Prisoner of you |Makima/Denji|

Summary

Denji se aventuró en nuevas experiencias. Su amante lo satisface a niveles insólitos, volviéndolo loco y deseoso de más. Pero cuando las dudas lo alcanzan, ¿se le hará caso a la mente o al corazón?

Genre
Romance/Erotica
Author
Gojo
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Parte Única

Los mangas shojos fueron la guía de Denji en el romanticismo. No se cualifica como un apasionado del romance o cualquier bobería cursi, simplemente quiso saciar su curiosidad por saber más acerca del tan aclamado amor. Un sentimiento que despierta en los humanos una atracción febril y amatoria. Desde que tiene memoria, ese sentimiento ha sido desconocedor para él. Nunca conoció a su madre porque murió en el parto y su padre lo abandonó a los siete años en un callejón con la promesa que volvería por él. Nunca regresó.

Vagando por las calles de la majestuosa capital japonesa, Denji aprendió a temprana edad la dura vida de huérfano. Estuvo varios meses durmiendo en parques o lugares abandonados; robando comida de las tiendas o de la basura. El gentío pasaba totalmente de él, atentos a sus propias vidas, despreocupándose de un niño sin hogar. No es la responsabilidad de alguno, así que voltearon sus miradas. Sin embargo, hubo alguien que le prestó atención, un hombre rubio con aspecto de oficinista estoico se acercó a él, expresando descontento por las insalubres condiciones que mostraba Denji. Su salvador se presentó como Nanami Kento y sin vacilación se llevó al casi esquelético chico al consultorio de una conocida suya.

Denji no creía en los héroes hasta ese día de invierno que conoció a Nanami.

Por supuesto, que el hombre lo haya salvado de las calles no significaba que se haría cargo de él. Y es aquí cuando el destino de Denji se entrelaza con la de Kishibe, un hombre poco expresivo cuya apariencia estaba relacionada con su personalidad; cabellera rubia canosa, terrible vello facial y una cicatriz que se extiende desde la comisura izquierda de su labio hasta parte de la mejilla.

El adulto es desinteresado y estoico, por eso Denji no comprendía en aquel momento por qué el hombre se encargaría de él.

Años después, Kishibe le confesaría que fue piadoso, pero con el tiempo se ganó su afecto.

Todavía teniendo a Kishibe y a Nanami, el amor jamás se manifestó y por esa razón buscó respuestas en los mangas. Se le hizo más fácil entender con el dibujo, transmitiendo conocimiento a su mente mas su corazón seguía sin comprenderlo. Es razonable, las historias ficticias sólo amostraron la visión de distintas personas, diversos pensamientos e ideales del amor. Pero jamás lo llegaría a comprender enteramente si no lo experimentaba. Por un lapso de tiempo creyó que no hallaría al ser que podría mover su mundo con una mirada.

Entonces, ella apareció.

Ocurrió como la escena de los shojos que había leído, caminando por los pasillos de la Escuela Técnica Metropolitana de Tokio, distraído en sus pensamientos, con rostro aburrido. En una fracción de segundo, la melena rojiza captó su atención, súbitamente siendo atraído por ella, como las polillas hacia la luz. El uniforme blanco y negro lo portaba con elegancia, resaltando una figura esbelta y voluptuosa. El cabello recogido en una trenza suelta, flequillo que cubre su frente y dos flequillos laterales, subrayan su beldad.

Denji era sabedor de la rubatosis gracias a las historias románticas, pero en ese instante lo experimentó de primera mano junto a desbordantes y turbulentas emociones que lo pusieron eufórico y tímido. Al perderla de vista, el joven exhaló fuertemente; temperatura elevándose para enseguida asentarse en un dulce carmesí en sus pómulos.

Fue un cobarde, mirándola de lejos cuan acosador. Varias veces los estudiantes lo pillaron e ignoró las burlas de que un tonto perdedor como él nunca tendrá la oportunidad de estar con Makima. Bueno, no pudo ignorarlo por completo, ¿realmente un tipo como él podría estar a la altura de la implacable y hermosa señorita Makima? La respuesta negativa —y más asertiva— es un sí, pero su torpe corazón enamoradizo quiere creer que existe una microscópica oportunidad.

