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—¿Cómo te sientes?— Alguien pregunta en un susurro desde la puerta del cuarto
—Muerto en vida.— TaeYang responde en un hilo de voz
La recámara está perfumada a feromonas tristes, pero, desde que hubo aquella escena hecha por Seok-Kan, en donde el Omega mayor y TaeYang se desmayaron, uno por el dolor y el otro por la pérdida, desde ese instante, ya dos semanas atrás, Lee TaeYang apenas y se mueve, aunque lo más preocupante, para los demás, es como se ha mostrado de fuerte; porque no ha llorado por ella.
No ha derramado ninguna lágrima, cumpliendo con aquel deber de no llorarla, así, tal cual ella se lo dijo. Aunque no ha habido lágrimas, si hay una profunda tristeza en esos ojos achocolatados, ojos que solo brillan cuando la sonrisa de Taehyung se deja ver. Chae Seo-Yoon se queda unos cuantos minutos más en el cuarto junto al Omega que, ni siquiera le da una segunda mirada.
—¿Deseas que te traiga algo de comer?—
—No hace falta.— Sonríe apenas —Me haré algo de comer luego, estas cosas dentro no me dejarán en paz sino como algo antes de ir a la cama.—
—Está bien.— Él también sonríe apenas —Estoy aquí para lo que desees.—
—Lo sé.— Bufa, mostrándose divertido —Y te lo agradezco, Yoonie. Eres un amigo impresionante, en serio.—
—Nada de eso.—
Sin nada más por decir, Chae sale del cuarto del pelirizo, cerrando la puerta a su paso, no siendo consiente de como la sonrisa en su amigo se desvanece como ceniza siendo arrastrada por el viento. TaeYang baja la cabeza y aprieta sus manos hechas puños, en sus muslos, los cuales tiene heridos de tanto arañarlos, queriendo suprimir el dolor de su pecho. Deseando distraerse con el dolor físico para no sentir el emocional.
—Vuelve.— Pide, como viene siendo el caso —Vuelve, te lo pido.—
Cuando sus ojos se ponen vidrios, Lee menor decide ponerse de pie, haciendo una mueca con sus labios a la hora de sentir un fuerte golpe en su costado. Se agarra el sitio, últimamente, los pequeños que tiene dentro se agitan con tanta fuerza, que logran quitarle el aire por unos cuentos segundos.
Acariciando su vientre con despreocupación, el joven adulto se marcha al baño, en donde, al momento en llegar ahí, se nota en el espejo. Sus ojos se ven marchitos, sin ese brillo que poseía y se había intensificado por los meses vividos como tanto quería.
—Me has destruido de nuevo, Ye-Won.— Sus labios están heridos por tantas mordidas —¿Serás tú quien me reconstruirá o tendré que hacerlo yo solo esta vez?—
Con manos temblorosas, se acaricia el cabello, como ella solía hacerlo. —¿Volverás?— Su barbilla tiembla y aprieta sus dientes
—¿Podría ser muy tarde para pedir por un sueño en donde te pueda ver por última vez?—
Sosteniéndose fuertemente del lavabo, TaeYang hace lo que puede para no romperse.
—No creo poder. Esta dependencia hacia ti se siente como una desintoxicación de la cual sé que debo de salir, pero me rehúso a ello. ¿Y si te olvido? ¿Debería hacerlo, Ye-Won? ¿Es muy pronto para hacerlo, sabiendo los años que estuvimos juntos?—
TaeYang se acuclilla en el piso, sujetándose aún del lavabo.
—Lo único que me mantiene a flote son los frutos que hemos procreado juntos, A-Alfa. ¿Por qué hacerme tan dependiente? ¿Cómo te borro de mi mente, de mi piel, cómo? ¿Cómo logro ser así de egoísta que tú, Ye-Won?—
No pudiendo más, se sienta en el piso de aquel frío baño, sosteniendo su vientre y mirando a la nada.
—Me hubiese gustado, no sé, que mi dolor fuese por una separación. Porque ya no sentías más nada por mí, a esto, saber que te has ido para siempre para protegernos.—
La primera gota cae por la mejilla de TaeYang y es ahí en donde el chico reconoce que no podrá cumplir con la orden de ella.
