WOLFđŸ”„

Summary

Con Jesse como su primo, la libertad de jimin era escasa. El alfa siempre se aseguraba de que tuviera un escolta cada vez que salĂ­a de casa, y las reglas de Jesse son suficientes para conducir a cualquier hombre a la locura. Cuando la manada sale de caza, Jimin se escapa y los sigue. Pero los problemas lo encuentran, y su vida se ve amenazada por el mismo hombre al que estĂĄn cazando. Encuentra a un oso y un shifter conejo que lo ayudan, sin darse cuenta de que el destino estĂĄ a punto de intervenir. Es secuestrado justo delante de su primo, y llevado al clan de osos. Saga: GRđŸ”„ ○Libro 1. Mate ○Libro 2. Lost ○Libro 3. Bunny ●Libro 4. WOLF ○Libro 5. Cop ○Libro 6. Heat

Status
Complete
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPÍTULO UNO

—¡BĂĄjame! —Jimin entrĂł en pĂĄnico, mientras el gran oso lo llevaba lejos de su primo. ÂżEste tipo estaba loco? No sĂłlo lo habĂ­a mordido, sino que tambiĂ©n lo estaba llevando a sabe quien dĂłnde, a hacer Dios sabe quĂ©.


Ahora se arrepentĂ­a de escabullirse de la manada. DeberĂ­a haber mantenido su culo en casa y nada de esto hubiera pasado.


—Si me arañas la espalda una vez mĂĄs, —le advirtiĂł el tipo, —te pondrĂ© sobre mi rodilla.


Le estrechĂł sus ojos, mientras clavaba sus garras en el trasero de su captor. El shifter gruñó cuando se detuvo y lo puso de pie. — ÂżQuĂ© pasa? — PreguntĂł. —Sabes que eres mi compañero y espero que sepas del asunto sobre el calor de apareamiento ÂżPor quĂ© eres tan terco?


Apenas podĂ­a ver a su compañero. Necesitaba sus anteojos. Sin ellos era prĂĄcticamente ciego. MirĂł hacia arriba, a la cara borrosa del hombre, mientras fruncĂ­a el ceño. —No tenĂ­as que ir como todo un hombre de las cavernas por eso. —EmpujĂł su dedo por el puente de su nariz por costumbre, antes de recordar de nuevo que sus anteojos no estaban allĂ­. —PodrĂ­amos haber hablado, antes de que decidieras secuestrarme.


—Sí, lo siento por eso. Mi oso se hizo cargo y todo lo que quería hacer era llevarte a casa.


La voz de su compañero era sedosa y profunda. DeseĂł simplemente poder distinguir su rostro. Incluso medio ciego, vio lo macizo que era el tipo. —¿Y crees que esa es una excusa aceptable?


—Puede que no sea una excusa —, dijo su compañero. —Pero es esa la razĂłn. —Dio un paso hacia un lado, cambio y corriĂł hacia Jesse tan rĂĄpido como sus cuatro patas se lo permitĂ­an. Su compañero gritĂł llamĂĄndolo, pero no se detuvo. PasĂł por alto a los hombres que discutĂ­an, que incluĂ­an a su primo y se dirigiĂł a la casa de la manada.


Afortunadamente, en su forma de lobo, veĂ­a perfectamente. Sus mĂșsculos le ardĂ­an tan mal que se sentĂ­an como si estuvieran en llamas, pero se negĂł a detenerse hasta llegar a casa.


Cuando aterrizĂł en su puerta, apenas podĂ­a caminar. Cambio, abriĂł la puerta y se tambaleĂł adentrĂĄndose. Avery vino de una esquina, o al menos, pensĂł que era Avery. El tipo no era mĂĄs que un borrĂłn.


—¿Estás bien, Munchkin ? —Era la voz de Avery. —Parece que has visto un fantasma.


Estaba demasiado cansado para hablar. Pasó por el vestíbulo y se derrumbó en uno de los sofås de la sala, gimiendo, mientras cada centímetro de su cuerpo palpitaba. No había corrido así desde, bueno... nunca. Y ahora sabía por qué. El ejercicio era demasiado agotador.


