Prologo
El sol entró por la ventana, la mañana comenzaba para un joven moreno teñido de cabellos cortos. Su alborotado pelo caía por detrás de su nuca hasta poco menos de sus hombros. Se levantó a duras penas, Dabi prefería remontar todo el día, hacer inclusive la croqueta dos o tres veces antes de levantarse. Pero hoy era especial, le costó incorporarse como siempre, aunque al ver el día que ocupaba el calendario una sonrisa nerviosa pasó por su rostro. Lo volvería a ver. Primer día de universidad y sabía perfectamente que tren tomaría hasta el colegio, para ello tuvo a su compañera Toga camelando se al que parecía el mejor amigo del rubio. Lo tenía todo calculado, hoy se duchaba en cinco minutos, se vestiría e iría a desayunar: tostadas con mermelada de fresa. Después de ello se despediría de su familia haciendo caso omiso a su padre y dándole un beso en la mejilla a su madre. Saldría de casa a las siete y treinta minutos, perfecto para coger el tren a menos cuarto. Era una suerte no tener la estación muy lejos de su hogar. Llegó allí con el tiempo justo, cogió el billete y se montó pero no se sentó, estaba esperando a pasar una parada en específico. Una en la que un chico rubio de gafas amarillas y cascos rojos apareciera por la puerta y en ese momento se sentara con él y comenzaron una conversación.
Pero todo se fue al traste pues ese momento hoy no llegó. Dabi fue a clase, la recepción fue aburrida, se topó con su demás amigos pero él no estaba pendiente de lo que le decía el peli azul de aspecto pálido. Sus ojos se dedicaban a buscar entre la multitud la cabellera rubia de pelo corto que tanto ansiaba ver. Una voz femenina apareció a su espalda con una pequeña risita.Mirko esa joven chica de tez morena que siempre llevaba puestas unas orejas de conejo como diadema, me habló con tono egocéntrico. «No ha venido así que deja de buscar a tu amorcito Dabi.» El chico se sorprendió por las palabras de la chica y tragó saliva mirando a otro lado, rascándose la nuca le contestó sin mirarla.
—No se de que hablas, solo estaba mirando al árbol de pedida, suele haber alguna el primer día.
—Dabí cielo –Dijo ella colgándose de su hombro. —Hawks me lo ha contado todo.
—¿Todo?, ¿que todo? –Preguntá con tono confundido aunque sabía muy bien de qué hablaba.
—El maravilloso verano que pasasteis con tu familia, pero ya puede irse esa idea de la cabeza. Hawks es mí novio.
Dabii no pudo más que sorprenderse tras aquellas palabras, quería ir a pedirle explicaciones al chico, quería salir corriendo, quería dejar arder cada parte de Mirko que él rubio hubiera tocado. Pero ¿de qué serviría todo eso? Solo le dio la enhorabuena y se alejó del grupo, retuvo todo lo posible hasta que fue la hora de salir, Toga y Shigaraki sabían que no estaba bien, pues entre unos cuantos tenían un grupo donde quedaban; sobretodo a beber, Pero ellos dos eran los mejores amigos de Dabi desde la infancia y sabían todos los secretos por más oscuros que fueran. También entendían que esa casa de campo había sido algo más que una entretenida visita, tal y como su amigo les había comentado.
Dabí salió del colegio, quería desquitarse así que en vez de ir a casa a llorar, como haría cualquier adolescente. Fue a las afueras con su moto negra que alternaba llamas moradas en su pintura. Se dirigió hacia una fábrica y allí encendió un cigarro, le dio tres caladas para después desquitarse con la puerta. Patada tras patada iba perdiendo su endereza y a la última terminó por gritar su nombre. Poco después resbaló por la abolladura que había hecho en el metal y dejó la cabeza entre las piernas. Se dedicó a soltar lo que retenía. No entendía cómo después de ese verano, ahora el rubio tenía novia ¿Si tan solo pudiera hablar con él otra vez? Pero ni quiera fue hoy al colegio. ¿Cómo podría contactar con Hawks si no se presenta en el único lugar que coinciden?