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Unidos después de la muerte. | YOONMIN

Summary

Relato Mexicano.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1


Un puente de luz y energía se formaba para comunicar el mundo de los muertos con el de los vivos. Centenares de almas cruzando y buscando a sus seres queridos entre las tumbas.


Los no muertos tenían la costumbre de adornar con tal regocijo y apego las lápidas de lo que ya no estaban. Llenándolas de flores brillantes y naranjas de cempasúchil, velas blancas, adornos de colores, fotografías, objetos personales, copal, sal y ofrendas de frutas y comidas.


Todo esto porque tenían la certeza de que los descarnados cruzarían de nuevo al mundo de los vivos y tomarían tanto como en sus ofrendas pusiesen. El 2 de noviembre bautizado como el día de muertos, era el único día en que el inframundo abría sus puertas para dejarlos cruzar.


El Gran Duque Min Yoongi, se adentraba panteón de Tzirumútaro, ubicado en la punta de la isla de Janitzio. Buscando su camino donde yacían los restos de su cuerpo; cuando notó que alguien a unos cuantos metros a su derecha sollozaba con fervura.


No pudo evitar sentir curiosidad y se desvío de su camino. A juzgar por las letras casi poco divisibles en su lápida se percató de que era un chico unos cuantos años más joven que él, tenía el dedo índice de su mano derecha ardiendo en llamas y toda su tumba se encontraba vacía.


Sin ninguna luz ni ninguna flor adornando sus cimientos.


— ¡Hola! Si me permite preguntar, ¿Qué es lo que lo ha hecho a usted llorar de esta forma?


La alma en pena levantó la vista, una imagen angélical y resplandeciente fue captada a través de los ojos del Duque.


Su pecho se sintió inquieto y volvió a sentir su corazón latiendo como si estuviera vivo de nuevo. En toda su existencia mientras estuvo vivo e incluso ahora, después de muerto, jamás había encontrado a una persona que se le comparara en tal belleza.


— ¿No es bastante obvio? — preguntó el angel de quién aún desconocía su nombre. Algunos mechones de hebras doradas caían por su frente, sus ojos eran tan lindos y lamentablemente eran albergados por tristeza. — Nadie vino por mí hoy. Siempre ha sido así todos los años...Creí que al menos se sentirían culpables por mi muerte. Hace quince años que he estado muerto y nunca nadie se ha acercado a prenderme una miserable luz de vela — estaba cabizbajo. — Siempre atravieso el puente con la ilusión de poder encontrarme a alguien quién me recuerde.


— Lamento mucho su situación — habló el Duque Min. — Pero, ¿por qué crees que nadie ha venido a verte y recordarte jamás?


— Quizá por que mi madre murió cuando yo nací y mi padre también, después de enfermarse tras casarse con mi madrastra. No conozco a ningún familiar más.


— Entonces porqué tú...


— ¿Sigo esperando a alguien? No lo sé, simplemente envidio a los demás difuntos y quiero lo mismo para mí; ser recordado y festejado como ellos. Se que fui asesinado por mi madrastra y hermanas, pero pensé que se lamentarían en algún momento.


— La gente que asesina no se tomaría molestias como esas, y mucho menos merece nuestro perdón — dijo Min frívolamente. — No deberías seguir esperando.


— ¡Lo sé! Pero es hermoso como los no muertos vienen a la tumba donde están tus restos y adornan todo tan bonito...Sé que es un sentimiento estúpido — prosiguió, el Duque Min podía ver como el chico hablaba con tanta ilusión. — Y aunque tenga que robar la luz de otra ánima con mi dedo, para poder regresar al inframundo, y me duela ver que estoy olvidado, aún así... quiero seguir viniendo.


— Escucho tus razones y puedo ver que eras alguien de buenos sentimientos, no entiendo como se atrevieron a asesinarte.


— Porque pertenecía a la realeza, tenía poder y riqueza. Después de la muerte de mis dos padres quedé desprotegido y se les hizo fácil quitarme del camino.


El Duque no dijo nada, después de unos segundos una grata idea pasó por su mente. Y le tendió la mano cortésmente.


— ¿Desea venir conmigo para compartir mi ofrenda con usted? Compartiré toda mi luz, y podría tomar la esencia de toda la comida y fruta que usted guste — sonrió.


El ángel se sorprendió un ligero rubor a través de su transparencia mágica se dejó ver. — ¿Por qué haría eso conmigo?


— ¿Y porqué no? — dijo tomando la mano adversa sin esperar aprobación. — Por favor, venga conmigo. Sería un placer venir acompañado de usted.


