Luchando por amor

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El destino juntó a Aless y a Andie pero también los pone a prueba en contra de su felicidad. ¿Lucharán por su amor o se rendirán?

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22
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18+

Capítulo 1 - El nuevo CEO

Estaba trabajando para la empresa Lombardi, la empresa de moda más grande de Italia. Yo era la asistente personal del señor Lombardi. Llevaba trabajando para él desde hacía seis años. Llegó el día en que iban a presentarme a mi nuevo jefe ya que el señor Lombardi se iba a jubilar. El señor Lombardi me llamó, había llegado diez minutos antes que yo junto con el nuevo CEO. Llamé a la puerta.

-Adelante.- dijo el señor Lombardi desde el otro lado de la puerta. La abrí y entré.

-¿Quería verme, señor?- pregunté. Mi jefe estaba sentado detrás de su escritorio y detrás de él había otro hombre más joven.

-Sí, señorita DeLuca, quiero presentarle a mi sucesor.- dijo mi jefe. El otro hombre se giró y se quedó mirándome fijamente, era el hombre más guapo que había visto.

-Señorita DeLuca, le presento a mi hijo, Alessandro.- dijo mi jefe. Asentí con la cabeza mirando al nuevo CEO en forma de saludo. -Va a necesitar su ayuda para ponerse al día.- terminó de decir.

-Por supuesto, señor.- dije.

-Bien, necesito que termines de preparar la junta.- dijo.

-Sí, señor.- dije. Salí del despacho y seguí trabajando.

Dos horas después la junta terminó y yo fui a mi despacho para buscar algunos archivos para dárselos al nuevo CEO. No sabía porqué pero el hijo del señor Lombardi me ponía nerviosa.

Unos meses después el señor Lombardi padre dejó de venir a la oficina y le dejó el cargo a su hijo. No era tan sencillo trabajar con su hijo pero me encantaba mi trabajo y no me daba por vencida. El señor Lombardi padre se fue de viaje con su esposa y descansar antes de su fiesta de jubilación que se celebraría después de la semana de la moda de Nueva York.

Una mañana llegué a la oficina y la recepcionista estaba llorando. Me acerqué al mostrador preocupada.

-¿Estás bien?- pregunté preocupada.

-Sí, estoy bien.- dijo llorando.

-¡Oh, vamos! Sabes que puedes confiar en mí.- dije. Suspiró resignada.

-Ha aparecido la novia del señor Lombardi y me ha insultado.- dijo llorando. Por poco pongo los ojos en blanco.

-Lo siento, sé lo que sientes pero es normal, te encontrarás a mucha gente que no sabe qué es el respeto, sólo hay que tener paciencia.- dije. -Cómo yo contigo, falsa, que eres una falsa.- pensé.

Subí al ascensor y me dirigí a mi despacho. Dejé mi bolso en una percha que tenía en un rincón y encendí mi ordenador. El señor Lombardi hijo apareció con una mujer con el pelo oscuro y ojos azules.

-Señorita DeLuca, necesito un favor.- dijo el señor Lombardi.

-Claro, señor.- dije nerviosa.

-Mire, necesito que acompañe a mi hermana a una de nuestras tiendas para probarse algunos nuevos diseños de la nueva colección.- dijo el señor Lombardi.

-Pero hay mucho trabajo atrasado...- empecé a decir nerviosa.

-No se preocupe por eso, serán sólo unas cuantas horas, podrá hacerlo luego.- dijo el señor Lombardi serio.

-D...de acuerdo.- dije cabizbaja.

-Aless, ¿no crees que te has pasado con ella?- preguntó su hermana.

-Es mi empleada y tiene que hacer lo que yo le pido.- dijo el señor Lombardi. Empezaba a conocerlo y nadie podía darle la contraria. Su hermana elevó las manos en señal de rendición.

-No se preocupe señorita Lombardi, puedo trabajar desde casa, por mí no hay problema.- dije nerviosa.