—Necesito... mis... gafas. —Se dejó caer de espaldas, deseando algo frío de beber, para aliviar su garganta seca. Estaba tan seco que su lengua se pegaba al techo de su boca.


Avery regresó un segundo después y toco algo contra su cara. Tomó las gafas y se las puso. Todo se enfocó, incluyendo la hermosa cara de Avery. El hombre tenía un cuerpo para morirse. Sin embargo, se sentía atraído por cada uno de los miembros de la manada de Jesse.


¿Quién no lo estaría, cuando todos eran deliciosos?


—Será mejor que te ponga algo de ropa —, le advirtió Avery, mientras sostenía un cuenco de helado. Olía a fresas. —Sabes lo loco que Jesse se pondrá, si te atrapa.


Agitó una mano, deseando que Avery se fuera. Jesse había sido sobreprotector con él, desde que era un mero cachorro, siempre actuando como su padre en lugar de su primo. Cuando los cazadores habían matado a sus padres, Jesse lo había acogido y lo había criado.


Entendía que Jesse se sintiera obligado a cuidar de él, pero a veces juraba que quería que viviera como un monje.


Los shifters no pensaban nada de la desnudez, aunque tenía que admitir, que viendo a cualquier miembro de la manada de su primo desnudo volvía loco cada gatillo que poseía. Pero comerse con los ojos a un desnudo shifter se consideraba grosero, y él desviaba la mirada cada vez que uno de ellos se paseaba por la casa, mostrando cada pulgada de su cuerpo.


—Tengo asuntos mĂĄs urgentes. —Se volteĂł, cuando Jesse aullĂł en algĂșn lugar en la distancia. Eso era una advertencia de que el peligro estaba cerca.


Avery dejĂł el tazĂłn y se dirigiĂł a las puertas francesas, donde mirĂł mĂĄs allĂĄ del cristal.


—¿QuĂ© mierda? —Avery se volviĂł hacia Ă©l. —¿Tienes alguna idea de por quĂ© Jesse lo estĂĄn siguiendo los osos?


Sus cejas se alzaron cuando se alejo del sofĂĄ y corriĂł hacia su dormitorio. Se puso un par de pantalones, tan rĂĄpido que casi atrapĂł su polla con la cremallera. Su habitaciĂłn estaba en el segundo piso y en el lado opuesto de la casa desde la puerta principal, pero oyĂł gritos, mientras se deslizaba una camisa por encima de su cabeza.


Asustado, pero curioso, caminĂł de puntillas hacia el rellano y miro hacia abajo. Jesse y Namjoon estaban en el vestĂ­bulo discutiendo. El resto de los osos, no estaban a la vista.


¿Dónde estaba su compañero? De ninguna manera en el infierno no habría venido con los otros.


—La decisiĂłn es de jimin. —Dijo Jesse. —Si Ă©l quiere ir, entonces no lo detendrĂ©.


Puso los ojos en blanco. Eso era una maldita mentira. Si iba allí y le decía a su primo que se iba con su compañero, Jesse le pondría cinta adhesiva y lo metería en un armario, para mantenerlo allí.


—Entonces llĂĄmalo —, gruñó Namjoon. —Porque confĂ­a en mĂ­, jungkook no va a esperar otro minuto por su compañero.


Jungkook. ¿Ese era el nombre de su compañero?


Mordió su labio inferior, preguntåndose qué hacer. Jungkook era un maldito oso. ¥Un oso! Se sentía débil sólo de pensar en ir a vivir con un clan de osos, y mucho menos estar acoplado a uno. De las historias que había oído al crecer, los osos eran salvajes incivilizados. Nunca había conocido a uno antes de esta noche, pero por la forma en que estos tipos estaban actuando, era difícil no creer lo que había oído.


Se sentĂł en el escalĂłn superior, con la esperanza de pasar desapercibido, pero la diosa fortuna no estaba de su lado. Uno de los osos atravesĂł la puerta principal, e inmediatamente supo que era jungkook.


