Prólogo.
•Jungkook•—
Abrí de golpe la puerta del coche y salí corriendo antes de que se detuviera. Las ramas bajo mis zapatos se rompían y los árboles pasaban volando a mi lado mientras corría con todas mis fuerzas adentrándome en el bosque. Tenía que llegar hasta él antes de que fuera demasiado tarde.
Dejé escapar un gruñido cuando divisé a los bastardos que les perseguían y apreté con fuerza el cuchillo en la mano. Dispararles era demasiado piadoso. Quería que sintieran un dolor atroz antes de acabar con sus inútiles vidas.
Agarré al que tenía más cerca y le clavé el cuchillo en la garganta, observando cómo se retorcía mientras se ahogaba con la sangre. Pero aún no era suficiente para saciar mi rabia y mi hambre. Estaba sediento de cada gota de su sangre. Lo arrojé a un lado y agarré al siguiente, viendo cómo la vida desaparecía de sus ojos mientras acababa con su vida antes de llegar a otro. Moví el cuchillo a derecha e izquierda, empapándome de su sangre mientras me habría camino hacia él.
Todo mi cuerpo se congeló cuando dejé caer al último que tenía a la vista. Un escalofrío me recorrió la espalda al oír sus gritos desgarradores resonando en el bosque.
Mi corazón dejó de latir. Había llegado tarde.
Moví las piernas. Corriendo cada vez más rápido hacia la oscuridad del bosque.
Hasta que por fin lo vi.
—Jungkook... —Dijo aliviado cuando me vio. Me detuve en mis pasos, mirando con temor cuando hizo una mueca de dolor y la sangre comenzó a fluir fuera de él.
—No... —Exhalé.
Las lágrimas corrieron por su rostro cuando se dio cuenta y me miró, totalmente destrozado. Lo abracé con fuerza, intentando protegerlo de algún modo.
Pero una vez más, llegue demasiado tarde.