—Quiero odiarte, y lo h-hago...— Tiembla —Y te odiaré hasta que todo mi ser se vuelva oscuro por tu egoísmo. Te odiaré como la villana que me dijiste que eras en esta historia, joder. Te odiaré tanto que haré lo imposible para no olvidarte, porque mi rencor hacia ti te mantendrá viva en mi mente.—
Más lágrimas caen, como cascadas furiosas.
—Mírame, mierda, Kim, mírame. ¿Lo haces? Estoy destrozado, muerto en vida, maldita sea. ¡Mírame, me has dejado roto! ¡Mírame, mira como me has dejado! ¡Te odio! ¡Te odio!—
Los gritos se hacen más fuertes, tanto que algunas personas se adentran al cuarto para comprobar que todo esté bien. Sin embargo, ninguno logra pasar de la puerta del cuarto del baño al ver el doloroso llanto de TaeYang.
—¡Te odiaré, te culparé, maldita hija de puta! ¡Te pintaré como la villana de todo esto, joder, lo haré!—
Ante los ojos de los demás, TaeYang se ve como un cachorro perdido.
—Te odiaré, porque es la única manera que encuentro para que no me duela tanto, Alfa.—
Los temblores en el cuerpo del ojichocolate son tan fuertes y visibles, mientras que las lágrimas siguen bañando aquel etéreo rostro marchito. Seo-Yoon no aguanta con la imagen y rompe en llanto, cubriéndose la boca para no dejar escuchar sus sollozos. Siente el de cabellos blancos como su cuello es tomado y luego su cabeza se estrella en un fornido pecho, siendo el de su pareja.
—No te acerques.— Hak-Kun retiene a Seok —Sus feromonas emprenden a ser letales, no podemos ayudarle. Se está cerrando en sí mismo, protegiéndose a su modo.—
—Soy doctor, puedo ayudarlo- —
—No quiere ayuda.— Le dice el Alfa —Puedes verlo, tal vez solo quiere sufrir hasta superarla y ya.—
Seok-Kan tampoco se ve de lo mejor, pero, al contrario del Omega más joven, él ha sido más fuerte y se ha dejado ayudar, más que nada porque tiene la atención de un hombre que lo quiere y vela por él. La ruptura del hilo rojo que lo unía a Ye-Won lo dejó en cama por dos días, pero luego emprendió a poner de su parte para salir adelante, y aunque no ha pasado que solo dos semanas de eso, sabe que, el que más mal la está pasando, es aquel joven adulto embarazado.
—Vamos.—
—Pero- —
—Su olor se está volviendo más fuerte, terminaremos afectados, Seok-Kan.—
A la fuerza, es sacado, no sin antes darle una última mirada al joven de cabellos rizos. Cuando los olores dejan de estar alrededor, TaeYang deja de expulsar sus feromonas, sigue llorando, temblando a más no poder, pero los gritos dados, de cierto modo, le han disminuido todo lo que siente dentro, solo un poco, porque la carga sigue siendo inmensa.
Tres horas luego, en donde TaeYang no sabe en qué momento se quedó dormido, sentado en el suelo del baño. El joven adulto se despierta por una caricia dada a su mejilla, aún húmeda por las lágrimas que sigue derramando, por más a haberse dormido.
—¿Mami pupa?— El tembloroso puchero de Taehyung hace negar al mayor —¿No?—
—No, cosa, mami no tiene pupa.— Lo ve ladear la cabeza —¿Tienes hambre?—
—Papá.—
Un suspiro pesado sale de TaeYang, la insistencia del menor por saber en donde está Ye-Won, es algo que se le está saliendo de las manos. ¿Cómo se supone que se le dice a un cachorro de tres años que su padre está muerto? ¿Qué no lo verá más?
—Papá está aquí.— TaeYang se toca el pecho, precisamente, en la zona del corazón
—¿Aquí?— Pregunta el niño, tocándose el pecho con confusión —Aquí p-pupa.—
Los ojos del más pequeño se llenan de lágrimas rápidamente. Y TaeYang solo logra atraerlo a su pecho para que el cachorro llore. Él lo escucha balbucear las palabras, papá y pupa, mientras sigue llorando. Se traga sus propias lágrimas, el Omega mayor, y se dispone a consolar a su pequeño, como una madre haría; tragarse su propio dolor para darle apoyo y consuelo a su hijo.
