Prólogo
Todo el mundo lo veía se sentía bien con eso, ya que le gusta llamar la atención pero… No era porque tuviera ropa extravagante, ni porque tenía algo de nuevo, era porque estaba triste, se preguntaran: ¿y eso que tiene de nuevo? Todo el mundo tiene días malos, pero él nunca había estado triste, bueno por lo menos no en público, pero hoy… hoy no era de esos días en los cuales fingía ser “feliz”…
—Hola, Daniel —dice uno de sus tantos amigos.
—hola —dice desanimado —. Sabes algo, no tengo ganas de estar con nadie, ni de hablar con nadie — mira a todos lados como si estuviera buscando algo o alguien— sabes mejor hablamos más tarde.
—emmm… okay — antes de que él pudiera decir algo Daniel se fue con la cabeza centrada en sus pies, mientras pensaba en todos sus problemas.
—Ya no sé qué hacer con mi vida —Dijo para el mismo. De repente choca con alguien, no se fija bien quién es simplemente se queda quieto ahí por un rato, viendo el piso.
—perdón, fue mi culpa — dice el desconocido.
Daniel levanta la mirada, él es mucho más alto y eso que Daniel mide 1.74 él asiente con la cabeza.
—No hay problema. —se sonroja de la vergüenza— yo era el que no se fijó, estaba más atento a mis pensamientos que a mí alrededor —
—bueno, emmm hasta luego
—sonríe. —espero nos volvamos a ver— Se iba a ir, pero se detiene y le agarra el brazo a Daniel.
—¿qué pasa? — dice Daniel.
—es que no me has dicho tu nombre —, sonríe tiernamente.
—Ahh, soy Daniel — sonríe algo incómodo.
—hola, Daniel, mucho gusto soy Steven —suena el timbre —bueno nos vemos luego Dani —se va corriendo
—un nuevo amigo, —comienza a caminar, dirigiéndose a su salón lo más rápido posible.
Entra al salón y por suerte la profesora no había llegado, hoy le toca matemáticas su materia menos favorita, pero en la que es mejor. Después de unos minutos llega la profesora, ni siquiera dice buenos días tan solo se sienta en su escritorio.
—buenos días, chicos —dice la profesora mientras revisaba unos papeles —chicos hoy no estaré con ustedes porque tengo unos asuntos pendientes muy importantes —deja los papeles en la mesa y toma su bolso —en lugar de mí estará uno de los alumnos estalla de la escuela, en unos minutos estará aquí, ¡Adiós los quiero mucho!.
—nosotros también profe —dicen todos al unísono.
Ella se retira del salón agitando su brazo en forma de despedida. Después de exactamente 7 minutos llega el suplente de la profesora.
—hola, chicos, buenos días —pone sus cosas en el escritorio— durante una semana suplantaré a su maestra Laura, debido a unos problemillas, aunque creo que ya les dijo.
Todos están prestando atención menos Daniel que está muy sumergido en sus pensamientos, pensando en cómo escapar de sus problemas, de repente siente como golpean su mesa.