I. Mi vida con Taiju.
Taiju es un hombre ocupado, como la mayoría de los hombres inteligentes que no se dejan tiempo para desperdiciar. Por eso muchas veces llega tarde y me despierta cuando se acuesta, no porque sea ruidoso o molestoso, sino porque su cuerpo es tan grande que al taparse tira de las sábanas al punto de dejarme a mí descubierta. Mi confianza con él es tal que no dudo en pelear silenciosamente las telas para que me las devuelva, y cuando voltea para preguntar si estoy molesta y digo con voz dormilona que no, que solo tengo frío, me abraza por detrás, me aprieta contra su cuerpo y se enrolla conmigo entre sus enormes brazos para que yo quede abrigada por completo.
Las mañanas.
Las mañanas suelen ser apuradas, como se duerme tarde y debe levantarse temprano, oigo sonar la alarma un par de veces antes de que salte de la cama y se vaya a la ducha. Yo intento obedecer cuando me dice que no me levante aún, pero no puedo, me levanto tras él para ir a orinar mientras él está bajo el chorro de agua y luego voy a la cocina para prepararle café, lo hago solo porque me encanta verlo salir de la ducha con la toalla en su cintura. Siempre al sentarse a mi lado se queja de que las toallas que compro son muy pequeñas y no puede sentarse bien con ellas. Nunca le he dicho que lo hago a propósito; pues por mí que saliera del baño desnudo, pero creo que eso lo haría llegar tarde todos los días a su restaurante. (Carita de travesura)
Luego de que se va.
Lo sigo. No, mentira, me dedico a lo mío, que es la escritura mientras tomo desayuno, después salgo a caminar al parque cercano a casa y tomo fotografías, luego recibo los correos con las instrucciones para los artículos que debo hacer. También hago las cosas en la casa o salgo en mi motocicleta por la tarde a visitar a algún amigo o amiga.
Por la noche.
Cuando no es fin de semana, generalmente vuelvo temprano a casa si salgo, porque sé que él llega antes, cenamos juntos y nos quedamos regaloneando en el sofá. Cuando él me adelanta, me llama y pregunta dónde estoy y si quiere venir a buscarme, casi siempre le digo que no, que me iré pronto. Aunque confía en mí, sé que se inquieta cuando no estoy en casa, quizás porque tiene esa condición de hombre protector y le gusta tener todo bajo control.
1.Privacidad.
A raíz de lo anterior, recuerdo que una vez, cuando llevábamos un par de meses casados, salí a casa de mi mejor amigo y estábamos preparando una cena especial para su novia cuando me llamó Tai, preguntando dónde y con quién estaba, así textual. No estaba molesto, más bien se oía cansado.
—Estoy en casa de Adi, estamos preparando algo para su novia que está de cumpleaños.
—¿Voy a buscarte? — preguntó secamente.
—¿Eh? No, yo creo que volveré sola, pero más tarde, recién comienza la fiesta acá, pero duérmete, no te preocupes. —Luego de aceptar cortó, llegó la novia de Adi y unos amigos y se nos pasó la hora en divertirnos, hasta bailamos. Cuando sonó mi celular de nuevo, antes de contestar vi la hora, ¡eran las tres de la mañana!Me sorprendí y Adi me miró con cara de «¡Contesta!» Así que lo hice.
—Holaaaaa—dije con tono alegre, para demostrarle a Tai que lo estaba pasando muy bien.
—Estoy abajo del edificio de Adi, ¿bajas o subo a buscarte? —Levanté mis cejas mirando a mi amigo. La voz de Taiju nunca sonaba enojada, tampoco demasiado amable, por lo que me costaba un poco saber, al menos por teléfono, qué pensaba.
—Eeeeh… —No sabía qué responder, porque no quería irme aún. Adi, como siempre pareció adivinar lo que pasaba y tomó mi teléfono porque yo no me moví.
—¡Shiba! Feru se irá en un rato más, iremos a dejarla, no te preocupes. —Lo oí decir, luego levantó él las cejas y me miró, levantó los hombros e hizo una mueca como de no importarle. —Sube entonces, así celebras con nosotros. —Miró luego el móvil y me lo pasó. —Me cortó.
—Creo que será mejor que me vaya.
—No sonaba enojado… —acotó mi amigo siguiendo el ritmo de una canción de Charlie Sparks: «Welcome to London»
—Ese es el problema. —dije preocupada.