—Papi te hará algo muy rico.—
—Taehyung no hambre.— Dice, a cómo puede
—Debemos comer, pollito.— Porque él tampoco siente hambre —Luego, veremos algo y dormiremos.—
Pareciese que el más pequeño se lo pensase, pues solo mira al mayor hasta que termina asintiendo. Y TaeYang se permite soltar el aire y respirar de nuevo. Sabe que no es el único en estar sufriendo, él no tuvo ninguna conexión con Kim, sin embargo, su pequeño sí, y eso le da a conocer la sensibilidad que se carga el cachorro.
—Bien, vamos, cosa.— Sonríe, recibiendo una temblorosa sonrisa como respuesta
Un bajo agradecimiento da el ojichocolate al ver que la cocina está vacía, cuando llega a esta. Él toma al pequeño para alzarlo, a duras penas, y sentarlo en la silla que le corresponde. Luego, se acerca al refrigerador en donde saca algunas cosas y emprende a cocinar.
—¿Qué se supone que debo de decirte si te veo así, apenas me levanto?—
—Un, buenos días, y luego un beso.—
El recuerdo lo hace apretar el cuchillo con fuerza. Muchos momentos vividos en poco y los recuerdos son iguales de abundantes en ese momento.
—Gracias a mí, es que ella es tu padre...—
—¿Estás celoso de tu propio hijo? No lo puedo creer...—
Hasta la risita y puede escucharla, se gira, hacia ese lado en que ella estaba y puede verla, tan real que por un momento se lo cree. Un ligero dolor hace que TaeYang salga de sus recuerdos, se mira él la mano y realiza que se ha hecho un pequeño corte en el dedo corazón, se lava la herida, viendo la sangre deslizarse junto con el agua por el lavaplatos y la herida se cierra en un parpadeo. TaeYang termina de hacer la cena para su pequeño y para él también.
Le entrega el plato y Taehyung lo agarra con sus pequeñas y rechonchas manos, luego recibe una pequeña cuchara, y con un tierno agradecimiento, emprende el cachorro a comer. Le entrega el plato y Taehyung lo agarra con sus pequeñas y rechonchas manos, luego recibe una pequeña cuchara, y con un tierno agradecimiento, emprende el cachorro a comer.
Los sonidos de arcadas son fuertes, al punto en que esa persona termina lagrimeando. Lee TaeYang se sigue sosteniendo del retrete y con la cabeza dentro de este mismo, cuando realiza que no vomitará más, se endereza. Ha pasado otra semana, en total ya siendo tres desde que todo pasó y empezó también, esa última semana se la ha pasado vomitando sin parar, como una desintoxicación.
Unas suaves palmadas se dejan sentir y él sabe que es su pequeño fruto quien las hace. TaeYang solo gira la cabeza y le da una sonrisa de labios sellados al cachorro.
—Buenos días, pollito.—
—Buenos días, mami.— La gran sonrisa del niño, opaca la tristeza que siente en su interior TaeYang
—Ven, tendremos que bañarnos porque saldremos hoy.—
—¿A donde?— Su lenguaje comienza a ser más comprensible
—A pasear.—
—¡Sí!—
Y TaeYang se ríe por la emoción que desprende su hijo.
"Te pondré en una caja y la cerraré con llave hasta que nazcan nuestros bebés, Kim. Luego lloraré y me hundiré para después reconstruirme de nuevo, es una promesa."
—Tus bebés están muy bien, no hay nada malo con ellos. Tu embarazo ha salido de la faceta de peligro, felicidades.—
Un asentimiento de cabeza da el Omega, apretando suavemente la diminuta mano igual a la de él mismo.
