Otra vez no

All Rights Reserved ©

Summary

Blake es una cambiante que lleva mucho tiempo reprimiendo su verdadero ser porque fue herida cruelmente. Logra salir adelante gracias a Timothy, quién la salvó y le dió la familia que nunca tuvo pero justo cuando su vida parecía que era perfecta aparece en ella alguien de su pasado que nunca hubiera deseado volver a encontrarse. Echará abajo todo aquello por lo que tanto luchó y la obligará a afrontar un destino del cual se había olvidado.

Status
Ongoing
Chapters
106
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1

Fijó su vista encima de la escalera buscando a Leo pero estaba ocupado y no se dio cuenta de la insistencia con la que lo reclamaba.


- ¡Eh! ¿Es que acaso estas sorda? – exigió el aspirante a ser humano.


Apestaba a alcohol. No pensaba ponerle ni un trago más. Llevaba un buen rato molestándo a las camareras y a ella, que no era famosa por su tolerancia en cuanto a cerdos. Por eso había prohibido a las otras chicas servirle nada más. Esa noche estaba siendo infernal por lo que las demás se habían ido a otros puntos de la barra y la habían dejado sola en espera de que Jeanne la relevara.

Volteó la muñeca y la esfera reflejó las 02.17. Bufó molesta porque su turno debería haber terminado hacía más de una hora mientras colocaba otra carga de botellas vacías haciéndose la sorda porque ese capullo no paraba de gritarle.

Tenía pinta de niño bueno, con el pelo perfectamente cortado, ropa de marca y un reloj que debía valer unos cuantos miles pero esos eran los peores y lo sabía por experiencia. El tipo dio un puñetazo sobre el cristal y ella le dio una mirada que de no haber estado tan borracho le habría advertido de que estaba metiéndose con quien no debía.


- ¿Quién coño te crees que eres para ignorarme? Vas a darme otra cerveza o voy a encargarme de que te despidan. Te aseguro que no volverás a trabajar en ésta ciudad. No tienes ni idea de quién soy. – dijo señalándola con el dedo una y otra vez.


Blake formó una mueca siniestra anticipando que si Leo u otro no aparecían en los próximos segundos iba a terminar arrancándole ese dedo tan molesto. Abrió una cerveza, dio un paso en su dirección y se apoyó delante de él en el mostrador. Su petulancia se tornó en triunfo pensando que había ganado.


- No creo que hagas eso. – contestó. Su voz en completa calma. – Lo que sí vas a hacer es largarte de aquí por tu propio pie o voy a encargarme de borrarte esa cara de gilipollas.


Le cambio el gesto y notó su furia. Por el rabillo del ojo vio a Leo que ahora si parecía darse cuenta de lo que estaba pasando pues comenzó a apartar a gente para poder bajar a toda prisa pero ya le daba igual. El frío la recorrió bajando por su brazo y el vidrio que tenía sujetó empezó a congelarse entre sus dedos.

El hombre levantó la mano cerrada en un puño con muy malas intenciones y ella, que ya estaba más que harta esquivó el golpe y le estrelló la botella en la cabeza con la fuerza suficiente para dejarle una bonita cicatriz sin causarle ningún traumatismo. El cristal se resquebrajó pero no se hizo añicos mientras rodaba lejos del tipo que se agarraba el cráneo desde el suelo y gemía.

En ese momento llegó Leo y lo levantó sin delicadeza.


- ¿Estas bien Blake?

- Si. Quedaos bien con su cara.

- Ya has escuchado hijo de puta. Si vuelves por aquí te llevarás algo más que un dolor de cabeza. – dijo arrastrándolo de la camisa.


No dejó de seguirlos con la mirada hasta que desaparecieron por la entrada y entonces volvió a su trabajo. Pasó un poco más hasta que vio la rubia cabeza de Jeannette aparecer por fin.


- Jeanne es la tercera vez que me haces esto en menos de un mes. Sabes que estoy en época de exámenes.

- Lo siento B de verdad. Desde que la niñera decidió mudarse las chicas que han venido no paran de dejarme tirada a última hora. He tenido que volver a llevar Lucas con mi madre y vive en la otra punta.

- Si ves que te cuesta mantener este horario habla con Timmy. Puede cambiarte, solo tienes que pedírselo. - Sabes que en éste se cobra más. Por favor no le digas nada.


Cogió su bolso resignándose. Jeannette era madre soltera y no contaba con la ayuda de nadie. El padre del pequeño Luke desapareció en cuanto se enteró de que ella estaba embarazada. Por eso tenía ese trabajo, para poder pasar tiempo con el niño durante el día y poder pagar todas las cuentas a tiempo. Era una madre increíble y también estaba un poco loca por lo que ambas habían congeniado desde el minuto uno en que se conocieron. Le había estado cubriendo las espaldas últimamente. Timmy no sabía nada y si de ella dependía así seguiría siendo.

No podía enfadarse con ella.


- Me debes una. – dijo dándose la vuelta.

- Te quiero. – gritó por encima de la música.


Blake sonrío dirigiéndose al piso de arriba. Caminó entre la multitud y abrió la puerta del despacho de Timmy quedándose ahí.

Los cinco hombres que había sentados en torno a la mesa de póker levantaron la vista de sus cartas y sus ojos brillaron bajo la luz de la lámpara.


- Me voy ya, Timmy acuérdate de traer las últimas facturas y los albaranes para que pueda revisarlos. Adiós. – empezó a estirar de nuevo de la puerta pero entonces su voz la detuvo.

- Espera un momento, creía que te habrías ido hace un buen rato.

- Jeannette no se sentía bien y me he quedado un poco más para ayudarla. Se ha tomado una aspirina y ya está al cien por cien, no te preocupes.

