alfa!” le había gritado más de una vez, junto con la frase “Mancillaste el honor de la familia”, la cual repitió tantas veces que YeoSang estaba seguro que se lo había grabado a fuego en el cerebro por el resto de su vida. También estuvo la frase “¿Qué sucede con los omegas de estos días?”.
Fue con esa última expresión que se enteró de lo que había sucedido durante su ausencia en la ceremonia. De cómo su amigo YunHo se había “denigrado” al extender su corona de flores para llamar la atención de un alfa de forma desesperada (¡Y vulgar!, puntualizó su madre). Que su otro amigo, WooYoung, había recibido una proposición y la había aceptado aun cuando no tenía la edad suficiente para hacerlo (¡Y uso la corona de flores que tu dejaste tirada al irte!, agregó indignada su madre, YeoSang encogiéndose), y ni que decir la larga perorata de como ese tal SeongHwa se había atrevido aceptar una proposición por parte del alfa que había ganado el primer lugar, cuando él ya había tenido su oportunidad el año pasado y se había “divertido” rechazando proposiciones.
“¡Un escándalo!”, finalizó su madre después de lo que parecieron horas antes de fusilarlo con su juzgadora mirada, ya que claramente, él era la guinda del pastel al no haber estado.
Al haber huido.
En ese entonces, YeoSang había sido lo bastante joven y estúpido para dejarse herir por las palabras de su madre, haciéndolo sentir peor que basura no solo ese día, sino también los que continuaron, él conteniendo las lágrimas apenas.
Claro que el enojo de su madre pareció esfumarse cuando comenzaron a llegar propuestas a su puerta por alfas y betas que no habían ganado el privilegio de poder elegir un omega y que habían quedado encantados por su apariencia, lo suficiente para pedirle que fuera su compañero.
Aunque aceptó algunas citas, en parte para contentar a su madre, en parte para dejar de sentirse tan presionado y culpable, YeoSang se dio cuenta que simplemente no lo disfrutaba.
“Al menos no hay sangre ni zarpazos”, se decía una y otra vez mientras intentaba sonreír, hacer algún comentario en vez de un ausente silencio, poner atención…pero era difícil cuando sentías la presión en tus hombros y en la boca del estómago, la horrible sensación de estar cumpliendo por obligación.
Un día simplemente no lo soportó más.
Entre lágrimas y con el pecho doliéndole, comprendió que no podía seguir obligándose hacer algo que no quería y fue ahí que decidió que no aceptaría ninguna invitación más. Las rechazaría, sin importar lo que su madre dijera, se negaba a seguir sintiendo ese vacío que le carcomía el alma.
Fue así que se negó a todas las proposiciones, incluso aquellas en las que había tenido una cita, bajo la furibunda mirada de su madre.
Ella no lo entendía, pero tampoco necesitaba que lo hiciera.
Simplemente YeoSang se había dado cuenta, después de mucho recapacitar, que no valía la pena emparejarse. No al menos bajo la presión de otros ni por cumplir absurdas reglas arcaicas. Además no le gustaba el hecho que alfas y betas se acercaran a él solo porque “era bonito” o porque fuera un blanco fácil “ya que era el omega que abandonó”.
A los diecinueve años, había entendido que no quería que su apariencia o situación determinara el ser elegido como compañero y esa decisión se mantenía hasta ahora.
Con sus veintiún años, YeoSang tenía bastante claro que él no era un omega que se dejaría engatusar por un par de palabras bonitas ni tampoco asistiría alguna celebración para ver si un alfa lo elegía entre medio de la multitud por sobre la bonita hilera de omegas que esperaban a ser elegidas, como había sucedido con SeongHwa en el pasado.
No. En ese punto de su vida YeoSang se negaba a sentirse como un pedazo de carne, listo para ser lanzado y vendido al mejor postor antes de terminar asado a la parrilla y devorado sin contemplación solo por cumplir con las normas. No le importaba si detrás de ello estaba el argumento que era lo mejor para la manada, donde el más fuerte prima junto con todas esas ideas evolutivas que podían sonar muy lógicas en teoría, pero que eran un real desastre cuando se aplicaban a personas como él.
No estaba seguro si se le podría considerar quisquilloso o muy cerrado de mente, pero simplemente YeoSang estaba obstinado a vivir de una forma en que se sintiera cómodo consigo mismo.
Su amigo WooYoung lo había comparado con una ameba por su falta de interés en compañeros, YeoSang simplemente lo había ignorado.
Estaba bien así, seguro con su decisión y eso era lo que importaba, su única interacción con alfas o betas siendo el cuidar de los hijos que tuvieran sus amigos.
Como ahora.
Riendo adorablemente y aplaudiendo con sus pequeñas manitas, YeoSang sonrió al pequeño que tenía sentado frente suyo antes de volver a esconderse detrás de sus manos y aparecer para conseguir la misma risa una vez más por parte del hijo de YunHo.
Próximo a cumplir dos años de edad, MinJae era un alegre y fuerte alfa que caminaba por todas partes haciendo uno que otro desastre, pero siempre con una sonrisa en el rostro haciendo imposible enojarse con él. Al igual que sus padres, era alto para su edad, tenía una brillante sonrisa como YunHo y un rebelde cabello rubio como su padre, MinGi.
Desde que había nacido, YeoSang cuidaba de él cada vez que YunHo necesitaba y también jugaba con el pequeño cuando estaba de visita. Se podría decir que tenía una debilidad por MinJae, pero no era el único. WooYoung y su compañero San también jugaban con el niño cada vez que venían de visita, por lo que MinJae era un niño bien amado y querido, sobre todo por sus padres.
Ahora armando una torre de cubos, MinJae de pie y muy concentrado en su tarea, YeoSang ayudándolo de tanto en tanto, escucharon el sonido de la puerta abrirse. Volteándose ambos ante el sonido, YeoSang esperó encontrarse con la sonrisa de su amigo.
Sin embargo cual fue su sorpresa cuando en cambio se encontró con unos ojos fríos y un rebelde cabello rubio, el porte alfa en todo su esplendor cohibiéndolo y asombrándolo por partes iguales.
MinJae por su parte soltó un alegre grito de recibimiento seguido por algo similar a “¡Appa!”, antes de correr hacia su padre. Con sus pasitos de bebé resonando por el piso de madera, MinGi solo tuvo que dar dos pasos antes de atrapar en vilo a su hijo, su gesto cambiando radicalmente.
Sus ojos eran ahora cálidos y una amplia sonrisa adornaba el rostro de MinGi, el fiero alfa transformándose ante el recibimiento de su cachorro.
- Hola YeoSang, ¿YunHo salió?- consultó al verlo, YeoSang ya acercándose.
- Si, tenía que ir al médico, una revisión de rutina- agregó al final al ver que los ojos de MinGi se estrechaban preocupados.- Debe estar por llegar, le alegrará verte.
MinGi asintió más aliviado por esa información y sonrió ante lo último. Al ser parte del grupo de vigilancia de la manada, MinGi estaba obligado a irse por unos cuantos días fuera de su hogar para resguardar los límites del territorio de la manada, su regreso siempre variando según las circunstancias. Esta vez había regresado antes, lo que le entregaba más tiempo para estar con su hijo y su compañero.