—¿Aún no quieres saber los sexos de tus bebés?—
—No.— Niega, seguro —Quería saber si puedo obtener un traslado.—
—Oh.— La Omega lo mira sorprendida —¿No te ha gustado el trato en nuestro hospital?—
—No es eso, solo regresaré a mi país de origen, por lo cual, me gustaría saber si puedo o no.—
—Por supuesto, solo debes de decirme el nombre y otras cosas y tu traslado será ejecutado.—
Lee TaeYang da el nombre de su país, también el nombre del hospital en donde seguirá su chequeo médico, siendo este, el hospital que está bajo el nombre de Kim Ye-Won y en donde Seok-Kan trabajaba. Cuando todo está listo, el menor se pone de pie, agradeciendo y estrechando la mano de la mujer.
Sin más, Lee TaeYang se marcha del lugar a paso tranquilo con su hijo sujetado de su mano, una camioneta blindada espera por ambos Omegas, In-Sun abre la puerta trasera y toma en brazos a un risueño Taehyung para ponerlo en la silla que le corresponde. Luego ofrece su mano al Omega para que suba y así TaeYang lo hace.
Una vez todos dentro de la lujosa camioneta, está se pone en marcha.
—¿Todo estuvo bien?—
—Lo estuvo.— Su tono ha cambiado, es más frío y distante —Quiero que todos estén reunidos en la sala para cuando lleguemos, In-Sun.—
—Avisaré a mi hermano enseguida.—
—Y...— Jung lo observa a través del retrovisor interior —Quiero saber todo lo que Ye-Won dejó a mi cargo, porque sé que lo hizo.—
—Así será.—
—Gracias.—
El camino a casa es silencioso, TaeYang le mima la cabeza a su pequeño mientras se acaricia el vientre también, solo hay una mirada serena y brillosa cuando los ojos del pelirizo se ubican en Taehyung, para los demás, la mirada de TaeYang es profunda, seria, e intimidante.
Al ver como se van acercando a su casa del campo, TaeYang da un suspiro en donde deja ir todo lo que siente dentro. Está curioso y a la vez no, desea saber que es lo que Ye-Won tramó y dejó a su cargo mientras estaba viva.
—TaeYang.— Hak-Kun lo hace volver al presente —Por aquí.—
El joven adulto sigue al Alfa, empuña las manos al ver que se dirigen al despacho de la pelinegra, un dolor se instala en el pecho del más joven, pero decide ignorarlo y adentrarse luego al sitio. Ahí el olor de ella sigue intacto y él no duda en dar una buena inhalación para sentir ese olor entrar a sus fosas nasales.
En la silla del escritorio de Kim Ye-Won, se sienta Lee TaeYang, mientras los dos Alfas se quedan en frente de él. Hay dos personas más que se adentran al despacho, pero Lee los ignora. Taehyung se sienta en el regazo de su madre Omega y emprende a ver a todos, soltando una risita por las caras serias. Luego mira al Omega y desliza su dedo índice por el ceño fruncido de su madre.
—¿Qué tienen por darme a conocer?—
Jung In-Sun tiene entre sus manos varios folios, le entrega el primero y TaeYang no duda en tomarlo.
—Alfa tenía varios búnkeres alrededor de Busan, uno es el de Taehyung.— Lee asiente —Dos para los pequeños que nacerán pronto y tres para ti.—
Solo hay un asentimiento de cabeza por parte del pelirizo.
—¿No les dejó nada a ustedes? Dudo mucho que no los haya recompensado por su lealtad y que aún siguen aquí, no trabajarán gratis, ¿verdad?—
—Lo hizo.— Es el turno de Hak-Kun de tomar la palabra —Nos dejó a cada uno dos, algo que, sinceramente, no necesitamos. Si gustas, podemos dártelos también.—
—No es necesario. Quédenselos, son de ustedes, y...— Lo mira —Ahora tienen en quienes gastar ese dinero, los Omegas son caros.— Bromea
Una risita en conjunto se deja escuchar en el despacho.
Otro folio es dado a TaeYang.
—Hay casas en los bosques de Busan, algunas quedaron a su nombre y otras al nuestro. También hay una mansión que se está llevando a cabo...—
—¿Cómo?—
—Alfa me dio a conocer qué quieres volver a Corea, por lo cual, me ordenó que hiciera una casa para ti. Claro que, si decides cambiar de opinión y no ir, yo haré que dejen de construirla.—
—No, iré.—
Hay muecas que el Omega decide ignorar.