Como si jungkook sintiera su presencia, sus ojos verde se alzaron hacia donde estaba sentado. Su corazón se aceleró, mientras se mordía el labio inferior con mås fuerza. Sin embargo, jungkook no vino tras él. Simplemente se quedó miråndolo, como esperando a ver qué haría.


Jesse se volvió y frunció el ceño. Namjoon también lo miró.


—Ven aquí, jimin —, dijo Namjoon.


—No des órdenes en mi jodida casa —, dijo Jesse. —Tienes suerte de que incluso te dejara entrar.


Los dos comenzaron a discutir de nuevo. Se desconectĂł, mientras miraba a los ojos de jungkook. Entonces sus ojos vagaron hacia el sur. No estaba seguro de cĂłmo jungkook se habĂ­a vestido tan rĂĄpido, pero todavĂ­a veĂ­a un pecho ancho, grandes mĂșsculos, cintura estrecha y... tragĂł saliva. MaldiciĂłn, Âżel hombre estaba duro? Vio un contorno grueso en sus vaqueros.


Jungkook torciĂł el dedo, diciĂ©ndole sin palabras, que fuera hacia Ă©l. Su sonrisa diabĂłlica hizo que su piel se ruborizara. Se quedĂł congelado en su lugar, demasiado asustado para hacer algĂșn movimiento.


Jungkook pasĂł a los hombres que discutĂ­an y se dirigiĂł hacia los escalones. MirĂł con fascinaciĂłn y terror como avanzaba lentamente con la mano en la barandilla, mientras se le acercaba.


En lugar de sacarlo de la casa, jungkook se sentó a su lado, apoyando los brazos sobre sus rodillas dobladas. Le dio una sonrisa tan cálida y sexy que casi lo derritió. —Hola.


Una vez más, se ruborizó. —Hola.


Jungkook extendió su mano fornida. —Jeon Jungkook.


—Park Jimin. —Su mano fue tragada por la de jungkook, pero su compañero no la sacudiĂł. Jungkook simplemente la sostuvo, frotĂĄndole su pulgar sobre la piel.


—¿Quieres volar de aquĂ­ e ir comer algo? —jungkook finalmente soltĂł su mano, e inmediatamente extraño el calor.


—¿En Howling Cavern?


—Donde sea que quieras ir, bebĂ©. —Su voz era baja, profunda y sensual, haciĂ©ndolo temblar.


Su estómago se volteó ante la palabra bebé. Nadie le había llamado antes con cariño. A veces, Jesse lo llamaba Minnie, pero odiaba ese apodo porque Jesse solo lo usaba cuando estaba enojado con él.


Se acercĂł un poco mĂĄs, olisqueando el aroma maravilloso de jungkook.


Sus párpados se cerraron, cuando la necesidad lo agarró. Cuando abrió los ojos, jungkook sonreía. Retrocedió, sus mejillas calentándose a niveles nucleares. —Lo siento.


—Nunca te disculpes por querer estar cerca de mí. —jungkook golpeó su brazo contra el suyo. —¿Así que, estás listo para ir a buscar algo de comida?


MirĂł a Jesse y a Namjoon, que seguĂ­an discutiendo. Estaba aterrorizado por salir con jungkook, pero tambiĂ©n estaba harto de la sobreprotecciĂłn de Jesse. Si alguna vez iba a salir de debajo del pulgar de su primo, ahora era el momento. Empujando su miedo a los osos, dijo. —Conozco una puerta trasera.


Se levantaron y caminaron por el pasillo del segundo piso, lo condujo a por los escalones de atrĂĄs, que terminaban en la cocina. Con una mirada por encima del hombro, abriĂł la puerta trasera.


—¿Puedo sostener tu mano? —Le preguntó jungkook, mientras cerraba la puerta.


—Um... bien. —A pesar de su miedo, cuando sus dedos se entrelazaron, se sintió mareado. Él nunca había sostenido una mano antes, no de una manera tan íntima.


