Emociones y Sentimientos Repudiados

All Rights Reserved ©

Summary

En una escuela llena de locos que prefieren llamar a la instalación educativa como prisión o reformatorio, se encuentra Neil en el borde de la terraza de su edificio. Un anfitrión de tristeza, consumido por la depresión, se abstiene de saltar al vacío cuando dos chicas peculiares irrumpen en el escenario en medio de una discusión. ¿Qué tan terrible puede ser la convivencia con la persona que interrumpió tu suicidio?

Status
Ongoing
Chapters
26
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Introducción

Neil

Suicidio.

Es el acto de provocar la muerte propia de manera intencionada y deliberada.

La mención de está corta palabra sigue trayendo un grande impacto a lo largo de las generaciones, no importa que tan frecuente sea al ser mencionada día y noche en los noticieros.

Un acto inimaginable para algunos. Un acto de escape para otros.

¿Para mí? No es más que una búsqueda de sentir algo. Un acto para llenar el vacío.

O bueno, ese es el mantra que me estoy repitiendo al ver el borde sobresaliente del edificio.

Así es, este es el breve relato de mi suicidio.

En una calurosa noche de verano, decido quitarme la vida.

Doy pasos lerdos y pesados hasta poder ver desde esta gran altura los arbustos que rodean la escuela.

Al dar un paso más siento la brisa golpearme el rostro.

Bien, al menos eso siento.

Me replanteo una vez cómo hubiesen sido las cosas si otro tipo de emoción me hubiese elegido como su anfitrión.

—Estaría ingresando a la universidad… —Balbuceo en medio de mi contemplación a lo que pronto se convertirá en mi caída.

Mi corazón comienza a palpitar de manera desbocada y eso me produce un atisbo de satisfacción.

¿Esto es el miedo?

Un subidón, un impulso por alejarme del borde me rodea.

Sin embargo, mi deseo por querer sentir más es fuerte.

Un último paso y mis pies sobresalen del borde.

Sólo un paso más y…

—¡No puedo creerlo!

La puerta de la terraza se abre de manera abrupta, haciendo que me tambaleé hacia atrás y caiga de trasero.

Llevo una mano a mi pecho y trato de controlar la respiración agitada que ya había comenzado a presentar.

Mi tembloroso cuerpo y el sudor frío recorriéndome el rostro hace que me sienta desprotegido.

Recuerdo que alguien más acaba de invadir el lugar y giró levemente la cara, sintiendo vergüenza al sólo pensar que alguien me ha visto a punto de arrebatarme la vida.

—Puedo hablarle al anfitrión de ira —Una voz energética y femenina llega a mí antes de siquiera ver a la rubia, dueña de la voz—, me debe unos cuantos favores y le dará una paliza a quien yo le ordene —Señala de manera acusadora a alguien más, haciendo que apenas repare en la presencia de otra persona.

—No me impor… —La chica se detiene al divisar por encima del hombro de la rubia—. Muri, ¿te preocuparía enterarte que alguien está al borde de un edificio con claras intenciones de aventarse?

Ay no, ya me vio.

Creo que voy a desmayarme…

La rubia, aún dándome la espalda, se tensa.

—¡No me cambies el tema…! —Es interrumpida.

—Deberías darte la vuelta —Dice la pelinegra con un tono de indiferencia.

Entro en pánico y pienso en lanzarme por fin, pero la rubia que voltea con rapidez me encuentra in franganti.

La chica rubia parpadea un poco confundida al mirarme, la otra se distrae revisando su celular.

—¿Hola? —Habla como si estuviera dirigiéndose a un extraterrestre.

—Ah… —Logro decir cual estúpido.

Parpadea un poco y aprieta los labios en una fina línea.

—¿Vas a lanzarte? —Pregunta, arqueando una ceja.

Eso pensaba hacer, pero aquí está interrumpiendo mi determinación, gracias por preguntar.

—Yo no… —Soy interrumpido.

—Podemos hacer suicidio colectivo —Sugiere la pelinegra sin despegar la vista de la pantalla iluminada de su celular.

La rubia hace una mueca de desaprobación y camina con el ceño fruncido en mi dirección.

¡Está tipa me da miedo y no estoy seguro del porqué!

Finalmente se posiciona a mi lado y se agacha para quedar a mi lado.

—¿Te empujo o qué?

Vengo a toparme con dos desquiciadas.

Esta situación se está volviendo muy incómoda.

—No… —Me enderezo y doy un par de pasos hacia atrás, alejándome del borde—. Ya no creo querer matarme, gracias —Digo con torpeza y doy la vuelta sobre mis talones para huir de allí y refugiarme en mi habitación.

No miento al decir que ya no quiero matarme.

Es extraño, pero creo que he tenido suficientes emociones por hoy.

Al sujetar el pomo de la puerta, el llamado de la pelinegra hace que me paralice y de la vuelta.

—¿Cuál es tu nombre, escuincle?

¡Ya basta, quiero esconderme bajo mi manta de felpa!

—Neil… —Respondo, sintiendo un nudo en la garganta—. Soy anfitrión de tristeza y mi… —Mi vista se nubla y respiro con agitación—. Mi acompañante es…

—Exceso de info —Me detiene ella.

—¡Lexi! —Reclama la rubia, ya a su lado—. No le hagas caso, es una desalojada —Se dirige a mí.

Ah…

¿¡Ah!?

Listo, momento de salir corriendo.

Patitas para que te tengo.

—Estás pálido —Declara la rubia, acercándose nuevamente a mi tan preciado espacio personal—. Anda, te acompaño abajo.

¡No quiero la compañía de gente más rara que yo!

—Está bien… —Digo en medio de un suspiro.

Momentos en los que lamento no saber negarme.

Bueno, supongo que la historia de mi suicidio estará en pausa de manera temporal.