Prólogo
Me encuentro en la oficina de dirección, nunca había estado, ni una vez en toda mi vida, y creí que no tendría ni una citación en todo mi historial academico, pero parece que simplemente no será el caso. La madre del otro chico —al que golpeé— está gritando tanto que se escucha parte de lo que le dice, le reclama por lo que le hice a si hijo mientras estoy estoy aquí sentado, con la nariz sangrando.
Mi mamá entra, acompañada de mi tío.
«Fue peor de lo que imaginé.»
Trato de ocultar mis moretones y nariz sangrante, pero es algo que no es fácil de ocultar. Mi mamá maldice y luego me consuela sacando unas gasas.
—Levanta la cara —me dice a la vez que hace subir la cabeza.
— ¿El otro cómo quedó? —demandó con enojo y bastante dureza en su voz.
—Omar —reclama mi mamá.
—Peor, éso te lo aseguro —respondo.
—Que vaina con los dos —enuncia mientras me aprieta la nariz como castigo—, Sabes lo que…
Mi mamá es interrumpida por el director, quien se asomó ya fuera porque escuchó a mi mamá o para ver si habían llegado.
—Pasen, por favor —pide con una cara de descontento abriendo la puerta.
Al entrar tanto ellos como yo pueden ver a Iván con la cara roja, con el rostro algo hinchado y con la nariz y labios rotos y, a su madre evidentemente enojada. El director apartó nuestras sillas, me sentó y una vez toma asiento habla.
—Señora Shushcman la cité aquí por el altercado que tuvo su hijo con su compañero de clases.
—Altercado (!) —irrumpe de repente la mamá de Iván— Este delincuente juvenil le destrozó la cara cara a mi hijo, que no ve (!) —y sí, se ve bastante mal—. Esto es más que un simple altercado estudiantil, es un crimen y deberíamos llamar a la policía.
—Señora Pinero, le pido que se controle y mantenga la compostura, de lo contrario me veré en la penosa necesidad de expulsar a Iván —amenazó.
—Pero es que como puede que me calme después de lo que esté carajito le hizo a mi hijo —reitera tomando el rostro de su hi-jo—. Nariz y labios rotos, un ojo morado y la cara roja e hinchada.
—Bueno, creo que la señora tiene razón con lo de llamar a un oficial y que se encargue de todo ésto —habla mi tío, y se que nada saldrá bien, al menos no para ella.
—Alguien que habla mi idioma —destaca sacando su teléfono.
—Aunque éso de llamar no será necesario —reitera mostrando no solo su placa, sino también su arma por debajo de su chaqueta de mezclilla negra. En ese momento tanto Iván como su madre perdieron color en su rostro—. Cuénteme, que fue lo que pasó.
—Pues que va a hacer, que mi hijo recibió una paliza de este… niño —discutió.
— ¿Y por qué fue que lo hizo? —continuó. Miró a Iván, pero este no dijo nada, ni se movió.
—Iván… —De nuevo no hablo ni se movió, apenas se veía como respiraba de forma entrecortada y trataba de no llorar.
—Thomas cuéntanos que fue lo que pasó —enuncia, está vez el director. Por una parte ver a Iván así no es algo que me guste mucho—. Si no nos dices me veré en la obligación de llevarte a la comisaría por agresión y alteración del orden público —amenaza, y sé que por más que no quiera, lo hará.
No tengo otra opción.
—Estaba en mi deber de limpiar el salón —cuento—, una de mis compañeras barría el salón mientras yo limpiaba el pasillo de mantenimiento de los aires acondicionados. Iván entró y empezó a tocar a mi compañera y levantarle la falda, ella le decía que parara pero él no la dejaba quieta.
—No andes con mentiras —reclamó la madre de Iván casi gritando, pero después que mi tío la silencio pude continuar.
—Le dije que la dejara y lo empujé para que se fuera, luego él me dió un golpe en la cara que me rompió la nariz —continúo—. Para cuándo me dí cuenta ya estaba encima de él golpeándolo, mi compañera fue quien nos separó hasta que llegaron unos profeso-res.
—Entonces, éso paso… Bien, gracias por tu testimonio —comentó y caminó por mi lado hasta ponerse frente a escritorio, al lado del director—. ¿Que hay de tí, no piensas decir algo para defenderte? ¿Nada?
Ivan solo podía tartamudear y balbucear de manera nerviosa, no puede decir nada para defenderse porque sabe que lo que dije es verdad.
—Sabe que señor director, la dama tiene razón, la policía debería encargarse de ésto, e investigar a este jóven por acoso sexual.
—Espere, ¡qué!