En ángel no respondió, se mantenida con las mejillas abultadas por su enorme sonrisa. Jamás creyo qué otra ánima podría compartir su ofrenda así con él. La sensación de alegría se comparaba con esas cartas de amor que se enviaba con el muchacho que se suponía iba a casarse. Pero que nunca llegó a conocer debido a su muerte.


— Y usted señor, ¿Cuál es su historia? — quizo saber el menor. — ¿De qué murió?


— Al igual que tú, asesinando.


— Dios mío, ¿Por qué? ¿Hizo algo malo?


Min rió. — Nada de eso, pero desafíe algunas leyes reales, que no debía.


— ¿Cómo cuales? — preguntó mientras ajustaba más su agarre a la mano del señor amable.


— Principalmente, impuestos. Estaba en contra con cobrarle a la gente pobre. También pedí amparos para evitar que tomaran a personas como esclavos. Nada de eso era bien visto por la realeza.


Al escucharlo decir "leyes reales" él asumió que el señor tal vez se trataba de un anima con alguna autoridad en algún palacio. Tal vez un señor Conde o un Marqués.


— hmm... ya veo — fue lo único que dijo mientras se dejaba guiar.


El Duque Min echó un vistazo para verle el rostro. — Pero sabes, para ellos había algo que incluso era peor que lo mencioné antes.


Le miró intrigado. — ¿Cómo qué, señor? — dieron pequeños saltos entre las lápidas adornadas y las personas de carne y hueso que no los podían ver.


— Amar a otro hombre — respondió el Duque mientras lo miró expectante, al mismo tiempo que ahora caminaba a un desnivel más abajo.


El menor se sorprendió por la similitud de su caso con el del Duque, él había sido asesinado al igual que él, y ambos amaban a un hombre.


Amar a los de tu misma especie era mal visto, y él lo hacía, pero a su madrastra y hermanastras les daba igual lo que él hiciese. Jamás parecía importarles a ellas. Y bueno... al menos era algo que agradecía.


El chico se había enamorado por correspondencia a través de cartas tras recibir una por equivocación, la relación creció desde ese punto. Incluso aunque no se conocían sentían que lo hacían.


El sentimiento creció a tal punto en que ambos acordaron en fugarse para vivir juntos y lejos de sus vidas actuales, sólo deseaban poder vivir una vida feliz y tranquila junto a alguien a quién amaban.


Lamentablemente ese día nunca llegó porque su "familia" lo envenenó aquel día de octubre, el mismo día en que partiría a encontrarse con su amado; y el mismo día en que partiría de este mundo también.


— ¿No piensa usted, decir nada al respecto?


— ¿Por qué lo haría?


— Porque muchos lo ven como una aberración de la naturaleza, algo maldito. Inclusive lo consideran un pecado divino.


— No creo que sea así.. no pienso en ello como tal. Amor es amor. Sin importar de dónde venga y hacía quien vaya — se encogió de hombros. — Al contrario, me parece algo maravilloso.


— Usted, además de ser una persona hermosa, es alguien sumamente peculiar. La aceptación del tema y su manera de pensar me ha dejado sin palabras — sonrió lindamente, siendo correspondido por la misma manera.


— Eso es porque yo-..


— ¡Oh, mire! — le interrumpió señalando en una dirección. — Ya llegamos a mi destino.


Ambos se posicionaron justo enfrente de la lápida, observando alegremente. Estaba adornada con esmero y ofrendada hasta el tope con comida. Las velas blancas dando una luz muy bonita.


Abrió su boca en sorpresa. — Vaya.. todo es muy...muy hermoso — mencionó embelezado. — Qué afortunado es usted por tener a alguien que lo recuerde de esta manera, señor.


—Todo se lo debo a mi sobrino, Jungkook. Es el único que me apoyó al respecto mientras tenía vida y el que más sufrió mi pérdida. Desde mi muerte no ha dejado de viajar hasta aquí para brindarme tributo y recordarme. Gracias a él, cruzo y regreso al inframundo sin contratiempos.


— ¿Él está por aquí?


— Debería, pero supongo que ha partido debido a que me demoré hablando con usted. El viaje de regreso a su pueblo es largo, por lo que debe hacer el menor tiempo posible ya que no puede hospedarse.


— Entiendo. Bueno.. entonces, déjeme ver. Me gustaría conocer su nombre, ¿puedo leerlo?


El contrario río. — Claro, puede tomar lo que guste y ver todo lo que desee.


El menor se acercó curioso, para leer las letras grabadas sobre la piedra de concreto que rebestia sus restos.


