AMØR DØLIDØ 🥀

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Summary

Una historia de traición, reconciliación y la evolución de una amistad rota hacia un amor verdadero.

Genre
Humor/Romance
Author
Bons
Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1:Primer choque

Brooklyn, 5:20am: zyrán

En un rincón olvidado de la ciudad, donde las sombras se alargan y los susurros del viento cuentan historias de desdicha, vivía Zyrán. A sus 17 años, había conocido más penurias que cariños, más frío que calor humano. Su hogar era un refugio inestable, marcado por el eco de botellas vacías y el humo de cigarrillos que se perdía en el aire. Zyrán encontraba consuelo en la música que resonaba en sus auriculares, melodías que hablaban de rebeldía y libertad, y en su estilo que desafiaba lo convencional, una mezcla de gótico, punk y rockero que era su armadura contra el mundo

Estaba acostado en mi cama, mirando el techo sin mucho que pensar, acababan de terminar las vacaciones de verano, moví ligeramente mi cabeza ala izquierda para ver mi reloj de manecillas encima de mi escritorio

Las clases empiezan alas 8:00, tengo bastante tiempo. Me levanto de la cama y voy al baño, tomo una ducha fría, salgo, y me miró al espejo

“Soy una mierda....joder...”

Desde el baño, escucho el molesto chirrido que hacen las escaleras cuando subes o bajas, lo que me indicaba que alguien estaba subiendo, salgo del baño y apresuradamente me pongo un bóxer y unos pantalones, pero no soy lo suficientemente rápido para ponerme una camiseta antes de que se abriese la puerta de mi habitación.

la madre de zyrán entra ala habitación

esa mujer esqueletica por los más de 4 paquetes de cigarro que se fumaba al día, su larga cabellera enredada, con sus pantalones de pijama de cuadrados rojos y negros que nunca se quitaba, además de su camiseta de Mario bros bastante desgastada y sin color, cada que zyrán la veía le daba mucha pena, pero no puede hacer nada por ella

la mujer se mete otro cigarrillo, lo fuma, y suelta el humo en la habitación. Mira a zyrán y le dice con un tono desagradable y tirado’

“Mi hermano viene hoy, no quiero que duerma en el sillón, Vete a otro lado a dormir esta noche. No me importa donde sea, solo no quiero que estés aquí hoy en la noche.”

tras decir esto vuelve a meterse el cigarrillo ala boca

zyrán sabia que tenia que irse, le tenia un asco tremendo a su madre y su hermano; su tío. Zyrán no sabe si su padre conoce el secreto de ambos, pero realmente no le importa, le parecía asqueroso solo imaginarse a su tío y su madre en su cama. Si. La madre de zyrán se acuesta con su hermano.

Zyrán miró a su madre con frustración y disgusto, pero sabía que no tenía elección más que irse. Se levantó de la cama y empezó a hacer su mochila para la escuela. Una vez que terminó, se acercó a su madre y le dijo con voz seria y tranquila.

“Ya sé dónde puedo ir. Gracias por avisar, Me voy ahora.”

Con eso, Zyrán se pone una camiseta negra y hace insinuacion de salir de la habitación

“Oye”

dice su madre con su voz ronca por el cigarro

“¿No le darás un besito de despedida a mami?”

zyrán sabia que no podia acceder a eso, si iba, y le daba un beso en su cachete, en el último momento ella se voltearia haciendo que sea un beso boca a boca, zyrán sabe que su madre siente cosas por el, pero el no tiene intención de seguirle el juego en su asquerosa intención

Zyrán se estremece al escuchar la petición de su madre. Sabía lo que ella realmente quería, y la sola idea le daba náuseas. Miró hacia abajo, evitando hacer contacto visual, mientras se alejaba de ella unos pasos.

“No gracias, mamá. Necesito irme ya. Adiós.”

Con eso, Zyrán salió prácticamente corriendo de la habitación, sin mirar atrás, mientras trataba de contener su revulsion y nausea ante la idea de besar a su propia madre.

Zyrán, pasa por su descuidado, seco y pequeño jardín delantero, es bastante temprano, pero prefiere estar en la calle que en su casa...

“¡eh!”

Se escucha un poco lejos, con una voz desagradable, me doy la vuelta y veo a mi padre, estaba tirado en el césped, semi-desnudo con varias botellas alrededor y una en su mano.

“ayú-burr-ayudame.”

Que puto asco de verdad....

-“no se quien eres no te conozco”

Dije fingiendo la voz, mi padre no tenía sus lentes, esta más ciego que un topo, probablemente solo piensa que soy yo por mi cabellera roja.

" ¿eh?.....¿¡eres otro idiota que mi esposa trajo!?”

Mi madre normalmente trae hombres a casa y se acuesta con ellos mientras mi padre está hasta el pecho de alcohol

“ella me dijo que no tenia a nadie, eso no es problema mio”

Dije para largarme mientras escuchaba los insultos de mi padre de fondo.

No quiero tocarlo, me da asco.