Dicen que el que preserva alcanza, aunque Denji no realizó un movimiento. Y tal parece que eso es justamente lo que debía hacer porque fue la propia Makima la que se acercó a él con la promesa de una inolvidable relación. Una relación que rebatió las historias ficticias, mostrándole un lado nuevo. Envolviéndolo en listón de seda, quedando prisionero de lo lascivo.

Es así como Denji tuvo su propia visión del amor.


Normalmente el cabello sedoso de Makima se preserva con su característica trenza o una coleta alta. Esta noche en particular ha dejado que su melena caiga agraciadamente por su espalda y hombros. A Denji le gusta mucho, el rostro de la señorita resaltó con ímpetu, asimismo, destellos de decoro la elevaron gloriosamente. La inmaculada piel presentó signos de enrojecimiento en ciertas zonas, su cuello invitaba a insertar sus dientes, sus pechos suaves y pezones erguidos son un deleite, podría acariciarlos por la eternidad. Sus pronunciadas caderas exigían ser reclamadas y la sonrisa libidinosa en ningún momento decayó. Es un ángel de belleza exuberante.

Uñas esmaltadas de rojo pasión recorrieron tranquilamente sus pectorales, bajando a los abdominales marcados y acercándose a su pelvis. La delicada mano sujeta la erección, provocando un indetectable estremecimiento en Denji. La pelirroja muerde su labio inferior seductoramente, asintiendo complacida de que el muchacho se mantenga quieto. Al comienzo de esto, Denji era bastante inquieto, fracasando terriblemente en callar y no moverse. Pero con el entrenamiento esos errores disminuyeron, claro, hubo ocasiones en las que desobedeció una orden, principalmente cuando se trataba de su orgasmo, pero comparado a su época de novato, esos errores fueron pequeñeces.

Esta noche Denji es más obediente y Makima piensa que lo ha moldeado perfectamente a su gusto; eliminando su comportamiento malcriado.

Eso esta alejado de la realidad.

Mientras que la mano experta de la pelirroja sacudía su polla, la mente del joven se transportaba a distintas conversaciones.

La relación entre Makima y Denji no es en sí una relación exclusiva. Ella se comportó diplomática y ocasionalmente acompañaba al grupo de Denji en el almuerzo. Nunca enseñaron indicios de lo que se suscitaba en el departamento de la señorita, portando un perfil de compañeros. Otro en lugar de Denji estaría exigiendo una autentica relación, pero él está conforme y feliz con esto. Los besos, las caricias y el placer pueden quedarse en el dormitorio, él está de acuerdo con eso. No obstante, la conversación con Aki le plantó la semilla de la duda.

—Aun si es a escondidas, ¿cómo puedes estar seguro que es real?

—No entiendo.

—¿Ella realmente siente lo mismo? ¿Quién te asegura que no se deshará de ti? ¿Estás completamente seguro que estás bien con eso?

Probablemente Aki le dijo eso porque también gustaba de Makima. Empero, Power fue la encargada de regar agua y la semilla brotó sus raíces.

—¡Perro!

—¡¿Huh?! ¡No me digas así!

—¡Eso es lo que eres!

—¡No soy un animal, idiota!

—¡Power no se equivoca! ¡Power es inteligente y sabe que eres un perro! ¡Eres sólo otra mascota de Makima!

Tuvo suficiente de sus amigos y para empeorar las cosas, con Reze la planta se desarrolló completamente.

—No eres el primero. Hubo otros antes de ti. Será doloroso cuando se aburra de ti.

Las palabras penetraron en su conciencia, abriendo puertas que debían permanecer selladas. La hesitación apareció abruptamente, carcomiéndolo lentamente, proyectando escenarios desoladores de un futuro cercano, y volviéndolo más distraído durante las horas de clases. Nanami supo que algo lo inquietaba y estuvo agradecido de que no lo presionara en hablar. Kishibe le soltó un «resuélvelo», además, sus amigos ya dieron a conocer sus pensamientos. La única persona que le quedaba es Yuuji, un compañero de clase que atravesaba una similar situación, éste le sugirió hablar con Makima, pero no encontraba las agallas para plantarse firme y exponer sus inseguridades. De hacerle la pregunta. Temía molestarla con sus frágiles sentimientos, perdiendo a la señorita Makima en el proceso.