Después de intercambiar unas cuantas palabras más, YeoSang pasó a despedirse. Ante la posibilidad de que en cualquier momento podía llegar YunHo y él no quería entorpecer la sorpresa de MinGi al haber regresado antes de tiempo y mucho menos entrometerse en la reunión familiar, optó por irse rápidamente de ahí.
Caminando de regreso a su casa, barajó sus posibilidades.
Aún era temprano y la verdad no le entusiasmaba regresar para encontrarse con su madre junto con sus mil replicas y quejas. Tampoco para encontrarse con alguna proposición. Aunque el tiempo había pasado, no faltaba el lobo testarudo e insistente que pensaba que lograría abrirse paso ante su fría indiferencia y lograr conquistarlo, YeoSang rodando los ojos ante su absurdo.
Su vida estaba bien como era y nada lo haría cambiar de opinión.
Optando finalmente por tomar el camino largo, se dirigió al bosque que rodeaba la manada. Daría una vuelta por ahí y al regresar aprovecharía de pasar donde WooYoung para ver cómo estaba.
Si, definitivamente esa era una buena idea.
YeoSang disfrutó del paseo tanto como pudo, al igual que los siguientes días que le vinieron.
A medida que se acercaba la tan ansiada Celebración por muchos y repudiada por él, YeoSang se decantó por pasar más metido en el bosque para así estar lejos de su madre y sus recelosas miradas o bellos discursos donde indirectamente (o muy directamente a veces) le insinuaba que debía presentarse al menos a la Ceremonia.
“Si Park SeongHwa consiguió un alfa al año siguiente de su graduación, tu puedes lograr lo mismo”, le decía como si quisiera darle ánimos o esperanzas. Como si YeoSang hubiera perdido alguna de esas dos cualidades cuando en realidad no le interesaba.
¿Por qué era tan difícil de entender?
La gota que rebalsó el vaso fue cuando WooYoung apareció el jueves por la tarde en su casa con un paquete de dulces en mano y la petición que lo acompañara a la Celebración de Luna Nueva al día siguiente.
- No quiero- fue su simple respuesta mientras se devoraba un dulce, WooYoung mirándolo con mala cara.
- YeoSang te lo estoy pidiendo como amigo- insistió, sus ojos oscuros observándolo con insistencia- Acompáñame mañana…
- ¿Por qué no se lo pides a YunHo?
WooYoung se cruzó de brazos.
- Sabes que a YunHo no le gusta la competencia
- A mí tampoco
WooYoung bufó esta vez.
- Si, pero la diferencia es que YunHo está felizmente emparejado y tiene un hijo- puntualizó letal, YeoSang fulminándolo.
- Entonces porque soy soltero debo ir- concluyó mordaz y con los dientes apretados- Y yo pensé que solo tendría que aguantar a mi madre…
- YeoSang no es eso- lo cortó de una WooYoung sintiéndose ofendido ante la comparación- Y no soy tu madre. Si te estoy pidiendo que me acompañes es porque San va a ser arbitro durante la competencia y quiero ir a verlo, pero como estoy embarazado San no quiere que vaya solo, eso es todo- concluyó enfurruñado tomando un dulce y llevándoselo a la boca, masticando su enojo.
YeoSang frunció los labios sintiéndose un poquito culpable esta vez, sus ojos viajando al avanzado embarazo de seis meses que portaba su amigo. Por lo que le había contado WooYoung, su compañero San era bastante aprensivo en cuanto a su estado. Ya que la madre de San había fallecido al tenerlo, este resguardaba mucho a WooYoung para que no le sucediera igual. Claro que San no llegaba a ser paranoico o controlador excesivo al punto de encerrarlo en su casa, sino todo lo contrario. Le daba libertad a WooYoung, pero siempre con un ojo puesto en su compañero y en su seguridad.
- ¡Ah! Y por si tienes alguna duda más- continuó WooYoung aún ofendido- Ya le había preguntado a YunHo antes de venir aquí, pero se negó porque MinGi llega hoy de una misión y quiere pasar el día de mañana con él, lo mismo SeongHwa
Y con eso dicho se cruzó de brazos y tomó un trago a su vaso de agua, mientras que YeoSang se removía en su asiento culpable, su mano sacando por inercia otro dulce porque simplemente no tenía nada bueno que decir.
Lo había malinterpretado todo.
- Deberías haber partido por ahí- dijo finalmente como única amonestación, WooYoung poniendo los ojos en blanco en el acto.
- Lo que tú digas- soltó sarcástico, pero antes de que YeoSang rebatiera, agregó con astucia- Ahora que sabes mi razón, ¿Me vas acompañar? ¿O tu vida de soltero te tiene muy ocupado para ayudar a un amigo?
YeoSang se lamió los labios captando los resquicios de azúcar en estos. WooYoung lo tenía acorralado. El muy astuto lo tenía contra la espada y la pared, y él lo sabía. Su amplia sonrisa de la victoria diciéndole en la cara que sabía con antelación su respuesta, YeoSang simplemente suspirando sabiendo que ya no tenía de otra.
Iría a la Celebración de Luna Nueva para acompañar a su muy embarazado y manipulador amigo.
-Está bien, iré contigo- soltó de mala gana- Pero nos sentaremos lejos de la Arena, no quiero estar cerca de la sangre
WooYoung frunció el ceño, pero cedió en ese punto sabiendo que era lo mejor que podía tener en ese instante. No quería que YeoSang se retractara o peor, que lo abandonara en mitad de la competencia tal como había hecho en el pasado mareado por el olor a sangre, así que asumiendo que tendría que ver a San a la lejanía, aceptó. Era mejor eso que nada.
Con el ceño aún medio fruncido y el gesto de que no estaba del todo convencido con su decisión, YeoSang pasó a despedir a su amigo cuando este vio que era hora de irse para llegar a su casa antes de que anocheciera, negándose a que lo acompañara.
“Estoy embarazado, no inválido”, le había dicho entre risas antes de irse, YeoSang simplemente dejándolo ser.
Y la verdad su amigo no había mentido en ese punto.
Al otro día, demasiado temprano para el gusto de YeoSang, WooYoung apareció por su puerta con una esplendorosa sonrisa, fresco como una lechuga mientras que YeoSang lo recibió con su pelo en todas direcciones similar a una pajarera y una expresión que decía bien claro que lo había despertado y que deseaba aniquilarlo.
-¿Qué haces aquí?- le soltó sin ninguna delicadeza, demasiado adormilado, WooYoung cambiando su sonrisa a un gesto ceñudo.
- ¿Qué tipo de saludo es ese?- le encaró- Y el que debería hacer las preguntas aquí soy yo, ¿no deberías estar ya levantado?
-¿Por qué debería?
- Dijiste que me acompañarías a la celebración- le increpó, YeoSang pasándose la mano por la cara.
- WooYoung recién son las ocho y algo de la mañana, esa competencia comienza a las diez- soltó haciéndose a un lado para dejarlo pasar- Me quedaba al menos una hora de sueño…
- ¿Al menos una hora?-repitió WooYoung incrédulo volteando a verlo- ¿YeoSang a qué hora pensabas levantarte?
YeoSang chasqueó la lengua, pasando por alto el contestar esa pregunta.