—Como quieras.
Fui a la habitación a buscar mi chaqueta y mi cartera para volver a la fiesta y despedirme de la novia de Adi y de él, le di un gran abrazo y sonó el timbre. Nos acercamos juntos con Adi a la puerta, abrió él y los dos nos quedamos mirando hacia arriba a Taiju, quien tenía un brazo apoyado cómodamente en la parte alta del marco. Esbozó una pequeña sonrisa al vernos. Yo le sonreí y me acerqué a él para abrazarlo.
—Hola Tai, iba a bajar ahora.
—Pero me invitaron a una fiesta, ¿te irás sola?
—¿Te quedarás?
—No tengo que trabajar mañana y dormí un poco antes de venir. —Miré a Adi y él levantó los dos pulgares para volver a la fiesta.
—¡Por eso te amo! —le dije a mi esposo, mientras entrábamos, seguimos bailando, aunque Tai no bailaba, pero yo lo hacía con mi amigo o con Midi, su novia y me ponía frente al gran Shiba, y le bailaba sensualmente, jugando, mientras permanecía sentado en un cómodo sofá con una copa en la mano. Me miraba fijamente y el alcohol que yo había ingerido comenzaba a hacer efecto en mis sentidos, me sentía un poco mareada, por lo que di un mal paso, él me afirmó con reflejos felinos y yo me dejé caer sobre su cuerpo, sentada en sus piernas. Todo eso me hizo reír graciosamente, así que lo abracé por el cuello y le di un beso en la boca, beso que no quería acabar, pero él me alejó un poco acariciando mi mejilla.
—Hey… no estamos solos. —la sangre ya se me había ido a mis partes erógenas y mis ojos bajaron a sus labios, relamí los míos y miré esos ojos dorados que amaba. —¿Qué pasa? —preguntó como si no conociera esa mirada lasciva en mí.
—Quiero irme contigo. —Lo que dije lo dije en dos sentidos y él captó el mensaje, por lo que sonrió y miró a los demás un poco avergonzado. Me acomodé sobre sus piernas y pude sentir cómo comenzaba a excitarse, entonces me moví de nuevo, a propósito.
—Hey… no te muevas tanto. —sonreí atrapando sensualmente mi labio inferior con mis dientes de arriba. —Y no me iré de aquí todavía, me agrada el ambiente y la música.
—Está bien, entonces… iré al baño, ¿quieres acompañarme?
—No es correcto entrar en pareja a un baño que no es el de tu casa. — ¡Era tan comedido! No hice más que sonreír, ponerme de pie e ir al baño como había anunciado. Estaba caliente, al punto de pensar en masturbarme en ese mismo lugar, pero sabía que, si esperaba un poco más, nos iríamos y podíamos hacerlo en casa, aunque se me había fijado la idea de que sería demasiado entretenido y placentero hacerlo ahí. Tomé mi móvil, mientras estaba aún con los calzones abajo, sentada en el inodoro y le escribí.
—Tengo un problema en el baño, ¿podrías venir? —esperé casi dos minutos para que respondiera.
—¿Qué clase de problema?
—Problemas técnicos, ¿podrías traerme mi sweater o algo para cubrirme de la cintura hacia abajo? —Esa técnica no fallaría, según yo.
—¿Tu ciclo menstrual no terminó hace una semana? —¡Mierda! Era demasiado atento.
—¡Sí! ¡Pero no sé qué pasó! —insistí. —Vi que se salió del modo online, así que esperé un momento y alguien tocó la puerta. Me subí la ropa y abrí un poco, le diría que entrara rápido, pero en vez de él, vi a Midi.
—¡Midi! ¿Qué pasó?
—Tu esposo me pidió que te entregara esto. —Me pasó mi sweater y una toalla higiénica, recibí las cosas sonriendo y negando a la vez, con la cabeza, luego agradecí y volví a encerrarme.
Salí luego con el sweater colgado en la cintura, había guardado la toalla en el bolsillo de mi pantalón, por lo que tuve que fingir al menos un momento que me había bajado la regla. Me senté en el sofá al lado de Tai, quien hablaba animadamente con una a miga de Adi.
—¿Estás bien? —me preguntó cuando me senté, yo apoyé mi codo en el respaldo del sillón y mi cabeza en mi mano, lo miré con cara de fastidio y no respondí. —¿Qué pasa?