Parte de su piel empezó a hervir, un jadeo ronco escapa de sus labios en el momento que baja la mirada; encontrándose con la enardecida imagen de la pelirroja lamiendo la punta de su miembro. Se hallaba tan distraído que no se percató cuando ella subió a la cama, le abrió las piernas y se colocó entre ellas para chuparle la polla. La avezada y húmeda lengua patinó desde la raíz hasta el frenillo, deteniéndose en ese punto específico, creando diversas figuras con la intención de desesperar a su joven amante.

El rubio desechó sus pesimistas pensamientos, apagando el raciocinio, centrándose en las estimulantes sensaciones que lo atravesaron. El familiar sonido de una tapa abriéndose le anuncia lo que viene, respira serenamente, esperando paciente el siguiente movimiento.

La cálida cavidad bucal se presiona contra su polla un par de veces antes de que ella lo suelte junto a un obsceno sonido.

—En cuatro —la orden sale seductoramente. Denji obedece sin contratiempos, quedando su pecho aprisionado sobre el colchón, sus puños cerrados y su trasero en alto—. Buen chico —ella lo halaga, raspando delicadamente su espalda baja y apretando uno de los glúteos; tarareando encantada por esa tersa piel.

La hendidura de su trasero es separada, manos firmes se sujetan a las mejillas suaves, una acuosa lengua entra en contacto sobre su agujero y Denji ahoga sus jadeos en las sábanas. La sinhueso reclama el borde con entusiasmo, los mecanismos del rubio anteriormente estaban desenfrenados por los apasionados toques y besos alucinantes, pero ahora mismo la fruición se desborda con la rapidez de una cascada. A estas alturas Makima conoce su cuerpo, sabe que puntos tocar para envolverlo en un éxtasis alarmante. La pelirroja jamás ha demostrado disgusto por un beso negro, siempre con esos iris lujuriosos y ansiosos por desarmar a su indefensa mascota. El húmedo sondeo se extiende por pocos minutos, lo suficiente para que el muchacho cierre los puños con fuerza; sollozando débilmente por el placer desmesurado.

El gutural gemido sale con fuerza de los labios hinchados del blondo cuando los pulgares de Makima lo abren para deslizar la punta de la lengua hacia adentro.

Maestra… —La palabra es vocalizada entre un jadeo y melifluamente. El músculo se fuerza para caber más hondo; llevándolo hasta la cima de una montaña rusa y seguidamente cayendo con la sensación de torpedos estallando en su pecho e ingle. La necesidad de liberación se presenta, empero, detiene sus desobedientes manos en agarrar su desatendida polla. A Makima le disgusta que se corra antes que ella, todavía luchaba contra eso, obteniendo castigos dolorosos a la par de placenteros.

La joven mujer detiene la intromisión en la estrechez, separándose y levantándose con dirección a su mesa de noche. El primer cajón se abre y toma la botella de lubricante. Ella regresa a su antigua posición y los vellos de Denji se erizan al escuchar la tapa abrirse. El collar rojo oscuro de repente se aprisiona más en la garganta del rubio en el momento que una falange se introduce en su canal. Los jadeos retornan por la habitación, ojos marrones centellantes de cachondez, puños sosteniendo las sabanas y palpitaciones en su erección.

Está en un mundo propicio para él. Con la señorita Makima liderándolo y moldeándolo como le plazca. Las crueles expresiones de sus amigos quedan en el olvido, pensamientos lúgubres sellados nuevamente tras una puerta de madera. «No la abras». Escucha una voz, probablemente su subconsciencia haciendo acto de presencia. Se aleja de la puerta y su entera atención permanece en los agiles dedos de su amante.

Makima lo prepara cuidadosamente, incrementando su libídine y desesperación por eyacular. Sus músculos internos son masajeados y separados por dos dedos a un ritmo lento. La pelirroja simplemente se burla de él, quiere que Denji se vuelva una masilla por su tacto. Quiere que el muchacho llore y ruegue por más. Ella se asegura que Denji la necesite cada vez más, y el rubio es consciente de eso.

