Chapter 1
Eran las 10 a.m. y Ana se encontraba en su consultorio, esperando a su paciente con preocupación. Hacía tres noches, ella había intentado quitarse la vida nuevamente, y Ana sentía que le había fallado como psicóloga. Se sentía abrumada y pensaba en renunciar.
Su paciente había estado con ella por más de tres años y había tenido una recaída terrible. Ana no podía entender por qué no había podido ayudarla, incluso habiendo estudiado en una de las mejores universidades y siendo considerada una de las mejores psicólogas de la clínica.
Pero su directora la hizo entrar en razón. Le recordó que cada persona tiene una inteligencia emocional diferente y que no podía culparse por lo que le sucedía a su paciente. Ana intentó explicarle lo que sentía, pero la directora la detuvo y le preguntó si podía identificar lo que la hacía sentir tan mal.
Ana finalmente confesó que se sentía mal porque su paciente había intentado quitarse la vida y ella no había podido evitarlo. Se sentía responsable y culpable. La directora la escuchó y le dijo que en ese momento no era su directora, sino su paciente, y que podía hablar con ella como tal.
Ana se sintió aliviada y comenzó a hablar. Le contó que desde hace unos meses se sentía fuerte y capaz de ayudar a sus pacientes, pero esta última recaída la había hecho dudar de sus habilidades como psicóloga. Le explicó que su paciente había traído heridas desde su concepción y que era difícil superar eso.
La directora le recordó que la superación depende mucho de la resiliencia de cada persona y que no siempre es fácil superar un conflicto. Ana estaba de acuerdo, pero seguía sintiéndose mal.
Entonces, comenzó a contarle la historia de su paciente, Laura. Ella había sido abandonada por sus padres al nacer y había crecido en un orfanato donde fue maltratada y abusada. A pesar de recibir amor de las monjas, sus compañeras la golpeaban y usaban.
Finalmente, Laura escapó del orfanato y comenzó a trabajar para sobrevivir. Pero un día, fue violada por un grupo de hombres y casi muere. Ana la atendió en el hospital y se sintió muy conmovida por su historia. Desde ese momento, se involucró personalmente en su caso y le prometió que estaría allí para ella.
Sin embargo, el sistema no ayudaba a Laura. Fue demandada por el hijo de un alcalde y terminó en un reformatorio. A pesar de ganar la demanda, su agresor fue liberado y comenzó a molestarla y acosarla. Laura no pudo soportarlo y terminó intentando suicidarse.
Ana se sentía culpable por no haber podido ayudarla más y no poder cambiar el sistema. La directora le recordó que ella no podía cambiar todo, pero podía aportar su granito de arena para hacer una diferencia. Le sugirió que adoptara a Laura y le diera todo su amor y apoyo.
Finalmente, Laura despertó del coma y Ana la adoptó. Con la ayuda de su colega, Luisa, pudieron brindarle todo lo que necesitaba. Ana entendió que a veces, no basta con dar consejos, sino que también se necesita amor y apoyo para superar los obstáculos.
Se dio cuenta de que ella no podía cambiar todo, pero podía ser parte de la luz en medio de la oscuridad de alguien más. Y así, Ana se convirtió en un apoyo para Laura y para todos sus pacientes. Aprendió que el amor es lo que nos hace crecer y superar cualquier mal.
Al final, Ana entendió que las heridas pueden sanar con amor y que la ayuda de un amigo o compañero es fundamental en el proceso de superación. Se prometió a sí misma ser una luz para aquellos que lo necesitaran, porque hoy por ella, mañana por ellos.
Jenniffer pichardo