—Sabemos que Alfa tiene un hospital a su nombre, por el cual, aún sigue siendo de ella, pero eres, por así decirlo, el segundo dueño de él.—
Los rizos de Lee son echados hacia atrás por él mismo, quien solo asiente, un poco abrumado.
—Por último...— In-Sun deja el último folio —La organización de Alfa queda bajo tu responsabilidad, de nuevo, siendo el segundo al mando, TaeYang.—
—¿Qué?— Por un momento se deja ver asustado —Yo no sé nada de eso.—
—Tendrás que estudiar, capacitarte, aprender, manejar y dirigir hombres, organizaciones y dar órdenes a muchas personas, los cuales son Alfas, todos.—
Un trago de saliva da el Omega dominante, Kim Ye-Won no le enseñó nada sobre aquella anónima organización.
—No hace parte de la mafia, ¿verdad?—
—No, pero eso no quiere decir que no tenga negocios con ellos. La organización es grande, distribuye su mercancía a quien sea que quiera comprarla, desde ejércitos, hasta mafiosos, pero solo eso, no hay ningún accionista con el cual debas de compartirla. Solo eres tú y Alfa los dueños.—
—Entiendo.— Ojea los documentos —¿Estarán ustedes para enseñarme todo lo que debo de aprender?—
—Así será.— Hak-Kun dice —Y, también estamos nosotros, bajo su mando. Es un placer para nosotros, los Jung, quedar bajo su poder, Omega Lee.—
—Juramos lealtad, fidelidad y dar nuestra vida por usted, Omega Lee.— Dicen al unísono ambos hermanos
La reverencia de 90 grados que se le es dada al pelirizo, lo eriza por completo. Dos grandes hombres, reverenciados hacia él, jurando fidelidad, lealtad y dar la vida por él, es algo que no esperó. Sin embargo, recuerda las escasas palabras de Ye-Won, en donde esta le decía que los dejaría para cuidado de él.
—Mierda, esto es demasiado.— Una risita sale de los dos Omegas que están también presente —Siento que no podré.—
—Claro que sí, tienes algunos meses para concentrarte en aprender, hasta que des a luz. Y luego podrás ir a conocer la organización por ti mismo.— Yoon expresa
TaeYang le da una mirada significativa a su mejor amigo, asintiendo luego a las palabras que él ha dicho.
—Quiero...— La atención de la gana Lee —Quiero cambiar mi apellido.—
Hay sorpresas por los rostros que están junto con él, en aquel despacho.
—Creo que me tomarán más en serio si tengo el apellido de Ye-Won.—
—Pero, ella no nos dijo nada sobre eso.—
—Lo sé, tampoco es como si se lo expresé. Pero quiero hacerlo, de cierto modo fui su pareja y madre de sus hijos.— Se encoge de hombros
—Entonces, buscaré los documentos necesarios para eso.— In-Sun dice
—Gracias.—
—¿Algo más que necesite, Omega Lee?—
—Kim.— Corrige desde ese momento él —Volveré a Corea.—
Desear volver a su país de origen, para TaeYang, podría ser su final. Podría desatar un nuevo juego, uno en donde se peleará por el poder; el Poder de libertad, de superioridad, de dominancia, de letalidad.
—¿Estás seguro? Podemos quedarnos aquí, estamos a salvo.—
—En ninguna parte estaremos a salvo, Yoonie. Si a Jae-Hwa se le da la gana, muy bien podría venir hasta aquí para hacer de las suyas.—
La ferocidad en su mirada y su duro tono, hace encoger ligeramente al peliblanco, lográndose intimidar por la dominancia que Lee TaeYang está dejando ver.
—No me quedaré aquí, y ella misma lo sabía. Volveré a Corea, y yo mismo me encargaré de llevar a Kim Jae-Hwa a su derrota.—
Nadie se atreve a contradecirlo.
—Hay un nuevo juego, y ese es sobre el poder. Si quieren quedarse conmigo, bienvenidos sean, si no, pueden irse desde ya a rehacer sus vidas. No los detendré ni me enojaré por sus decisiones.—
Aun si debe de hacerlo solo, lo hará, no se acobardará, no se dejará intimidar, porque no hay nadie más que lo haya hecho sentirse domado que ella; Kim Ye-Won. Aparte de aquella mujer, nadie más logra aplacar su lado dominante.