—Quiero irme, estoy mareada. —respondí sin ánimo.
—Bueno, vamos. —Nos pusimos de pie y nos despedimos de todos. Cuando bajábamos en el ascensor, me saqué el sweater de la cintura y me lo puse porque sabía que afuera hacía frío.
—¿Manchaste tu pantalón? —consultó tranquilo, levanté la cabeza para mirarlo y la moví luego hacia los lados. —Menos mal. ¿Te duele el útero? —interrogó. Volví a negar, sin hablar. —De todas maneras, te prepararé un té cuando lleguemos y deberías ir al médico, no es normal que te llegue dos veces el mismo mes.
—No me llegó. —dije finalmente cuando el ascensor se detuvo en el primer piso.
—¿Entonces?
—Olvídalo, fue un error mío. —Salí con él detrás, cuando llegamos al auto me tomó de la muñeca antes de subir.
—¿Qué fue eso? —sonreí sin contestar. —¿Me mentiste o solo pensaste que te había llegado?
—Te mentí, lo siento. —entré en el auto, mareada aún, sin querer mirarlo. Sabía cuánto odiaba la mentira, aunque fuera un juego que no resultó. Él subió al auto y nos fuimos a la casa, estacionó y bajamos. Cuando entramos dejó la llave donde siempre, colgó su chaqueta café en el perchero y subió al dormitorio. Yo por mientras fui a la cocina a tomar agua, para no agarrarme una resaca al día siguiente, después cerré las puertas y apagué las luces para subir también.
La luz del dormitorio estaba apagada y Tai ya estaba acostado, bien tapado, de cara a su velador, lo que me indicaba su enojo, así que fui al baño a cepillarme los dientes, encendí la luz de mi velador y busqué mi pijama, me senté en la cama para quitarme el pantalón y luego la blusa y el brasier. Estaba solo con los calzones cuando sentí su enorme y tibia mano en mi espalda, haciendo que me volteara para mirarlo y él salió de los cobertores para arrodillarse detrás de mí, tomarme el cabello por la nuca para que lo mirara antes de recibir su beso en la boca, me prendí enseguida y él me apegó más a su cuerpo, supe que estaba desnudo porque sentí su erección en mi espalda y con la mano que tenía libre pudo acariciar mis pechos; era algo que me encantaba de él, sus enormes manos en mi pequeño cuerpo.
—Perdóname Taiju. —dije dándome vuelta para abrazarlo, mientras él seguía arrodillado y sin esfuerzo alguno me tomaba por las piernas para que quedara con mi entrepierna sobre su miembro desnudo, me agité más cuando apretó mis caderas contra él y comenzó a moverme con suavidad para que lo rozara a un ritmo constante. Cerré los ojos sintiendo placer aún con el calzón puesto. Segundos después me acomodó para poder quitármelo y el roce fue directo. Pronto él comenzó a hablar en mi oído, en voz muy baja y grave, él sabía que me enloquecía cuando lo hacía.
—Me gusta tenerte así, desnuda dándote placer, pero no esperes que quiera exhibirnos en lugares públicos o en la casa de alguien más porque no lo haré. Lo que hagamos es algo íntimo solo entre los dos, ¿entendido? — Me levantó con facilidad y me dirigió ni muy lento ni muy rápido para quedar dentro de mí, emití un gemido al sentir su tamaño apretado en mi interior. —¿Me estás escuchando? —susurró de nuevo mientras empezaba a moverme a su ritmo. Entre gemidos sensuales saqué un poco de voz para decir un sí medio quebrado. Solo entonces se elevó conmigo en la misma posición y me puso de espalda en la cama, subió mi pierna izquierda y sus embestidas fueron más fuertes, haciéndome casi gritar. Podía ver su rostro perdido en el placer. Después me volteó, dejándome boca abajo, él mismo levantó mi cola y me penetró en esa posición, haciéndome gemir a un volumen que de haber estado en la fiesta hubiese sido oído por todos, y quizás hasta los vecinos.
Estuvimos haciendo el amor esa noche hasta que salió el sol, después de haberme dado varios orgasmos y estando en posición de cucharita, mientras él acariciaba mi cabello, me dijo casi dormido:
—No podemos hacer esto si lo hacemos en un lugar público y es la parte que más me gusta después de hacerte el amor. —Me sentí bien al oír eso y comprendí su punto de vista, así que suspiré diciéndole que lo amaba y nos dormimos.