— "En memoria y con mucho amor para mi tío a quién tanto quice y admiré en vida. El Gran Duque Min Yoongi de Xochimilco. 1904-1935"... — leyó, y al segundo se quedó helado. Su transparencia azul empezó a centellar.  — No puede ser... ¿Cómo es esto posible?


Contrario se percató de su extrañeza. —¿Ah? ¿Sucede algo malo?


El pelidorado se giró para mirarlo, no sabía si era posible como ánima, producir lágrimas, pero él lo estaba haciendo. El agua empezó a inundar su rostro y un impulso hizo abrazar al adverso.


— Se-señor, ¿es u-usted el Duque Min Yoongi?


— Acaba de leerlo por sí mismo en mi lápida, ¿por qué el asombró? ¿qué sucede? ¿por qué llora así? — habló alarmado, tomó el rostro entre sus manos para mirar con atención su lloriqueo. — ¿Dígame por qué de pronto se puso así?


— No puedo creer que se hayan atrevido de hacerle daño a usted también — su voz temblorosa se quebró aún más y guardó su rostro en el hombro del Duque. — ¡Duque Min Yoongi.. soy yo! ¡Soy el Príncipe Park Jimin de Janitzio! ¡Soy su amado, Señor! — sollozaba con más intensidad.


— ¿Cómo dice? — preguntó atónito. — ¿Príncipe Jimin? ¿Enserio es usted? — de pronto él también sintió deseos de llorar.


— Lo soy, Duque Min — ahora lo miraba fijo. — El día en que se supone me reunirá con usted fui envenenado, es por eso que nunca aparecí el día acordado.


— No puede ser... en realidad es usted — Le besó la frente. — Al fin lo encontré, después de tantos años... sabía que lo haría, tenía la certeza de que si trasladada mis restos a su lugar de origen lo encontraría a usted.


— Por favor perdóneme, debí ser más inteligente e irme cuanto antes. Me lamenté mucho no poder asistir a nuestro encuentro — lo miraba con dolor.


— Príncipe Jimin, no hay nada que perdonar. De igual forma si usted no moría en ése entonces e iba al lugar, jamás podría encontrarme. Porque ese mismo día, yo también fallecí.


— ¿Qué? ¿Me está diciendo la verdad?


— Sé lo juro por nuestro amor. Ese día que viajaba al punto de encuentro, alguien a quién no le caigo bien me mandó a matar. Jungkook me advirtió, iba preparado pero mi fuerza no fue suficiente contra los seis hombres quienes me emboscaron.


— Lo lamento mucho, todo fue mi culpa... si yo no le hubiera hecho esa propuesta no estaría usted..


— No — le interrumpió poniendo un dedo contra su boca. — Ambos queríamos esto. No es culpa de nadie, sólo fue nuestro trágico destino.


— Aún así... tenía tanto deseo de conocerlo y tocarlo, de vivir con usted — su llanto había sesado un poco y el Duque acercó sus pulgares para limpiar las lágrimas.


— Ciertamente, ahora lo estamos haciendo — le sonrió.


— Es verdad — correspondió el gesto.


— Y... — se mordió el labio — si usted me lo permite, me gustaría estar así, a su lado por toda la eternidad.


—Claro que lo acepto. Nada me haría más feliz que eso. Porque Duque Min, mi corazón aún después de muerto lo sigue anhelando y lo seguirá amando por toda esa eternidad.


— También lo amo, Príncipe Jimin — confesó.


Ambos se sonrieron cómplices, y acortaron esa pequeña distancia que los separaba, uniendo con mucho deseo y anhelo sus labios.


El beso los hizo arder, como si estuviesen vivos de nuevo y volviera a latir. El Príncipe rodeó por la cintura al Duque para apretujarlo más a él. Y el Duque lo tomaba tan cuidadosamente por el rostro.


Era el beso más dulce e inocente que pudo haber existido jamás, pues sus corazones se amaban tanto incluso sin conocerse de rostro; un amor puro que sólo deseaba ser feliz y que atravesó las barreras del tiempo.


Porque no importaba si habían pasado años, si ya no tenían un cuerpo para moverse; ese día de muertos de 1950, El Duque Min Yoongi y el Príncipe Park Jimin se encontraron por primera vez.


Y la alegría de su encuentro los volvió a sentirse vivos, a recordar su anhelo, su fuerte lazo y sus sentimientos tanto que, se juraron una vez más un amor eterno, uno donde esta vez ni el tiempo, ni la muerte, los pudiese separar jamás.

Porque se amaban de verdad.


FIN.


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