Una tercera falange se entierra juntos con los otros, los movimientos aumentan y la presión en el vientre le advierte al rubio que posiblemente no durara por mucho. Los dedos patinan con mayor facilidad entre la calidez de las paredes internas, lo que significa que Denji está lo suficientemente preparado para la siguiente acción. El fuego se extiende dentro del chico al escuchar los tranquilos pasos de la pelirroja. Sus mejillas se ruborizan al atisbar por el rabillo de la vista cómo Makima saca un arnés negro, posteriormente se lo coloca. Su corazón galopa salvajemente, ella regresa, posicionándose detrás y él menea sus caderas al sentir la polla de silicona presionándose sobre su agujero. Consigue una sonara nalgada por culpa del pequeño vaivén, recordando que la fémina quiere que se mantenga quieto.

—¿Ansioso? —Ella se inclina para susurrarle suavemente, Denji compararía su serena voz con el coro celestial de los ángeles. La punta del miembro oscuro resbala encima de la apertura, una vez más ella está bromeando con él; deleitándose por los dóciles jadeos en señal de protesta—. Esperaste mucho por este día, ¿me extrañaste, mascota?

—S-sí, maestra. La extrañe mucho —respondió entrecortadamente, aún atormentado por la ligera presión en su orificio y sufriendo silenciosamente por la tensión acopiada en sus bolas. Recientemente las vacaciones de invierno habían culminado. Kishibe y él fueron a Hokkaido, han sido dos largas semanas de no poder estar con la señorita Makima. Dos semanas sin sus embriagantes besos y el extraordinario sexo. Le envió varios mensajes de texto, pero raramente ella respondía.

—Como regalo de navidad atrasado, permitiré que te corras antes que yo. —Aquello llenó de alivio al muchacho, su adolorida erección sólo aguantaría unas cuantas embestidas—. ¿Soy una persona generosa, mascota? —pregunta con cierta socarronería, metiendo un centímetro del falo de silicona en el interior del joven.

—¡S-sí, maestra!

—¿Hay algo que quieras decirme, mascota?

Por supuesto, a Denji no se le otorgara lo que desea a menos que lo pida cortésmente a su ama. Es el buen chico de la señorita Makima, ¿cómo puede olvidar eso? Es su mantra desde inició esta inusual relación.

—Por favor, maestra, fólleme.

Tan disciplinado, Denji recibe sin quejas ni estremecimientos la firme silicona en su agujero, se desliza paulatinamente, sofocándolo por la exquisita crueldad de la fémina. Su estrechez fue adaptada varias veces para la intromisión del falso pene mas la sensación abrasadora seguía aturdiéndolo y llenándolo enteramente de hormonas de felicidad como la primera vez. Refrena un violento gemido cuando las caderas de la chica dan una rápida embestida, entrando hondamente en su pasaje. El blondo inhala y exhala lo más silencioso posible por la boca, aun amoldándose a la inesperada y fuerte penetración.

Las meticulosas manos de Makima se sujetaron a sus caderas, clavando sus uñas, demostrando la dominación que ejercía.

Ella tararea, satisfecha con el grado de obediencia del muchacho.

La pelirroja saca el falo, dejando meramente la punta y continuamente arremete sin aviso el ano de Denji. Empujes agresivos dictaminaron implícitamente la acción de gemir, recordando que Makima disfruta mucho de sus sonidos obscenos y necesitados; regocijándose casi siniestramente de estar arruinándolo. Pensó que tergiversó su declaración de complacerse con el sufrimiento mediante el sexo, pero estaba equivocado. Ella verdaderamente lo gozaba, elevando imponente su majestuosa presencia, mirándolo con una expresión frívola que es acompañado de esos ojos amarillos centellantes de lascivia.

Hasta la fecha no ha probado licor, Nanami patearía fieramente su trasero si se atreviera. Pero reconocería que se ha convertido en un dipsomaníaco por las noches de pasión junto a la encarnación de la diosa Afrodita. Porque es así como sus hipnotizados orbes la admiran, como una diosa y él ha decidido ser su fiel servidor; entregándose como una ofrenda cada vez que ella lo ordenaba.

Las paredes del dormitorio grabaron los fuertes gimoteos, el sudor impregnó el colchón y el aire se aromatizó con el olor a sexo. El rubor en el rostro de Denji se oscureció ante el chapoteo de la fricción de la polla de silicona y su agujero. Sus alaridos se comparan con los de una gata en celo, la vergüenza estalla en su pecho mientras arroja más gemidos desesperados. Las embestidas se intensifican, la larga polla localiza exitosamente su próstata; presión abrumante en la extensión de su propia polla y, súbitamente, él pierde el control de su cuerpo. Suelta un gutural gemido a la vez que la cresta dispara el espeso semen, ensuciando las sábanas.