—¿Entonces, quĂ© te hizo correr? —PreguntĂł jungkook mientras bajaban la montaña hacia la ciudad de Howling Cavern.


—Siguiente pregunta —, dijo. No iba a admitir que las historias con las que había crecido le habían hecho ver a jungkook como un tipo malo.


Jungkook se riĂł entre dientes. Le gustaba el sonido. —Bien, Âżpor quĂ© vives con Jesse?


—Cuando tenĂ­a cinco años, mis padres fueron asesinados por un grupo de cazadores. De lo que me dijeron, los humanos cazaban osos, pero la presencia de mis padres los asustĂł. —SĂłlo tenĂ­a vagos recuerdos de ellos, pero Jesse se habĂ­a asegurado de mostrarle todas las fotos que tenĂ­a de su tĂ­o y su compañero.


Llevaba una de esas fotos en su cartera, pero las caras en ella eran extrañas, independientemente de las historias que Jesse le había dicho. Sintió cariño cuando Jesse le habló de Matthew y Gail, pero nada mås. Aunque las historias de Jesse eran maravillosas, se sentía como si hubiera oído hablar de dos personas que no conocía.


Por supuesto, sentĂ­a la soledad que alguien sentirĂ­a al crecer sin una mamĂĄ y un papĂĄ, pero Jesse y el resto de la manada eran su familia, y habĂ­a llegado a aceptar que un pedazo de nunca se sentirĂ­a entero.


—Siento escuchar eso —, dijo jungkook. —¿AsiquĂ©, Jesse te criĂł desde que tenĂ­as cinco años?


Asintió. —Él ha sido bueno conmigo. —Aunque a veces Jesse enloquecía por su seguridad. Su primo estaba aterrorizado de que sufriera el mismo destino que sus padres. Comprendía los temores de Jesse, pero coartó su libertad. Tan espantoso como era a idea, se preguntaba si vivir con los osos le daría la libertad que había anhelado.


Ahora que ya no estaba en pánico, miró a jungkook y sonrió. —¿No tienes miedo de que Jesse vaya tras nosotros?


Jungkook gruñó. —Conozco una gran receta para el estofado de conejo. SĂłlo sustituirĂ© al lobo para hacerlo.


Hizo una mueca. —Eso no es divertido.


Su compañero riĂł entre dientes. —PensĂ© que lo era.


Llegaron a Howling Cavern en muy poco tiempo, y el ajetreo y el bullicio de la pequeña ciudad siempre lo sorprendía. Le encantaba venir aquí, pero Jesse había limitado sus visitas.


Tiró de la mano de jungkook, arrastråndolo a Swirly Treats. El puesto de helado tenía una larga cola, y él estaba muriéndose por un helado. El día de verano era abrasador y odiaba sudar. Nunca se bronceaba. Su cuerpo empapado en calor y aguantando, hacían que enfermara cada vez que pasaba mucho tiempo al aire libre.


Jungkook se moviĂł detrĂĄs de Ă©l, envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros, mientras miraba el tablero del menĂș. Esto parecĂ­a una cita, lo que hizo que se apoyara en Ă©l.


SuspirĂł y se estremeciĂł, cuando jungkook mordisqueĂł el lĂłbulo de su oreja. —¿QuĂ© vas a escoger?


—Un cono de chocolate.


—¿Jeon Jungkook? No puedo creer que te haya encontrado.


MirĂł a su izquierda. Un hombre delgado de ojos azules y cabellos rubios, se quedĂł allĂ­ bebiendo a jungkook. Del modo en que su mirada recorriĂł a jungkook, supo que los dos habĂ­an sido Ă­ntimos.


—Hey, Mike —, dijo jungkook con un tono indiferente.


—Matt —, corrigiĂł el joven. —¿QuĂ© haces en Howling Cavern?


Matt ignorĂł completamente el hecho de que estaba acurrucado en los brazos de jungkook. Mantuvo los ojos clavados en jungkook, todo el tiempo que hablo.