Bajo la fulminante y apremiante mirada de WooYoung, fue empujado prácticamente hacia la ducha. Sin quedarse contento con eso, WooYoung también le preparó el desayuno (algo más que solo cereales con leche, que es lo que pensaba desayunar en primer lugar) y lo obligó a cambiarse dos veces de ropa, porque no le gustaba nada de lo que llevaba puesto.
Cuando terminaron, YeoSang estaba hastiado y se preguntó si realmente WooYoung le había pedido que fuera con él porque necesitaba compañía o solo era una excusa para realmente buscarle pareja, él comenzando a inclinarse más por la segunda opción. De todos modos, cual fuera la respuesta, YeoSang no se dedicó a darle muchas vueltas por que el daño ya estaba hecho, ellos caminando en dirección al estadio donde se llevaría a cabo todo. Lo único que agradecía en ese punto es que su madre no se hubiera presentado y metido su entrometida nariz, porque ahí seguramente YeoSang habría explotado.
Cuando llegaron finalmente al bendito estadio, YeoSang sintió una mezcla de nervios y repulsión, sus últimas memorias sin ser del todo gratas.
De todas formas mantuvo a raya cualquier gesto de desagradado y pasó a entrar. Ya en el interior encontraron un grupo de personas desperdigadas por aquí y por allá, sin embargo aún la mayoría de la manada no llegaba, por lo que tenían un gran abanico de posibilidades para elegir donde sentarse.
- ¿Y bien, donde desea sentarse su majestad?- consultó WooYoung, sus ojos divagando en unos puestos en la tercera fila que se veían bastante buenos.
En vez de ofenderse, YeoSang sonrió maligno. Era su turno de cambiar las cosas a su favor.
Su revancha.
- Allá- apuntó con soltura, WooYoung alzando la cabeza, boqueando al ver donde se dirigía el dedo de su amigo.
- ¡¿La última fila?!- exclamó impactado, su expresión aumentando al ver que YeoSang asentía muy campante- ¿No crees que estas exagerando? Desde ahí no podremos ver nada.
- Tú aceptaste el sentarnos lejos de la Arena- le recordó, WooYoung gruñendo por lo bajo.
Si, había aceptado, pero nunca pensó que su amigo sería tan exagerado para elegir la fila más alejada posible donde vería a San del tamaño de una mísera hormiga. Más encima el número de escalones a subir era endemoniadamente alto, algo bastante extenuante si se considera que él está cargando con una personita dentro suyo.
Con seis meses y medio de embarazo, WooYoung vio esa escalera como un verdadero desafío.
Miró a YeoSang.
- ¿Esto es algún tipo de venganza por haberte despertado temprano o por traerte aquí? ¿O es porque te llamé majestad?
YeoSang inclinó su cabeza hacia un lado, pensativo.
- Puede que todas- aceptó al final comenzando a subir- ¿Necesitas ayuda?
- Puedo solo- gruñó orgulloso WooYoung.
Después de todo, eran unas escaleras solamente, ¿Qué tan terrible podía ser?
Salía a caminar todos los días con San al menos una hora, y de por sí él era bastante activo durante el día, por lo que estaba bastante seguro que aunque se vieran como un desafío, él podría cumplirlo. Confiaba que estaba en forma para hacerlo.
Cuando llevaba la mitad, WooYoung supo que había sobrevalorado su estado físico. Definitivamente esas escaleras no estaban hechas para omegas embarazados y cuando estaba a punto de llegar al final, quiso maldecir a YeoSang por obligarlo subir hasta ahí y él aceptar obstinadamente el castigo.
- Te lo juro YeoSang, te va a llegar el karma por hacer subir a un omega embarazado hasta aquí- le soltó cuando finalmente llegaron y él se pudo sentar, rendido.
- Yo te ofrecí ayuda
- No importa, igual te va a llegar
YeoSang negó ante las ocurrencias de su amigo.
Aunque debía admitir que tal vez se había sobrepasado y había sido malvado el hacerlo subir la escalera en venganza por llevarlo hasta la competencia; también era cierto que lo había hecho porque desde ese punto estaba seguro que el olor a sangre no llegaría y si es que llegaba, este sería desechado por la límpida brisa de verano que revoloteaba de tanto en tanto a su alrededor, meciéndole el cabello y haciéndolo sentir más tranquilo.
Le entregaba paz.
Ya acomodados y con la gente llegando, YeoSang pasó a conseguirle una botella de agua a WooYoung para que se hidratara junto con algunas golosinas, para que se recuperara después de tan extenuante subida, lo cual mejoró bastante el ánimo de su amigo y más cuando se dio inicio a la Celebración con la competencia entre los alfas y betas, San entrando a la Arena.
-¡Míralo ahí está!- apuntó entusiasmado y orgulloso- Aún desde esta distancia se ve sexy
YeoSang se atragantó con su propia saliva ante el desfachatado comentario, pero no dijo nada al respecto. No cuando su amigo se veía tan feliz.
Y enamorado.
YeoSang sintió un pequeño pinchazo en el pecho, el ligero deseo de encontrar algo así y el miedo de nunca hallarlo. Aunque para él su vida estaba bien, debía admitir que en momentos como ese, cuando veía a WooYoung tan contento al ver a su compañero, sentía unos segundos de debilidad y se preguntaba como sería en su caso. Si podría encontrar realmente alguien que le hiciera tener la misma expresión.
Pero tan pronto esa idea llegó a su mente, de igual forma la despreció.
No quería engañarse. A sus amigos le había funcionado, pero era muy difícil que a él le pasara igual cuando se había negado totalmente a darle alguna oportunidad a alguien. No te puedes enamorar ni tener compañero si no dejas que nadie se acerque, él cerrando esa compuerta hace mucho tiempo llevado por las circunstancias. Y no por ese instante de debilidad la iba abrir.
No se obligaría abrirla.
Tomando una bocanada de aire e ignorando de lleno lo que sucedía en la Arena pasó a voltear hacia atrás dedicándose a ver el paisaje a sus espaldas que era increíble desde esa altura y mucho mejor que absurdas peleas retrogradas. De vez en cuando escuchaba una exclamación por parte de WooYoung a su lado, junto con los gruñidos de las peleas que se llevaban más abajo, pero él ni siquiera hacia el intento de mirar. No quería.
No fue hasta horas después, YeoSang habiéndose quedado dormido en alguna parte de toda la competencia, cuando WooYoung lo codeó en un costado obligándolo a despertarse.
- ¿Qué haces dormido?- le increpó recién dándose cuenta de su estado, sus ojos demasiados ocupados en San para darse cuenta de que su amigo se pegaba una siestecita a su lado- Te vas a perder la última pelea
YeoSang rodó los ojos.
- Avísame cuando termine- soltó volviéndose acomodar, pero WooYoung no lo dejó.
- Olvídalo, tienes que ver al menos una pelea YeoSang
-¿Para qué? ¿Para ver como se matan entre ellos? – preguntó sarcástico- No me interesa WooYoung, ya te lo dije hace mucho tiempo. Veré la Ceremonia y nada más
Fue el turno de WooYoung de rodar los ojos, de verdad la testarudez de su amigo no tenía nombre. Bien, no lo iba a obligar. Si quería ignorar de lleno la competencia era cosa suya, aunque si era sincero, después de todo ese tiempo esperaba que YeoSang hubiera bajado sus barreras y prejuicios sobre las batallas que se llevaban a cabo en la Arena para al menos ver un poco, pero era claro que no era así.
