CAPĂTULO UNO
ÂĄJodidamente perfecto!
Park jimin pateĂł el neumĂĄtico obviamente plano de su camioneta y gruñó. Esto no era bueno. Iba allegar tarde a su entrevista de trabajo. Justo lo que necesitaba. Solo se agregĂł a las cosas que habĂan salido mal desde el momento en que abriĂł los ojos esa mañana, comenzando con su despertador golpeando el suelo y rompiĂ©ndose en un trillĂłn de pequeños pedazos. EstĂșpido plĂĄstico barato.
Su dĂa fue cuesta abajo desde allĂ. Se quemĂł el dedo preparando el desayuno, se derramĂł cafĂ© en su camisa nueva desayunando, y el gato de su hermana hizo trizas el pedazo de papel con la direcciĂłn de su entrevista de trabajo. ÂĄAhora esto!
Jimin solo querĂa sentarse, enterrar su cabeza entre sus manos, y olvidar que el dĂa de hoy habĂa pasado. Por supuesto, si lo hiciera, nunca harĂa la entrevista, y necesitaba este trabajo si iba a poder darle algo de dinero a su hermana para el alquiler y la comida este mes. Puede que no fuera mucho, pero necesitaba cada centavo. Los tiempos eran duros para todos.
Jimin recogiĂł su pequeño maletĂn y se dirigiĂł hacia la parada del autobĂșs. No iba a llegar a su entrevista en coche. Eso era obvio. El sistema de transporte pĂșblico no era mucho mĂĄs confiable, pero al menos llegarĂa allĂ en algĂșn momento. Solo podĂa esperar que aĂșn lo entrevistaran cuando llegara.
BajĂł por la acera hasta la parada de autobĂșs mĂĄs cercana, justo afuera del pequeño recinto, mientras una mujer mayor se sentaba en el Ășnico asiento de la parada. Se levantĂł el cuello del abrigo mientras el viento invernal soplaba a travĂ©s aire frĂo. Era solo otra razĂłn para ir a la entrevista de trabajo.
No era su trabajo ideal ser recepcionista para una firma de abogados de lujo en el centro, pero era un trabajo. Le ayudarĂa a darle dinero a su hermana por dejarlo quedarse en su sofĂĄ. Si tenĂa suerte, podrĂa tener suficiente para pagar su factura del telĂ©fono mĂłvil. En este momento, ni siquiera podĂa pagar para llamar y reprogramar su entrevista.
ÂĄSER UN ADULTO APESTABA! Jimin vio venir el autobĂșs de y se acercĂł a la parada. EscuchĂł a la mujer mayor ponerse de pie y luego gritar. Se volviĂł justo a tiempo para verla resbalar en el pavimento. Jimin dejĂł caer su maletĂn y alcanzĂł a la mujer, atrapĂĄndola mientras ella caĂa. Ambos aterrizaron con fuerza en el suelo helado, jimin gruñó cuando la mujer mayor cayĂł sobre Ă©l.
-Oh, querido muchacho, ÂżestĂĄs bien? -PreguntĂł la mujer mientras salĂa rodando de Jimin.
-Estoy bien, -respondiĂł rĂĄpidamente jimin. Se sentĂł y mirĂł a la mujer-. ÂżQuĂ© tal usted? ÂżSe ha hecho daño en algĂșn lado?
-No, estoy bien. -Ella riĂł nerviosamente-. Parece que has parado mi caĂda. jimin mirĂł su ropa mojada y sucia, la pequeña rasgadura en su nueva camisa.
-SĂ. -TratĂł de sonreĂr a la mujer, incluso mientras se despedĂa de su entrevista de trabajo-. Estoy feliz de que no se haya hecho daño.
-No, no, estoy bien. -La mujer mirĂł a jimin de arriba a abajo-. Te ves un poco peor que yo, me temo. Espero que no fueras a ninguna parte importante.
-No, señora. Jimin sonriĂł, esperando que ella no pudiera decir que mentĂa entre dientes.