- Quédate un rato Blake. – la llamó Samuel. – Últimamente apenas te vemos.

- Tengo que irme, mañana tengo examen a primera hora y aún tengo que darle una última vuelta.

- Si te has quedado por una amiga puedes quedarte por nosotros que somos como tus hermanos, además, seguro que te lo sabes de memoria. – pinchó Nathan con una sonrisa burlona.


Timothy soltó una bocanada y la estudió entre la nube de humo igual que los demás con una sonrisa endiablada.

Era cierto que había estado demasiado ocupada entre la universidad, el trabajo y llevar el papeleo del One More. Apenas se veían en el club y mucho menos en la casa pues sus horarios vitales eran completamente distintos.

Sentía que en cierta manera les estaba fallando pues aunque no eran sus hermanos les debía todo. Suspiró cerrando la puerta y fue hasta la mesa, la rodeó y pasó ambos brazos por el cuello de Timmy.

Él estiró de ella para sentarla en su regazo y enseñarle sus cartas.


- ¿Tu que dices pequeña? – preguntó.


Blake paseó la vista entre las apuestas que había sobre el tablero y los presentes. Joseph se removió en la silla. Siempre se tiraba faroles y ella solía pillarlo en casi todos.


- Sube la puesta.


Tenía una mano alta, si jugaba bien ganaría.

Timothy hizo caso, todos lo imitaron y cogieron una carta.

Blake robó el cigarro de Timmy que trató de quitárselo y aspiró lentamente sintiendo el sabor de otra cosa. Miró el pitillo atentamente pues parecía normal y después a él notando los efectos.


- Muy buena. ¿No me prometiste que ibas a dejarlo?


No era tan hipócrita como para echarle en cara algo que ella también había practicado en algún momento de su vida, pero Timothy era de carácter explosivo. Ese tipo de consumo lo hacía volverse menos racional y no controlaba su fuerza. Hacia medio año que había tenido que ir a juicio por haberle partido la mandíbula a un tío en el club. Contrató a un abogado al cual tuvo que llenarle los bolsillos y milagrosamente no acabó en la cárcel.

Por eso a Blake le molestaba que hubiera vuelto a lo mismo aunque muy en el fondo se sentía culpable pues si esa noche Timmy no se hubiera metido de por medio hubiera sido ella quien habría acabado en el calabozo.


- Te dije que lo intentaría.

- Ya veo. Por lo visto no te bastó con casi acabar matando a aquel tipo.

- Se lo merecía.


Samuel, Kenai, Nathan y Joey se rascaban la cabeza o miraban hacia cualquier sitio que no fueran ellos incómodos.


- ¿No vais a decirle nada? – les preguntó.


Ellos sí que eran sus hermanos, deberían preocuparse por él.


- Ya es mayorcito Blake, déjalo, a veces eres demasiado insistente. – dijo Kenai como siempre tan frío.


Se quedó de piedra.


- ¿Querrás decir que soy una pesada?

- Lo has dicho tú no yo.

- Kenai no te pases. – advirtió Timothy.


Al mismo tiempo apretaba el agarre en su cintura pero consiguió zafarse y se levantó. Los miró a todos y supo que no tendría la ayuda de ninguno de ellos porque pensaban igual y se cubrían los unos a los otros. Enfadada consigo misma por haberse quedado puso rumbo a la salida.


- Vamos Blake, no te pongas así. ¡Blake! – la llamó Nathan cuando ya tenía una mano en el pomo.

- Lleva una Reina, una J y un As. Que disfrutéis. – dijo justo antes de salir dando un portazo.

Mientras se alejaba y pese a la música aún pudo escuchar a Timmy maldiciendo.


Que se joda. – pensó.


En la entrada se encontró con Leo y Erick que estaban fumándose un cigarro.


- ¿No se supone que estáis trabajando? Voy a decírselo a vuestros jefes. – se burló de ellos.


Los dos enormes chicos sonrieron y Erick le acercó la cajetilla para que cogiera un cigarro. Eran gemelos y el parecido entre ellos era excepcional a tal punto que solo se lograba diferenciarlos por su color de ojos. Ambos los tenían marrones pero los de Leo poseían un tono ámbar aunque ningún humano era capaz de notar la diferencia. Cualquiera que los viera desde fuera, rapados, con varias cicatrices en la cara y el cuello y cubiertos de tatuajes pensaría que eran dos peligrosos ex convictos pero no había nada más lejos de la realidad, eran dos trozos de pan.


- Gracias.


Leo le dio fuego mientras ella se subía la cremallera de su cazadora de cuero pues hacia un frío de mil demonios.


- Menuda brecha le has hecho al capullo engominado. – dijo.

- Puede dar gracias de que se ha ido entero.

- Tenias que habernos llamado, se supone que estamos aquí para eso, no para que te metas en líos cada vez que nos damos la vuelta. – la regañó Erick como lo hacía cualquiera de los chicos cada vez que tenían oportunidad.

- ¿Otro que va a empezar con eso? Ya tengo suficiente viviendo junto a seis lobos con complejo de macho alfa, no me jodas tu también.


El chico le pasó el brazo por encima encerrándola en un abrazo de oso.


- Solo nos preocupamos por ti, eres la pequeña de la manada.


Los miró dando otra calada.


- Tanta preocupación va a acabar conmigo un día de estos.

- Eres demasiado dramática. – Leo también se había unido al abrazo.


Cerró los ojos intentando tranquilizarse pues estar entre semejantes moles hacía que se le fuera la cabeza y liberó poco a poco el aire hasta que se sintió mejor, después y sin que lo vieran venir les soltó a cada uno un codazo en las costillas que por supuesto no les hizo mucho.


- La próxima vez estad más atentos, señores armarios empotrados. Me largo.



Adivinen quién es

Next Chapter