—Sí, como lo oye —reitera—. Son de seis a doce meses siendo menor si es hallado culpable.
—Si, pero no hay pruebas, es la palabra de él en contra de mi hijo, hasta donde sabemos puede ser un falso, una calumnia y eso también es un crimen.
—De hecho la jóven Eva, que era la compañera que mencionó Thomas me dijo que, en efecto Iván la estaba tocando de manera inapropiada —me defiende el director.
— Iván (!) —chilló.
—Bueno oficial, haga lo que tenga que hacer —dijo mi mamá de manera bastante sorpresiva para mí y la madre de Iván, poniéndose blanca.
Mi tío no dijo nada y solo se acercó a él con la esposas a la mano. Ivan se alteró en un segundo mientras que su madre intentaba razonar con mi tío. Verlo así me causa cierto conflicto interno, ya que si bien, era algo que se ganó no me hace sentir mejor.
—Por más que quisiera no puedo detenerlo sin una denuncia legal, asi haremos lo siguiente: —responde guardando las esposas— dejaré que el director te dé a ti un castigo, pero si vuelvo a saber de un caso que lleve tu nombre con otra situación así no dudaré dos veces en venir y sacarte esposado, y ten por seguro que por mas que lo intenten tus padres no te salvaran ¿quedó claro? —solo asintió con la cara mojada en lágrimas y se limpió—. Y si me permites director, Thomas hizo lo correcto al defender a su compañera; se merece su castigo igual, pero hizo lo correcto.
—Asi es —asintió—. Thomas, limpiarás el salón también la siguiente semana tú solo y también quiero un informe sobre la violencia —era un castigo algo severo porque los salones y pasillos de mantenimiento son grandes, además que tengo varios trabajos para hacer uno más, pero no es que sea manejable—. Pueden retirarse.
—Gracias director, que tenga buenas tardes —mencionó mi mamá y salimos de la oficina.
Mi tío toma el bolso del asiento y salimos del liceo evitando en lo posible ver a los lados por la total vergüenza, cosa que no debería pues sé que no hice nada malo, aún así no puedo evitar sentir pena por casi haberle levantado la mano no solo a los profesores, sino tambien de casi lastimar a Eva y comprendo ahora así lo que mi tio decia de tener autocontrol en ese tipo de situaciones, porque podría ser solo un chico, pero pude lastimar de gravedad a Iván, a mis profesores e incluso a Eva en mi estado de ira.
—Entra mientras yo hablo con tu tío —Quitó el seguro del auto y sin pensarlo mucho entré.
Mi mamá y mi tío hablaban y en más de una ocasión señalan y voltean a verme, cosa que me inquieta haciéndome sentir frío en mis manos y pies, sintiendo también ese maldito nudo en la garganta que apenas me deja respirar. Mi tío se va y quedó a merced de lo que diga y haga mi mamá, sintiendo total terror y vulnerabilidad. Apenas entra mantengo la mirada fija al exterior y trato de mantener mi respiración lo más natural posible, pero es evidente mis nervios. Me coloco la mano en la cabeza y mi respiración en ese instante se cortó totalmente.
—Tranquilo, no te voy a hacer nada —aclara, pero aún así no puedo estar tranquilo—. No me gustó nada lo que pasó Thomas, ni mucho menos como se expresaron tú y tu tío Omar, pero creo que sí hiciste lo correcto.
— ¿De verdad? —balbuceo apenas y retomando aire.
—Si, de verdad —reafirmó—. Me dió miedo cuando llamaron, cuando te vi; incluso cuando tu tío y tú fueron imprudentes, estaba muerta de angustia pero cuando escuché lo que habias hecho, como te defendiste y a tu compañera… Me senti tan llena de orgullo, Thomas.
Esas palabras hacen que mi corazón de un brinco, pero uno de emoción y no de miedo.
—Dime, ¿Aún deseas entrenar con tu tío? —Pese a qué estoy un poco más calmado el nudo en la garganta sigue presente, por lo que solo puedo decir que sí con la cabeza—. Bueno… puede que después de toda esta experiencia te deje entrenar con él —en ese momento salto de la emoción, sin embargo no me dura mucho—, pero a cambio no quiero que bajes tus notas y solo será para defenderte y, defender a otros; no quiero venir a citatorios y me digan que te metes en peleas y sino te gustan entonces no habrá nada.
—Si mamá —respondo.
—Si qué… —cantarea.
—Prometo no bajar mis notas ni meterme en peleas.
—Mejor —contesta seguido de un beso—, además, no es como que todos los materiales de sobra que me den en el hospital los estaré usando en tí cada vez que peleas, son para emergencias no para tus enfrentamientos.