-Oh. -Las cejas de la mujer se tensaron mientras miraba los papeles que se habĂan caĂdo del maletĂn de jimin cuando se cayĂł. Ella se inclinĂł y comenzĂł a levantarlos-. ÂżTu currĂculum?.
-SĂ, señora. Me dirigĂa a una entrevista.
-Ah, y te he hecho llegar tarde-. Jimin puso una sonrisa en su rostro.
-No querĂa ese trabajo de todos modos. Algo mejor vendrĂĄ, estoy seguro. - jimin plantĂł sus manos en el suelo y comenzĂł a levantarse cuando un dolor agonizante le atravesĂł el tobillo. Jimin gritĂł y se dejĂł caer al suelo, agarrĂĄndose el tobillo. El dolor fue insoportable.
-Oh Dios mĂo, no estĂĄs bien, -dijo la mujer mientras rĂĄpidamente alcanzaba por Ă©l. Jimin saltĂł, sacudiendo su pierna cuando ella alcanzĂł el dobladillo de sus pantalones. -EstĂĄ bien, joven. Soy un profesional mĂ©dico retirado. DĂ©jame mirar.
Jimin estirĂł cuidadosamente su pierna y la dejĂł en el suelo junto a la mujer mayor. ObservĂł mientras ella gentilmente levantaba la pernera de su pantalĂłn, revelando un tobillo que se hinchaba rĂĄpidamente y era bastante doloroso. La mujer examinĂł la herida con los dedos durante unos momentos antes de sentarse sobre sus piernas.
-Bueno, joven, creo que se ha torcido bastante mal, pero no parece estar roto. Jimin supuso que eran buenas noticias. Ăl no tenĂa ningĂșn seguro mĂ©dico. Si solo sufriera un esguince, podrĂa mantenerse sin apoyarlo un par de dĂas y esperar a que mejorara. Si se hubiera roto, tendrĂa que ir al hospital y estarĂa fuera de sus pies durante semanas. Ninguna idea estaba bien con Ă©l.
-Gracias, señora, -dijo jimin mientras se ponĂa de pie y caminaba cojeando hacia el asiento en el que ella se habĂa sentado hacĂa minutos-. Voy a sentarme aquĂ por un momento y luego regresar a casa, y tener el pie en alto un poco. -SeñalĂł el autobĂșs que se detuvo frente a ellos-. No quiere perder su autobĂșs.
-No puedo dejarte aquĂ por tu cuenta. -Sonaba indignada. Ella parecĂa indignada. jimin gimiĂł internamente. Ăl realmente no necesitaba esto. Solo querĂa irse a casa y fingir que el dĂa de hoy nunca sucediĂł.
-En serio, -dijo jimin. Señaló hacia la calle-. Yo vivo allà mismo. Estaré bien. Voy a irme a casa y tener el pie en alto. Lo prometo.
-Bueno, al menos déjame ayudarte a llegar a tu apartamento.
Jimin pensĂł en el pequeño apartamento donde vivĂa con su hermana y su esposo. Era pequeño, apenas lo suficientemente grande para dos y mucho menos tres. Jimin dormĂa en un futĂłn en la sala de estar. Su hermana mantenĂa el lugar limpio, pero todavĂa mostraba el desgaste de años de desorden y falta de reparaciones. Maldito casero. La pintura en las paredes estaba desvanecida y se caĂa. El viento soplaba a travĂ©s de las grietas en el alfĂ©izar de la ventana. La alfombra en el suelo tenĂa tantas manchas que parecĂa una alfombra de colores mezclados en lugar de los colores vibrantes que antes solĂa tener. Su hermana quedarĂa devastada si traĂa a un desconocido al lugar. Jimin negĂł con la cabeza.
-No, estarĂ© bien, lo juro. -LuchĂł por ponerse de pie, agarrĂł su maletĂn y luego comenzĂł a caminar cojeando por la acera hacia el apartamento. Cada paso se sentĂa insoportable.
-Al menos dime tu nombre, jovencito, -le gritĂł la anciana. Jimin respirĂł hondo y dibujĂł una sonrisa en su rostro cuando se volviĂł y mirĂł a la mujer.