Me levanté de la silla, recogí mi ordenador y lo guardé en el maletín, lo cogí junto con mi bolso. La hermana del señor Lombardi y yo nos fuimos hacia el ascensor. Una vez dentro, hablé.

-¿Te has puesto tetas?- pregunté sonriendo. Nos abrazamos.

-¡Cuánto tiempo, Andie!- dijo Alina. Sí, nos conocíamos desde la universidad de Harvard y éramos cómo hermanas.

-¿Por qué no le has dicho a tu hermano que nos conocemos desde hace mucho tiempo?- pregunté.

-No me ha dado tiempo.- dijo riendo.

-Por cierto, gracias por haberme conseguido este trabajo.- dije sonriendo.

-No tienes por que darlas, ¿cómo fue trabajar con mi padre?- dije.

-Muy bien, es una pena que se haya jubilado, me hizo sentirme en casa.- dije triste.

-Mi hermano no es tan malo, sólo que hay que saber tratarlo, sólo es cuestión de tiempo.- dijo Alina. Suspiré.

-Ya.- dije suspirando.

-No me digas que estás pensando en irte.- dijo Alina.

-Noooo.- dije. -Me encanta trabajar aquí.- terminé de decir.

Salimos del ascensor y pasamos por delante de la recepcionista, Alina la miró con mala cara. Me aguanté la risa hasta llegar a la calle, donde las dos nos reímos a carcajadas.

-Así que eres la “novia” que la puso en su lugar.- dije riendo. Hice el gesto de comillas con los dedos.

-¿Novia?- preguntó Alina confusa.

-Sí, cuando llegué la vi llorando con lágrimas de cocodrilo.- dije riendo.

-¿No te cae bien?- preguntó.

-No le cae bien a nadie, porque se cree que de lo más, por suerte estando tu hermano aquí se ha controlado un poco pero sigue tratando mal a la gente.- dije.

-¿Y a ti?- pregunté.

-Alguna vez lo ha hecho pero como la mayoría de veces estoy con tu hermano, no hace nada.- dije.

Subimos a un todoterreno Mercedes plateado y nos dirigimos a una de las tiendas de la empresa. Pasamos todo el día en la tienda, Alina estuvo probándose todo tipo de ropa. Mientras ella se estaba probando la última prenda en el probador, vi un vestido precioso en un maniquí. Era largo y con una apertura en toda la pierna derecha, perfecto para una fiesta o una gala.

-Deberías quedártelo.- dijo Alina detrás de mí. Di un respingo del susto.

-¡Oh no! Ni con descuento puedo permitírmelo.- dije apenada.

-Es qué no vas a comprarlo, te lo voy a regalar.- dijo Alina.

-¿Qué?- pregunté confusa.

-Mira, desde que nos conocemos, me hiciste sentir bien y siempre te estaré agradecida por eso.- dijo Alina.

-Pero no puedo aceptarlo, es muy caro.- dije apenada.

-Andie, deja tu orgullo a un lado.- dijo.

-Será mejor que nos vayamos, está anocheciendo y estoy segura que tienes una cita con tu familia antes de irse de viaje.- dije cambiando de tema.

Salí de la tienda y me subí al coche a esperar a Alina, ella subió segundos después. Me llevaron a casa. Una vez en casa, dejé el bolso y el maletín del ordenador en el suelo de la entrada. Me dirigí a mi habitación, llené la bañera y fui a la cocina para ponerme una copa de vino tinto. Volví a la habitación, dejé la copa en el tocador y me desnudé.

Puse aceite esencial de lavanda para relajarme en el agua caliente. Me metí con la copa de vino y me relajé. Media hora después, el agua empezó a enfriarse y salí. Vacié la bañera y me puse ropa cómoda y me fui a la cocina para prepararme la cena. Después de la cena me puse en el sofá a trabajar hasta altas horas de la madrugada.

