Capítulo uno.
Jonathan Clarke.
Joder.
Joder.
Joder.
Lo voy a matar. Ya está, hasta aquí he llegado con él.
Jodido. Paxton. Langford.
Estamos en los baños del gimnasio, dónde acabamos de darnos una ducha y actualmente, vistiéndonos. Maldigo mientras termino de ponerme los zapatos.
¿Por qué razón estoy de mal humor?
Acaban de nombrarlo cómo capitán del equipo, qué, vaya sorpresa, seguramente le habrá chupado la polla al entrenador. Aquí nadie se sorprendería si eso llegase a pasar. Paxton está lleno de sorpresas y, exceptuando algunas, la mayoría de las veces no son buenas.
Su olor característico se cuela por mis fosas nasales, casi, haciéndome desear tener ese olor más cerca, pero casi. Su arrogancia y egocentrismo, lo arruina por completo.
—¿Molesto, caramelito?—se acerca a mi espalda. Un escalofrío me recorre de abajo a arriba antes de girarme para mirarlo directamente.
Sus ojos son tan oscuros cómo la noche, siempre han sido así y eso me llegó a impresionar ya que cada persona tiene un brillo característico. Pero él no, sus ojos lucen apagados y sin rastro de sentimientos.
Siempre supe que era una especie de psicópata.
El pelo es tan oscuro cómo sus ojos, su cara está perfectamente pulida y podría llegar a decir que es hermoso, pero prefiero guardarme ese comentario. Su vestimenta también es lo que se espera de gente cómo él; negra e incluso vehículos de ese color.
Simplemente es él típico tío que juega a hacerse el malo.
—¿De qué hablas? Y deja de llamarme así —respondo cansado de su mierda.
Una sonrisa lobuna se le extiende por el rostro.
—Soy ahora el capitán, parece que tendrás que comenzar a obedecerme— informa, acercándose más a mí. Está intentando intimidarme, pero por desgracia para él, no lo consigue.
—Parece que te lo tienes muy subidito, musculitos.
—¿Yo? Saber que ahora harás lo qué yo te diga, si que me tiene en las nubes— dice con la cara ya a centímetros de la mía. Su aliento se mezcla con el mío haciendo que mis nervios se tripliquen—. Ante todo lo qué tengo pensado hacerte pasar, qué por cierto, será el doble de lo que tú me hiciste.
Suelto un suspiro lleno de frustración. Estoy atrapado. Nunca pensé que Paxton llegaría a ser capitán, porque desde el primer momento que entró a este equipo, se mostró desinteresado ante tal puesto.
—Olvida todo y comencemos desde cero— le sugiero cruzándome de brazos.
—¿Crees que es así tan simple?— suelta una carcajada seca—. Me las vas a pagar, caramelito.
—¿Qué quieres?¿Dinero?¿Algún coche?
Todas aquellas cosas que le hice pasar rondan por mi mente, atormentándome. Estoy lejos de querer vivir lo mismo, pero algo me dice que me lo merezco. Solo que soy cabezota y me niego vivir algo que yo mismo hice.
Niega con la cabeza varias veces, una media sonrisa le decora la cara; haciéndole ver más aterrador.
—Mira, hoy estoy de buen humor— comenta—. Te ofrezco algo por si no quieres pasar por toda la humillación que te tengo planeada.
—¿Qué?
—Ser mío durante todo el tiempo por el que pasaste humillandome— Un año y medio.
—¿Qué quieres decir con ser tuyo?—tartamudeo.
¿Ser su juguete sexual? Ni de coña.
—Ser mi juguete sexual entra en la lista— dice como si me hubiera leído la mente—. Pero también obedecerás en todo lo que te ordene; así tomarás un poco de tu propia medicina, caramelito.
—No.
—Todo esto lo mantendremos en privado, para no ensuciar tu preciosa reputación— insiste.
—No me venderé a ti y punto— declaro con la furia hirviendo en mi interior.
Da un paso para atrás.
—Bien— acepta con un asentimiento—. La oferta seguirá en pie y mientras que no la aceptes, comenzaré con tu sufrimiento, caramelito.
Me da unas palmadas en el hombro antes de dejarme ahí, estático y con miles de insultos que quiero soltar. Chase aparece salvándome de ir tras musculitos y hacer tonterías que me llevarían tras las rejas.
Ese idiota.
¿Cómo se atrevió a meterse con mi orgullo?¿Cómo se atrevió siquiera a pensar que yo aceptaría semejante tontería?
Mi orificio virgen seguirá intacto, no me interesa lo contrario. Ni un anormal promedio cómo Paxton cambiará eso.
—Parece que alguien está de mal humor —comenta Chase mientras que se cambia de ropa.
—No sé cómo es que el entrenador decidió darle el puesto de capitán —le digo frustrado.
—Es muy bueno.
Le dirijo una mirada fulminante.
—¿Y ya estás con él?¿Qué te dio?¿Dinero? —pregunto sin poder creer que mi mejor amigo lo apoye.
Él se cuelga su mochila en el hombro antes de mirarme.
—Cómo dijo el entrenador; estos últimos meses te has estado desviando un poco de lo que se suponía que eras, un capitán; persona que ayuda y guía a los miembros del equipo. Sin embargo, comenzaste a hacer lo contrario.
