Un mensaje en el pizarrón
Ivette Sidney
Era un día lluvioso en el cual Ivette Sidney, se encontraba refugiando en el techo sobresaliente de una casa, aquella chica de 16 años se dirigía a su escuela, pero al ver que la lluvia no paraba, ella se puso su mochila en la cabeza y empezó a correr por las grandes calles de aquella ciudad.
Poco a poco se fue deteniendo y una ligera sonrisa se le dibujó en el rostro, Ivette fue bajando su mochila y se la puso en la espalda, la lluvia que aunque no era muy fuerte, se estaba encargando de que se mojara, de pronto aquella joven peli castaña miro al cielo por un momento.
La lluvia seguía cayendo y ella no paraba de sonreír, mientras que personas que pasaban por esos lugares, la miraban un poco extraño.
Ivette se encontraba ahora al otro lado de la calle, segura de que ningún carro podría atropellarla, ella seguía mirando con atención cada gota que caía.
— ¡Qué hermoso es!— soltó mientras sentía las gotas de la lluvia caer sobre su rostro, esas gotas que la seguían mojando y que no se estaban deteniendo.
— Qué bonito debe de ser, poder ser una gota de lluvia, ser libre y no estar tan mal cómo yo lo estoy— soltó aquella chica acompañado de un suspiro.
De repente, lágrimas empezaron a rodar por sus ojos, ella se encontraba triste... Todo la entristecía por más que intentaba mostrarse fuerte, pero ella sabía en el fondo, que como cualquier otra persona, ella también se podía quebrar.
Ella... una joven que siempre se mostraba tan dulce y tan amigable, de lo cual muchas personas lograban aprovecharse, sus calificaciones eran las mejores, también era mejor conocida como una chica marginada.
Ella se apartaba de todos, nadie almorzaba con ella, aquella chica siempre se la pasaba comiendo sola en los baños de la escuela, pero guardaba un secreto que a nadie le había contado, y es que sufría de depresión... Todos la veían con una enorme sonrisa en el rostro, pero nadie se daba cuenta de que esa sonrisa ocultaba mucho más.
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Ivette se encontraba corriendo en dirección a la escuela, la lluvia ya había cesado y pronto, el sol se empezaba a asomar. Ella sacó el celular de su mochila y se pudo dar cuenta que ya estaban a punto de cerrar.
Así que guardo su celular y empezó a correr.
Después de un par de minutos, Ivette había logrado llegar a tiempo, miro por un momento el portón y se pudo dar cuenta que estaba siendo cerrado, ella corrió un poco más y antes de que esté cerrará, entró.
— Lo logré — soltó un poco agotada mientras escuchaba como a sus espaldas aquel portón había sido cerrado.
Ese día, se le había hecho un poco tarde por la lluvia, aunque ella solía ser demasiado puntual.
Aquella joven se dirigió a los baños de la escuela y se secó un poco con un pañuelo que llevaba en su mochila, agarró sus zapatos y uno por uno fue escurriendo el agua que quedaba en ellos en el lavamanos.
— Se mojaron mucho— soltó fastidiada.
Después de esto se secó un poco el cabello.
Puso en el lavamanos su mochila, ella siempre era precavida, ya que todos los días llevaba otro uniforme consigo.
Ella sacó el uniforme y de inmediato se dirigió a un baño, percatándose antes de que nadie estuviera entrando.
Tardo un par de minutos, pero ya estaba lista.
Ivette se miró por un momento en el espejo, soltó un ligero suspiro para luego echarse un poco de agua en el rostro.
Ivette de nuevo se miró al espejo.
— Estoy lista— soltó mostrando una ligera sonrisa, con la cual demostraba que no todo estaba bien.
Ella tomó su mochila y se fue en dirección a su salón.
Ivette se acomodó en su asiento, las clases todavía no habían dado comienzo, así que sacó su libreta y acomodo todo en su mesa, los días de escuela para Ivette significaban mucho, ya que estos servían para que ella pudiera olvidar todos sus problemas.
Mientras para otros las clases eran aburridas, para Ivette no eran así, más bien eran un escape de sus problemas.
Ella ahora se encontraba y leyendo un libro.
Para su sorpresa, alguien arruinó su lectura, una persona le lanzó un pedazo de papel en la cabeza.
Ella muy pronto se dio cuenta de quienes se trataba, pero no sé molesto, ella les regaló una cálida sonrisa, siempre era lo mismo, por eso lo único que podía hacer, era mirar todo con muy buena actitud.
Ellos se mostraban sorprendidos por la repentina actitud de aquella chica, le indicaron que debía leer lo que tenía su contenido.
Ivette se mostraba un poco confundida, pero aun así les hizo caso, ella se inclinó un poco y levanto el papel, lo empezó a desenvolver, pero de pronto palideció.
“Vete de esta escuela, nadie te quiere aquí”
Aquella frase siempre la había escuchado, por más que ella intentaba ser una persona agradable, eso no les parecía a muchos, los cuales la querían lejos de ese lugar.