WooYoung había guardado la secreta esperanza que con más años encima, YeoSang pudiera hacerle frente a su miedo y poder interesarse una vez más en tener un compañero. No es que no respetara la decisión de su amigo de ser soltero, pero si le preocupaba verlo tan aislado y solo.
Conocía a su amigo y sabía lo tímido que en realidad era por sobre todo lo demás, como también a la presión que su madre lo había sometido para encontrar un compañero (algo que lastimosamente se enteró demasiado tarde, cuando el daño ya había sido hecho). Si YeoSang había decidido no tener uno, era simplemente porque era el único mecanismo de defensa que había desarrollado para protegerse de su miedo.
De la presión y la incertidumbre.
Pero WooYoung le iba a demostrar que podía superarlo. Que podía hacerle frente. Lo primero en su lista para lograr su objetivo, el sacarlo de su casa y llevarlo a la Celebración de Luna Nueva una vez más. Claro que no había mentido cuando había dicho que quería ver a San y que necesitaba compañía, las circunstancias simplemente ayudando a sus planes.
Lo segundo en su lista, el que YeoSang mostrara interés en algún alfa o beta. Con eso esperaba que se abriera la compuerta de querer tener un compañero.
Hasta ahora, solo había logrado lo primero…a medias.
- Al menos aguantó toda la competencia- fue su pensamiento mientras veía a YeoSang mirando todo menos la batalla que se llevaba más abajo- Eso ya es algo.
Negándose a rendirse en ese punto, pasó a captar la atención de su amigo cuando anunciaron que iniciaría la Ceremonia. Al menos en eso YeoSang no tenía excusa para no poner atención, podría poner una expresión de hastío y aburrimiento evidente, pero al menos lo obligaría a ver.
WooYoung cruzó los dedos.
Habían varios lobos que le parecían excelentes candidatos para su amigo y oró para que alguno de ellos lograra llamar si quiera la atención de su testarudo amigo. Uno que lo hiciera salir de su espacio de fría indiferencia.
-¡Mira ya van a comenzar a elegir!- soltó con cierto entusiasmo zarandeando el brazo de YeoSang para que prestara atención. Lo único que se ganó fue un bufido en respuesta.- YeoSang deja de ser tan amargado, con eso solo logras llamar más la atención. Mira, hasta el que ganó el primer lugar te está observando
YeoSang quiso bufar una segunda vez por la exageración de su amigo, sus ojos cayendo perezosamente en el joven que había ganado el primer lugar, con lo cual obtenía el derecho a elegir una compañera primero por sobre el resto. Como quien no quiere la cosa, paseó la vista por los juveniles rasgos, los ojos oscuros, la fuerte mandíbula hasta perderse en el uniforme de chaqueta negra y pantalones del mismo color que llevaba el ganador, estos quedándole a la perfección…
Carraspeó ante su línea de pensamiento.
- ¿Sabes?, no sé si es por la distancia o qué, pero realmente parece que está mirando hacia acá- continuó WooYoung estrechando su mirada, YeoSang rodando los ojos.
- ¿Por qué miraría hacia acá? Seguro es tu imaginación…
- Esta caminando hacia acá- continuó WooYoung pasando por alto su comentario- Si no me crees velo por ti mismo- lo acusó.
Frunciendo la nariz y algo escéptico, YeoSang fijó su mirada de nuevo en el joven cambiaformas.
Cual fue su sorpresa cuando vio que efectivamente este caminaba en su dirección con paso decidido. Por un segundo pensó que era imposible y que tal vez solo se estaba acercando hacia alguna omega o beta cerca de ahí, pero cuando lo vio tomar impulso y subir de un salto a la tribuna con una facilidad impresionante, comenzó a preocuparse.
Cuando lo vio subir las escaleras empezó a sudar frío, sobre todo cuando su mirada parecía querer conectar con la suya, YeoSang temblando, queriendo escapar de ahí.
- Creo que debemos irnos- murmuró.
- ¿Qué? No seas ridículo YeoSang, no nos iremos, sobre todo cuando el ganador viene por ti
- ¿Cómo sabes que viene por mí? Puede ser otro- conjeturó nervioso, queriéndose negar a la realidad.
WooYoung rodó los ojos.
- Por supuesto que es por ti, no deja de mirar hacia acá y yo soy una ballena- exclamó al final apuntando a su muy embarazado vientre, por si YeoSang se le ocurría otro ingenioso comentario para querer huir de ahí o negar la verdad, su amigo abriendo la boca sin encontrar palabras para rebatir eso.
Menos aun cuando el alfa llegó justo frente a ellos, YeoSang sintiendo que le iba a dar un ataque por lo nervioso que estaba y lo frenético que estaba su pulso.
Nunca le había pasado algo igual.
En el pasado había estado nervioso, tenso también durante las citas, pero nunca había llegado a ese nivel. A uno en que se le secaba la boca y su mente parecía desconectarse del resto de su cuerpo dejándolo en blanco, sus ojos encontrándose con unas poderosas y magnéticas orbes marrones.
Tragó apenas.
Por su parte el joven alfa lo miró con atención, su respiración apenas afectada después de haber subido todas esas escaleras, su mente y cuerpo totalmente focalizados en el omega que tenía al frente.
En su aroma.
Fue al inicio de la última pelea que en un repentino giro del viento, una brisa engañosa y bailarina, pasó frente su nariz, desconcentrándolo un instante. Sublime, nostálgico, el aroma danzó en su mente mientras todo su cuerpo reaccionaba a él.
Solo una vez en su vida le había pasado algo semejante. Pero esa vez lo había dejado escapar.
Esta vez no sería igual.
Choi JongHo estaba decidido a ello.
Centrándose en ganar el combate, JongHo dio lo mejor de sí para terminar la batalla y al finalizar poder elevar su nariz en busca de captar de nuevo aquel escurridizo aroma y con él a su dueño. Sin embargo, el aroma a sangre era tan fuerte que simplemente atiborró sus sentidos e impidió poder encontrarlo una vez más.
Aun así, no se rindió.
Obcecado en su búsqueda y en la oportunidad que se le había dado, JongHo buscó con ahínco el aroma que lo había encantado al entrar una vez más a la Arena para dar inicio a la Ceremonia donde debía elegir una compañera. Con el estadio repleto de gente, el aroma sin querer hacer acto de presencia, JongHo comenzó a impacientarse cuando en eso la mano del destino se apiadó de él.
El viento se elevó una vez más queriendo darle una última oportunidad, una que JongHo no desaprovechó. El aroma llegó en todo su esplendor hasta sus fosas nasales, sus ojos viajando directos como los de un halcón hacia su presa.
Y fue ahí, aún a la distancia que supo con todo su ser que era él.
No había nadie más en ese estadio que pudiera encantarlo y atraparlo con su aroma, ese que tenía grabado profundamente en su memoria.
En lo alto del estadio, altivo y elegante, el omega le recordó a las orquídeas que su madre cultivaba.
Bello y complejo. Pero sobre todo único.