-Park jimin, señora.
-Mi nombre es Min Hyuna, joven. -Ella sonriĂł dulcemente, recordĂĄndole a su propia abuela. Jimin la habĂa adorado-. Y te tengo que agradecer por salvarme.
-No hice nada, -insistiĂł jimin-, en realidad no. Hyuna se acercĂł y le dio unas palmaditas en la mano a jimin.
-TonterĂas, jovencito, soy plenamente consciente del hecho de que si no hubieras parado mi caĂda, habrĂa resultado seriamente herida. Jimin sabĂa que no iba a escaparse sin ceder ante la mujer. Ăl asintiĂł, acariciando su mano de vuelta.
-Estoy feliz de que no se haya hecho daño. Recuerde tener cuidado cuando salga de aquĂ. El suelo puede ser bastante resbaladizo en esta Ă©poca del año.
Jimin le dio una Ășltima sonrisa y luego se volviĂł hacia su departamento. Se mordiĂł el labio para no gritar cuando el dolor le atravesĂł el tobillo con cada paso que daba. TratĂł de mantener sus ojos en su destino y no en su tobillo lesionado. Finalmente llegĂł a la puerta y se apoyĂł contra el arco durante varios momentos, respirando profundamente. Cuando comenzĂł a entrar, notĂł que la viejecita seguĂa parada a medio camino entre Ă©l y la parada del autobĂșs. SaludĂł con la mano y luego entrĂł.
El apartamento estaba en el tercer piso y no habĂa ascensor. A mitad de camino, el dolor se volviĂł demasiado para Jimin. Se sentĂł en el escalĂłn mĂĄs cercano y enterrĂł su cara en sus manos. Esto apestaba en muchos niveles. Jimin no supo cuĂĄnto tiempo estuvo sentado allĂ, pero comenzĂł a notar el frĂo que se filtraba en su cuerpo. LevantĂł la cabeza y mirĂł a su alrededor. Hizo una mueca cuando vio la ventana en la esquina del rellano del segundo piso abierta lo suficiente como para dejar entrar el aire frĂo. Alguien probablemente estaba fumando de nuevo.
Resuelto a subir a su apartamento, Jimin se puso de pie y comenzĂł a subir las escaleras. Estaba sudando cuando llegĂł al tercer piso, deseando no haberse levantado cuando sonĂł la alarma. A veces simplemente no compensaba levantarse de la cama por la mañana. Jimin finalmente llegĂł al departamento, se dejĂł entrar y se derrumbĂł en el futĂłn. Se sentĂł allĂ por un momento, luego se quitĂł los zapatos y los colocĂł al lado del futĂłn. Con cuidado, se bajĂł el calcetĂn, frunciendo el ceño al ver lo hinchado y morado que se veĂa su tobillo.
Min Hyuna dijo que no estaba roto, pero Jimin no estaba tan seguro. Le dolĂa lo suficiente como para estar roto y seguro que se veĂa asĂ. Pero no era como si pudiera ir a la sala de emergencias y hacer que le revisaran. Ăl no tenĂa seguro. TendrĂa que esperar y ver quĂ© pasaba.
Jimin se quitĂł la camisa y la arrojĂł sobre la parte posterior del futĂłn antes de meterse bajo las sĂĄbanas. Incluso con la calefacciĂłn encendida, la habitaciĂłn todavĂa estaba frĂa. jimin estaba bastante seguro de que el superintendente del edificio la estaba reduciendo para ahorrar dinero, luego venĂa y les cobraba el precio completo. ParecĂa ese tipo de persona sĂłrdida. A jimin no le gustĂł desde el momento en que se mudĂł, pero no tenĂa muchas opciones cuando ni siquiera podĂa permitirse un techo sobre su cabeza.
Jimin agarrĂł todas sus almohadas y las apilĂł en el extremo del futĂłn, descansando su pierna encima de ellas. Se cubriĂł los hombros con las mantas y cerrĂł los ojos. ÂżTal vez podrĂa regresar y fingir que este dĂa nunca sucediĂł? Era una esperanza de todos modos.