—No me jodas tío —suspiro cansado—. Tú no.
Asiente luciendo cansado también.
—Te vendrá bien un descanso de ese puesto, de todos modos —intenta animarme antes de salir de los vestuarios.
Dejándome solo con mis pensamientos.
Todos ahora parecen estar en mi contra, incluso mi mejor amigo. ¿Acaso sigue siéndolo? No lo sé. Solo sé que estoy totalmente jodido con Paxton suspirándome en la nuca. Con su apodo tan absurdo hacía mi persona, lo peor es que no sé ni cómo aún no le he reventado la cara.
¿Caramelito?
El único caramelito que le voy a dar va ser uno envenenado.
Saco mi móvil del bolsillo para ver la cantidad de notificaciones que comienzan a llegarme. Mamá. Nelly. Número desconocido. Ignoro todos los demás y entro en él mensaje del número desconocido.
Te espera una sorpresa en el coche, caramelito.
Suelto unas cuántas maldiciones cuándo recojo mis cosas antes de ir hacía mi coche.
Cómo haya puesto un solo dedo en mi coche...
Me paro en frente de mi audi RS7 sportback de color blanco. Pero al no ver nada pintado, procedo a meter mis cosas en el maletero antes de entrar en el asiento conductor.
Ahí es cuándo encuentro una caja envuelta en papel de regalo, con dibujitos de... Espera, ¿son mini penes? Oh dios mío, sálvame de este hombre.
La puerta del asiento pasajero se abre y una rubia curvilínea entra por la misma. Nelly.
—¿Qué haces aquí? —pregunto escondiendo la caja.
Pero no llego a tiempo cuándo su mirada se posa en ella. Se da cuenta de mis intenciones y me la quita de las manos.
—¿Qué es esto?¿Un regalo para mí? —cuestiona dándole vueltas y estudiando los dibujos en ella—. ¿Esos son mini penes? —suelta medio horrorizada.
—Espera no-
Me interrumpe comenzando a desenvolver el papel de regalo. Luego, se fija en la larga caja que tiene puesto en grande "SexShop". Ni siquiera me mira cuándo la abre y saca algo que nos deja a ambos sorprendidos.
Un dildo.
Qué. Diablos. Hace. Eso. Aquí.
Me lanza una mirada llena de picardía. Solo me limito a sonreír nerviosamente. Pero algo más le llama la atención. Saca una pequeña targeta de la caja.
—Jonathan, o más bien, caramelito; cómo me gusta llamarte en nuestros momentos íntimos. Quería regalarte esto cómo agradecimiento por tus buenas acciones conmigo cuándo ocupabas el puesto de capitán. Ahora el puesto es mío y espero impaciente tú premio hacía mí por llegar tan lejos, espero que sea tu polla dentro de mí y tú boca alrededor de la mía. ¿Debería detallar más lo que quiero? Mejor espero a decírtelo en persona, será más excitante para los dos. Un beso, o mejor tres —lee Nelly, cada vez más horrorizada que antes.
Ese idiota.
—¿Qué cojones, Jonathan? —espeta Nelly tirando todo hacía los asientos de atrás—. Eras gay y no me habías dicho nada, cuándo seguramente estarías montando la polla de este tipo.
Niego con la cabeza varias veces.
—Mira Nelly, no sé qué-
Me interrumpe por segunda vez del día dándome una sonora cachetada.
—Que te jodan, Jonathan —escupe furiosa—. Hemos terminado. No quiero saber nada más de ti.
—Nelly, déjame explicártelo —pido frustrado.
Su cara es de pura indignación.
—No tienes que explicarme nada, de todos modos, ya no eres capitán del equipo; no me sirves de nada.
Iba a esmerarme en explicarle la situación, pero ante sus últimas palabras no me interesa lo qué piense sobre mi.
—¿Entonces a qué esperas? Largo —señalo con la cabeza la puerta.
—Eres un total idiota.
—¿Sí?
—Gilipollas también.
—Interesante, no lo sabía —ruedo los ojos desinteresado.
Sale de mi coche después de soltarme unos cuántos insultos más.
"Hemos terminado" Ni siquiera estábamos juntos, solo era sexo casual. Así que esa parte no le tomo mucho en cuenta. Lo que sí me enfurece es pensar en el jodido Paxton dejando ese dildo en mi coche, ¿cómo se atreve? No, ¿cómo ha conseguido entrar?
Decido mandarle un mensaje.
Estás muerto.
Su mensaje llega un segundo después.
¿Ah sí? Que miedo.
La rabia aumenta dentro de mí, por un momento, me permito bajar la ventanilla y dejar pasar la suave brisa para relajarme. Cosa que no funciona y se va al garete cuándo me llega otro mensaje por parte suya.
¿Estás ahí o ya empezaste a usar mi regalito?
Sabía que eras un pequeño pervertido, caramelito.
Caigo en su pequeño juego y respondo.
Tienes razón, no puedo esperar a metértelo por todos tus orificios y dejarte sin respiración, literalmente.
Espero a que su respuesta aparezca.
Sabes qué me gusta lo salvaje, cariño;)
¿Que cojones voy a hacer con este idiota?
Dios, dame paciencia con este hombre.