Sin dejar de mirarlo, se acercó pasando por alto cualquier obstáculo que se le ponía por delante, hasta que pudo estar frente a él. Después de todo ese tiempo, por fin podía ver cara a cara al omega que, estaba seguro, lo había capturado con su aroma hace mucho tiempo atrás y que ahora lo volvía hacer.
Sin poder contenerlo más, hizo la pregunta de rigor:
-¿Quieres ser mi compañero?
YeoSang lo miró con los ojos muy abiertos con una mezcla de pánico y terror contenido, como si le hubiera anunciado su muerte en vez de hacerle una proposición.
WooYoung había tenido razón. El karma se había presentado.
Por haber hecho subir a un embarazado unas cuantas escaleras, había terminado con un joven alfa pidiéndole que sea su compañero, cuando él se daba por un caso perdido.
- Hay una fila de varias omegas allá abajo que están esperando que se lo pidas- dijo en un intento de desentenderse de la proposición, lo único que su mente pudo crear para escapar de tal situación.
El alfa ni se inmutó por sus palabras. Como si no las hubiera pronunciado nunca, lo siguió mirando, paciente.
- Creo que espera tu respuesta- le dijo WooYoung con un suave codazo ante el nuevo silencio, él queriendo maldecir.
YeoSang carraspeó, pero tenía la garganta tan seca que no lo ayudó.
Estaba comenzando a estresarse, todas las miradas estaban puestas en ellos dos.
¡Con un demonio, todo el estadio los estaba mirando!
¡Eso era más presión de la que había tenido en toda su vida!
Quería huir, pero no podía. Lo más obvio en ese punto sería negarse, tal como había hecho en el pasado, pero por una extraña razón tampoco podía. Había algo tan magnético en esa mirada, en su presencia misma que lo hacía hasta olvidarse por unos segundos que estaban rodeados de gente y le hacía sentir que solo eran ellos dos. Nadie más.
Solos, con la brisa de verano danzando entre ellos.
Sus miradas conectando, el viento moviendo con sutileza sus cabellos.
- Esta bien- se escuchó decir, llevado por algo que ni él mismo supo explicar, el que el público estallara en exclamaciones trayéndolo de vuelta al presente.
Con un pequeño respingo sorprendido, vio gente que ni conocía le sonreía y hasta aplaudía, YeoSang sintiéndose cohibido al extremo, hasta que vio la sonrisa que le dedicaba el alfa que lo había elegido.
Esa sonrisa lo calentó hasta las orejas.
Con una leve inclinación de cabeza, el alfa se dio media vuelta y regresó a su lugar en la Arena, YeoSang aún medio aturdido sin saber siquiera porque había aceptado y mucho menos que se le vendría por delante. Que WooYoung lo mirara con una amplia sonrisa satisfecha no ayudó mucho a su ánimo tampoco.
- Todo va a estar bien- le aseguró palmeando su mano fría, YeoSang sin tener la misma certeza.
Sentía que había cometido un gran error, el mayor de todos.
¡Maldito el día que aceptó ir a esa Celebración!
Aun así, asumiendo las consecuencias de sus actos y de su estúpida mente que se había dejado engatusar por una mirada para aceptar tal locura, YeoSang fue hacerle frente a lo que se venía.
Después de ayudar a WooYoung a bajar la escalera para que no terminara rodando o el karma fuera aún más maligno con él, YeoSang pasó a dirigirse a su encuentro con el alfa del cual ni siquiera sabía su nombre.
Irónico.
Tanto tiempo negándose a conocer a cualquiera, a querer evadir sus responsabilidades y la presión de elegir un compañero, guiado por sus propios ideales, que había terminado en la peor de las situaciones. Como si todos sus temores se hubieran concentrado para formar una terrible pesadilla, el destino casi burlándose de él por haber huido todo ese tiempo.
YeoSang quiso llorar de impotencia y reírse al mismo tiempo del absurdo en el que estaba.
Seguro que en ese momento su madre debía estar saltando de alegría al saber la noticia. En cambio él se sentía igual que un cordero, listo para el sacrificio mientras entraba a la casa que se convertiría en su nuevo hogar.
Era parte de la tradición, que la familia del alfa o beta se preocupara de proporcionar una casa a la nueva pareja; ya siendo construyendo una o cediendo alguna propiedad vacía que se restauraba para ser usada por la flamante pareja. Era su forma para bendecir su nuevo comienzo.
O maldecir, si se veía desde el punto de YeoSang.
Con los nervios a flor de piel, YeoSang se obligó a mantenerse firme como el adulto que era y no dejarse doblegar como un niño asustado. Dejó sus zapatillas en la entrada y avanzó por el lugar a oscuras hasta dar con la habitación principal, sus pasos llevándolo al lado del ventanal, la noche recibiéndolo con su oscuro manto bañado de estrellas.
Respiró. Al menos esa visión lo calmó un poco.
Decidió que esperaría al lado de la ventana y no como dictaba la tradición. Definitivamente él no se tiraría en medio de la cama y mucho menos esperaría ahí inmóvil a que lo reclamaran como si fuera un pedazo de filete. ¡Que le den a las reglas!
Además él ya no era un virginal chico de diecinueve años, para estar cumpliéndolas. Bueno, tampoco es que se hubiera acostado con alguien en su vida, ninguno de sus pretendientes betas o hasta algunos alfas logrando su objetivo de reclamarlo, pero simplemente él ya no era tampoco ese muchacho con túnica blanca y corona de flores sobre la cabeza.
Él era un omega de veintiún años con las cosas bien claras y decidido.
Tan decidido como aceptar de todas formas una proposición en la Ceremonia de Luna Nueva…
Quiso golpearse en la cabeza.
- Esto es una locura- pensó, ante el gran lío que se había metido.
¿Qué pasaba si se arrepentía, ahora? ¿Si huía?
YeoSang terció el gesto. Él ya había aceptado. Eso quería decir que el alfa en cuestión, si quería, podía obligarlo a ser reclamado y por la fuerza que había demostrado, podía hacerlo. Con un demonio, él podría romperlo tan fácil como un mondadientes si quería y estaba seguro que lo haría si es que intentaba escapar, él sin tener ninguna posibilidad ante un alfa y menos al ganador de la Competencia.
Uno que había derrotado a alfas y betas que podrían doblegar a YeoSang por igual.
Solo ese escalofriante pensamiento asustó a YeoSang hasta los huesos, el que justo en ese minuto se abriera la puerta tras suyo, haciéndolo brincar en su puesto.
Tratando de recomponerse, YeoSang se dio media vuelta.
Sus oscuros ojos se posaron en el alfa que avanzó hacia él con paso cauteloso, pero firme, YeoSang queriendo pegarse al vidrio que estaba detrás. Hacerse uno con él si fuera posible.
Sin notar su incomodidad, el alfa continuó acercándose igual que un león al acecho hasta el punto de invadir su espacio personal. YeoSang trató de endurecer su mirada, de parecer medianamente desafiante para que no siguiera más allá.
Por lo que sabía, al haber pasado once años en los Barracones, era normal que algunos alfas y betas no supieran lo que la palabra “espacio personal” significaba. Al estar siempre rodeado de hombres era normal y él siendo un omega masculino podía dar la misma sensación de comodidad, aunque YeoSang no se sintiera así.
