CAPÍTULO 01
“¡Señor Geto! ¡Apúrese, por favor!”
Nanako se adelantó dando grandes zancadas hacia la estación de Sendai. Era la primera mañana en aquella nueva ciudad para las gemelas.
“Ella está muy emocionada”
Detrás de ella, Mimiko caminaba al mismo ritmo de Geto Suguru. Sonreía abrazando su mochila viendo a su hermana brincar hacia la entrada. La puerta se deslizó hacia los costados y ella continuó avanzando.
“¿Y tú también lo estás?”, preguntó Geto.
“Sí. Es la primera vez que venimos a esta ciudad”, Mimiko asintió con la cabeza. “Estuvimos toda una semana buscando en internet. Boletos, lugares turísticos, comida y alojamiento. Incluso armamos un itinerario de viaje para no perdernos de nada”
“Me alegra escucharlo”
Encontraron a Mimiko tomando folletos de un estante. Mientras Geto sacaba los boletos, las gemelas fueron a pasear por la estación. Solo por ese día tuvieron que madrugar, había sido una buena opción ya que a medida que transcurría el tiempo el gentío incrementaba como también el ruido de los coches aparcando fuera de la estación.
“Mira eso”
Llegaron al área de las tiendas. Los diversos puestos de cafeterías, librerías y souvernirs estaban abriendo. Había cosas muy llamativas como prendas de vestir, bolsos, sombreros; juegos de porcelana, llaveros, revistas y libros de historia.
Nanako vio la mayoría de esos dos últimos como innecesarios, hizo cambiar de opinión a su hermana agitando su teléfono. Debía saber que ahora todo lo podían encontrar en internet. En su lugar, entraron a la tienda de recuerdos y observaron hasta encontrar un colorido cesto con alfileres dentro.
“Mejor compremos unos pines”
“Esos se ven muy bonitos”
“Tienes razón. ¿Cuál quieres? Yo escogeré esta flor rosada”
“Yo me quedaré con el girasol”, indicó Mimiko quedándose en silencio al ver que su hermana se había quedado tocando sus bolsillos con desconcierto. “¿Qué sucede?”
“Olvidé mi mochila con el señor Geto. ¿Traes dinero?”
Mimiko negó con la cabeza. “Le confié mi dinero al señor Geto”
Ambas chicas se quedaron en silencio, ahora que no tenían como pagarlo, sus ansias por tener aquel objeto incrementaron. Nanako había empezado a torcer una mirada hacia la encargada de la tienda que tenía delante. Notó que estaban siendo observadas de una manera extraña.
“Iré con el señor Geto para traer mi cartera”
“Aquí te espero”
Aunque no lo pareciera, Nanako aún estaba acostumbrándose a tener que separarse de su hermana. Las veces donde tenían que ir cada una por su lado, sentía una pequeña angustia. Sobre todo, si tenían que separarse en un ambiente rodeado de humanos.
No había soltado su teléfono desde que ingresaron a la estación, estaba preparada para actuar ante cualquier amenaza.
“Buenos días. Disculpe, ¿tendrá folletos?”
Nanako dio un brinco al escuchar la inesperada voz de una chica pasando por su lado.
“¿Qué tipo de folletos deseas?”
“Uno sobre los templos y santuarios de Sendai”
“Creo que tengo algunos. Iré a revisar”
Mimiko pensó que era una tontería. Esa chica podía encontrar toda la información que quisiera desde su teléfono.
Continuó observando a la joven. Tenía el cabello negro azabache, complexión delgada y una peculiar y aburrida manera de vestir. A diferencia suya, ella vestía una holgada campera gris, pantalones deportivos que ceñían sus delgadas piernas y zapatillas blancas.
Probablemente tendría su edad, pero se veía tan recta como un adulto.
Volvió su mirada al cesto de pines al ver que la chica se dio vuelta para recorrer la tienda mientras esperaba a que la encargada regresara con los folletos.
“¡Oh! Pines”, señaló dirigiéndose hasta su posición.
Nanako no podía esperar más. Su hermana estaba tardando. ¿Habría sucedido algo en el camino?
Se encogió en su lugar para evitar que la extraña le rozara. Tenía manos muy bonitas, se veían suaves, también tenía un brillante esmalte de uñas. Era transparente y brillaba cuando la luz la tocaba. Tal vez le tenía algo de envidia. Lucía tan tranquila e ingenua buscando entre los cientos de alfileres.
Entonces ladeó una sonrisa al ver una pequeña maldición deslizarse por la espalda de la encargada. Era similar a la que tenía Geto, solo que más fea y sin ojos, como una sanguijuela. Pero, claro, solo ella podía verla.