A la mañana siguiente me levanté y me metí en la ducha. Me di una ducha fría para despejarme pero seguía cansada. Me miré en el espejo y tenía unas ojeras muy oscuras y los ojos hinchados por falta de sueño. Me maquillé y me fui a trabajar sin desayunar, ya que tenía que ir a una reunión con mi jefe y un inversionista a la hora del almuerzo en un restaurante. Además tampoco tenía tiempo, me había quedado dormida e iba justa de tiempo.

Cogí mi coche y me dirigí a la oficina. Subí sin detenerme a saludar ya que por el cansancio estaba de mal humor. Llegué a mi oficina y me puse a organizar la reunión. Una hora después fui a la oficina de mi jefe para avisarle que teníamos que irnos. Llamé al marco de la puerta. Él estaba de pie enfrente del gran ventanal que tenía una gran vista de la ciudad.

-Señor Lombardi, tenemos que irnos para no coger ningún atasco.- dije nerviosa. Se giró y me miró frunciendo el ceño. Bajé la mirada para que no notara mis ojeras.

-Sí, tiene razón.- dijo el señor Lombardi.

Nos fuimos y subimos a un Porsche Cayenne negro donde el chofer y guardaespaldas del señor Lombardi nos esperaba con la puerta trasera del copiloto abierta. Una vez dentro saqué el ordenador y empecé a organizar la agenda de la semana.

Durante la reunión con los inversores intentaba mantenerme despierta y escuchar al señor Lombardi hablar de negocios, incluso participé en algunas conversaciones sobre negocios. Después del almuerzo, el señor Lombardi y yo nos fuimos. El camino era un poco largo y me quedé dormida en el coche.

Me desperté en una cama que no conocía. Miré a mi alrededor y estaba algo oscuro, sólo estaba un poco iluminado por la luna llena que entraba por una gran ventana. Me levanté y miré por la ventana. Estaba en lo más alto de un edificio, en el centro de la ciudad donde estaban los pisos más caros. Me miré abajo y vi que llevaba una camisa de hombre que me llegaba por los muslos.

-¿Dónde estoy? ¿Y por qué llevo una camisa de hombre?- pensé.

Encendí la luz del dormitorio y busqué mi ropa, la encontré en un sillón cerca del ventanal. Me estaba quitando la camisa cuando la olí, olía a una colonia de un hombre en particular. Era el olor del señor Lombardi hijo.

Me vestí y salí del dormitorio. Estaba buscando la salida cuando oí la voz del señor Lombardi detrás de mí. Me detuve en seco y me giré sobre mis talones.

-Señorita DeLuca.- dijo el señor Lombardi.

-Se...señor.- tartamudeé.

-¿A dónde va con tanta prisa?- preguntó con una sonrisa torcida. El muy maldito se estaba divirtiendo por mi incomodidad.

-P...pu...pues...- empecé a decir. Se rió.

Era la primera vez que lo veía reír y era la sonrisa más bonita que había visto nunca. Me sonrojé.

-Vamos, la llevaré a su casa.- dijo.

-Tengo que ir a buscar mi coche en la oficina.- dije.

-Entonces la llevaré a la oficina.- dijo el señor Lombardi.

Me pasó una mano en mi espalda baja y me puse nerviosa. Me guió hasta la puerta y subimos al Porsche pero esta vez condujo él mismo. Una vez en el coche, me atreví a preguntar.

-¿Cómo llegué a su casa?- pregunté nerviosa.

-Se durmió en el coche y no quise despertarla para que me diera la dirección de su casa.- contestó.

-¿Y por qué no llevaba mi ropa?- pregunté.

-Quería que durmiera cómoda y le pedí a mi ama de llaves que la cambiara de ropa.- contestó. No dije nada porque ya habíamos llegado al edificio, me dejó al lado de mi coche. -Tómese el día libre mañana, no pensé que se tomaría en serio lo de trabajar después de pasar el día con tu amiga de la universidad.- dijo él. Abrí los ojos cómo platos.

-¿Lo sabía?- pregunté sorprendida.

-Pues claro, vi su reacción cuando la vio.- dijo sonriendo.

Me bajé del coche negando con la cabeza y me fui a mi casa con el mío.