Prefacio
—Limítese a responder la pregunta, señorita Cuore.
—Sé por qué estamos aquí, señor juez. No. Mis publicaciones no hacen referencia a este hombre, ni a ninguna persona viva o muerta. Cualquier posible parecido sería coincidencia sin intención de mi parte como coautora de la obra. Sin embargo, si él, o cualquier otro se siente identificado, supongo que por algo será. Tendrán sus pecados oscuros, y estarán muertos del miedo de que finalmente los hagan pagar por sus crímenes, o no se atreverían a acusarme de la forma en que lo hacen.
—¡Qué sínica eres!— me grita el demandante.
—Señor Casablanca, voy a pedirle control— le advierte la autoridad máxima.
—Señor juez. Si hay algo de lo que se me puede culpar haber tomado de esta persona, a quién apenas si conozco, es su nombre. Mejor, ni siquiera eso, porque dudo que él tenga la patente exclusiva.
—Pero otro de sus personajes corresponde a “Carlota”— me ataca uno de los abogados del tipo —Presentada como compañera sentimental de su figura literaria de nombre “Hunter”, y llamada igual que la difunta esposa de mi representado aquí presente.
—¿Y eso qué?, ¿Son ellos acaso los únicos Hunter y Carlota en el mundo que han contraído matrimonio? Si su cliente se siente identificado, como ya dije, asumo que puede reconocerse responsable de todos los hechos narrados en la novela. Incluyendo el de asesinato.
—¡Objeción!
—No ha lugar.
—No puede demandar solo lo que le conviene— dije —Si me acusa de difamación porque reclama el perfil como suyo, debería hacerlo también con todo lo demás.
—La novela no es más que eso— se burla el abogado —Una historia. Ficción. Creada y publicada para manchar la imagen de mi cliente.
—Absurdo. En ninguna parte del libro especifica que se trate de él. A menos de que, como dije, él asuma la responsabilidad por todos los hechos allí narrados.
—Esto es ridículo— el demandante parece querer perder la paciencia.
—Lo es. Ciertamente. ¿Entonces para que nos citaste, ¿Te identificas con el personaje, Hunter?
—No. No lo hace— su abogado responde por él —Si hubieras querido, hubieras descrito al Hunter de tu historia como un asesino serial y eso no significaría que mi cliente lo sea.
—Pero me acusa de atacar su reputación.
—Porque eso hiciste.
—Lo habría hecho solo si la novela tratase de él. Y ya lo dije: Para eso él debería confesar que ciertamente todos los sucesos fueron inspirados en su persona. En sus actos. ¿Qué parte te identifica más?— miro a Hunter a los ojos —¿La de infiel?, ¿La del loco neurótico?, ¿O la de asesino?
—Objeción.
—Ha lugar.
—Escúcheme, su señoría. Como todos saben, solía ser la mitad de una firma artística y mi parte en todos los libros coeditados corresponde a las narraciones, no tengo talento alguno para ilustrar. La novela gráfica fue publicada tras la muerte de mi hermana Hannah Cuore. Cuenta con muy pocas descripciones de los acontecimientos porque a diferencia de los lanzamientos previos a este, limité mi trabajo al montaje y maquetación. Creo que es de su conocimiento que por la condición que Hannah padecía, ella tenía el hábito de manifestar sus experiencias a través del dibujo. Los diálogos que acompañan las viñetas fueron obtenidos del mismo portafolio en la que ella trabajaba antes digitalizar. ¿Apuntes derivados de su imaginación, o material de evidencias? Yo exijo una investigación inmediata para descartarlo. El demandante se siente atacado por un par de nombres sobre una secuencia de imágenes ilustradas que no muestran más que ciertas zonas de la anatomía de los personajes. Pero esto lo publiqué como un tributo a Hannah, segura de que su última obra merecía ver la luz, y declaro de nuevo: Cualquier posible parecido con la realidad sería coincidencia sin intención, ni mucho menos conocimiento de mi parte como coautora. Esto último en especial se habría mantenido así, si el señor Casablanca no hubiera sugerido que el personaje principal de la novela estaba inspirado en él.
—¡Objeción!
—No ha lugar.
—Cuando recibí la demanda, me di a la tarea de reflexionar con atención sobre la apariencia física que Hannah le dio a las personas en su album. El portafolios contiene material inédito, que incluye citas comprometedoras en entradas largas, como páginas de diarios, y rostros claros de los personajes— vuelvo a mirar a Hunter —Gracias, señor Casablanca, por sugerir que la figura principal estaba basada en usted. Encontré muchas coincidencias entre la estructura facial del hombre en los dibujos y la suya.
—¡Objeción! —el abogado se pone de pie.
—Yo misma exijo una prueba pericial caligráfica que determine que estos retratos fueron pintados por Hannah y no por mí, antes de que aleguen que he manipulado los dibujos. Entre los escritos de Hannah, ficticios o autobiográficos, ella describe un maltrato emocional grave. Publiqué la novela esperando que los lectores juzgaran a quién pertenecian realmente los problemas mentales, tomando en cuenta que el antagonista de la historia acusaba a la narradora protagonista de...— abro la solapa del portafolio y abro una hoja marcada para leerla, a propósito. Pues sé exactamente lo que dice —Obsesiva de carácter psicótico…
—¿Es ese el álbum?— inquiere el juez.
—Obsesiva de carácter psicótico— repito —Pero si esta persona es real, es una amenaza pública y además está en deudas severas con la justicia.
—Señorita Denisse Cuore, ¿Es ese el portafolios perteneciente a su hermana Hannah Cuore?
—Es este, sí— respondo, mirando fijamente al hombre que me demanda y elevando el album para que sea recogido de mis manos por un oficial —Al publicar estos personajes ilustrados por ella, mi intención además de honrar su memoria, fue someter los actos de los personajes a la opinión del mundo. Ahora estoy segura no solo de que le dio forma plástica al camino que la llevó a la muerte, sino que este es el mejor instrumento para que el culpable pague por sus crimenes.