—Me quedaré a tu lado, Tae.— Chae expresa
—Yo, me gustaría ayudar, pero lo único que sé, es sobre medicina.—
Lee apenas y le da una mirada, el pelinegro se nota bien, con la mirada sin brillo y un poco ojeroso pero bien.
—¿Ustedes?—
—Nosotros no detenemos nada que decidir, estamos a sus órdenes.— Responden los gemelos
—Bien, quiero irme lo más pronto posible.—
Con reverencias por parte de los Jung, Lee TaeYang se marcha del despacho junto a su pequeño cachorro.
Cuatro semanas en total han pasado, un mes entero en donde él, Lee TaeYang, ha perdido a su pareja, padre de sus cachorros, su más grande obsesión.
No ha vuelto a llorar, pero suelo tener momentos en donde no puede dormir, en donde los recuerdos llegan a él, de un modo abrumador. Otros en donde termina vomitando todo lo que tiene dentro, y así sucesivamente.
En esa mañana, se levantó muy temprano, porque luego de una semana, por fin se irá de ese lugar para volver a su país. La puerta es tocada y TaeYang, sentado en el piso, gira su cabeza para ver hacia la puerta.
—Pollito, ¿puedes abrir?—
—Sí, mami.—
El pequeño se baja de la cama, corriendo hacia la puerta para empinarse y quitarle el seguro y luego la abre. Por la puerta está Chae Seo-Yoon, quien tiene una charola en las manos y una sonrisa pequeña en sus labios.
—Es tío Yoonie, papi.— Taehyung da a conocer
—Yoonie, ¿necesitas algo?—
—Solo vine a dejarte el desayuno y a ofrecer mi ayuda.—
—Gracias.— Aprieta sus labios al verlo avanzar —La verdad es que no quiero que me ayudes, no con lo de Ye-Won. No es personal, solo no deseo que su olor se mezcle con otros, aparte del mío.— Susurra
—Oh, lo entiendo.— Ve como TaeYang dobla algunos trajes —¿Quieres que te ayude con tus cosas y las del pequeño, entonces?—
—Puedes comenzar por el cuarto de Taehyung, si no te molesta.— Le da una mirada —En serio, lo siento si te hago sentir mal...—
—Claro que no, creo que si fuese yo, ni siquiera te hubiera dejado entrar.— Se ríe —Es entendible, en serio, Taenie.—
—Bueno, entonces me siento mejor al saber que no sería el único.—
—Te dejo ya, iré al cuarto de pollito, come algo, por favor. Si necesitas algo, me avisas.—
TaeYang apenas y logra asentir, pues su amigo sale rápidamente del cuarto. Él llama por su pequeño y este en segundos queda a su lado, emprendiendo a comer tranquilamente mientras que ambos empacan las cosas de Kim Ye-Won.
—¿Quieres ponértela?—
—Sí.— Dice el pequeño, dejándose ayudar para ponerse una camiseta de Ye-Won —Rico.—
TaeYang se ríe, la palabra no salió correcta, pero sí entendible, él picotea suavemente la nariz del peliliso y siguen comiendo mientras doblan todo lo que le pertenecía a Ye-Won. Hay una camisa que TaeYang mantiene puesta y era de la pelinegra.
La tarde es serena y Lee TaeYang pudo empacar todo para ese día. En donde ya se encuentran en el auto, dirección al aeropuerto. Él mantiene viendo hacia el exterior, recordando todo lo vivido ahí. Ese país será su favorito, porque en él vivió los mejores tres meses de su vida.
Lee Taehyung está dormido, por lo cual, no tiene necesidad en estar al pendiente del menor. Los otros Omegas también están dormidos y el cachorro de Seok-Kan igual. Los Jung están en los asientos delanteros, cada dos horas se intercambian para conducir.
Una llamada telefónica hace que TaeYang se desconcentre, él frunce su ceño al no ver remitente alguno.
—¿Sucede algo?— TaeYang alza su cabeza y mira a los gemelos —¿No contestarás?—
—No sé quién llama.— Hak-Kun alza su ceja —No hay nada más que; número desconocido.—
La llamada llega a su fin, y TaeYang lo deja pasar, pero la segunda y tercera llamada, ya le da mal sabor de boca. Por lo cual, apretando su mandíbula, contesta.