—Con mi novio. —El tono de jungkook dijo que no estaba interesado, pero eso no impidió que Matt continuara la conversación.


—HabĂ­a esperado que llamaras despuĂ©s de esa noche mĂĄgica. Supuse que habĂ­as perdido mi nĂșmero. —Matt corriĂł hacia el mostrador y cogiĂł una pluma de una taza, luego tomĂł un recibo caĂ­do del suelo. EscribiĂł algo en el y le dio el recibo a jungkook. —Te lo darĂ© de nuevo.


Jungkook miró el papel, luego a Matt. —Estoy con mi novio.


Matt lo mirĂł a Ă©l. —¿Pasando por un mala racha, jungkook? —Estaba tan sorprendido y mortificado, que se quedĂł sin habla. PodrĂ­a haber superado el hecho de que se encontraran con uno de los ex amantes de jungkook, si Matt no hubiese sido tan grosero e irrespetuoso.


Jungkook lo soltĂł y agarrĂł el brazo de Matt, arrastrĂĄndolo a unos metros de distancia. No podĂ­a oĂ­r lo que estaban diciendo, pero a juzgar por la expresiĂłn en la cara de Matt, no fue una conversaciĂłn agradable.


Se quedĂł aturdido, cuando Matt metiĂł el recibo en el bolsillo delantero de jungkook, y luego saliĂł corriendo.


Jungkook sacó el papel y lo tiró a la basura antes de regresar con él.


—Lamento eso.


¿Qué iba a decir? Nunca antes había tratado con alguien como Matt y no sabía qué decir.


—Hey. —jungkook tomó su cara, su pulgar le acarició la mejilla. —No fue nada, ¿de acuerdo? Una sola vez. Ni siquiera podía recordar su maldito nombre.


Las excusas de jungkook sólo hicieron que se sintiera peor. Mientras que Matt había sido un pequeño twink atractivo, su cabello oscuro siempre sobresalía en todas las dirección, no importaba cuånto había intentado domesticarlo. Llevaba gafas gruesas y demasiadas pecas salpican su rostro y cuerpo.


Viviendo con Jesse y su manada, ya se había sentido como un patito feo, como si hubiera perdido la lotería genética. Matt sólo había logrado demostrarlo.


—¿Podemos irnos? —Sonrió, pero era más tensa que genuino.


—No dejes que arruine nuestro dĂ­a. —jungkook le dio un beso rĂĄpido, pero suave. —Olvida de que incluso nos topamos con Ă©l.


Eso era mĂĄs fĂĄcil decirlo que hacerlo, pero forzĂł a su mal humor a un lado y decidiĂł disfrutar de su dĂ­a con jungkook.


Eso fue hasta que la camioneta de Jesse llegĂł a la acera. Su primo saliĂł, con el ceño fruncido en la cara. —¿Has perdido la cabeza?


Jungkook gruñó, moviĂ©ndose para pararse delante de Ă©l. —Ten cuidado de cĂłmo hablas con Ă©l.


Mientras Jesse y jungkook se miraban, levantó las manos y se alejó. Había tenido suficiente de toda esta mierda. Entre su primo que actuaba como un idiota, su compañero que actuaba como un hombre de las cavernas, y Matt siendo un hijo de puta maleducado y grosero, él había acabado con todo ello. Caminaría a casa solo.


Esperaba que Jesse y jungkook se divirtieran golpeando sus cabezas con un bate, como hombres de las cavernas. Malditos imbéciles.


Y si alguna vez volvía a ver a Matt, golpearía a esa pequeña perra en su grosero culo.


Se tambaleĂł y agarrĂł la parte trasera de una de las sillas de metal frente al puesto de helados. ApretĂł la mano contra su estĂłmago, mientras se estrujaba. Sudor estallĂł sobre su piel, mientras se inclinaba, sintiendo como si su cuerpo se hubiese prendido fuego.


Sus ojos se ensancharon, cuando se dio cuenta de que el calor de apareamiento habĂ­a comenzado.