Makima no detiene las ásperas embestidas, empujando la sobreestimulación a Denji, removiendo su interior y transformando su mente en papilla. El adolescente a duras penas puede emitir jadeos, respirando entrecortadamente y su visión tornándose nebulosa.

Repentinamente, la mujer se detiene, compadeciéndose del adolescente moribundo que yace perdido debajo de ella. Dibuja una sonrisa taimada, observando el daño lujurioso en Denji. Con pericia, sale del interior del chico, desabrochando las correas y dejando su pelvis desnuda.

—Acuéstate boca arriba. —Pese a que el rubio ha sido reducido a nervios temblorosos, su mecanismo de obediencia continua activo, girándose automáticamente sin protestar.

Denji permanecía en estado de embriaguez cuando el delicado cuerpo de la chica se deslizó hasta que cada rodilla se situara a los lados de su cabeza. Sus sistemas estaban volátiles, pero no impidió que su lengua entrara en contacto con el coño rosado de Makima. La sinhueso patina gradualmente, cerciorándose de humedecer cada centímetro de ese desconocido paraíso que solamente su boca ha tenido la dicha de tocar. Sus dedos y polla jamás tuvieron contacto con esa zona, en ocasiones quiso preguntar por qué no podía entrar en ella, pero su determinación se desmoronaba como la pared de un edificio por una gigantesca bola de acero.

Succionó el clítoris famélicamente, prendiendo una chispa de orgullo al oír los sutiles jadeos de la señorita Makima. Lamió y chupó la cálida vagina, todavía estando hipersensible por la follada y el orgasmo. El desorientado cerebro de Denji le hizo creer que transcurrieron horas mientras le comía el coño, aunque sólo fueron minutos. Un leve mordisco en el botón carnoso y Makima finalmente se corre. Siendo una buena mascota, él bebe cada gota de los fluidos; nunca desperdiciaría el néctar que la señorita le brindaba.

El blondo esperó que ella se acurrucara junto a él, sin embargo, la helada realidad lo dejó estático al verla levantarse y adentrarse al baño privado. Este resultado no es inesperado, la fémina parece tener aversión de dormir juntos. Ella no le permitió quedarse, ni quisiera le dijo escusas endulzantes para apaciguar su rechazo. Su corazón fue apresado por una soga repleta de espinas, orbes marrones picaron por futuras lágrimas de desolación. En medio de la penumbra de cuatro paredes pintadas de blanco cascaron, vuelven a sumergir los duros pensamientos sobre lo que tiene con Makima.

Quiere detener la avalancha de emociones que destrozan su pecho y envenenan su cabeza. Intenta tranquilizar la inquietante pregunta que se formuló y adhirió desde hace un tiempo.

Saladas lágrimas fluyen de sus luceros carentes de brillo.

La pregunta está atascada en su garganta, impulsándose por salir.


Aseado y vestido, Denji es acompañado por la pelirroja hasta la puerta. Es la misma rutina desde que comenzaron a follar, con la diferencia que esta noche una lata de gusanos fue abierta sin permiso. Los adorables husky siberianos se manifiestan desde la cocina, acercándose a él para despedirlo, meneando la cola entusiastamente. Es curioso que unos perros le demuestren más cariño que su dueña, la mujer de la que se ha enamorado.

Es momento de partir, se dice a sí mismo, pero sus piernas permanecen firmes a pocos metros de la puerta; observando el bello rostro de facciones impávidas.

«¿Ella realmente siente lo mismo?»

La voz impasible de Aki resuena como la lluvia cayendo en el asfalto. Rememorando claramente ese día, los ojos esmeraldas de su amigo lo vieron con compasión. Habló sin ápice de malicia, expresando su punto de vista con preocupación.

Debe irse a casa, tiene que hacerlo. Si tan solo sus piernas le respondieran.

«¡Perro!»

El grito de Power lo estremece. Ella tiene razón, es otro de los perros de Makima porque él lo aceptó. Por mucho que la pelirroja camelara la situación con elogios y mínimas muestras de afecto, entiende que no es una relación de compromiso mutuo, sino una donde Makima ordena y él obedece. Un cachorro que haría lo que sea por su atención, por sus toques y los actos sexuales.