—Pensé que no contestarías, Omega.—
Aquel joven retiene la respiración y los gemelos solo le dan una mirada, expectantes, se han estacionado para estar atentos a cualquier cosa.
—Jae-Hwa.— TaeYang gruñe —Qué osado de tu parte llamarme.—
—No te recordaba tan atrevido, Lee.—
—No es como si en algún momento tú y yo fuimos amigos para recordar como era.—
—Cierto, cierto.—
Lee TaeYang empuña sus manos, escuchando una risita casi igual a la de Ye-Won en el hombre, pero la de él es más oscura y siniestra, nada sincera como la de la pelinegra.
—He venido a visitar a mi nieto, pero me he encontrado con la casa vacía. ¿En dónde andas?—
—Así que no has cumplido con tu palabra...—
—Ella fue la estúpida que creyó que, dando su vida por la de ustedes, yo los dejaría en paz. Aunque sabes...— Una carcajada se deja escuchar —Disfruté mucho de verla perder cada segundo de su vida entre mis hombres y yo.—
—¡Hijo de puta!—
—¿Yo? ¿Por qué? Ella sabía a lo que se atenía, ella lo sabía. ¡Sabía que no sería dulce con ella, claro que lo sabía!—
—¡Te voy a matar, Kim!— Gruñe —Juro que lo haré o me dejo de llamar TaeYang.—
—Quiero ver eso. He quedado como el rey, TaeYang, tú nada más eres otro peón aquí, no te confundas.—
—¿Confundirme?— Sonríe de lado —No te equivoques de persona, perro de mierda.—
Hay un gruñido por parte del hombre.
—Tú y yo no estamos en la misma posición, así que reconoce tu lugar.—
—Eres tú quien debería de conocer su puesto, Omega insolente. ¿No sabes quién soy, eh? Deberías de conocer tu lugar y hablarme como se debe.—
—El día en que te hable como se debe, entonces es porque he perdido en esta nueva partida, pero déjame decirte algo, Jae-Hwa, Alfa me enseñó que yo no perdía.—
Hay otro gruñido.
—Te ensañaré quien es el verdadero rey, Kim. Lo haré.—
—¡Solo eres un jodido Omega, como los demás, estás hecho para estar debajo de nuestros pies!—
—Sí, claro que soy un Omega.— Ríe, malévolamente —Soy un Omega, un Omega letal, porque ella así lo quiso, por eso te mostraré, que en esta segunda partida del juego, yo obtendré el poder.—
El silencio que se hace paso en la línea, le da a conocer al pelirizo, que Kim Jae-Hwa se ha sentido amenazado.
—¿Sí? Veremos qué tan fuerte seguirás siendo luego de ver lo que te enviaré.—
TaeYang frunce su ceño.
—¿Quieres ver como destruí lo que un día construí?—
—Hijo de perra.—
—Fue un hueso duro de roer, no puedo negártelo. Y disfruté mucho el ver lo fuerte que era, joder, hija mía tenía que ser.—
TaeYang se araña el muslo con sus uñas. Todos han estado escuchando la conversación, pues él la puso la llamada en alta voz. Y los Omegas se despertaron luego de su primer grito.
—Voy a cazarte, Kim. Poco a poco, te acorralaré hasta que te vuelvas loco, hasta que me supliques por tu vida.—
—Eso jamás sucederá.— Exhala el humo de su boca —Por cierto, he ido a un hospital aquí, y me han dicho algo que me ha gustado demasiado.—
Lee TaeYang retiene su respiración.
—¿Por qué no me dijo ella que tenía más nietos para darme?— Se carcajea —Tic, toc, TaeYang, tu tiempo también está a punto de llegar.—
Antes de que el mencionado pueda decir algo, la llamada llega a su fin. Con torpeza, el joven Omega sale del auto, tambaleándose hasta llegar a un lugar en donde puede dejar todo lo que comió por ese día.
—Uhm.— Gimotea él, a nada de romperse, pero no puede hacerlo, algo lo detiene —Alfa...—