Esta frase tan hiriente, ella no podía creer porque todos ellos eran tan malos, esto ocasionó que se le hiciera un nudo en la garganta.
Ella sabía a la perfección de que nadie la quería en esa escuela y eso la hacía sentir de la peor manera, pero aun así esto era algo que no quería dar a notar.
Si eso sucedía, eso implicaría que la molestarían aún más, era algo que no quería que sucediera, ya que ella estaba harta de ser maltratada por sus compañeros.
Ivette suspiró y miro de repente a los jóvenes que estaban detrás de ella, aquella chica les sonrío, seguía intentando ser amable.
—Muchas gracias por esta tierna nota, significa mucho para mí — soltó sin titubear.
Ivette intentaba soportar todo el bullying que le hacían, ya que pensaba que tal vez algún día, los demás se darían cuenta de sus errores y de cómo la trataban.
Las clases siguieron su rumbo y después de unas cuantas horas, la hora de receso había llegado.
Ivette salió con rapidez del salón y empezó a rondar por los alrededores, no quería quedarse en su salón.
Muy pronto se percató de las escaleras que dirigían a la azotea del segundo piso de esa enorme escuela, ella miró a todos lados percatandose de que nadie la estuviera viendo y de inmediato se dirigió a la planta alta.
Ivette llegó hasta el piso más alto, se dirigió al barandal y pudo ver como las personas estaban muy pequeñas allá abajo, estaba claro que nadie la iba a poder escuchar.
De pronto, ella se sujetó del barandal con todas sus fuerzas, se inclinó un poco, para después dar un grito lleno de dolor y frustración.
— ¡Los odio, los odio a todos!— dijo muy molesta mientras unas pequeñas lágrimas empezaban a caer.
Aquella chica empezó a llorar, la chica dulce y gentil, estaba siendo otra persona más, en ese momento se encontraba demasiado dolida por todo lo que tenía que estar pasando y superando en esa escuela.
— Agh— soltó un chico detrás de ella, esto hizo que Ivette poco a poco diera media vuelta mientras se notaba un poco asustada y caminaba un poco al frente, ya que ella no había visto a nadie en ese lugar antes — ¡Déjame dormir! — se escuchaba alguien molesto.
Ivette se asustó mucho, así que sin pensarlo empezó a dar pequeños pasos hacia atrás, pero de repente se tropezó y cayó.
Ella lo miró fijamente y lo señaló — tú, ¿Tú me escuchaste? — le preguntó.
Aquel joven se levantó un poco y la observó — ¿Es en serio que me estás preguntando eso?, Es difícil que no lo haya hecho, estando a pocos centímetros, después de todo gritas muy fuerte — aquel joven se notaba demasiado fastidiado por esa situación.
Él se volvió a acostar en las dos sillas, las cuales había acomodado para poder dormir un poco.
Ivette trago saliva.
— Bueno, creo que tienes razón — dijo dándose cuenta de que lo que decía aquel chico, era cierto — dime, ¿Cómo te llamas? — le preguntó de repente, mientras intentaba aligerar un poco aquel ambiente tenso que había entre ellos dos y mientras se ponía de pie.
Ivette se empezó a sacudir un poco el polvo, ella seguía notando que estaba asustada, pero prefería mantener la calma.
— Ese no es tu problema —
Esta actitud la empezó a asustar, así que ella prefirió salir corriendo de aquel sitio.
El chico misterioso, sin voltear a verla, suspiró — qué chica tonta— susurró.
Los pasos de Ivette se escuchaban al bajar, ella bajo las escaleras con rapidez, hasta que después de un par de minutos, ya se encontraba abajo en el primer piso, pero al llegar puso sus manos sobre sus rodillas y empezó a respirar muy rápido, estaba agotada.
Ivette se reincorporó y decidió aprovechar un poco más el receso, así que empezó a rondar por toda la escuela, ella solo quería desestresarse un poco por toda esa situación que está viviendo en la escuela.
Después de un par de minutos más, ella empezó a escuchar a unas cuantas personas gritar algo relacionado con una pelea.
Se sintió un poco confundida y curiosa a la vez, aquella joven se dirigió al lugar de donde escuchaba, provenía ese escándalo, ya que quería ayudar un poco.
De repente se detuvo y miro con sorpresa aquella escena, uno de los chicos que se estaban peleando, era el chico misterioso al cual había encontrado en la azotea de la escuela.
Ella no lo pensó mucho y mientras lo demás estaban diciendo la palabra “pelea” muchas veces, ella de inmediato se acercó a ellos e intento separarlos poniéndose en medio.
Aquellos jóvenes estaban siendo gentiles, ya que estaban intentando no pegarle a la chica, después de todo la pelea era entre ellos dos.
— ¡Quítate!— soltó el chico misterioso de la azotea muy molesto.
— ¡No, no lo haré!— soltó Ivette entre gritos.