Lo incomodaba, a la vez que lo desconcertaba.
No sabía que tenía ese alfa en específico que lo hacía sentir tan inquieto con su presencia.
Como si estuviera arrinconado por un gran león y él fuera un pequeño ratoncito.
Cuando vio que alzaba una mano, YeoSang se echó para atrás por instinto, el otro deteniendo el movimiento de lleno.
- Estas asustado- le dijo sin más, su voz reverberando por todo el cuerpo de YeoSang haciéndolo temblar de una forma que no quiso analizar.
YeoSang carraspeó en un intento de recomponer su postura.
- No, no lo estoy. Es solo que no quiero que me toques- soltó al final sin contenerse.
El alfa alzó una ceja como toda respuesta. Más que enojado, parecía contrariado.
- ¿No quieres que te toque?
YeoSang se mordió el labio, notando recién lo tajante que había sonado. Eso se podía tomar claramente como una afrenta, más aún frente a un alfa que supuestamente sería su compañero.
Pese a todo, se negó a retractarse.
- Exacto- aceptó lo más firme que pudo, sus manos traicioneras tiritando.- Es más, no dejaré que me obligues hacer nada
Esta vez el alfa lo miró con una expresión indescifrable, YeoSang tiritando ahora ante sus propias palabras.
¿Por qué había tenido que agregar lo último? ¿No pudo quedarse con lo primero y ya?
Miró inseguro al alfa. Había cavado su propia tumba, estaba seguro.
¿Qué pasaría ahora? ¿Cuál sería el próximo movimiento del alfa? ¿Lo golpearía por esa afrenta? ¿Lo tiraría sobre la cama y le enseñaría quien mandaba…?
- No lo entiendo- habló finalmente el alfa, más confundido que otra cosa rompiendo todos los esquemas que el omega tenía en su creativa cabeza- ¿Cómo podría obligarte?…- negó contrariado- Según recuerdo tu aceptaste ser mi compañero- le indicó, YeoSang sonrojándose en el acto- Si no quieres que te toque, no lo haré, pero no entiendo como esperas que te marque si no me dejas acercarme…
En ese punto, YeoSang titubeó.
El alfa tenía un punto y él lo sabía. Era natural, ahora que lo pensaba, que lo mirara confundido. Contrariado de que un omega que lo había aceptado como compañero no le permitiera acercarse más que un palmo de distancia, con eso rompiendo todas las reglas y procedimientos esperados.
Sin embargo, lo más importante en ese instante en la cabeza de YeoSang era si quería la marca del alfa.
¡Dios! ¡Por esto era que odiaba esa dichosa Celebración junto todo lo demás!
No te daba tiempo de pensar, de procesar. ¡Nada!
Igual que un títere sin cerebro que se lanza de lleno a las manos del titiritero y antes de que te des cuenta tienes un alfa frente tuyo queriéndose emparejar…
¡Emparejarse con un completo desconocido!
Inhaló con fuerza. Necesitaba tranquilizarse, pensar con claridad. El pasado era pasado y por mucho que se diera cabezazos mentales no podría arreglarlo. Había aceptado estar en esa posición y ahora debía ver como salía de ahí airoso…
- Muérdeme- pronunció finalmente ante lo único que se le ocurrió, desviando la mirada avergonzado- Solo eso
JongHo inclinó la cabeza al escucharlo, ese omega volviéndose un misterio a pasos agigantados. No se equivocó cuando pensó que era complejo, pero nunca creyó que a ese punto. Aun así una sonrisa tironeó su comisura.
Ambos sabían que las cosas no funcionaban así. No podía solo “morder”, para marcarlo como su compañero. Habían varios pasos previos antes de eso, unos que los consideraba a ellos muy desnudos y gimiendo. Pero, sobre todo pronóstico, JongHo cedió, interesado.
Interesado en la actitud desafiante y arrebatada del omega. En su coraje para enfrentarlo pese al miedo que se destilaba por todo su cuerpo.
El omega no era un sumiso, eso era claro.
Sonrió aún más, entusiasmado, listo para cumplir el nuevo reto que tenía frente sus ojos.
¿Solo una mordida había dicho?
Entonces, exactamente eso le daría.
Inclinando un poco más la cabeza se acercó, notando la creciente tensión en el otro.
- Solo para confirmar… ¿Quieres que solo te muerda?- preguntó fingiendo inocencia, su voz chocando contra el cuello de YeoSang erizándole toda la piel. – Si eso es lo que quieres, puedo hacerlo- continuó, su nariz apenas rozando la curvatura de su cuello, bajando todo el trayecto hasta el final - Pero con la tela de por medio es difícil cumplirlo…
YeoSang tragó duro.
¡Diablos! ¿Qué les enseñaban a los niños de ahora?
Supuestamente, ese alfa era menor que él. Supuestamente, YeoSang no quería nada con él.
Pero solo con susurrar en su cuello, el menor ya lo tenía con las piernas de gelatina y el pulso acelerado, el efecto siendo tan rápido que tomó a YeoSang desprevenido.
-P-puedo arreglarlo- dijo, maldiciendo internamente por haber tartamudeado.
¡Con un demonio!
Un crío lo tenía tartamudo, nervioso y necesitado contra una ventana… esperen, ¿Necesitado?
YeoSang inspiró intentando reordenar su cabeza y recuperar la compostura. Hace cinco segundos atrás tenía muy claro lo que quería, pero ahora se le hacía tremendamente difícil tener esa misma claridad con el alfa tan cerca. Tratando de no verse atrapado por la mirada que le dedicaba el otro, YeoSang pasó a desabrocharse la camisa con movimientos rápidos y molestos, hasta sacarla sin gracia.
No quería mostrarse interesado por lo siguiente que iba a pasar, como si fuera un simple trámite, cuando en realidad era todo lo contrario.
Desechando la camisa hacia un lado, vio la sonrisa de JongHo, casi divertido por su enfurruñado actuar.
- Listo- anunció mirándolo a los ojos, el alfa sin decir nada, pero antes de que este hiciera cualquier movimiento más, YeoSang lo detuvo- No me has dicho tu nombre aún, al menos quiero saber eso antes de llevar tu marca
YeoSang se aplaudió mentalmente por tener ese instante de brillante lucidez, algo acorde con sus principios. ¡Al fin!
JongHo por su parte sonrió. Ya se estaba preguntando cuando se lo pediría.
La verdad él había querido preguntarle al omega su nombre desde la primera vez que le habló y cuando entró a la habitación, se había acercado con toda la intención de hacerlo, mover su flequillo para verlo mejor y preguntárselo mirándolo a los ojos…claro que al final las cosas habían tomado un curso diferente y no resultaron como él quería, llevándolos a este punto.
- Choi JongHo- pronunció con seguridad- ¿Y él tuyo es…?
- ¡Vaya! Creí que no lo preguntarías- soltó YeoSang irónico, pero al ver que el otro arqueaba una ceja, agregó- Kang…Kang YeoSang
- YeoSang- repitió JongHo como si paladeara las letras- Me gusta
YeoSang sintió su cara enrojecer y antes de que comenzara a sentir demasiado, se inclinó hacia un lado exponiendo su cuello hacia el alfa.
- ¿Vas a morderme o no?