«No eres el primero. Hubo otros antes de ti».

Reze lo contempló decepcionada de que haya caído en las falsas promesas de una chica manipuladora e ingeniosa. La anhelada relación no existe, un deseo incumplido, ilusorio.

¿Qué ocurrió con los otros? ¿Pudieron sobreponerse o se sepultaron en la miseria?

«Resuélvelo».

Lo quiere hacer, realmente quiere resolver esta situación, empero su miedo de terminar con la fachada lo paraliza, es un cobarde que insiste en conformarse con poco. Su yo obstinado aseverándole que no tendrá nuevamente una oportunidad como esta, que es única.

De súbito, el vocerío se torna insoportable; alimentando la vulnerabilidad y desencanto. A medida que encaja las piezas en el rompecabezas, es más nítida la verdad.

«Díselo, Denji. La incertidumbre te está carcomiendo».

Son las palabras de Yuuji que logran abrir sus hinchados y rojizos labios.

—¿Me amas, Makima-san?

Sus facciones serenas no declinan, ladeando la cabeza en señal de extrañeza, sin rastro de sorpresa. Quizás la mujer estaba esperando esta pregunta, probablemente los demás también la realizaron y eso significó el final. Los perros están inmóviles, su atención recaída en su dueña, ellos igualmente desean oír su respuesta.

Los inigualables orbes amarillos atraviesan la cabeza de Denji, su sonrisa se curva de manera apacible.

—No. —La silaba aterriza con la velocidad de un torpedo en el pecho del rubio—. Pero eso ya lo sabías, ¿cierto?

—Pensé que… —La frase se quiebra de sopetón. Regaña a su idiota corazón y maldice los mangas shojos. Se dejó guiar por la fantasía, la promesa del amor verdadero sin complicaciones. La burbuja ideal que habitaba ha estallado y el desamor se mezcla con su credulidad.

—Denji. Creo que estás excediendo tu mente con demasiadas cosas. —En un contexto más crudo, ella admitió que no le interesaba sus cavilaciones—. Será mejor que vayas a casa y descanses. Para mañana tu mente estará fresca y no tendrás que preocuparte. —Esa suave sonrisa en su rostro junto a los mechones balaceándose por sus mejillas debilitan la osadía del chico—. Buenas noches.

De nuevo su voluntad es apagada, hasta que de pronto la puerta se abre y lo que ve es desagradable. Su viva imagen yace en el piso con mechones alborotados, desnudo y la piel más pálida que la luna llena. El órgano motor de su cuerpo se encuentra al lado derecho, lleno de horribles cicatrices y sin latir.

Posee el aspecto de un títere abandonado.

No. No un títere, sino un juguete que es parte de la colección de Makima.

Con la amargura circulando en sus sistemas, los orbes de Denji se endurecen y por primera vez es testigo de que la expresión ilegible de la pelirroja caiga. La adolescente fue tomada con la guardia baja y no está segura del siguiente movimiento del muchacho.

—¿Qué soy?

—Mi mascota.

Nula vacilación en la respuesta, anexado con tonos gélidos. El rubio luchó para no desmoronarse en este preciso instante, su amor ha sido humillado y se niega a derramar lágrimas. Asintió y dio media vuelta para agarrar el pomo de la puerta, pero la voz de Makima le impide abrirla.

—Denji, si no regresas, esto se termina.

Las florecientes espinas brotan, encajándose puntiagudamente en su pecho. El dolor le exige girarse para colocarse de rodillas, agachar la cabeza y pedirle perdón por molestarla con sus superfluas inseguridades.

Sorprendentemente, hoy la voluntad de Denji vence a su enamoradizo corazón, abriendo la puerta y abandonando el departamento.


El jovenzuelo de impresionante cabellera rosada ojea a su hermano gemelo colocarse una chamarra azul oscuro, entre tanto, él finge estar pendiente de las publicaciones que encuentra en su red social. Desde hace unos meses su hermano se va del departamento y regresa a altas horas de la madruga o en la mañana. Siempre fue un rebelde, enfurruñando a sus padres, metiéndose en peleas callejeras e irrespetuoso con la mayoría de gente. Cuando le preguntó donde se dirigía cada viernes, Sukuna lo miraba contrariado y mordazmente respondió que no era de su incumbencia.

No volvió a preguntar.