Zyrán caminó por las calles aún adormecidas de la ciudad, con el peso del amanecer en sus hombros y el eco de las palabras de su padre resonando en su mente. No había lugar para él en esa casa, ni en ese mundo que parecía rechazarlo a cada paso. Pero había algo dentro de él, una chispa de rebeldía que se negaba a apagarse, que lo impulsaba a seguir adelante a pesar de todo.

Llegó al instituto antes que nadie, el silencio del recinto era un refugio comparado con el caos de su hogar. Se sentó en las gradas del campo de fútbol, mirando cómo la luz del sol comenzaba a bañar el mundo con sus primeros rayos. Era un nuevo día, una nueva oportunidad para escapar, aunque solo fuera por unas horas, de la realidad que lo asfixiaba.

Zyrán se encontraba solo en las gradas, sumido en sus pensamientos, cuando notó la figura de Noak corriendo en la pista. A pesar de que sus mundos eran distintos, Zyrán no pudo evitar sentir una punzada de curiosidad por la vida del otro chico. Noak, por su parte, pasó junto a Zyrán sin siquiera mirarlo. Para él, Zyrán era solo otro estudiante más, indistinguible y sin importancia.

La indiferencia de Noak no sorprendió a Zyrán. Estaba acostumbrado a ser invisible para gente como él. Sin embargo, algo dentro de Zyrán deseaba romper esa barrera invisible que los separaba, no por amistad, sino por el desafío que representaba.

El timbre sonó y Zyrán se dirigió a su primera clase, decidido a no dejar que la presencia de Noak lo afectara. A lo largo del día, sus caminos se cruzaron varias veces en los pasillos y en el comedor, pero siempre con la misma indiferencia por parte de Noak.

Fue al final del día escolar cuando el destino intervino. Un grupo de estudiantes clasistas amigos de Noak comenzaron a burlarse de Zyrán por su apariencia y su situación familiar. Noak observó desde lejos, inicialmente indiferente. Pero algo en la mirada desafiante de Zyrán lo hizo detenerse. Por primera vez, Noak vio a Zyrán no como un pobre desgraciado, sino como alguien con una fuerza y una determinación que él nunca había necesitado desarrollar.

Noak se acercó al grupo y con una autoridad que solo él podía ejercer, les ordenó que dejaran en paz a Zyrán. Los amigos de Noak se dispersaron rápidamente, dejando a Zyrán sorprendido y a Noak confundido por su propio acto impulsivo.

“No esperes que haga esto otra vez” - dijo Noak fríamente antes de alejarse.

Zyrán se quedó allí parado, procesando lo ocurrido. No sabía si agradecer o despreciar el gesto de Noak, pero algo había cambiado entre ellos. Un reconocimiento tácito había surgido, uno que tal vez podría alterar el curso de sus vidas.

Zyrán vio cómo Noak se alejaba con su grupo de amigos, la frialdad en sus palabras aún resonando en su mente. No pudo evitar preguntarse qué había motivado a Noak a intervenir. Era obvio que no lo había hecho por amabilidad o simpatía, sino quizá por un impulso que ni él mismo comprendía.

Los días siguientes fueron una mezcla de tensión y expectativa. Zyrán seguía observando a Noak desde la distancia, intentando descifrar el enigma que representaba. Noak, por su parte, parecía seguir su rutina como si nada hubiera pasado, aunque de vez en cuando sus ojos se encontraban fugazmente con los de Zyrán.

Una tarde, Zyrán decidió quedarse después de clases para practicar en la pista. Mientras corría, sintió una presencia familiar. Era Noak, quien también había decidido quedarse a entrenar solo. Durante un rato, ambos corrieron en silencio, sus respiraciones marcando el ritmo en la quietud del lugar.

Finalmente, Noak se detuvo y se dirigió a Zyrán.

“Eres persistente,” comentó Noak, sin rastro de burla en su voz. “No muchos se quedarían a practicar después de clase a punto de empezar la temporada de exámenes.”

Zyrán, sorprendido por el intento de conversación, respondió con cautela.

“La persistencia es lo único que tengo,” dijo. “No todos tienen la misma facilidad en la vida.”

Noak asintió lentamente, como si estuviera comprendiendo algo por primera vez.

“Supongo que tienes razón,” admitió Noak. “Pero no creas que eso cambia algo entre nosotros.”

“No lo espero,” replicó Zyrán, pero había una chispa de algo más en su voz. “Solo quiero demostrar que puedo estar a tu nivel, sin importar las diferencias.”

El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero esta vez no era incómodo. Había una especie de entendimiento tácito, una conexión que ninguno de los dos podía negar.

“Si eso quieres, no soy consejero de nadie. Solo espero que no intentes buscar ayuda de mi parte...para ‘encajar’” dijo Noak con un tono de seriedad y desafío en su voz

Zyrán lo miró directamente a los ojos, sintiendo la intensidad de sus palabras. Asintió, comprendiendo que el camino que había decidido tomar sería solitario, sin el respaldo de Noak ni de nadie más.

“Ni lo esperaba,” respondió Zyrán con firmeza. “No necesito encajar, solo demostrarme a mí mismo de lo que soy capaz.”