Impaciente, fue el pensamiento que cruzó la mente de JongHo, su nariz recreándose con el dulce aroma que lo había atraído, vainilla y algo más.
Volviendo de nuevo al ataque, JongHo se acercó con tortuosa lentitud, su respiración chocando con la sensible piel del cuello de YeoSang, este intentando recordar en ese punto que era respirar.
El alfa simplemente se estaba tomando su tiempo. Jugando con él, viendo hasta qué punto podía tironear el fino hilo de su cordura. Ponía a prueba su resistencia y el estoicismo de YeoSang, su testarudez viéndose doblegada milímetro a milímetro, la nariz rozando apenas la curvatura de su cuello.
El omega tomó una inhalación cuando los labios de JongHo se posaron en su piel. Cálidos y húmedos, probándolo igual que una fruta, YeoSang sintiendo ya en ese punto que el pulso se le aceleraba a niveles descomunales, las piernas temblándoles amenazantes de dejarlo caer en cualquier segundo.
Cuando sus dientes rozaron su carne suavemente, YeoSang sintió que perdería la cabeza.
- Estoy seguro que te demoras menos en morder una manzana- le reprochó entre jadeante, anhelante y molesto por ese crío que parecía divertirse con tenerlo en ese estado. De distender para hacerlo caer.
JongHo sonrió. Lo tenía.
- Depende de la manzana- contestó JongHo y sin contenerse más, mordió de lleno a YeoSang.
Una exclamación, mezcla de un jadeo y gemido, rebotó por la habitación.
La mordedura se sentía tan malditamente bien, como si hubiera tocado el punto exacto en YeoSang para disparar su lujuria.
El dolor mezclándose para dar paso al deseo.
JongHo ni siquiera había penetrado su piel con los dientes, pero la presión había sido suficiente para mandarlo al borde, sus manos sujetadas, firmemente aferradas, a los hombros de JongHo para no caer, su respiración ya algo errática.
- ¿Me dejaras tocarte ahora o…?
- Deja de hablar y bésame de una vez- ordenó YeoSang liberándose, mandando por la borda cualquier prejuicio o razonamiento existente con anterioridad, sus manos ya afirmando el rostro de JongHo antes de acercarse y estamparle un buen y necesitado beso.
De esos con mezcla de frustración, deseo y donde los gemidos y sonidos obscenos ante el movimiento de sus labios no se dejaron esperar.
¡Estaba tan caliente y molesto a la vez!
Molesto por sentirse tan necesitado, caliente por…JongHo.
Nunca en su vida YeoSang había experimentado algo así, tan ansioso y hambriento, su cuerpo buscando más fricción. Su boca buscando más sabor. Su piel reaccionando ante el roce de las manos ásperas que se posaban en su espalda desnuda y lo recorrían con delicadeza.
En un instante estaba temblando entero, la excitación corriéndole por las venas, sus piernas apenas sosteniéndolo, y al otro estaba con las piernas alrededor de la cintura de JongHo, el alfa sin siquiera verse afectado por el esfuerzo, sus manos sosteniéndolo firmemente mientras lo tenía contra la ventana y sus cuerpos se rozaban de una forma que hacía que todas las inhibiciones desaparecieran del cuerpo de YeoSang, la ropa pareciéndole terriblemente molesta.
Quería más. Por irónico que fuera, deseaba más.
- JongHo. Cama.- fue lo único que pudo decir entre besos, JongHo asintiendo a medias mientras se daba vuelta con él en brazos y lo llevaba directo a la cama en la habitación.
YeoSang estaba perdido entre la fuerza del alfa por cargarlo sin siquiera quejarse de ello, como si él fuera un paquete de cabritas y no un omega cercano a los sesenta kilos, como también en el increíble beso que le estaba dando mientras lo cargaba.
Y cuando lo colocó sobre la cama fue con tal cuidado que lo dejó sin aliento.
Su corazón tembló mientras JongHo depositaba pequeños besos sobre su cuello, una emoción empezando a nacer en las profundidades de su pecho al nivel que lo inquietó lo suficiente para enfocar su mente en otra cosa, sus manos comenzando a encargarse de la chaqueta que portaba, JongHo terminando de sacarla y lanzarla al piso.
YeoSang se enfocó entonces en los botones de la camisa blanca.
-¿Nervioso?- consultó el alfa con una ligera sonrisa al ver como el otro no lograba desabotonar el primer botón.
YeoSang lo miró fulminante.
- No, son estos estúpidos botones, demasiados pequeños para sacarlos con rapidez
-Oh…así que estas ansioso- contestó de vuelta JongHo divertido al ver como el bonito omega fruncía el ceño- Déjame ayudarte- murmuró invitante contra su boca un segundo antes de volver a besarlo, YeoSang perdiendo el ritmo, sus dedos deteniéndose en su tarea.
JongHo fue deshaciéndose uno por uno de los botones desde abajo hacia arriba hasta que llegó al que los delicados dedos de YeoSang aun sostenían, este ayudándolo a liberar el último antes de separarse y terminar de sacarse la blanca tela ante la ávida mirada que el otro le daba.
YeoSang se mordió el labio ante tan impresionante visión. Deliciosos músculos trabajados y listos para ser recorridos por sus curiosas manos presentándose sin reparo, la bronceada piel siendo el toque justo para volverlos aún más cautivantes.
Esos músculos no solo decían todo lo que había trabajado el alfa durante esos años, sino también la fuerza que poseían, una que podría haber sacado la camisa de un tirón, los botones volando en todas direcciones, esa fantasía calentándolo al punto que YeoSang agradeció que justo JongHo haya desviado la mirada para tirar su camisa a un lado y no viera como él se pasaba la lengua por los labios secos.
Cuando sus miradas se volvieron a encontrar, YeoSang no pudo evitar estremecerse de placer por lo que se venía, sobre todo cuando JongHo parecía listo para devorarlo.
Asaltándole de nuevo la boca, YeoSang se dejó hacer, sus manos ya recorriendo esos músculos que se flexionaban con poder bajo su toque, JongHo terminado de retirar la ropa que los cubría hasta que no quedó más que suave y llana piel, ardiente y fogoso roce que los enviaba a perderse en el movimiento y el excitante jadeo de sus bocas mientras se besaban.
Con besos largos, JongHo fue degustando la perlada piel, el sabor de YeoSang pareciéndole sublime junto con su aroma cargado a deseo y excitación, él recorriendo tramo a tramo de su pecho hasta llegar a su abdomen, la respiración agitada del omega pareciéndole adorable hasta que fue más abajo y lo escuchó jadear.
Algo como “JongHo” pareció salir de forma entrecortada de los labios de YeoSang, junto con una negación o una maldición, JongHo no pudo precisarlo bien ya que estaba perdido entre los suaves muslos que se cerraban a su alrededor, su lengua subiendo y descendiendo una vez más por la cálida erección, logrado más sonidos entrecortados.
Quería más. Saboreó y estimuló, pero sin quedar satisfecho aún, fue más abajo.
YeoSang tembló y echó la cabeza hacia atrás cuando sintió la lengua de JongHo tocar justo el centro de su cuerpo, la caricia pareciéndole sumamente erótica y terriblemente excitante, cada lamida estimulando todos sus sentidos, pequeñas descargas eléctricas viajando una a una por su espalda, su cerebro viéndose embotado de ellas al punto que no podía pensar con claridad, lo único que podía hacer era gemir.