—No me esperes despierto que no regresare hasta el mediodía —avisa tajantemente, tecleando en su smartphone.

—No planeaba hacerlo. —Frunce el ceño, recordando lo angustiado que se hallaba el día que Sukuna no regreso. Estaba listo para llamar a la policía cuando su hermano entró en el departamento con el cabello húmedo y olor a un peculiar perfume que es bastante costoso—. Por cierto, ¿por qué tan tarde?

—¿En que quedamos, mocoso? —Lo escruta seriamente.

—Es mera curiosidad.

—La curiosidad mató al gato. —Un refrán popular que se utiliza para advertirles a los curiosos —metiches— que no deben inmiscuirse en asuntos ajenos.

—Pero murió sabiendo. —Sonríe socarronamente.

Sukuna pone los ojos en blanco, cansado de las estúpidas ocurrencias de su gemelo menor por cuatro minutos. Él se despide vagamente, no sin antes amenazarlo con romperle las bolas si llega a tomar su laptop. La última vez Yuuji derramó gaseosa en el aparato y el dinero que ganaban trabajando en la tienda de conveniencia no les alcanzaba para comprar otra. Afortunamente, un amigo de Sukuna le regaló una laptop y hasta el día de hoy Yuuji no tiene idea de quien será ese amigo. Su gemelo mayor jamás se lo reveló, manteniendo a la persona en el anonimato. Extraño.

Yuuji pone la tetera sobre la estufa para prepararse chocolate caliente. Ha querido verse la saga del Señor de los Anillos y tranquilamente lo puede hacer esta noche. Le urge distraerse, olvidándose de los problemas que conlleva tener una relación con un hombre trece años mayor, y que encima es su profesor de ciencias. Está cursando su tercer período escolar, a tan solo dos meses de graduarse; sin un proyecto de vida y temeroso del destino que le depara con su amado maestro.

Cinco golpes en la puerta lo sacan de su ensimismamiento, se fija en el reloj de la pared, extrañado de que tenga visitas a las diez de la noche.

Encauza sus piernas hasta la puerta, anonadado de contemplar a su compañero Denji. A juzgar por sus orbes rojos y aglomerados de suplicio, él deduce que la causante del estado de su compañero es Makima, la delegada de la clase 3-A. No pronuncian palabra, el pelirrosa deja que el rubio ingrese a su hogar, guiándolo hasta el sofá.

Minutos después, regresa con dos tazas de chocolate caliente, se sienta al lado de Denji y le ofrece la taza. El silencio es incómodo y la tensión puede palparse con facilidad. Sin embargo, Yuuji no iniciara la conversación. Si su compañero sólo busca un lugar para refugiarse, él dejara que se quede. Si lo que necesita es ser escuchado, lo hará. Y si lo que requiere es que lo aconsejen con respecto a su dilema, no sabrá que decirle.

De los dos, Yuuji se sacó la lotería en el mayor dilema que un adolescente de diecisiete años puede soportar. Salir con su profesor Gojo Satoru implica años de cárcel y la seguridad de que sus padres lo repudien por revolcarse con un hombre que casi le dobla la edad. Luego de la muerte de su abuelo, Sukuna y él alzaron el vuelo más rápido que tarde, separándose de sus padres para mudarse a Tokio. Decepcionarlos no es algo que desee Yuuji, pero sus sentimientos por Gojo-sensei son fuertes.

Gojo lo hace sentir tan protegido y amado.

Ve por el rabillo del ojo que Denji deposita la taza en la mesa. Él lo imita y prontamente los brazos de su compañero se aferran a su tórax como un salvavidas. Entonces, el rubio le cuenta lo sucedido en la casa de Makima, de sus inseguridades y de la comprobación que ella no lo ama. El relato se funde con sollozos y Yuuji mantiene una mano en la espalda del chico y la otra se encarga de acariciar lentamente los cabellos dorados.

En el pasado nunca vio a una persona tan desconsolada, el llanto de Denji resuena en la sala estar; su bondadoso corazón afligiéndose a cada segundo.

Instantes después, Yuuji no resiste el impulso de liberar sus lágrimas sobre la cabeza de su compañero. Recuerda perderse en orbes de mar glacial, coger el fruto prohibido y morderlo. No hubo vuelta atrás.

Ambos prosiguen su lamento, tienen razones de sobra para llorar.