Noak esbozó una sonrisa leve, apenas perceptible, antes de girar y continuar con su entrenamiento. Zyrán se quedó unos momentos más, observando cómo el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, bañando la pista de un tono dorado.

Esa noche, Zyrán se sintió más decidido que nunca. Las palabras de Noak, aunque duras, le habían dado una extraña forma de motivación. Sabía que tendría que enfrentarse a muchos desafíos solo, pero también sabía que tenía la fuerza para hacerlo.

Una tarde, Zyrán se escondió detrás del gimnasio para fumar un cigarrillo, su escape habitual de la presión diaria. Mientras exhalaba el humo, escuchó unos pasos y vio a Noak acercarse.

“Te has vuelto muy dedicado a tus estudios,” comentó Noak, observando el cigarro.

Zyrán apagó el cigarrillo en el suelo y lo miró desafiante. “Ese payaso que te comiste ha de estar podrido” respondió. “¿Qué haces aquí?”

Noak se encogió de hombros. “Qué aburrido eres. Estaba buscando un lugar tranquilo para pensar. Parece que tú ya lo encontraste.”

Zyrán se apoyó en la pared, mirándolo con curiosidad. “¿Pensar en qué?”

Noak le devolvió la mirada, con un toque de desprecio y diversión. “En muchas cosas, como en la próxima fiesta que estoy organizando. Podrías pasarte, si tienes algo mejor que hacer que fumar a escondidas.”

“No me interesa estar en ese tipo de cosas,” dijo Zyrán, mirando al suelo. “Y ahora que arruinaste mi último cigarrillo. Será mejor que me vaya.”

Noak levantó una ceja, no acostumbrado a ser rechazado. “Vamos, Zyrán. No seas tan aguafiestas. Te vendría bien salir de tu rutina deprimente.”

Zyrán frunció el ceño. “¿Por qué te importa? Solo soy otro estudiante más, ¿recuerdas?”

“Quizás porque eres un misterio,” replicó Noak, con una chispa en los ojos. “Y los misterios me gustan.” Dijo mirando a Zyrán de pies a cabeza.

Zyrán se quedó en silencio por un momento, sorprendido por la declaración indirecta de Noak. “Si es así, entonces sigue disfrutando de tu misterio desde lejos. No necesito tu caridad.”

Noak soltó una risa suave, pero sus ojos mostraban algo más. “Lo que tú digas, Zyrán. Solo recuerda que la invitación está abierta.”

Durante las semanas siguientes, Zyrán continuó su rutina habitual, pero las palabras de Noak se quedaron en su mente. No podía entender por qué alguien como Noak se interesaría en él, más allá de ser un simple capricho pasajero.

El día de la fiesta llegó, y contra su mejor juicio, Zyrán decidió ir. Necesitaba una distracción y, quizás, respuestas a las preguntas que rondaban su cabeza. Fue con unos jeans rotos negros, una camiseta roja con una calavera de diseño junto con una chaqueta negra. Al llegar, encontró la casa de Noak llena de gente, música y luces. Se sintió fuera de lugar, pero su determinación lo llevó a adentrarse más en la fiesta.

Ahí estaba Noak, con su camisa rosada con palmeras como diseños, una gorra roja de lado y unos lentes verdes de rayas riéndose con algunas personas, hasta que desvió la mirada.

Noak lo vio desde el otro lado de la sala y se acercó, una sonrisa satisfecha en su rostro. “Vaya, nunca pensé que te vería aquí. Bienvenido.”

“Solo estoy aquí porque me aburría,” replicó Zyrán, tratando de sonar indiferente.

“Claro, lo que tú digas,” respondió Noak, guiñándole un ojo. “Vamos, te presentaré a algunos amigos.”

La noche avanzó y, aunque Zyrán se sentía incómodo, empezó a relajarse un poco. Observaba a Noak desde la distancia, notando cómo se movía con facilidad entre la multitud, siempre el centro de atención. Pero había momentos en los que Noak desviaba la mirada hacia él, una expresión indescifrable en sus ojos.

Más tarde, cuando la multitud comenzó a dispersarse, Noak encontró a Zyrán solo en el jardín trasero, fumando otro cigarrillo.

“¿Ya te cansaste de la fiesta?” preguntó Noak acercándose. Al parecer, por su tono de voz estaba algo borracho.

“Siempre me canso de estas cosas,” respondió Zyrán, exhalando humo. “Pero tú parecías disfrutarlo.”

Noak se sentó a su lado, mirando las estrellas. “No todo es lo que parece, Zyrán.”

Zyrán lo miró de reojo. “¿Qué quieres decir con eso?”

Noak suspiró, un poco de sinceridad asomando por primera vez. “Solo que... a veces lo que mostramos no es lo que realmente sentimos. Tú deberías saberlo mejor que nadie.”

Zyrán apagó su cigarrillo y se quedó en silencio, procesando las palabras de Noak. Tal vez había más en él de lo que aparentaba.

Y así, sin palabras adicionales, se estableció una tregua silenciosa. No era amistad ni rivalidad, sino algo más profundo y complicado, algo que ambos estaban dispuestos a explorar, aunque fuera a su manera.

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