“¡Suéltalo!”, Nanako gritó cuando el pin en forma de girasol que había elegido su hermana estaba siendo tomado por alguien más.
La chica dejó caer el objeto por el grito inesperado. “¿Qué? ¿Por qué?”, balbuceó confundida.
“¡Esto es de mi hermana! ¡Ella lo eligió primero!”
“¿Hermana?”
“¡Sí!”, Nanako continuó protestando en voz alta.
“Bueno, pero… No veo a nadie más aquí”
Nanako sintió como la mirada de las demás personas habían comenzado a intimidarla. Se preguntaban entre sí que es lo que habría ocurrido. Otros yacían con el entrecejo fruncido, quejándose entre dientes por el escándalo.
Tomó su teléfono y enfocó a la causante de su sulfuro.
“¿Nanako? ¿Qué está ocurriendo?”
Mimiko había llegado justo a tiempo. Antes de activar su técnica, su hermana se aproximó por detrás con ligera preocupación.
“Nanako” Geto apareció por una esquina con una expresión calmada.
Mimiko bajó la cabeza apenada.
“Vámonos”, indicó dándose media vuelta soltando el par de pines dentro de la canasta. Hace mucho que no se angustiaba de una manera en la que Geto tendría que intervenir para llevársela. Para sus adentros, creyó que estaba mejorando, pero aún quedaban recuerdos del pasado.
“No te preocupes, podremos comprar otros en el museo. El señor Geto ya tiene los pases del bus y también hemos revisado el itinerario”
“De todas maneras ya estamos en el tiempo. Lo siento”
Se abrieron paso entre las personas. Geto sonrió escuchando a las dos chicas. “Ya les dije que no deben de avergonzarse. ¿Esa humana te estaba molestando?”
“Solo estaba tomando algo que era de Mimiko y yo quise defenderlo”, explicó Mimiko agitando su teléfono con lamento.
“Oh, ¿te refieres al girasol? Ahora me siento culpable”, expresó su hermana.
“Sigo sin comprender que les ven a esas cosas, pero si les gusta supongo que está bien. Será mejor ponernos en marcha, el próximo bus sale en unos minutos. Después del museo iremos a Zuihoden y…”
“¡Esperen!”
Detrás de ellos, la joven con la que Nanako se había cruzado, corría para alcanzarlos. En una mano tenía los folletos y con la otra se aferraba a las correas de su mochila para que este no saltase mientras avanzaba.
Se detuvo agitada frente a ellos. No tardó en hacer una reverencia.
“Escuche que van al Museo de Sendai”
Geto se giró al ver a la chica. Tuvo la intención de continuar con su camino restándole importancia, pero sus dos pequeñas se quedaron a escucharla.
“Esto es para ustedes. Vi que la estabas tomando y este otro comentaste que era para tu hermana. No lo sabía, me disculpo”
Nanako extendió su mano para tomar la flor rosada y el girasol que habían estado contemplando. La joven de cabello oscuro los sacó de su mochila y se los dio con cuidado. Las hermanas se miraron entre sí y asintieron con la cabeza permitiendo que la chica pudiese continuar.
“Me gustaría viajar con ustedes. Es mi primera vez visitando Sendai y no he podido encontrar a más personas que les gustara visitar los museos de la ciudad. Soy una estudiante de Tokio y vine para…”
Antes de que pudiera terminar su presentación, Geto intervino con un severo tono de voz sorprendiendo a las tres jóvenes.
“Lamento decir que este es un viaje familiar. Me apena, pero no puedes unirte. Espero que encuentres a alguien más”
Entonces su cuerpo se paralizó.
Fue como un gran salto al pasado que hizo su corazón latir con dolor.
Él había visto esa expresión. Grandes y brillantes ojos tiritando, cejas encorvadas remarcando tristeza, labios sutilmente fruncidos conteniendo todo lo que tenían por decir. Estaba claro que ella realmente se había esforzado y probablemente se sentía derrotada al ver que ni siquiera pudo terminar de recitar su discurso.
Geto intentó helar su corazón, era lo mejor. No podía permitirse confiar en humanos.
Pero, ¿por qué todavía seguía allí de pie?
¿Esperando? Su cuerpo inmóvil se mantenía firme a una insistencia por parte de la chica. Como si una palabra más lo hiciera cambiar de opinión y aceptara su compañía el resto del viaje. O tal vez solo anhelaba que aquella figura similar a alguien del pasado permaneciera a su lado y así finalmente estaría tranquilo.