Para mala suerte de aquel pequeño grupo de alumnos, llegó un profesor, el cual se mostraba demasiado molesto y parecía no haberle gustado aquel comportamiento en su escuela.
Los chicos que estaban peleando se detuvieron, mientras que el profesor miro a los demás espectadores.
— ¡Váyanse de aquí todos si no quieren ir a parar a la dirección!—
Ivette y los otros jóvenes se quedaron mirando preparándose para la huida.
— Y ustedes tres quédense ahí — los volteo a ver y señaló, aquel maestro se había dado cuenta de las intenciones de los tres chicos que se encontraban a un lado de él — no puedo creer que se metan en esta clase de problemas, me tendrán que acompañar a la dirección y ninguna palabra entre ustedes —
El profesor llevó a los tres chicos a la dirección y tocó la puerta.
— Adelante — dijo el director y estos entraron, al ver al maestro con tres alumnos, se sorprendió — vaya, ¿Qué te trae por aquí Jeremy?— preguntó con curiosidad.
— He traído a estos tres jóvenes, los tres estaban implicados en una pelea y eso es una falta para la buena imagen de este lugar — soltó mientras miraba con desagrado a los jóvenes.
— Yo no...— Ivette intentaba defenderse.
— Cállese, señorita, usted no tiene por qué interrumpir — dijo aquel profesor gruñón.
— Muchas gracias Jeremy, ya te puedes retirar — soltó el directo y el profesor Jeremy, salió de la oficina del director.
— Muy bien, cuéntenme lo que realmente paso — dijo entrelazando ambas manos.
De repente, los tres chicos empezaron a hablar al mismo tiempo, intentando poder cubrir sus propias espaldas.
— ¡Silencio!— soltó el director un poco molesto.
— Yo hablaré primero — soltó el chico de la azotea, a lo cual el director asintió — resulta que un chico me estaba molestando, y esta persona — volteo a ver al otro chico con desagrado — empezó a pelear sin ningún motivo, yo solo me defendí — se cruzó de brazos.
— ¡Eso es mentira!— soltó mostrando molestia el otro chico — yo vi perfectamente cuando lo tiraste, yo lo vi director — miró con atención al director de la escuela.
— Todos dicen lo que les conviene — el chico misterioso ahora dijo mostrándose demasiado fastidiado.
Ivette miraba con atención aquella pequeña pelea, y de repente se puso de pie — ¡Yo solo intenté detenerlos!— dijo de repente intentando que el director le creyera y no le pusiera algún castigo, ya que eso podría afectar sus buenas notas.
El director seguía mirando aquella escena, parecía estar mostrando que les creía a cada uno de ellos.
— Muy bien, por ser la primera vez peleando de ustedes — señaló a Ivette y al otro chico — tendrán que ir hoy a detención— ambos se mostraban demasiado molestos, y de repente el director miro al chico misterioso de la azotea — y por ser la décima vez que haces algo que puede afectar tu rendimiento académico, estarás por una semana entera en detención. Muy bien, los acompañaré — les indico para que los tres jóvenes se pusieran de pie.
El director los estaba acompañando a la sala de detención, ya que no quería que aquellos jóvenes se le escaparan.
El silencio se había hecho presente.
Aquellas cuatro personas pasaron por un corredor muy poco iluminado, Ivette miraba a todos lados, se notaba muy asustada, mientras que los otros chicos se notaban más tranquilos.
Después de un par de minutos, llegaron a un salón iluminado, pero el cual contaba con muy pocas sillas.
— Entren para que estén en la sala de detención y puedan tomar su castigo— les dijo el director.
Los tres jóvenes no protestaron y entraron, de repente el director empezó a poner seguro para luego irse.
Ivette salió corriendo e intento abrir, pero sus esfuerzos eran en vano, aquella puerta tenía seguro por fuera, a menos que llegara el director, ninguno de ellos iba a poder abrir.
Para su suerte, ese salón tenía algunas comodidades; baño y enchufe para poder cargar sus celulares.
— Ni lo intentes — dijo el chico de la azotea — esa puerta no se abrirá hasta que el director regrese — soltó sin voltear a ver a ninguno.
Ivette suspiró, los tres chicos se sentaron, cada uno separado del otro y no se dirigían en lo más mínimo la palabra.
Todos habían visto que el pizarrón estaba limpio, pero poco después no sería así.
Cada uno estaba haciendo sus propias cosas, pero de repente, se empezó a escuchar el rechinar de un gis, esto llamo por completo la atención de ellos tres, quienes vieron un mensaje que los aterrorizó.
“Ayúdenme”
Nadie sabía a qué se debía esto y querían encontrar una respuesta lógica, pero eso era algo imposible, ya que el pizarrón lo habían encontrado limpio al entrar.
Ivette empezó a tallarse ambos brazos, aquella chica se mostraba demasiado nerviosa y se le estaba erizando la piel, nadie se podía explicar que era lo que estaba pasando.