Gemir largo y tendido, desvergonzado y totalmente descontrolado, YeoSang perdiendo lo que le quedaba de raciocinio, sintiéndose peor que actriz porno de todos los sonidos que hacía. Pero simplemente no se podía controlar.
¿Cómo podría?
Sobre todo cuando JongHo volvió su atención a su miembro y empezó a masturbarlo, la combinación de sensaciones siendo demasiado para sus sentidos, sus manos arrugándose entre las sabanas hasta que finalmente pasaron a enredarse en las hebras castaño rojizas del cabello de JongHo.
Su liberación llegó poderosa y estremecedora justo en el instante que un dedo viajó a su interior, YeoSang casi viendo estrellas.
Con la respiración errática, los espasmos del orgasmo aun recorriéndolo, sintió a JongHo subir por su cuerpo. Sus labios lo recorrieron hasta atrapar entre sus dientes un endurecido pezón, YeoSang gimiendo, el alfa sin darle tregua.
En serio, ¿Qué les enseñaban hoy en día a los jóvenes en los Barracones? ¿Mil y un formas para torturar a un omega durante el sexo?
Porque eso era exactamente lo que estaba haciendo JongHo con él. Lo estaba torturando increíble y deliciosamente, sin darle ni un respiro, su cuerpo estremeciéndose una vez más mientras el dedo en su interior obraba maravillas al igual que su lengua contra su pecho desnudo.
¿Supuestamente JongHo no debería estar cansado? ¿Tuvo una pelea, no?
O mejor dicho, varias peleas para ganar el primer lugar. Bajo sus dedos podía percibir el relieve de las heridas y los raspones que daban fe de eso.
Desde su punto de vista, debería tener alguna molestia, algo, pero parecía que JongHo estaba en mejor forma que nunca y él simplemente no podía seguirle el ritmo; se había dejado estar. Claro que YeoSang recibió entrenamiento durante su educación, el deporte siendo uno de los puntos fuertes ya que se esperaba con eso reforzar su buena salud y tener mejor descendencia. Pero después de que había cumplido diecinueve años había dejado de hacer ejercicio, simplemente porque ya no tenía sentido para él. Exceptuando por un breve lapso en que había salido a correr los domingos para acompañar a WooYoung, YeoSang había terminado de abandonar del todo el ejercicio después de eso.
Pero ahora se arrepentía con creces el haberlo hecho.
Si hubiera continuado con su rutina de ejercicios, al menos un trote matutino, no estaría viéndose ahora sobre pasado, sus energías menguando cuando ni siquiera habían llegado a la parte principal y se mantenían en el juego previo.
Sentía el segundo orgasmo por venir y si eso sucedía, estaba muy seguro que no resistiría llegar al tercero y mucho menos todo lo que habría de por medio.
¡Con un demonio, era tan denigrante!
No. Kang YeoSang podría haber cedido ante los encantos del alfa, haber aceptado ser su compañero, hasta dejarse llevar por una simple mordida hasta ese estado (por muy vergonzoso que sonara), pero definitivamente no iba a terminar de hundirse al caer rendido ante un poco de sexo.
¡Eso sí que no!
Moviéndose un tanto para salvar al menos su orgullo y no caer en la embarazosa situación de terminar dormido de cansancio frente a los ojos de su joven amante, habló.
- Hazlo…ahora- pidió su espalda curvándose al final al sentir como los dedos rozaban en su interior su próstata, su resistencia apenas aguantando- JongHo…por favor
- ¿Estás seguro? No creo que estés listo aún…
- No me hagas…pedírtelo de nuevo- gimió, casi pidió, siendo vergonzoso hasta qué punto necesitaba eso.
¿En dónde había quedado su decisión inicial? ¿Sus principios e ideales?
Al fondo, bien en el fondo, se dijo. Arrumbados en alguna parte de su cabeza, mientras que las hormonas habían tomado el control total hasta dejarlo en ese punto. En un necesitado omega que buscaba a duras penas salvar lo que le quedaba de orgullo.
Con las poderosas manos de JongHo en su cadera, sus labios sobre su boca, YeoSang se dejó llevar hasta que sintió la intromisión en su cuerpo, este tensándose en respuesta. JongHo había tenido razón al decirle que no estaba listo, aun así YeoSang obstinadamente se pegó más al cuerpo del alfa, sus uñas clavándose en la espalda de este en un intento de liberar la tensión a la que estaba siendo sometido.
- YeoSang, relájate- susurró JongHo besándole el rostro. Le sabía mal el haber aceptado la petición del omega y no haber seguido sus propios instintos que le decían que debía contenerse.- Respira
- Estoy respirando- pronunció con dientes apretados, JongHo negando con la cabeza.
Esto no estaba bien.
Tomando una inhalación profunda, JongHo se concentró en mantener su lobo a raya al igual que el bendito impulso que lo llamaba adentrarse del todo en esas estrechas y cálidas paredes que lo presionaban…aunque si seguían presionándolo más, estaba seguro que en algún punto dejaría de ser placentero y se volvería doloroso.
Retrocedería, pero las piernas de YeoSang lo rodeaban igual que tenazas impidiéndole la retirada. ¡Omega obstinado!
Debía relajar a YeoSang, esa siendo su única opción y prioridad.
Besando su cuello con besos largos y profundos, fue estimulando cada zona hasta llegar a sus hombros desnudos. Una de sus manos pasó acariciar el miembro desatendido de su futuro compañero, el suave vaivén yendo a la par de cada caricia, YeoSang comenzando a jadear.
Cuando lo tuvo una vez más gimiendo contra su oído y su uñas ya no clavadas como garras sobre su espalda, JongHo terminó de entrar, soltando un suspiro de placer y alivio al estar al completo.
Se dio un instante para disfrutar ese breve momento, de captar a YeoSang bajo suyo al igual que su hipnótico aroma, su nariz perdiéndose en la curvatura de su hombro antes de besar el punto donde lo había mordido, encendiendo una vez más su pasión.
Un solo movimiento, la primera embestida, el jadeo lujurioso cayendo en sus oídos, JongHo dejándose llevar una vez más por el deseo que YeoSang despertaba en su interior, ese que lo hacía perder la cabeza y querer perderse por completo en ese omega.
En su suavidad y exigencia, la mezcla pareciéndole perfecta.
Con sus piernas enredadas alrededor de su cintura y su boca entregada, JongHo no pensaba en nada más que continuar. Cuando los temblores del próximo orgasmo inundaron su ser, pasó a recorrer con su lengua el lugar donde debía marcar al omega, la hilera de dientes impresos en la piel mostrando donde había mordido con anterioridad.
El lugar justo para que todo se desatara.
Y pensar que YeoSang le había pedido que no lo tocara en un principio…
Que no lo tocara… ¿Por qué?
Esa pregunta rondó en su cabeza, desconcentrándolo. Sus colmillos estaban alargados, el impulso animal latiendo por hincar sus dientes en la tersa piel, pero contra todo pronóstico y sin encontrar una explicación exacta, JongHo se contuvo.
El orgasmo llegó. Pero él no lo marcó.